Jueves 12 de Octubre de 2017
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Pablo Beecher
Día del Maestro
Teresa: La maestra del Turbio Viejo
El Turbio Viejo tuvo finalmente el nuevo edificio de la escuela, que renovó el entusiasmo de la joven maestra misionera: Teresa Crioca de Dadomo. Una época en que la escuela rural crecía con el esfuerzo de los padres y su Cooperadora, la colaboración del Ejército y fundaciones de Buenos Aires, y sobre todo, con el empuje de sus maestros en el día a día y al lado de cada uno de los chicos. Una tras otra, felizmente las inspecciones se sorprendían del nivel alcanzado por los alumnos de esa escuela, que parecía como perdida a la vera del camino, entre Río Gallegos y Río Turbio. Teresa y Eduardo Dadomo tuvieron dos hijos: Federico y Ana
Domingo 24 Sep 2017
El día de la inauguración de la nueva escuela de El Turbio.

El día de la inauguración de la nueva escuela de El Turbio.

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Río Turbio

A Teresa le gustaba corregir en su escritorio porque todos los chicos iban a mirar lo que hacía: “Esto era de lo más lindo. Una vez llegó una inspectora, y los chicos, curiosos, también la rodearon con total confianza y ella se extrañó mucho”.

Los chicos salían de la escuela, Teresa ni alcanzaba a sacarse el guardapolvo en su casa que a los diez minutos, los que vivían alrededor, estaban en su puerta: “¿Qué están haciendo?” - “La venimos a saludar”.

Más adelante, dejaron el Juzgado Viejo, hicieron la escuela nueva y una casa para la maestra, tenían dos dormitorios, living y cocina: “Estábamos muy bien”. 

En la cocina tenían la radio siempre encendida, una señal de Buenos Aires, a veces LU 12, Natales y Punta Arenas se escuchaba mejor, la única compañía, televisión no tenían.

En las horas libres Teresa atendía su gallinero, tenía treinta pavitos, pollos, patos: “Como mis chicos lloraban cuando teníamos que sacrificar un pollo, debíamos hacerlo a escondidas. Me costó acostumbrarme a la carne de capón del frigorífico, me parecía que comía lana y le ponía puro vinagre para sacarle el gusto, después empezamos a consumir capón del Turbio Viejo que era mejor”.

El carbón primero, el querosén después, la Cooperadora se encargó de la nueva calefacción, tenía tres estufas Eskabe.

En Río Turbio hacían las compras en la proveeduría, después en el supermercado “Sados”, que era de la Marina. En los ´60 empezaron a organizar la “Fiesta de las Naciones”, con comidas y danzas típicas, los Dadomo iban a disfrutar con la gente, la mayoría extranjeros. 

Eduardo Dadomo después fue Juez de Paz suplente en El Turbio, pero cuando volvió el titular quedó sin funciones, entonces lo designaron como encargado de cuidar el parque de la escuela que lo tenía realmente hermoso.

Hicieron muchos amigos, como los Earsman de “Punta Alta”, después quedaron en su lugar “Sandy” y Dorothy Mann, también muy amigos, y si ellos viajaban a la Rural de Buenos Aires, los chicos quedaban con los Dadomo. Los Byron, los Clifton, los Molkenbuhr, todos administradores de las estancias de alrededor. El inspector de la Policía, Méndez; el comisario Gallusi. Otros amigos de Dorotea fueron los Benavente que tenían el negocio “La Galleguita”; los Alesanco.

Los sábados o domingos iban en la moto con sidecar, Eduardo, Teresa y los chicos, los cuatro, a un lugar dentro de la estancia “Laguna Larga”, hacían un asado en el cañadón, pasaban el día, al menos salían de la rutina: “Unos amigos que pescaban, a veces pasaban por casa y gentilmente nos dejaban algunas truchas”.

Iban también de visita a Puerto Natales y a Punta Arenas especialmente a comer pescado y mariscos. En vacaciones, a veces pasaban Navidad con la familia del comisario o con los Mann, después viajaban por tierra a Misiones a ver a la familia de Teresa o a Córdoba y Buenos Aires con la familia de Eduardo.


La escuela

En la escuela daban la Copa de Leche que preparaba la portera, Elda de Piccinini, al principio a algunos no les gustaba el mate cocido. En invierno los chicos no faltaban, iban bien abrigados, con botas de corderito. En esos años, la portera daba una importante ayuda a la escuela. 

El sábado se daba clase, después se quitó, pero a veces igual los chicos iban a la escuela y les leían cuentos. 

El 12 de Octubre se festejaba el Día de la Raza con un gran asado en el que la Cooperadora reunía dinero, las estancias colaboraban con la carne, iba gente de Dorotea, Río Turbio, 28 de Noviembre. Había espectáculo de doma y carreras: “No es que fueran mis alumnos, pero el inspector que periódicamente pasaba por la escuela, salía maravillado por las respuestas de los chicos. Una vez llegó una inspectora que justo hizo pasar al frente a mi hijo Federico y le dio a resolver una suma de fracciones, entonces Federico hizo bien el cálculo, pero la inspectora lo empezó a corregir. Federico me miraba para ver qué decía yo, pero no quise contradecirla. Cuando se marchó, todos los chicos, asombrados, me dijeron: ‘¡Señora!, ¡Vio que se equivocó la inspectora!’”.

Mientras la escuela fue nacional dependió de la Inspección de Trelew, después se provincializó y lo hizo de Río Gallegos: “Aun tengo algunos informes que me dejaban porque les hice copias y cuando mi nieta los lee me dice: “¡Abuela, vos eras chupamedias de los inspectores!”. Mi tarea como docente me dejó muy satisfecha. Hoy vuelvo a ver a esos chicos convertidos en hombres y mujeres, con sus familias, sus responsabilidades, y me da mucho orgullo haber sido su maestra”.


Los actos patrios

Muchos de los chicos eran del campo, pero bien despiertos: “¡Más vivos! Me acuerdo que les recalcaba que no dijeran malas palabras, que respetaran a los ancianos, etcétera, pero a veces afuera se peleaban, insultaban, y enseguida decían: “¡Le voy a contar a la maestra!”, no iban a los padres. En esos años, para los padres, lo que decía la maestra era palabra santa”. 

En los actos para las fechas patrias o para el Día de la Madre, Teresa quería que se sintieran parte del festejo, entonces les decía: “Mal o bien, pero van a recitar un versito”. Ellos llegaban con el guardapolvo bien planchadito, su escarapela, los zapatos lustrados, hechos un primor, además venía toda la familia”. Iban aprendiendo el Himno Nacional, dos estrofas por día, que Teresa se las tomaba la clase siguiente, y así hasta que lo aprendían todo; después el preámbulo: “No sé si realmente se defendió la soberanía, pero siempre le recalcaba a los chicos los símbolos, que la bandera representa nuestra patria en cualquier lugar que estén. Empezaba la Semana de Mayo, y les decía: “Mañana vienen con la escarapela” y al otro día todos llegaban con la escarapela. Una vez, una nena, hija de chilenos del Ferrocarril, llegó a la escuela con una escarapela chilena y le dije que debía haber traído la argentina, pero la chica insistió en que quería tener la chilena, entonces se me ocurrió: “La argentina arriba y la chilena abajo”, pero al otro día volvió solamente con la escarapela argentina. Esta nena solía traer de esos cuadernos chilenos en donde figuraba un mapa con toda la Patagonia y la Antártida, chilenas, pero después se acostumbraron a no traerlos más y comprarlos en la Argentina”.

En los actos de 25 de Mayo y 9 de Julio, colocaban sobre una mesa el libro del acto en el que firmaban los padres y las autoridades, como el intendente, el ministro de Educación o el Jefe de Gendarmería, que dejaban sendos escritos.


La Primera Comunión

En los primeros días de diciembre los chicos tomaban su Primera Comunión, que es cuando pasaba Monseñor Magliano. Un fin de año, 4 de diciembre, los chicos estaban preparados y esperaban a que llegara Magliano, además Teresa había preparado dos casamientos: el de un muchacho que trabajaba en la estancia “Stag River” y de otro que era policía, es decir que el obispo tenía que llegar sí o sí. Eran las once y no aparecía, no aparecía, entonces Teresa intuyó que quizás el obispo iba directamente a Río Turbio donde también lo esperaban, allá estaban reunidas las autoridades, con el párroco, padre Reyna. Impacientes, mujeres, hombres y chicos, todos fueron al camino para esperarlo en el puente, lo detuvieron cuando pasaba y lo trajeron al Turbio para que casara y diera la Primera Comunión. El padre Reyna se enojó con Teresa porque había demorado al obispo en su escuela. 

Más adelante fue el padre al Turbio, pero seguía enojado con ella, entonces alguien le preguntó algo y él dijo: “¡No sé, pregúntenle a la obispa Dadomo!”.


Más maestros

Más adelante fueron llegando nuevos maestros: Olga Rodríguez, el maestro Tula, cada vez que llegaba uno nuevo, lo llevaban a conocer El Calafate y Punta Arenas: “Una vez llevamos a Olga para que conociera Punta Arenas y estando en el puerto nos invitaron a recorrer el interior de un barco y un submarino. Mi marido, que era de Gendarmería, tenía la costumbre de llevar un arma, no se dio cuenta y cuando revisaron nuestras carteras y portafolio, la encontraron, entonces de allí en más nos acompañaron a todas partes, ya no nos dejaron solos. Olga me preguntaba: ‘¿Será por mí que mandan la custodia?’”.

Cuando estaba Tula en la escuela, Teresa le decía que periódicamente tomara a los chicos lección escrita para calificarlos. Entre los de su grado estaba su hija Ana María Dadomo: “Un día tomó lección escrita y Ana María no había estudiado nada porque el día anterior quedó jugando con Mary Díaz. Ana María pidió ir al baño, llevó el manual y lo dejó abierto con el tema de estudio, y a cada rato le pedía permiso al maestro para ir al baño. Tula se dio cuenta y al día siguiente dijo a la clase: “Aquí hubo algunos alumnos que llevaron el manual al baño, lo leían y venían a escribir”, entonces Ana María enseguida se puso de pie y dijo: “¡Yo soy, señor!”, y Tula quedó mudo, después me dijo que no podía creer la franqueza”.

En esa época los manuales los donaba el Ejército, además de cuadernos, lápices, diccionarios, después la Cooperadora compraba lo que faltara. Una fundación: “Bunge y Born”, todos los años mandaba cajas de cuadernos y banderas: “Me daba pena verlas deshilachadas por el viento y así podíamos renovarlas”.


El conflicto con Chile / Malvinas

En 1978, durante el conflicto con Chile, un día llegó en helicóptero el Jefe del Regimiento y dijo a Teresa: “Mire, lamentablemente vamos a tener que usar su escuela para los soldados y oficiales”. En el techo pintarían la cruz que señalaba que funcionaba una unidad sanitaria. Teresa entendía la situación, pero no dejaba de pensar en cómo iba a quedar la escuela después de ese movimiento. El Jefe recorrió la escuela, los pisos, el patio, los baños, todo brillaba, entonces les dijo a sus hombres: “Miren, ¿ven cómo están los pisos, los baños?… Van a tener que entregar igual de como está ahora”. Un oficial miró al otro, los soldados se miraron, y se fueron, pero a los tres días volvió el helicóptero y el Jefe le dijo: “Mire señora, su escuela no se va a ocupar, porque yo sé cómo va a quedar”.

El piso brillaba, la portera, señora de Piccinini, los enceraba y hacían que los chicos usaran patines para no rayarlo. El aula daba a una galería para ir al patio, de un lado pared y del otro, ventana, entonces Teresa les decía a los chicos: “Cuando ustedes salen, no me tocan la pared”, y a fin de año no había una sola mancha en la pared.

Inclusive, cuando llegaba una inspectora, los varones juntaban los patines del piso y se los llevaban; ella miraba extrañada y los chicos le explicaban: “¡Sí!, ¡porque se ensucia el piso!”. 


La familia

Federico Dadomo fue pupilo al Colegio Salesiano y Ana María Dadomo al María Auxiliadora, ambos a Río Gallegos. Mariano Bórquez era el tutor de Federico, y Vogelman, el taxista, tutor de Ana María.

Teresa se jubiló e iban a marcharse al norte, pero empezó la Guerra de Malvinas y como Eduardo estaba en Defensa Civil, debió quedarse un tiempo más prestando funciones. Más adelante se trasladaron a Río Gallegos, continuaba la guerra, vivían en frente al Regimiento: “Me acuerdo de una madrugada que unos soldaditos golpearon la puerta: “Por favor, ¿nos deja entrar?”. Estos chicos entraron, tomaron café, reaccionaron porque tenían mucho frío, y mi marido les preparó un termo para que llevaran, entonces de allí en más empezaron a venir todas las noches a buscar el termo de café”.

El 7 de julio de 1982 dejaron la provincia, fueron a Necochea que les gustaba desde la época en que viajaban durante vacaciones. 

Federico Dadomo estudió Ingeniería Industrial en la Universidad de Bahía Blanca, recibido a los veintitrés años, después siguió Ingeniería en Petróleo.

Ana María Dadomo estudió también en Bahía Blanca Ingeniería Civil, después continuó Ingeniería en Medio Ambiente.

Eduardo falleció en 1985, entonces Teresa se radicó en Bahía Blanca. 

Teresa estuvo siempre en contacto con antiguos amigos y exalumnos del sur que no la olvidan. 

Domingo 24 Sep 2017