Jueves 7 de Diciembre de 2017
4785 lectores en línea
Pablo Beecher
Miradas centenarias
Amelia Mathet de Benítez, todo por la educación de sus hijos
En 1905 Amelia Mathet nació en el seno de una familia franco argentina que una generación atrás se había convertido en próspera ganadera del partido de General Alvear, provincia de Buenos Aires. Amelia creció en la estancia “El Recreo de la Parva” y estudió en el colegio “Santa Unión” de monjas francesas. En 1933 se casó con el agrónomo sanjuanino Juan Valmore Benítez, que en 1927 había poblado la estancia “Los Petisos” en el territorio de Santa Cruz adonde se trasladaron. Tuvieron cuatro hijos: Juan Carlos “Moro”, Amelia “Melita”, María Elena “Marilén” y María Teresa “Marité”, que continuaron con la fuerte tradición rural. Amelia
Domingo 3 Dic 2017
“Marilén” y “Moro” Benítez, Amelia Mathet, “Maritesa”, Juan y “Melita” Benítez, años ´60.

“Marilén” y “Moro” Benítez, Amelia Mathet, “Maritesa”, Juan y “Melita” Benítez, años ´60.

  1 de 9   Anterior Siguiente

Los Mathet

Henri Mathet y Marie Laport eran franceses de los Pirineos que llegaron a Buenos Aires alrededor de 1860. El tenía una cochería. En la fiebre amarilla de la década de 1870, contaban, era un francés grandote que hombreaba como si nada los cadáveres para cargarlos en el carro.

Un año su esposa enfermó del estómago. En esa época, 1880, los médicos aconsejaban trasladarse a Córdoba o al campo para tener una vida más sana, entonces Henri vendió su negocio y con un cuñado sacaron un campo en General Alvear, provincia de Buenos Aires. El era italiano, Crotto, casado con Valerie Laport. 

Al campo lo llamaron “La Francia”. En esa época había cría de ovejas, todavía no vacunos. Más adelante se dividieron, Crotto siguió con esa estancia y Mathet sacó otro campo, cerca de un arroyo, que llamó “El Recreo de la Parva” porque había un boliche que tenía ese nombre. Este lote dista 280 kilómetros de Buenos Aires, iban en carruajes, después en tren. Entre los vecinos estaban los Karman, los primos Crotto, el marqués de Lazo y además había colonias de italianos.

Henri y Marie Laport tuvieron dos hijos: Teófilo y Félix, que se educaron en Buenos Aires. 

Los padres de Amelia fueron Teófilo Mathet y Elena Valaz. Ambas familias eran de la colectividad francesa y tenían amistad. Ellos se casaron hacia 1900 y tuvieron siete hijos: María Luisa, Félix, Elena, Amelia, Teófilo Pablo, Juan María y Celia.

Mientras tanto Félix Mathet hizo su casa en una parte del campo que llamó “El Chiripá”. El permaneció soltero. 

Ellos introdujeron la raza de vacunos Shorton, tuvieron cabaña, llegando a tener grandes campeones en Palermo.

Amelia Mathet nació en 1905 y estaba casi en el medio de sus hermanos. Ella contaba que todos andaban muy bien a caballo y que el papá llevaba a todos sus hijos a la yerra y a los trabajos. Era de avanzada. Amelia amaba el campo, decía que para el cumpleaños del padre venían los puesteros, unos siete, con sus familias, y hacían asado con cuero, pasteles, tocaban la guitarra y bailaban. Había que bailar con quien te pedía, porque si no era un desprecio.

Un hermano de Amelia, Juan María Mathet, era el más criollo de todos, él fue después presidente de la Sociedad Rural Argentina.

Ellos contaron con institutrices francesas en el campo y después fueron viniendo a los colegios de Buenos Aires, las mujeres en la “Santa Unión” de monjas francesas y los varones al “San José”. En calle Charcas, primero, en calle Talcahuano, después, alquilaron casa. 

Estaban medio pupilos, pero igualmente extrañaban mucho.


En San Juan

Juan Valmore Benítez nació en 1899 en San Juan y toda su familia era de varias generaciones sanjuaninas. Los Benítez llegaron de España primero a Chile, después una rama pasó a la Argentina y se asentó en San Juan, pero no tienen parentesco con los Benítez de Corrientes.

Sus padres fueron Juan Segundo Benítez y Leonor Reyes, que era educadora y había sido alumna de las primeras maestras norteamericanas que trajo Sarmiento al país. Tuvieron siete hijos: Leonor, Carlos, Argentino, Juan Valmore, César, Emilia y Luis. Ellos vivían en la ciudad de San Juan y tenían fincas en 25 de Mayo y Caucete. 

En esta última ciudad una escuela lleva el nombre de Leonor, que llegó a ser directora. 

Juan Valmore contaba que siendo adolescente ayudaba a su padre, llevando hacienda, vacunos, a Chile, para pastorear, trabajaban cruzando la Cordillera en mula, pasaban la veranada con los animales de un lado o del otro de la frontera según el buen pasto. A los dieciocho años el padre le dijo un día: “Bueno, ahí está la tropa. Tenés que estar vos al frente” y él con un hermano menor y la peonada salieron con la hacienda y los baquianos. El padre estaba enfermo y empezaba a delegar, no obstante Juan ya estaba preparado. 

Juan Segundo murió y Leonor siguió adelante con sus siete hijos, hicieron la primaria y la secundaria, después algunos de ellos siguieron la universidad en La Plata.

Una hermana de Juan, Leonor Benítez, fue muchos años rectora del Colegio Nacional de San Juan. Era profesora de Ciencias Exactas y farmacéutica.

Juan era muy criollo y patriota tanto en sus pensamientos como en sus costumbres.

Una típica eran las empanadas sanjuaninas, él dirigía su preparación y hacía el repulgue perfecto. 

(Esta empanada lleva tanta cebolla como carne, pasas de uva, huevo y aceitunas, además es bastante jugosa y según los carozos que había en el plato eran las empanadas que habías comido).


En Buenos Aires

En 1920 Juan Valmore Benítez fue a estudiar a Buenos Aires y quedó pupilo en la Escuela Agronómica de Lavallol. Un hermano, Carlos Benítez, estudiaba abogacía en Buenos Aires y vivía en una pensión cerca de la casa de los Mathet y así fue como se conoció Carlos con María Luisa Mathet. 

Un día, Carlos le dijo a su hermano Juan que le presentaría a los Mathet a quienes les había contado que tenía un hermano que tocaba muy bien la guitarra. Amelia Mathet tenía quince años, y Juan, veinte, y cuando los presentaron -dicen- fue amor a primera vista. 

Amelia contaba que primero fueron sólo miraditas y a escondidas. Esta faceta musical folclórica, decía Juan, era la puerta para entrar bien en todas partes, además que era un hombre muy simpático. 

Tenía una voz muy linda. El padre de un amigo le insistió para que se probara en el teatro Colón porque el padre era director. En la audición sorprendió y no entendían porqué no seguía canto.


Juan Benítez y Amelia Mathet

En 1924, Juan Benítez, recibido de agrónomo en Lavallol, por medio de unos compañeros se conectó con la familia Rivera de Río Gallegos, que tenía chacras donde querían experimentar con cereales. 

El noviazgo con Amelia continuaba. 

En el ínterin, Carlos Benítez, ya casado con María Luisa Mathet, fue designado Juez de Paz en Río Gallegos. En el pueblo nació su hija Susana.

Juan les presentó a sus amigos, entre ellos, los Suárez Ladouch. Más adelante, Juan decidió no continuar con los Rivera y aceptó la propuesta de Suárez para experimentar en la granja modelo, la “San Jorge”, donde consiguieron una cosecha de trigo. 

En un viaje que hizo Rodolfo “Fefo” Suárez a Buenos Aires le pidieron que llevara una encomienda a casa de los Mathet y así conoció a Elena Mathet. Ellos se casaron y fueron a vivir a Punta Arenas porque su familia tenía la estancia “Tres Chorrillos”. Tuvieron dos hijas: Julia Elena y Marta.


Estancia “Los Petisos”

Juan Benítez observó que todavía en el territorio había campos fiscales y en 1927 consiguió arrendar un lote y así pobló la estancia “Los Petisos”. El llegó primero a la estancia “Mank Aike” de Nicolás Cozzetti, que era vecina a su campo, y allí se alojó durante el primer tiempo. Míster Harris le dio las primeras ovejas, pero ese invierno las perdió a todas. Harris le dijo: “No importa, empezamos de nuevo”. “Fefo” Suárez también le ayudó mucho en el inicio. Ellos eran como hermanos.

El otro vecino era Marcelino Díaz de estancia “General Roca” con quienes también hubo amistad.

Juan quería sacar adelante el campo para casarse, porque el noviazgo era bastante prolongado, carta iba, carta venía, y él viajaba a Buenos Aires cada dos años. Amelia le hacía tejidos y el dulce de leche que mandaba en encomiendas por barco. Hasta que una vez ella le dijo que si esperaban más no se casarían más, entonces cuando él tuvo una casita de adobe hecha, decidieron casarse.

En 1933 hicieron una ceremonia familiar en la casa de calle Charcas. Estuvieron un año en una chacra de la estación “Ema” del ferrocarril, cerca de la ciudad, que era de “Fefo” Suárez, además el padre de Amelia, Teófilo Mathet, no quería que su hija se fuera tan pronto y tan lejos.

Un año después viajaron en barco a Santa Cruz para establecerse en “Los Petisos”. Amelia recordaba que en esos viajes conocía a mucha gente del sur. 

Ella salió de un medio social y económico acomodado, pero decía que le gustaba el sur como aventura porque estaba aburrida que en Buenos Aires le hicieran todo. Era un desafío y al principio se arregló con esas dos piecitas y el baño afuera que llamaban “el solitario”. Amó el campo tanto como él porque juntos levantaron la casa, pusieron el alambre y plantaron el primer sauce. 

Hubo muchas veces en que Juan quiso abandonar y volver al norte, pero ella lo animaba: “No Juan, seguí, seguí”. 

El establecimiento se fue agrandando y al galpón de esquila y los corrales se le sumaba la casa del personal y del capataz, la caballeriza, etcétera. 

El campo se llamó “Los Petisos”, decía Amelia, por los caballos criollos, pero los hijos les decían que fue por ellos, que no eran muy altos.


Los hijos

Habían nacido: Juan Carlos “Moro”, en 1936, Amelia “Melita”, María Elena “Marilén” y María Teresa “Marité”, todos en el hospital Alemán de Buenos Aires porque Amelia cuando estaba de ocho meses tomaba el barco para tenerlos cerca de su familia. Juan viajaba poco después. Teófilo Mathet conoció solamente a “Moro”. Murió en 1937. 

En el campo tenían de matrimonio a Octavio y Luz García, ella ayudaba a Amelia en la casa y era buena cocinera y repostera.

En el pueblo o en Buenos Aires los chicos contraían las enfermedades comunes de la edad. Una vez estuvieron las tres hermanas con sarampión en el hotel Internacional de Piedra Buena. Amelia decía que era mejor que agarraran todas al mismo tiempo.

En el sur la única enfermedad grave fue de “Moro” que a los once años tuvo fiebre tifoidea y tuvieron que salir de la estancia paliando nieve. El invierno de 1947. Amelia era como un médico en la casa y los curaba, pero esa vez notó que no era fiebre de una gripe común y dijo: “¡Hay que bajar al pueblo!”. Un peón ayudó a palear nieve para salir con el camión con el que llegaron después a Gallegos. 

El doctor Borrelli atendió a “Moro” y se curó porque ya estaba la penicilina que llegaba en avión. 


La vida en “Los Petisos”

Había dos buzones en la estancia según el estado del camino. El correo venía de Santa Cruz cada quince días, dejaba la correspondencia y subía la banderita para avisar que había pasado. 

Ahí recibían cartas de Buenos Aires, las revistas para Amelia como “El Hogar” y “La Rosalinda”, los catálogos de Harrods y las revistas “Billiken” y “Patoruzito” para los chicos. 

Juan era detallista e inquieto, recorría el campo, seguía las tareas del personal. En época de trabajos iba a dormir temprano. Entre los peones estuvieron muchos años “Pancho” Saldivia, Luis Legue y Ulloa. Otro se llamaba Juan Riveiro, tocaba el violín y le encantaban los tangos. En los asados los Benítez llevaban la guitarra y él acompañaba con el violín.

Juan salía con su hijo “Moro” a caballo a recorrer el campo para los arreos, pero una vez Juan cayó y se le cortó un tendón del brazo, entonces no volvió a andar. A las niñas no les permitían salir a caballo porque había partes del terreno que eran de piedra y pinches de la vegetación tan agreste. En la zona encontraban puntas de flecha y bolas de boleadoras.

A Juan le encantaba la quinta, cultivar verduras y frutillas, con agua de manantiales. Hizo chacras de avena y alfalfa. El se ocupaba de acrecentar la arboleda y mantener las flores.

Amelia era muy trabajadora y aunque tuviera empleada, trabajaba dieciséis horas diarias, cosía, zurcía, prefería cocinar sola y el menú era según la carneada de la semana y la verdura de estación.


La educación en el campo

Amelia colocaba un aviso en el diario “La Nación” y entrevistaba a las maestras que se ofrecían a viajar a Santa Cruz para dar clases en la estancia. La primera maestra particular que tuvieron fue Antonia Sastre que era de Buenos Aires y les enseñó a leer y escribir. Estuvo tres años con ellos. En las fechas patrias organizaba los actos a los que asistía el personal de la estancia. A la mañana izaban la bandera en el mástil que Juan hizo. Todos cantaban el himno nacional, argentinos y chilenos. Juan tenía los discos con todas las marchas patrias. Hacían empanadas y a la tarde chocolate. Era un verdadero día de fiesta.

Más adelante Amelia convocó a Susana Davidson que era una maestra de Colón, Entre Ríos, que había entrevistado cuando eligió a la anterior, pero como no estaba libre, entonces le sugirió a su hermana Esther Davidson, que, con veintiún años, llegó a la estancia. Sus padres pidieron referencias de los Benítez por medio del Banco Anglo porque estaban mandando muy lejos a una hija muy joven.

Con Esther Davidson siguió luego una gran amistad, ella se casó con un inglés y se fueron a vivir a Inglaterra, carteándose siempre con Amelia. 

María Sara Salazar fue la última maestra que tuvieron, los mayores rendían después en la escuela de Santa Cruz. 

En verano la maestra que los había acompañado se iba de vacaciones a veces con el compromiso de volver el año siguiente.


Santa Cruz, Piedra Buena, Gallegos

El contacto comercial y los trámites de banco eran con Piedra Buena y Santa Cruz, pero después bajaban a Río Gallegos donde tenían muchos amigos como los Sánchez, los Borrelli, Littlejohn, que era el gerente del Banco Anglo. Carmina Sánchez y Leonor Littlejohn eran muy amigas de Amelia. A los británicos de la zona de Gallegos les encantaba escuchar a Juan cantar y tocar la guitarra. 

Amelia no tenía problema de pasar el invierno en el campo, sin embargo a Juan le preocupaba por sus hijos que eran chicos por si les pasaba algo y no pudieran salir de la estancia. El camino viejo era por “Las Horquetas” de Downer, pero después se cerró y se hizo uno nuevo, que cuando esa pampa se helaba iban por “Mata Amarilla”.

En septiembre ya los caminos eran transitables, entonces Juan viajaba a Piedra Buena y se hospedaba en el hotel “Internacional” de Santiago Pérez. 

En Puerto Santa Cruz se frecuentaban con Octaviano Carbone, íntimo amigo de Juan; el aviador Irigoyen que tenía una estancia, Marcelino Díaz, los Fernández de “Los Sauces”, los Downer, los Barbado de “El Cordero”, los Sahores de “La Quena”, y en Piedra Buena con el comerciante Francisco García Gilabert, con quien después se veían en Buenos Aires en la barraca de la firma “Segard”.

En Santa Cruz Juan se encontró con tantos europeos que en las fiestas patrias sentía la obligación de organizar los festejos. Una vez formó un grupo de pericón y todos los muchachos y muchachas se vistieron de gauchos y mozas. 

El contacto con los Suárez Ladouch era permanente. En mayo Juan iba a “Tres Chorrillos”, faenaban los cerdos y les encantaba hacer las facturas que llamaban “las chancherías”. Ellos también iban a “Los Petisos”.


La escuela en Buenos Aires

En 1949 “Moro” Benítez fue como pupilo a estudiar en el colegio de los Maristas de Luján y “Melita” Banítez en el Michaelham, mientras que “Marilén” y “Maritesa” quedaron con Amelia en Buenos Aires y tuvieron una maestra en el hotel “Argentino” de calle Pellegrini donde vivían al principio, después Teófilo Mathet -hermano de Amelia- les prestó un departamento, luego en 1953 Juan compró en calle Billinghurst otro. 

La maestra, Elfride Gonnet, iba día por medio a darles clases y después rindieron libre. Amelia lo resolvió así porque entendía que no tenían la sociabilización para estar con otros chicos y recién al año siguiente fueron medio pupilas al “Santa Unión”, el colegio al que había ido Amelia.

En marzo Juan los dejaba en Buenos Aires y volvía al sur para hacer los trabajos de antes de invierno, después volvía hasta septiembre, regresaba al sur y en diciembre nuevamente los iba a buscar. Juan hacía seis viajes al año en un Chevrolet ´46, cargado con todo. Amelia a veces mandaba por barco sus baúles.

En 1950 no volvieron al campo y ya al año siguiente se radicaron definitivamente en Buenos Aires, volviendo solamente los veranos para la época de los trabajos.

En la cuadra era la única casa de departamentos, la mayoría eran casonas. En la esquina había una lechería con estaño donde compraban. En la otra había un corralón con caballos. Había al lado un carbonero. El Buenos Aires de mediados de siglo XX.

Hicieron algunos viajes a San Juan y mientras los chicos estudiaban Juan aprovechaba a viajar solo para visitar a su familia. En cambio Amelia los llevaba a “El Recreo”, la estancia de su familia en Alvear, y dirigía a los peones después de la faena mientras hacían “la chanchería” con las recetas francesas, con canela y otras especias.


Los hijos

En los ´60 “Moro” Benítez se recibió de médico veterinario. Melita estudió idioma y trabajó en agencias de viajes. Maritesa es profesora de Ciencias Exactas. Marilén hizo la carrera de Música en el “Manuel Detalla” y ejerció como profesora en jardines de infantes. 

En 1970 “Moro” empezó a manejar el campo en el sur y el de Buenos Aires. Juan Benítez falleció en 1976. “Moro” enfermó y murió poco tiempo después. Ese fue un duro golpe para Amelia. Ella, llegaba septiembre y decía: “Bueno, ¿Quién me acompaña este verano?” y visitó Santa Cruz hasta los 101 años, pasaba toda la temporada en “Los Petisos”. Amó realmente la Patagonia. Murió en 2008 a los 102. Una verdadera dama. Estuvo rodeada de sus hijas y sus nietos: María Eugenia, Juan Manuel y Nicolás Soria; Juan José y Guillermo Maglie. 

Entre las tres hermanas Benítez Mathet continuaron con la tradición rural tanto en la provincia de Buenos Aires como también en Santa Cruz.

Domingo 3 Dic 2017