Jueves 12 de Octubre de 2017
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Pablo Beecher
Roberto Daublebsky
El conde agrimensor del Territorio
En la bella ciudad de Praga, la histórica capital de Bohemia, la familia del conde Daublebsky de Sterneck vivió de manera apacible hasta desatarse entre Austria y Servia un conflicto que desencadenó en la Primera Guerra mundial. Roberto Daublebsky, el hijo mayor, peleó desde 1914 por el imperio austro-húngaro en distintos frentes, integrando el Regimiento de Dragones. En 1919, terminado el horror, buena parte de Europa estaba sumida en ruinas al igual que este imperio. El joven comandante quiso alejarse del desdichado escenario, quizás para regresar más tarde.
Domingo 1 Oct 2017
En una campaña como agrimensor, Santa Cruz, años ‘40.

En una campaña como agrimensor, Santa Cruz, años ‘40.

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Una guerra que lo cambió todo 
Roberto Daublebsky nació el 12 de agosto de 1893 en Praga, Bohemia (Checoslovaquia), era hijo de los condes Roberto Daublebsky de Sterneck e Hildegarda de Buncel. Roberto (p) era abogado y su esposa, presidenta de las Damas de Sociedad. Eran tres hermanos: Roberto, Hilda y Herbert. Tenían varias residencias y una fábrica de azúcar de remolacha.
Roberto (h) cursó sus estudios medios en el Convento de Kalsburgo, cerca de Viena; después ingresó al Colegio Militar de Caballería hasta 1913, cuando finalizó su preparación con el grado de subteniente y fue destinado al Regimiento 14 de Dragones. Al año siguiente, estalló el conflicto que terminaría después en la Primera Guerra mundial y lo ascendieron al grado de teniente en el frente de Servia.
En 1916 lo destinaron al Regimiento 3 de los Urales, en el frente ruso y ese mismo año lo hicieron prisionero, pero al año siguiente pudo evadirse del campamento de oficiales prisioneros, escondido dentro de un ataúd, ayudado por sus compañeros.
Cuando regresó a Praga lo nombraron comandante de Escuadrón en el Regimiento 13 de Dragones, que estaba en el frente italiano y luego se trasladaron a Albania.
Terminada la guerra en 1918, Roberto Daublebsky fue condecorado por su “Valor” y por el “Mérito” y ya disuelto el ejército austro-húngaro se trasladó en 1920 a América. Primero estuvo en Punta Arenas porque sabía que había algunos alemanes y después pasó a la Argentina y se quedó en Río Gallegos. 
Ingresó al Cuerpo de Gendarmería que era la Policía del Territorio de Santa Cruz. Unos ocho meses después de servir en esa repartición fue puesta a su cargo, en la Gobernación, la oficina de Cartografía, que acababa de formarse. 
Mientras trabajó en esa oficina confeccionó un plano del territorio que Edelmiro Correa Falcón y Rodolfo Klapenbach incluyeron en su libro “Patagonia Argentina”.
En 1923 lo nombraron jefe de la Sección “Puentes y Caminos” de la Gobernación y permaneció allí hasta 1928, cuando esa misma sección pasó a depender del Ministerio de Obras Públicas.
Como nunca revalidó su título como agrimensor, en 1933 fue adscripto en Buenos Aires a la oficina técnica del ingeniero Florencio Puchulú. En su larga práctica como agrimensor y topógrafo, Daublebsky hizo mediciones y replanteos de casi todo el territorio de Santa Cruz y buena parte de Tierra del Fuego. Y desde 1933, ocupaba simultáneamente la Dirección de la Sección Técnica de la Municipalidad de Río Gallegos.
Iba al campo a hacer mensuras llevando peones de ayudantes, notaba que comían muy mal y les sugería otras comidas más sanas, pero no había caso porque no les gustaban. El se llevaba muy bien con los empleados que lo apreciaban y respetaban mucho.
En Río Gallegos fue quien organizó a los “Exploradores de Don Bosco”.

Roberto Daublebsky y Ana Urbano
En 1928 Roberto Daublebsky y Ana Urbano se casaron en Puerto Deseado, pero pronto regresaron a vivir a Río Gallegos. Ana Urbano Navarrete, vino en 1923 de Marbella, España, con su hermano menor José “Pepe” Urbano, porque sus padres habían fallecido y aquí estaba su hermana, Antonia Urbano, casada con Pedro Guirado, dueños del restaurante “España”. Antes había llegado otro hermano, Juan Urbano, que se estableció en Puerto Deseado.
Ana les decía: “¿Para qué me trajeron a este corral de cabras? ¡Me hubiera quedado en Marbella!”
Ellos se conocieron en el restaurante de Antonia y Pedro, que era adonde Daublebsky iba a comer; ella era muy bella. 
Juan Urbano fue cocinero en la estancia de los Ríquez, después se fue a Puerto Deseado y trabajó en el ferrocarril. Se casó con Lucía Ayuso y tuvieron cuatro hijos: José, “Boni”, Pedro y “Maruja”.
José Urbano fue repartidor de la carnicería de los Lara. Se casó con Haydee Funqueiriño y tuvieron dos hijos: Pedro Manuel y José Alberto. Después se radicaron en Mar del Plata donde se iniciaron con una estación de servicio.

Como Roberto Daublebsky pasaba mucho tiempo en el campo, recién casados, Ana lo acompañaba a hacer mensuras y quedaban acampando durante semanas. Así él le enseñó a tirar con escopeta.
Tuvieron dos hijas: Hilda Ana e Ida Marina, que fueron atendidas por la partera Casimira Menéndez. 
La familia vivió primero en una casa que les alquilaron los Bárcena en calle 9 de Julio al 100 y después se mudaron a la casa que adquirieron en la esquina de San Martín y Libertad, frente a la Municipalidad, con una espléndida galería y un patio en el que plantaron frutales que trajeron de Río Negro.
El pasaba muchos días en el campo, entonces cuando regresaba, bajaba en el hotel de Güer Aike y avisaba a su familia por teléfono que llegaba. Otras veces las llevaba al campo.
Roberto Daublebsky era un hombre muy puro, que no tenía maldad, tan es así que él midió toda Santa Cruz y después otra persona puso a su nombre ese trabajo. A lo largo de su carrera le entregaron terrenos como reconocimiento a su trabajo y él después los regaló... Era un bohemio.
El nunca dejó de ser un conde por la nobleza que lo caracterizaba, hablaba siete idiomas, por ejemplo, el francés mientras estaba en la mesa porque decía que los empleados no debían entender las conversaciones de la familia.
En realidad el alemán era su lengua base e hizo un curso para aprender bien el castellano y leyó muchísimo para afianzarlo, sin embargo nunca perdió el acento europeo.
Curiosamente conversaba en varios idiomas con Rothschild (un personaje del pueblo, un enigma), siempre y cuando lo encontrara sobrio y afirmaba: “Es un Rothschild de verdad”, hablaban de los problemas de Europa, entre otros temas. 

Una personalidad fuerte
Era un hombre elegante, encargaba a Buenos Aires que le almidonaran los cuellos de las camisas; practicaba esgrima con el juez Ismael Viñas y también cabalgaba muy bien.
Además de los libros de poesía, le gustaban los de salud, dietas y agregaba al margen comentarios propios a medida que los iba leyendo.
A veces, durante el verano, los visitaba la vecina, Dolores Ariztizábal de Ríquez, él decía: “¡Me gusta hablar con Dolores!”, ella también leía mucho y con Daublebsky conversaban sobre lo que había leído cada uno. También le gustaba tomar fotografías.
Cuando se afeitaba era un tenor cantando “La viuda alegre”, le gustaba mucho la música clásica, la ópera y también la música moderna porque se adaptaba a todos los cambios. Tarareaba: “¡La televisión pronto llegará!” y decía: “¡Tengo unas ganas de ver televisión!” y recién empezaban los años ‘50.

Volver a Europa
Roberto Daublebsky quiso regresar a Praga con su familia, viajaron en 1939 a Buenos Aires y un cónsul le advirtió: “No seas loco, está por estallar otra guerra”. Igualmente viajó solo, estuvo allá seis meses y trajo consigo algunos valores y alhajas.
El siempre quiso volver y se mantuvo en contacto con sus hermanos que conservaban el título nobiliario y recuperaron sus posesiones después de la Primera Guerra. 
Mientras sus hijas estudiaban en el escritorio del padre, les explicaba la historia de Grecia. Hubo años en los que él pasaba más tiempo en el escritorio y era porque después de trabajar se quedaba escuchando atentamente en la radio las noticias de la Segunda Guerra Mundial.
Esa infancia fue como vivir entre dos mundos-contaban sus hijas-entre la vida cotidiana de Gallegos y lo que les contaba el padre y observaban en las fotos que enviaban los familiares. 
Roberto Daublebsky murió en 1951, a los cincuenta y ocho años. Ana en 1997, a los noventa y seis.

Hilda Daublebsky estudió el primario en la Escuela Nº 1 y después continuó en el Colegio Nacional de Trelew donde en 1948 se recibió de maestra, junto a “Chela” Gugini, el “Negro” Terán e Hilda Boillos, que era de Piedra Buena. También hicieron su bachiller Elio Argüelles y Raúl Martínez. Algunos paraban en el hotel “Touring Club” de la avenida Fontana.
Empezó como maestra en una escuela de Camarones, debido a que en su solicitud pidió para las escuelas 1 ó 23 y en Buenos Aires la designaron, pero en vez de Gallegos... fue Camarones.
Igualmente vivió un año allá dando clases y su madre la acompañó hasta que hizo nuevas gestiones y finalmente nombraron a Hilda en la Escuela 1 de Gallegos, terminó siendo vicedirectora con Sofía Vicic, que era la directora.
También fue profesora de la Escuela Fábrica e incursionó en radio, fue locutora de LU 12, Radio Río Gallegos, con la dirección de José María Borrero. Tuvo un espacio en el que su personaje era “Ana María” y comentaba temas de sociedad y moda.
En 1956 se casó con Vivian Mai Mac Donald y tuvieron tres hijos: Roberto Eduardo, Edwin Henrick y Ricardo Vivian.
Vivian llegó en 1950 del Chubut a Río Gallegos por medio del Banco de Londres de Trelew que lo trasladaba a esta sucursal. El trabajó en el antiguo banco de madera y chapa en la esquina de Roca y Sarmiento.
Han viajado por el mundo a través del Banco de Londres hasta radicarse en Buenos Aires.

Ida Marina Daublebsky se casó en 1971 con Arnulfo Basanta, falleciendo ella al año siguiente después de una cruel enfermedad. Había heredado mucho de la personalidad de su padre a quien recordaba con mucho cariño.
Ella se desempeñó en Trabajo y Previsión de la Nación y muchos años en el Tribunal Superior de Justicia.
Cuando doña Ana quedó viuda, siguió adelante por sus dos hijas y tuvo siempre una reconocida solvencia moral. Eran muy amigos de las familias Ríquez, Sureda, Brohme, Tiscornia y de Oliva Peña. 
(Arnulfo se casó luego con Haydee Mosquera, que era arquitecta y tuvieron tres hijos: Leandro Martín, Fernando Miguel y Leonardo José. Ellos fueron para doña Ana Urbano como sus nietos).
Domingo 1 Oct 2017