Martes 14 de Noviembre de 2017
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Pablo Beecher
Miradas centenarias
Elisa Elliot de Lewis: Una pionera protagonista
En 2001 tuve oportunidad de entrevistar a Elisa Elliot de Lewis en su hogar de Puerto Santa Cruz donde me recibió su hijo Leonardo junto a la familia. Un año antes había cumplido cien años con una asombrosa lucidez que nos permitió conversar largas horas de un fin de semana. En 1900 nació en Fogo, Canadá, pero en 1914 viajó con su madre, que era viuda y volvía a casarse, con “Bill” Downer, poblador de “Las Horquetas”, al norte del río Santa Cruz. En 1918 Elisa se casó con Marcos Lewis, poblador de “Cañadón el Toro”. Era nieto de James Lewis y Eleonor Britten, que llegaron de Inglaterra a la Patagonia en 1869.
Domingo 12 Nov 2017
Elisa Elliot y Marcos Lewis, Puerto Santa Cruz, 1918.

Elisa Elliot y Marcos Lewis, Puerto Santa Cruz, 1918.

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En Canadá
Elisa Julia Elliot Downer de Lewis nació en la Isla de Fogo, Terranova, en Canadá, el 1º de diciembre de 1900, casualmente el mismo día del aniversario de la ciudad de Puerto Santa Cruz donde vivió muchos años. Sus padres fueron Alfred George Elliot y Margaret Anne Downer, y sus hermanos: William y Daisy. En Fogo la comunidad vivía de la pesca del bacalao; Alfred era pescador y tenía sus propios barcos y en el invierno confeccionaba artesanalmente los toneles de madera. 
Elisa concurrió a una escuela religiosa de los Metodistas y cada mañana caminaban cerca de una legua o los llevaban en bote siguiendo la línea de la costa. Era un lugar frío y de inviernos muy nevadores, pero soportaban las bajas temperaturas. En invierno se congelaba el mar e iban a la escuela patinando sobre el hielo. En la casa tenían una vaca que ordeñaban para tener leche, hacer la manteca, la crema y el queso. Un tío tenía un caballo con un sulky que les prestaba para viajar a los demás poblados. El bacalao se vendía a España y a Inglaterra, pero llegó un momento en que su pesca casi llega a extinguir a esa especie y muchas familias debieron emigrar. 

Bill Downer
Arthur William “Bill” Downer -tío de Elisa- nació en 1868 en Canadá y en 1886 tenía 18 años cuando partió de Saint John como marinero de un barco que se dirigía a San Francisco de California, doblando por el Cabo de Hornos. Le atrajo el mar y siguió navegando en otros veleros hasta que, en el “New York”, naufragó en la Isla de los Estados, Tierra del Fuego. Después de que lo socorrieron, se embarcó en un cutter chileno y permaneció en la Patagonia cerca de veinticinco años. Estuvo en Tierra del Fuego donde fue ovejero y se dedicó a la búsqueda de oro en la costa chilena; también aprendió a esquilar y fue un esquilador de número y un hábil amansador de caballos. 
En 1894 se asoció con el escocés Charles Wilson y adquirieron ovejas en Ultima Esperanza, Chile, cruzando después al territorio de Santa Cruz. 
En 1904 tenían más de setecientas yeguas, pero en invierno perdieron la mitad de los animales. Más tarde poblaron una estancia en el lago Viedma (después fue “San José” de Rojo). Contaban que todavía no estaba la balsa de Charles Fuhr y que cruzaron 2.000 ovejas a nado y ellos en un pequeño bote que armaron. 
Más tarde, Bombalot solicitó esos campos y le compró los animales a Wilson y Downer. En 1910, aproximadamente, los socios poblaron la estancia “Las Horquetas” en la zona norte del río Santa Cruz. Mientras Bill Downer poblaba Horquetas también hacía fletes con chatas a “Cañadón el Toro”. (Otros que tuvieron flota de chatas o carros fueron José María Rivera de “La Fructuosa” y la “Compañía Sargento”, que bajaba la lana de 100 mil animales). 
Una anécdota de esos años fue cuando Bill se hospedaba con otros pobladores en un puesto. Estaban, entre otros, Halvorsen; el americano Edward Chace (personaje del libro “A yankee in Patagonia”), “Frenchi”, que era un francés de la Isla de Malta, un brasileño y Bill Downer. Ellos estaban durmiendo en un puesto de ‘morondanga’ y en un rincón había un fogón y un montón de leña. Era de noche. Bill estaba acostado sobre su cojinillo y con el reflejo del fuego observó que una laucha se asomaba en la madera una y otra vez, hasta que no aguantó más y en el silencio de la noche tomó su revólver, apuntó y le disparó para susto de los demás que se levantaron sorprendidos.

William y Margaret
En 1914 William “Bill” Downer regresó a Inglaterra con Sinclair y después fue a Terranova donde se encontró con su prima, Margaret, que había enviudado dos años antes. El le llevó de regalo una capa de plumas de avestruz y otra de guanaco, después de un tiempo decidieron casarse y todos viajaron a Santa Cruz. 
Había estallado la Primera Guerra Mundial. Elisa y su familia partieron en barco desde Saint John, capital de Terranova, en el mes de octubre, llegaron a Philadelphia y en tren fueron a New York para embarcar con destino a Buenos Aires. Era el buque “Quintana” y a la altura de Puerto Deseado supieron que había naves alemanas en las Islas Malvinas. Llegaron en diciembre a Puerto Santa Cruz donde se encontraron que además de los escoceses e ingleses que hablaban en inglés, también lo hacían los alemanes, los daneses y los noruegos. Tan es así que Margaret nunca llegó a hablar bien el castellano porque no le fue necesario. Estuvieron dos o tres días en el pueblo, el único vehículo que había en Santa Cruz era un coche de alquiler de Pedro Nielsen y con él fueron a “Las Horquetas”. Curiosamente Margaret y sus hijos llegaron a la Argentina sin ningún tipo de documentos y muchos años después les enviaron sus papeles de Canadá.

Las Horquetas
Esta estancia “Las Horquetas” era una estancia de hombres y en la casa no había ni siquiera sillas y tenían que sentarse sobre cajones. El campo de la zona estaba poblado y diariamente se recibían pasajeros que pasaban la noche y algunos se ofrecían para trabajar. Elisa y sus hermanos eran jóvenes y enseguida les gustó aprender a andar a caballo. Daisy Elliot cabalgaba diecinueve leguas hasta Piedra Buena. 
En ese entonces “bajaban” a Santa Cruz y se hospedaban en hoteles como el “Bristol”, que era de un inglés; el “Progreso” que era de un francés o el hotel “Phoenix”. En el mismo hotel las familias del campo organizaban bailes porque siempre había alguien que tocaba el acordeón. 
Hacían sus compras en el negocio de “Watson y Gordoniz” y más tarde en “Argensud” y en “La Anónima”. Margaret le decía al gerente de Argensud: “Bueno, no me da más barato, voy La Anónima” y le decían: “¡No, no, no!”. Bill Downer vendía la lana directamente a Inglaterra con la firma “Jake and Hoare”, que en Santa Cruz representaba Sinclair. 
La moneda corriente, durante muchos años, era la libra esterlina.

La mujer en el campo
A Margaret le costó adaptarse al estilo de vida del campo; limpiaba los pisos de madera para mantenerlos impecables y, cuando pudieron, compraron el hule que facilitó la limpieza. Ella cosía y en 1915 compró una máquina de coser que le fue muy útil. Nunca había visto un capón, pero en la estancia había un irlandés mayor que la ayudaba a cortar la carne en trozos pequeños y a mantener las estufas y la cocina a base de mogote. Ellos pasaron de una dieta a base de mucho pescado en Canadá a otra de abundante carne ovina que les encantó.
Los domingos se visitaban con el conde de Sampigni, los Lewis de “Cañadón el Toro” y José Fernández, que era el contador de la Compañía (francesa) “Cañadón Sargento”. En esta estancia había una cancha de tenis y los muchachos las invitaban a jugar -recordaba Elisa: “los amigos de José Fernández se enojaban y le decían: “Para usted es fácil porque puede hablar con las chicas, pero ¿nosotros?”, claro, Fernández hablaba inglés y ellos no. Ibamos a caballo de una estancia a la otra, algo que ahora no me gustaría hacer” -decía Elisa con cien años cumplidos. En verano veían pasar a las familias tehuelches que venían a guanaquear para después hacer las capas, entre otras, los Guacho. 

Elisa y Marcos
La hermana de Elisa, Daisy Elliot, se casó con Hugo Roberts que trabajó en la RCA Víctor de Buenos Aires. El hermano, “Willy” Elliot, se casó con Kaety Morrison y poblaron la estancia “Las Lajas” en la zona de San Julián. 
Elisa conoció a Marcos Lewis de la estancia “Cañadón el Toro”. En 1918 se casaron e hicieron una recepción en el hotel “Bristol” de Santa Cruz y después fueron a la estancia “Cañadón el Toro”. Marcos Lewis tenía veintitrés años y Elisa dieciocho: “Ese mismo año finalizó la Primera Guerra Mundial y recuerdo que se organizó una gran fiesta por el triunfo aliado con muchos pobladores en el Phoenix”. 
Los recién casados fueron a “El Toro” donde vivían los padres de Marcos, Guillermo Lewis y Margarita Finch y el tío, Frank Ushuaia Lewis. 
Tuvieron dos hijos: Beatriz, que nació en Buenos Aires y Leonardo, que nació en Santa Cruz, en la casa de los Pickering, atendido por el doctor Alejandro Sicardi. 
En la casa grande de “El Toro” había un matrimonio que los ayudaba con los niños y los quehaceres domésticos. El baño estaba afuera y para bañarse en la tina debían calentar el agua sobre la cocina. Más adelante llegaron las estufas alemanas marca “Senkin”, que tenían un tanque adicional en el que se calentaba el agua.
Elisa recordaba: “Me dediqué a la crianza de mis hijos; los paseaba en cochecito cerca de la casa y visitaba a mi esposo que a veces estaba trabajando en el galpón de esquila. En la casa escuchaba la victrola y me gustaba jugar al bridge. Leía cuentos a mis hijos y les enseñé a leer y a escribir en inglés y en castellano para que fueran a la escuela con alguna preparación. Mis hijos se llevaron siempre muy bien y fueron muy compañeros”. 
En “Las Horquetas” la correspondencia quedaba en el boliche del “Tuerto” Ramos. Los diarios llegaban en barco cada diez días y cuando el correo los dejaba en la estancia, se acomodaban para empezar a leerlos de a uno y así sucesivamente cada quince días.
Marcos se dedicó a administrar la estancia “El Toro” y por algunos años “La Margarita” de su tío Frank Ushuaia Lewis cuando éste se ausentaba. 
El personal de la estancia fue de origen europeo durante los primeros años y más tarde, chilenos.
En esos años las familias “bajaban” periódicamente a Puerto Santa Cruz. Elisa recordaba cuando se formó un Golf Club del que participaron las familias británicas como Dobrée, Noble y Woolven, entre otras, además de los empleados del Banco Anglo Sud Americano. El Club Social, el Club Español o el salón del Cine Perfect fueron los lugares donde se organizaban las fiestas a las que concurrían los pobladores.
Marcos Lewis sufría de los pulmones y en invierno la familia se trasladaba a Buenos Aires o bien a las sierras de Córdoba para que él descansara; por último viajó a Inglaterra donde estuvo seis meses. Allí empeoró y falleció.
Elisa quedaba sola, con dos hijos pequeños.

La huelga
Cuando sucedieron los hechos de la Huelga de 1921 la familia de Elisa se encontraba en el campo. Una noche viajaban en coche a Santa Cruz y cerca de Paso Ibáñez (Piedra Buena) los detuvo otro coche con hombres armados que estaban escondidos en un cañadón. Ellos esperaban la noche para tomar el pueblo y no los dejaron pasar. Guillermo Lewis (suegro de Elisa) tuvo que entregar su arma y lo llevaron prisionero, pero a los demás los llevaron a la estancia de la familia Semino. La esposa de Semino los recibió y cuando vio al hijo de Elisa, Leonardo, que era un bebé de meses, se largó a llorar y exclamó: “No tengo víveres” porque el día anterior habían querido ir a Paso Ibáñez y no les permitieron pasar. Al otro día Guillermo Lewis junto a otros dos hombres llegaron con víveres a la estancia. Trece días después los huelguistas se fueron. Las tropas del Ejército desembarcaron por el frigorífico porque los cables de los cutters estaban cortados. Enviaron un coche y los Lewis fueron hasta Paso Ibáñez y de allí bajaron con un cutter de La Anónima hasta Santa Cruz. Marcos Lewis y “Bill” Downer fueron a buscar al puestero, de apellido Lara, a quien los huelguistas habían llevado a la fuerza y por suerte pudieron sacarlo a tiempo de las filas de fusilamientos. Una vez que llegaron a “El Toro” supieron que los huelguistas habían entrado y robado armas, víveres y caballos. 
Elisa recordaba una anécdota de la huelga: “Los huelguistas no querían llevarse a los hombres mayores, entonces, cuando pasaron por Las Horquetas, querían llevar a mi hermano William, pero mi padrastro, que era un aventurero, pidió por favor que lo llevaran a él porque no quería perderse la huelga. El había escondido el coche en un cañadón entre unas matas bien altas y los huelguistas, que estaban buscando la caballada, se encontraron sin querer con el coche y lo llevaron. No sólo los huelguistas quienes se llevaban a los caballos, porque cuando llegó el Ejército también buscó caballos para correr a los otros. En las estancias chicas no existía el maltrato del que algunos hablan y muchos hombres trabajadores fueron llevados a la fuerza y otros perdieron la vida inocentemente”.

Los hijos
Cuando Leonardo tuvo ocho años Elisa lo llevó al Oates College de Buenos Aires y las vacaciones de invierno las pasaba con amigos en Entre Ríos y en Córdoba. En verano partían en barco hacia Santa Cruz, el 10 de diciembre, por lo que pasaban la Navidad a bordo del “Asturiano” o el “José Menéndez”. 
Leonardo recordaba: “El pasaje costaba $ 80 y la atención era formidable; recuerdo que en los temporales se levantaba una tablita en los bordes de las mesas para que no se cayera la vajilla y claro que, en esas condiciones, no se servía sopa. Las vacaciones de verano las pasaba en “Las Horquetas”, donde estaba el abuelo “Bill” Downer que me enseñó a amansar caballos. En marzo regresaba a la escuela y me carteaba periódicamente con mi madre. En Buenos Aires jugué al rugby y al polo”. 
En 1931 Leonardo tenía once años y en el viaje en barco conoció a unos americanos que venían a Santa Cruz para escribir la historia de Jimmy Radboone, “el indio blanco”: “Llegamos a Puerto Santa Cruz y ellos tenían un rifle sin municiones porque les habían dicho que acá podían conseguirlas, pero no pudieron conseguirlas en Piedra Buena ni en Puerto Santa Cruz, entonces ellos, gentilmente, me regalaron el Winchester”, mencionaba.
Una vez que terminó la escuela, regresó a “Las Horquetas” para ayudar a su abuelo “Bill” que ya era mayor y con el correr de los años renovó todas las instalaciones de la estancia. En 1950 Leonardo se casó con Sara Fernández, de estancia “Los Sauces”, hija de José y Ema Fernández. José fue uno de los primeros en armar una cabaña de Corriedale en la zona. Nació su hija Silvia. Además, Leonardo se dedicó a la compra y venta de hacienda para frigoríficos de la zona.
Beatriz Lewis estudió en el Colegio Saint Hilda de Buenos Aires. En 1944 se casó con José Arbilla, hijo de José Arbilla y Sara Abal, de estancia “La Porteña”, y nacieron sus hijos Roberto y Mario. José tuvo correo a Lago Viedma, administró la estancia “Australacia” y más tarde compró la estancia “La Barreta”, cerca del Río Chico. En 1972 pobló “Rubén Aike” en campos que fueron de la compañía “Las Vegas”. 
Elisa no sólo debió soportar la temprana pérdida de su esposo sino que además la de su hija Beatriz. Es por eso que henos aquí frente a otro caso de resiliencia, aquella capacidad del ser humano para superar las peores circunstancias de la vida. Ese fin de semana cuando nos despedimos me dijo que estaba un poco cansada de vivir, que apenas tenía fuerzas, que había vivido la Primera y Segunda Guerras Mundiales. En ese momento se intensificaban los conflictos en Medio Oriente y se preguntaba si no estábamos delante de una tercera.
Elisa -que cumplía años el mismo día que su pueblo, Puerto Santa Cruz- fue una mujer protagonista de la época en que le tocó vivir, durante sus cien años de trayectoria.

Los Lewis: Tierra del Fuego-Malvinas-Santa Cruz
En Malvinas Thomas Bridges esperaba a los Lewis. James era constructor, integraban ellos la “Patagonian Missionary Society”, que tenía como objetivo fundar una misión evangélica, luego del triste final de dos intentos anteriores que terminaron en tragedia. En 1869 llegaron los Lewis, pasaron de Gallegos a Ushuaia donde sólo vivían indios y allá, junto a una toldería, James levantó una casa de madera de dos habitaciones. Tenían un hijo: Guillermo. Al poco tiempo nació el segundo: lo bautizaron Frank Ushuaia Lewis. 
Los animales que habían llevado de Malvinas perecieron en el viaje y solamente sobrevivieron dos cabras. El primer invierno fue excesivamente sufrido y por el reparto que exigían los indios, los comestibles y ropas se agotaron antes de lo previsto, viéndose obligados a mantenerse con mejillones y pescados como los fueguinos.
Eleonor fue la primera mujer blanca de la Patagonia (luego de Ciudad del Nombre de Jesús, siglo XVI, y Floridablanca, siglo XVIII) y contaban que tenía los cabellos tan rubios que los indios llegaban de grandes distancias para verlos, porque creían en su divinidad y, si podían, trataban de tocarlos. Ella entendía el entusiasmo de los indios y, a veces, les obsequiaba una hebra. El trato con los indios fue cada vez mejor y muchas veces acercaban a los Lewis los alimentos indispensables para subsistir. Eleonor les enseñó a coser a las mujeres, pero los yaganes destruían la ropa y de un saco hacían tres o más pedazos; el par de pantalones servía para dos y cada indio se vestía con una pierna de otro.
En el segundo año ya había trescientos hogares indígenas alrededor del hogar de los Lewis.
La granja contó con doscientos vacunos y otros animales domésticos, además de sembradíos. James Lewis construyó y puso en funcionamiento una escuela de Artes y Oficios. Laserre instaló la primera Subprefectura Marítima. 
Fueron cinco años que vivieron los Lewis en Ushuaia hasta que los hermanos Guillermo y Frank Ushuaia crecieron y decidieron establecerse en Santa Cruz, donde poblarían “Cañadón el Toro” y “La Margarita”. James y Eleonor se también se trasladaron a Santa Cruz para estar con las familias de sus hijos.
Guillermo Lewis estaba casado en Malvinas con Beatriz Luxton. Tenían una hija Oressa. Beatriz falleció en el parto de su segundo hijo: Marcos. 
(Guillermo volvería a casarse, con Margarita Finch, naciendo sus hijos Arturo, Teodoro, Edith y Eva).
En 1894 Guillermo y su hermano Frank Ushuaia Lewis poblaron “Cañadón Toro”, primeramente en sociedad con Wickham Bertrand, quien más tarde se desprendió de su parte. Vivieron en un campamento arrimando un carro e improvisaron una carpa con algunas lonas. Cuidaban las ovejas haciendo el repunte porque todavía no había alambrados y tenían que cazar al puma que amenazaba permanentemente a la majada. En esos primeros años se movilizaban con carretas y comerciaban con Puerto Santa Cruz, con la firma “Watson y Gordoniz”. Guillermo construyó la primera casa porque había aprendido de su padre la carpintería y compraban la madera y la chapa en la firma “Braun y Blanchard” de Punta Arenas. Las goletas llegaban a Puerto Santa Cruz con todos esos productos europeos, como los pedidos que hacían por medio de la oficina comercial “Sinclair”; llegaban en contenedores metálicos con capacidad para mil o dos mil litros, que después muchos pobladores empleaban como tanques de agua.
Marcos Lewis fue criado por su abuela Eleonor Britten; estudió luego en Punta Arenas y recién a los diez años de edad llegó a “Cañadón el Toro”.
Frank Ushuaia luego poblaría “La Margarita”, quedando su hermano Guillermo con “Cañadón el Toro”.
Domingo 12 Nov 2017