Sabado 13 de Enero de 2018
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Pablo Beecher
“De mi tierra II”
Sandra Jamieson O’Byrne
Sandra descubrió, jugando, que podía modelar y crear cacharros tal como lo hacían los diaguitas. Tenía unos siete años. Desde entonces la cerámica fue su lenguaje artístico. En talleres de Buenos Aires, primero, perfeccionó la técnica y mientras vivió con su familia en los Estados Unidos, después, consolidó su sello personal. El inmenso amor por el campo y la actividad ganadera están plasmados en su obra como hilo conductor ancestral. Hace sus obras con arcilla, tierras de colores que resaltan esa temática campera patagónica. Esta es la cuarta vez que podemos verla en Fundacruz. Es la artista que cierra el ciclo 2017.
Domingo 17 Dic 2017

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¿Esta es tu tercera muestra?
En realidad participé de cuatro muestras. En la primera oportunidad hice una recopilación de obras que tenía desde hace tiempo, de distintas etapas, incluso de cuando era chica. Más adelante participé de una muestra aniversario y después -2013- hice “De mi tierra I” y ahora compartimos “De mi tierra II”.

¿Cómo surge la cerámica, la escultura?
Yo era chiquita. No sé si tendría siete u ocho años. En casa compraban las revistas “Anteojito” y “Billiken” para los chicos y había visto unos dibujitos. No sé si sabía leer muy bien todavía. Y había visto que los indios diaguitas enterraban piezas, entonces me puse a pensar -vivía en el campo- en cómo harían también los tehuelches para acarrear agua del río o cuando buscaban sal de las salinas. ¿En qué guardaban o acarreaban?...Imagino no más que alguna especie de bolsa hecha con cuero, pero nada que conservara líquidos, entonces a raíz de esos dibujos hice con el barro de la laguna varios cuenquitos y antes de que mi papá hiciera un asado, los enterré. Hicieron el asado y me olvidé. Unos dos o tres días después me acordé y fui a buscarlos. Empecé a escarbar y encontré mis cuencos cocidos, duros. Cuando los vi, pensé: “Bueno. Así los deben haber hecho”. Esa fue mi primera experiencia. Tuve luego una profesora que enseñaba cerámica en su casa de calle Rivadavia; lamentablemente no recuerdo su nombre. 
En el campo seguí haciendo mis objetos aprovechando la quema del asado hasta que más grande viví en Buenos Aires donde fui a varias clases con distintos profesores, como Leo Tavela. Era 1986… El primer taller era un galpón en Vicente López con parte del piso de tierra, taller, taller, donde había algunos escultores haciendo piezas enormes. Un lugar que ayudaba al artista a soltarse porque no había límite de tamaño y proporción. Esto fue muy importante porque no era necesario suscribirse a un pedacito de taller. Allí aprendí un montón de todo lo que eran piezas grandes y rostros.
Más adelante, con Irene Welbers -la esposa de un primo- abrimos un taller para enseñar a chicos, después se sumaron mamás, compramos un horno; teníamos el taller en casa. En ese momento vivía en Don Torcuato. Había dos chicos y un señor mayor que habían sufrido accidentes y debían hacer rehabilitación con prácticas de motricidad fina, el médico nos dio las pautas y fue una experiencia muy linda.
En 1996 me mudé con mi familia a Charleston, Carolina del Sur, Estados Unidos, donde realmente empecé a ser ceramista… Un día, mi esposo, Michael, fue al centro de la ciudad y encontró un lugar donde rentaban talleres, espacios. Era una galería para cerámica que en la parte trasera tenía un espacio en común con los hornos. Llegó a casa y me dijo: “Te alquilé un estudio… Te va a encantar”. Me encantó realmente y fue como mi casa porque vivía ahí adentro. La dueña, si le gustaban piezas, te invitaba a exponer para la venta y enseguida entré en ese circuito. Y fue maravilloso porque mi estilo, que tenía mucho de patagónico, rústico, gustaba y empecé a vender muy bien. Tenía un nombre y me llegaban convocatorias para asistir a distintas muestras y concursos. Me quedé una obra de esa época porque fue la primera con la que gané algo y se llama “Bahama Mama”. Estuvo expuesta en Fundacruz. En realidad empecé a hacerla jugando, haciendo choricitos de arcilla, empecé a hacer un redondel para hacer una taza, seguí y después me pareció que tenía forma como para convertirse en una mujer, seguí, le puse labios y cuando me di cuenta era una obra diferente. Y tiene una historia esta escultura. Un árbol se cayó sobre mi auto y quedó aplastado. Tenía unas ramas interesantes, entonces con ellas hice el cabello de la obra. 

¿Cuándo retornan al país?
En diciembre de 2004 la vida nos trajo nuevamente a Río Gallegos y ahí fue cuando recibí la invitación de Fundacruz. Como no tenía lugar en casa para un taller había empezado a trabajar en manualidades, con piedras. Me gusta caminar y juntar cosas, piedras que fueran lindas de por sí. Había traído una pasta americana como para engarzar y hacía biyuterie. En el primer lugar donde viví, improvisé un taller y ahí empecé. Cuando me mudé a la casa donde actualmente vivimos, hice mi taller donde hago de todo, cerámica, carpintería... nunca está muy ordenado porque si está ordenado ¡después no encuentro nada! Es mi lugar con mi tipo de orden y los demás no pueden opinar… ¡Me enojo cuando los demás me lo llenan de cosas!
A veces voy a mi taller y estoy como en blanco, sin embargo consulto mi libreta de ideas que no deja que se desvanezcan para algún día llevarlas a cabo. Anoto todo lo que se me ocurre.

¿Cómo trabajás?
En realidad todavía no me he ordenado a decir si lo hago como profesión o como diario. Hay un montón de cosas que me gustan hacer y tienen su tiempo... el taller, el jardín, la quinta, el campo, la inseminación de ovinos que me lleva dos meses. Siempre tuve la idea de abrir mi taller para dar clases o seminarios con proyectos cortos, quizás, para que no me interfiera con todo lo demás que hago y me gusta hacer. Está pendiente.
Hago pares, no por simétrico sino como compañía. Van a ver que siempre son dos piezas, que más o menos tienen una relación, es decir que separados son distintas, pero si se las reúnen, forman una dupla. En todo trabajo de este modo.

¿Qué diferencia observás con Estados Unidos? 
En cuanto a los materiales. La diferencia es que acá uno debe llegar a la receta y a los materiales con cierta dificultad. Tenés que hacer vos todo. Como un alquimista. Se consiguen elementos a veces, pero no sabemos muy bien cuál va a ser el resultado. Para mí es un desafío. Me enseñaron mucho en éstas escuelas respecto a qué es cada elemento y a observar el proceso desde el momento de hacerlo hasta verlo luego preparado cuando te lo venden en un frasquito. Aprendí que nada tiene límites e incluso la idea más descabellada puede desarrollarse y vale. Acá es quizás más estructurado, sin embargo lo lindo fue darme la libertad de que todo lo que yo quisiera hacer, pudiera hacerlo. 

¿Hay un punto de encuentro entre tus últimas exposiciones?
El punto de encuentro son los medios y los materiales con los que esmalto. Es todo producto local encontrado. En esta oportunidad existe mayor incorporación de ceniza volcánica y piezas que son objetos utilitarios. Creo que la muestra anterior fue más escultural. Dudé en traer algunas piezas, pero después de esmaltarlas me di cuenta que igualmente eran arte. 

¿Las ovejas?
En casa hay ovejas en muchas cosas. Creo que la oveja y la textura de mis piezas sintetizan desde mi interior lo que es la Patagonia. Encontré un equivalente de mucho significado interno. Es la historia, los antepasados, los pioneros, el trabajo, profesión, medio de vida...

En tu obra además aparecen vírgenes y ángeles…
Me gustan. En casa no tengo una virgen de iglesia, pero sí muchas artesanales. No sé si ahora las hice por la proximidad con la Navidad. He hecho rostros y alas de ángeles para la pared… Cada uno de mis hijos tiene su angelito y están conmigo. Entiendo que es mi espiritualidad. Es una conexión muy personal.

¿Te cuesta desprenderte de la obra?
Al principio me costaba bastante, pero después pensé que podía ser tan egoísta… Si tengo un don para llegar a hacer una pieza: ¿Por qué no compartirla? No hago muchas muestras. Es dentro de todo una labor bastante privada porque expongo pocas veces.
Agradezco todo el apoyo que me da mi familia, que me bancan largas horas en casa dedicada a la cerámica. Aprovecho para agradecer a Fundacruz y al público por acompañarme nuevamente. ¡Felices Fiestas!
Domingo 17 Dic 2017