Jueves 7 de Diciembre de 2017
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Pablo Beecher
Berta J. Teglio en Fundacruz
“Divertimentos y algo más…”
Una de mis primeras entrevistas a artistas fue a Berta Teglio en 1998 cuando integraba el grupo de expositoras del CAAT -el Centro Argentino de Arte Textil- que llegaba a Río Gallegos para exponer en Fundacruz. La recuerdo con mucho cariño. Esta sería la primera de varias visitas, muestras colectivas e individuales, hasta llegar ahora a “Divertimentos y algo más”, que incluye una serie conmovedora que la artista expuso en la Trienal Internacional de Tapicería en Lodz, Polonia, durante 2007, representando a nuestro país.
Domingo 26 Nov 2017

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Esta parte de la muestra, “1911-2007”, que tanto impacta, se sugiere recorrerla escuchando fragmentos de canciones… ¿Por qué?
En la grabación que acompaña el recorrido de la muestra “1911-2007” existen tres signos: dos canciones de cuna tocadas en violín solamente, canciones de cuna interpretadas por mi sobrina que toca el violín. El himno nacional polaco interrumpe las canciones de cuna con un volumen fuerte, después escuchamos el himno nacional argentino, luego un himno de los partisanos, que fue un movimiento de Polonia que se levantó en contra del nazismo. Esta parte de la muestra tiene que ver con el nacimiento de mis padres en Polonia, 1911-12, hasta mi llegada de visita a Polonia en 2007.

¿Cómo surgió la oportunidad de viajar a Polonia para participar de la Trienal con una obra?
Fue algo muy fortuito cuando me designaron como representante de la Argentina junto a dos colegas, Pupy Rymberg y Antoinette Galland, para participar de la Trienal de Tapicería contemporánea que se hace en la ciudad de Lodz, a pocos kilómetros de Varsovia.
Esta trienal -que reúne obras de artistas de distintos países- se desarrolla en un lugar que fue una antigua fábrica conocida como “fábrica blanca” porque Lodz era una ciudad eminentemente textil, que se sostenía con esta actividad. En este lugar se realiza la exposición. Esta trienal tiene distintos jurados internacionales que los polacos convocan. Tienen un reglamento que puede ir cambiando. En este caso la obra a presentar no podía medir más de tres por tres metros, por eso la hice en tres tandas de siete cajas cada una de ellas, entonces podía ocupar un espacio de tres por tres por dos setenta. Cuando llegué al lugar de la exposición me encontré con que no la habían dispuesto de esa manera sino que toda a lo largo en una sola pared. Era la única obra que estaba fuera de medida reglamentaria, pero no por mí sino que puesta por ellos. Medía casi unos nueve metros. Me sorprendí mucho. No la había pensado ni imaginado para nada en ese tamaño. Fue muy conmovedor. Estuve muy contenta porque después recibí muchas felicitaciones, incluso llegaron al CAAT (Centro Argentino de Arte Textil) felicitaciones por el envío que había hecho Argentina. 

Te movilizó mucho este viaje…
Cuando me enteré de que estaba invitada me puse a pensar en qué cosas me movilizan. Tengo una conexión muy fuerte con Isabel Racciatti, amiga de Río Gallegos, integrante de Fundacruz, respecto a esta obra y al hecho de haber viajado porque hemos conversado mucho sobre esta mochila que uno arrastra con las historias familiares.
Mi negación a conocer Polonia era tal que me rompí una pierna pocos días antes de viajar. Tenía, evidentemente, una resistencia tremenda, pero mi marido me dijo: “Con pierna o sin pierna, vos viajás igual. Te pongo arriba del avión. Vos tenés que ir”. Fue una movida muy fuerte. Trabajé mucho con esta exposición además de la parte estrictamente plástica sobre si está bien resuelta. Me gustó mucho hacerlo. 
Mi idea como parte complementaria de la exposición era que pasaran la música de los himnos y las canciones, sin embargo no lo hicieron... Creo que les debe haber tocado una fibra muy íntima.
Después comprobé que las generaciones nuevas no saben qué pasó con la historia. Existe como un vacío histórico. En una muestra del Holocausto -unos años antes- investigué por Internet sobre Polonia, los años ´30 y el Holocausto durante la Segunda Guerra y no podía hallar absolutamente nada. Hubo una época en que cualquiera que no conociera la historia podría decir que este país no existió durante un tiempo. Algo rarísimo. Una negación tremenda. Se siente… Hay una cosa que no se puede explicar, pero flota y de hecho observamos que en Europa sobre todo permanentemente surgen gobiernos de extrema derecha. 

¿Cuál es tu historia familiar?
Mis padres fueron prácticamente expulsados como tanta otra gente de muchos lugares de Europa, principalmente cuando estaba por estallar la Segunda Guerra. El clima era muy denso también en Polonia, no había posibilidades de estudiar ni de trabajar, entonces a mi padre lo subieron a un barco en 1936 y pudo salir antes de que se inicie la guerra. A mi mamá al año siguiente. Aquí se conocieron y armaron una pequeña familia.
Polonia es un país que actualmente tiene una cuestión con el nazismo, por eso no quería viajar, pero Isabel Racciati me persuadió para que fuera: “Tenés que viajar, ese es tu trabajo, es tu obra y es otra historia la tuya”. Tomé coraje. Cancillería nos facilitó mucho a los artistas para poder llegar.
Quise contar en Polonia un poco de lo que yo sentía sobre aquello en lo que ellos también estaban muy involucrados. Es por eso que la muestra está acompañada de música… En mi familia existen músicos… Mi papá cantaba de la mañana a la noche, entonces quise darle un sentido musical, por eso las cajas (el formato de la obra) son blancas y negras, porque me atuve al papel como el pentagrama y las notas que son blancas y negras. Representé o personifiqué, con las esferas blancas y negras, situaciones que se me fueron ocurriendo. 

Un recorrido por la historia…
Claro. “1911-2007” es una serie de cajas. En la primera caja coloqué una trama con siete palitos que son las notas musicales. Le di un valor a cada nota de la escala musical. No sé de música. Me encanta y la disfruto. Esta caja para mí es una orquesta en la que todo suena y funciona muy bien. 
Otra caja representa a mis padres cuando se conocieron… El casamiento… Mi hermano y yo.
Otra caja representa el equipaje con el que mi padre viene de Europa. Yo la hice negra porque el clima en ese momento era absolutamente negro y la esfera blanca es la esperanza que él traía a este país, un mundo desconocido, sin idioma, sin dinero, sin nada... Con su cuerpito, digamos.
En otra caja está el Himno Nacional Argentino, busqué la versión de Jairo, que me parece que es muy hermosa.
En otra caja hay un pentagrama con las primeras notas del himno de los Partisanos. En otra es la orquesta destruida, tanto el pentagrama como las notas… Es la guerra.
 En otra caja -que también es negra- hay un dolor en esta música, no es la alegría del nacimiento. En otra caja están algunas de las canciones que mi papá cantaba. El era sastre, entonces se levantaba, prendía la radio, la máquina y escuchaba radio y discos mientras trabajaba. Uno entraba a la sastrería y siempre escuchaba música.
Hay otras cajas, también con música, pero en la penúltima caja cierro con el pentagrama y el tema “Imagine” de John Lennon, con la esperanza y esa utopía porque los seres humanos parecemos no aprender nada de la historia, sin embargo este es el deseo de un mundo mejor. 
Y en la última caja está mi valija con la que yo voy a Polonia en 2007, con alegría y expectativa, pero con una esfera negra porque arrastro de alguna manera esta historia que a mí también me tocó vivir. Porque los que venimos de familias cortadas, partidas, aunque no hayamos vivido directamente ni tenido nada que ver, heredamos muchas cosas de las que es difícil despojarse. En terapia aflora… 
En mi casa no se hablaba nada del Holocausto y el nazismo.

¿Habías trabajado este tema con anterioridad? 
Yo armé en 2001-2 una muestra colectiva en el Museo del Holocausto de Buenos Aires. Fui la responsable. Me invitaron a hacer una visita guiada con sobrevivientes del Holocausto, entonces pensé en no hablar sobre la calidad de las obras, porque eso es más para los artistas, sin embargo pensaba oportunamente hablar de algunos temas. Y alguien me dijo: “No, no, vos no tenés que hablar nada del Holocausto” y dije: “¿Perdón? Me voy a fijar adónde vine. Voy a volver a entrar”. Y no. Porque no se habla. Me invitaron a tomar el té. Me senté con una señora que tenía el brazo marcado y me puse a conversar con ella. Es la mamá de una gran artista. Me dijo que con sus nietos lo puede hablar porque ellos creen que es un tema de la época “de la colonia” o “de las invasiones inglesas”, porque no tienen noción. Nosotros acá no hablamos, pero yo voy a escuelas y cuento. Es mi granito de arena.
Yo empecé a enterarme de grande de todas las cosas que pasaron antes y durante la Segunda Guerra. Escuchaba algunos murmullos, a veces los mayores lloraban, que habían masacrado se sabía, pero era como natural mencionarlo.

Igualmente en la muestra aquí en Fundacruz existe un balance con algo más colorido y lúdico…
Esto es un poco esta historia, difícil, densa, y también tengo otras obras sobre otros temas más comprometidos socialmente, no obstante en un momento me propuse jugar un poco. Me dije: “Basta. Yo, sola, no voy a arreglar el mundo”. Y empecé a hacer otros trabajos muy coloridos, a divertirme, supongo que también tiene que ver con la edad porque he sido abuela, jugar con las nietas. Llegar a la conclusión de que los artistas podemos mostrar algunas cosas. Hay artistas muy importantes que pueden cambiar algunas cosas, como Picasso con el Guernica. Yo muestro lo que puedo a grupos reducidos en museos y salas en donde puedo compartir estas inquietudes.

¿Y los homenajes a colegas?
También tengo este tipo de obras que son bastante lúdicas. Hay tres que son homenajes a distintos artistas. Uno es Jesús Rafael Soto. Fue uno de los pioneros, sino él en el arte cinético. El arte con movimiento. También a Xul Solar, artista argentino, fallecido, que trabajó muchísimo. Inventó un idioma, él pregonaba que el mundo podía llegar a cambiar si tenía un idioma universal. Tuvo la intención. Creó una serie de juegos. Un genio que por suerte le han dado bastante reconocimiento porque no era muy conocido y ahora está incluido en muchos museos del mundo. Tiene una obra maravillosa, muy colorida, pinturas con escaleritas, personajes, símbolos de distintas religiones, él también apuntaba a lo que apuntamos todos: a ver si este mundo de una vez se arregla…
Y el último artista que homenajeo es Julio Le Parc, un artista argentino, mendocino, que en los años ´50 fue a vivir a París, hizo toda su carrera allá y fue muy poco conocido y respetado en nuestro país, recién ahora logró hacer alguna muestra importante en Buenos Aires. Pude conocerlo y viene anualmente al país. El tiene una obra sólo de luces que se reflejan en ases hacia el techo y el piso, entonces quise homenajearlo con una obra, transformando esa idea de los rayos pero en este caso con hilos.
Me encontré con curadores de Fundacruz muy creativos… Fue una sorpresa ver esto porque yo voy haciendo los trabajos y no voy pensando dónde ubicarlos o cómo agruparlos. No sabía, por ejemplo, que había tantos verdes en mis trabajos y cuando los vi reunidos me sorprendí. Me encantó la disposición. Hay obras que tienen movimiento, que si uno sopla se mueven, o, a veces, oscilan solas con el viento. Son obras abstractas, geométricas, tratando de equilibrar colores. No sé. Dejo a ustedes que opinen.
En mi anterior muestra había muchas obras que tenían equilibristas, pero tenía que ver con la justicia.
Domingo 26 Nov 2017