Sabado 13 de Enero de 2018
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Pablo Beecher
Museo del Club Británico
Cuando la historia se vuelve tangible
Un interesante desafío tuvo la comisión directiva del Club Británico de Río Gallegos cuando eligió formar un museo, contratando a la especialista en Conservación, Carla García Almazán. Es-después de un año de trabajo-un espacio de ciertas características que pone en valor el patrimonio de las familias fundadoras de una institución centenaria. El museo propone un recorrido sobre temas como poblamiento, guerras mundiales, huelgas rurales, educación, religión y vida cotidiana -entre 1885 y 1945- temas que atraviesan la historia de la colectividad británica de Santa Cruz. El museo no pertenece a ninguna familia -no obstante es de todas-
Domingo 24 Dic 2017
Naomi Kennard, Teddy Payne, Jeanette Benham, Miguel Mayeste y Guillermo Benham, cortaban las cintas y abrían por primera vez las puertas del museo.

Naomi Kennard, Teddy Payne, Jeanette Benham, Miguel Mayeste y Guillermo Benham, cortaban las cintas y abrían por primera vez las puertas del museo.

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Un nuevo espacio en la ciudad

El acto del último martes 19 de diciembre en los salones del Club Británico de Río Gallegos fue conducido por Caroline Bain -vicepresidente del club- que lo inició rememorando la figura de Carlos María Moyano y la conexión de la colectividad con las Islas Malvinas: “En 1884 surgió el territorio de Santa Cruz y su primer gobernador fue el capitán de fragata Carlos María Moyano, figura emblemática para los pioneros. Casado con una malvinera, Ethel Turner, conoció las Islas Malvinas y el tesón de esos ovejeros a quienes invitó para poblar la costa sur de la Patagonia con sus propias majadas. Ellos, además de los que vendrían directamente desde las Islas Británicas, formarían una de las colectividades de mayor presencia en Santa Cruz, que paulatinamente se integraría con las demás, españoles, alemanes, chilenos, franceses, yugoeslavos, naciendo así un ser santacruceño” -dijo- en un discurso muy simbólico: “Esas familias que se fueron formando con el paso del tiempo necesitaban en el pueblo un lugar de reunión, que compartirían con las familias urbanas. En 1911 fundaron el Club Británico de Río Gallegos en el edificio del antiguo “Jockey Club” donado por George Macgeorge”.

En cuanto al aspecto cultural manifestó que los pioneros británicos dieron una impronta a la cultura de la región “con los grandes arreos, el manejo de la hacienda, la destreza ecuestre compartida con el tehuelche; el comercio, la arquitectura, la educación bilingüe, la ceremonia del té, los bellos jardines”.

En este nuevo museo para la comunidad buscan representar y dar testimonio de la vida cotidiana entre los años 1885 y 1945 aproximadamente, con objetos y documentos. 

A continuación cantó el coro “Aonikenk” dirigido por la profesora Roxana Agulló que interpretaron “La santacruceña”, obra del doctor Pablo Borrelli padre de las socias de la institución, Alejandra y Rossana Borrelli. Siguieron con “Malambo blanco” y un villancico, con motivo de la proximidad de Navidad.

Roxana Agulló dijo que era una gran emoción dirigir el coro por primera vez en los salones del Club Británico -colmado de socios e invitados especiales- debido a que sus abuelos fueron conserjes durante su infancia.

A continuación habló el presidente de la institución, el empresario Miguel Mayeste: “Estamos plasmando hoy una propuesta de miembros de la comisión directiva que hace un año se encuentran trabajando en la concreción de este museo. A través de este proyecto queremos difundir la cultura británica y su aporte a nuestra idiosincrasia.

Este es sólo el comienzo. Esperamos que muchas más familias colaboren prestando temporariamente sus tesoros que seguramente tienen tanto para contar. Gracias a todos. Bienvenidos”.

Más adelante, Michael O’Byrne y Pablo Beecher -quienes fueron los impulsores de este proyecto- se refirieron a la manera en que lo intangible de la historia se vuelve más tangible una vez que apreciamos ciertos objetos y documentos que fueron propios de la vida cotidiana de nuestros ancestros: “Muchos objetos y papeles van desapareciendo de nuestras vidas por distintas circunstancias: mudanzas, venta de propiedades, incendios, repartos familiares”. También invitaron a más familias a compartir aquella documentación u objetos históricos que representan una época. Asimismo, dijeron que si bien el espacio físico del museo es pequeño, los contenidos son enormes por el valor testimonial y simbólico de todo lo que consiguieron hasta el momento para nutrirlo. 

Y por último invitaron a Carla García Almazán -especialista en Conservación y quien ha sido la experta a cargo de la instalación del museo- para que explicara el proyecto. 

En ese momento dijo que la creación del Museo de la Comunidad Británica busca generar un espacio de interpretación de la historia de los pioneros británicos en la Patagonia Austral, un espacio de encuentro con la comunidad: “Un museo no son solamente piezas originales que se exhiben en un espacio, jerarquizándolas espacialmente para su lucimiento, sino que además, los museos deben contener un relato, un guión, una narración para que cada visitante pueda llevarse algo. En el caso del museo de la comunidad británica nos brinda múltiples relatos, el relato del poblamiento del territorio en la Patagonia Austral a través de la promoción lanera hacia fines del siglo XIX. También podríamos contar la vida doméstica de esos pioneros que se asentaron en el territorio, sus costumbres, sus formas de trabajar y sus tradiciones, recreando así, el paisaje cultural que constituía la aldea que en ese momento era Río Gallegos”. 

Para poder construir ese relato o guión, esa narrativa, se convocó a los descendientes para que otorguen en carácter de préstamo objetos, reliquias familiares, sus más preciados tesoros. 

Carla García Almazán explicó que también se elaboraron algunos dispositivos didácticos como videos que se proyectan en un televisor y tablet, el espacio también cuenta con códigos QR que permiten agregar información adicional a la que brinda el museo: “Cada vez más los museos conforman espacios interactivos y de interpretación y menos de contemplación, aunque la exposición de objetos originales, emblemáticos e históricos tienen el valor agregado de la pertenencia a una época, tradiciones y una cultura.

El objetivo del museo próximamente es producir muestras temporarias, por ejemplo, de vestidos de novia, gaitas, elementos de cocina, etcétera”. 

También agradeció a la profesora Milagros Pierini (magister en Historia) por el asesoramiento en los epígrafes y textos informativos, y a Juan José Whitehead -de Turismo- quien diseño los códigos QR: “Se pensó en poder aportar a la experiencia gastronómica que ofrece el restaurant y que los comensales puedan visitar el museo mientras esperan su plato o en la sobremesa, diseñar una visita guiada para adultos durante el fin de semana, pero sobre todo los museos son autorreferenciales, a los museos de arte van los estudiantes de arte, van los artistas, a los museos de ciencias naturales van los investigadores y este museo es también un espacio de encuentro para la comunidad británica, donde puedan mirarse, reconocerse y encontrar un espacio que los identifique y donde se transmitan sus saberes y anécdotas de generación en generación. El museo es pequeño, pero considero que representa los valores y la historia de los británicos en la Patagonia Austral”. 


El corte de cintas

El presidente, Miguel Mayeste, junto con representantes de la colectividad, Teddy Payne, Naomi Kennard, Guillermo y Jeanette Benham, cortaron las cintas para dejar inaugurado e invitar a los presentes a recorrer el museo. 

Estuvieron el intendente municipal, Roberto Giubetich, el secretario de Gobierno, César Guatti; directivos de otros museos como el de Los Pioneros, Policía y Casa Histórica María Auxiliadora, además de representantes de Fundacruz; Sociedad Rural y de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral. 

Siguió un exquisito copetín y animado brindis. El transcurrir del acontecimiento fue registrado gentilmente por el lente de Gabito Legrand Raval. 

Entre lo que se encuentra en exposición

referencias históricas


Educación:

En el museo se pueden ver los libros de estudio y cuentos infantiles de la primera escuela inglesa de Río Gallegos como también juegos y puzles, todos elementos fechados entre 1890 y 1920.

Es que las deficiencias de la oferta educativa oficial para los niños del Territorio de Santa Cruz, que se agravaba en el caso de los niños de las zonas rurales, y el deseo de los padres de que se mantuviera la cultura del país de origen, hicieron que en muchos casos por iniciativa personal se implementaran distintas ofertas educativas de carácter privado. En las localidades de Río Gallegos y San Julián la colectividad inglesa fundó escuelas en las cuales -además de respetar el plan nacional de educación- se buscaba la preservación del idioma de origen y de las tradiciones. 

En el Club Británico de Río Gallegos se formó una comisión en 1912 con el objetivo de instalar una escuela inglesa para los hijos de la comunidad. La comisión estaba integrada por el pastor anglicano Reverendo Neil Macoll que se encontraba de visita en esta zona (presidente honorario), el doctor George Fenton (presidente), David Anderson (vicepresidente), Robert G. Rae (tesorero), Herbert Elbourne (secretario), Bernard Aylwin, Edwin F. Beecher, John Duncan, Max Loewenthal y James Slater, (comité). Los rumores de una guerra en Europa hicieron que la inversión original se redujera aunque igualmente consiguieron contratar maestras. Muchos de sus alumnos asistían simultáneamente a la Escuela Nº 1. 


Las Guerras Mundiales

En cuanto a este tema existen diversos documentos y también objetos muy interesantes.

Las investigaciones sobre las distintas comunidades migratorias y su respuesta frente a los dos más grandes conflictos bélicos del siglo XX, las Guerras Mundiales, coinciden en señalar que la respuesta difirió en cuanto a la Primera y la Segunda Guerras lo que puede deberse al debilitamiento de los lazos con la metrópoli de origen y la apertura a otras colectividades y al hecho de que cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial los que podrían haber respondido al llamado de las armas eran ya nacidos en la Argentina. Esta diferencia de respuesta se observó también en la organización de actividades benéficas para recaudar fondos para los heridos y huérfanos de las guerras que en la primera década del siglo XX tuvieron una mayor importancia en todas las comunidades de inmigrantes y cuando ocurrió el segundo de los conflictos mencionados obtuvo una respuesta mucho más atenuada.


La Primera Guerra Mundial

En la comunidad británica de Santa Cruz suscitó la angustia lógica por la suerte de los familiares y amigos que habían quedado en la patria lejana y de quienes, ya radicados en Santa Cruz, habían decidido alistarse. 

En solidaridad con lo que ocurría en Europa, el desarrollo de la Guerra impulsó una serie de actividades de carácter benéfico entre los miembros de las colectividades implicadas que muchas veces actuaban en conjunto.

Existen en el museo postales oficiales de la Primera Guerra y la convocatoria que hizo el ganadero William Dickie en el diario “La Unión” llamando a todos los jóvenes británicos a pelear por su país de origen. 

Además, se observa el manuscrito redactado en el club cuando finalizó la guerra en 1918 en el que se invitaba a “miembros, asociados, amigos y simpatizantes de la causa aliada” al brindis a realizarse el 14 de noviembre por la finalización de la guerra (13-11-18).

Hay también un ejemplar-primera edición 1929-de la obra clásica “All quiet on the western front” (Sin novedad en el frente) de Erich María Remarque, que relata los horrores de aquella contienda desde la mirada de un soldado alemán. Cabe destacar que este libro se tradujo a más de 50 idiomas y se publicaron 20 millones de ejemplares.


La Segunda Guerra Mundial

Como ocurrió con las otras colectividades instaladas en la Argentina y muchos de cuyos miembros ya eran ciudadanos, el estallido de la Segunda Guerra Mundial provocó una menor cantidad de decisiones de alistarse. Sin embargo, si tenemos en cuenta que más de cinco mil argentinos -mayormente pero no todos de ascendencia británica- fueron a la guerra y más de doscientos murieron en ella y que la comunidad británica argentina en la década de 1950 contaba con 11.000 residentes esta contribución fue importante. 

En 1942, Bob Patterson se embarcó para ir a la Guerra con su novia Norah Fraser y su hermano Ronnie en el ‘Avila Star ‘que fue torpedeado y hundido por los alemanes la noche del 5 de julio frente a las Azores. Ancel Patterson recibió el relato de este hecho de boca de una enfermera que iba en el mismo barco y compartió momentáneamente el bote salvavidas con los tres voluntarios, pero luego se separaron y nunca más se volvieron a ver ni se supo de ellos por lo que los dieron por muertos. Este hecho conmovió sobremanera a la comunidad de San Julián. Ancel Patterson recuerda que “este dolor fue derrumbando al abuelo Jim, que en 1946 murió de un infarto en el hotel ‘City’ de Buenos Aires”.

El club consiguió la postal del “Avila Star” con la imagen de la embarcación.

El museo cuenta además con una libreta original de “The Fellowship of the Bellows” (“becas de los fuelles” o “fraternidad del fuelle”) y los pines esmaltados sobre los que nos referiremos a continuación.

En una reunión de cuatro miembros de la comunidad británica-anglo argentina-en un bar de Buenos Aires se concibió la idea de recolectar “fondos a través de la diversión” para ayudar en el esfuerzo bélico durante la Segunda Guerra Mundial. Esto fue mediante “The Fellowship of the Bellows” (“becas de los fuelles”” o “fraternidad del fuelle” que permitió la producción de muchísimos aviones.

El RAF (Royal Air Force) fue elegido como el beneficiario porque en ese momento casi todos los voluntarios de Argentina se había inscripto en la RAF. En breve promocionaron la inquietud y convocaron a una reunión abierta en el Club Inglés de Buenos Aires, el 14 de octubre de 1940. Se los nombró como un comité de “sirvientes” y la “comunidad del fuelle” para “más fuerza aérea”, despegó finalmente. En la publicación periódica se empleó el típico humor inglés y las habilidades en la redacción, con juegos de palabras y bromas, además de los cupones para los aportes. En ese momento la necesidad apremiante era “más fuerza aérea”, por lo que se necesitaban imperiosamente “fuelles” para aumentar la fuerza, miles de “fuelles para levantar el viento”. Los fondos recaudados se enviaron al Ministerio de Producción Aeronáutica. Esta iniciativa demostró ser exitosa y en poco tiempo otros países la tomaron.

Las reglas fueron que los “siervos” debían permanecer en el anonimato y se crearon varios niveles de “compañeros”; y la promoción se basó en el pago de la contribución seleccionada multiplicada por el número de aviones enemigos, confirmados destruidos, durante el mes anterior.

El número de becarios en la Argentina se estimó en más de 56.000 y en Uruguay, 35.000.

El 7 de septiembre de 1945-terminada la guerra-la Fraternidad del Fuelle finalizó su actividad con una fiesta en el hotel Plaza de Buenos Aires a la que asistieron más de 1000 colaboradores.

Casi 10 millones de pesos, unas 600.000 libras esterlinas, se habían recaudado en un momento en que un Spitfire costaba 5000 libras. 

Las mujeres de la comunidad británica de Santa Cruz contribuyeron con muchas recetas originales a la publicación del libro de cocina de la Cruz Roja Argentina “British Woman´s Patriotic Committee in the Argentine Republic” cuya venta contribuyó a recaudar fondos.


La Sociedad de Beneficencia 

“Las damas de Gallegos” 

El museo cuenta con la medalla original acuñada para su fundación.

El 9 de marzo de 1906 tuvo lugar la Asamblea constitutiva de la Asociación denominada “Damas de Gallegos-Sociedad de Beneficencia”, cuyo objetivo sería sostener el Hospital de la localidad y realizar las obras caritativas que le permitieran sus recursos. Las socias fundadoras fueron:  Mercedes P. de De Glymes, Soledad de Picard, Emilia de Larrea, Silvia de Bishop, Celina de Alvarez, A. de Saxby, M. de Hawkins, M. de Wilson, Clorinda B. de Sánchez, María de Guilhou, María P. de Colon, María P. de Castex, Rosa C. de Rodiño, Juana P. de Quaglia, María B. de Palacios, Juana de Pastor, Emilia de Aubone, Rita De Glymes, Juana Guilhou, Josefa Rodríguez, Emilia Rodiño, Manuela Rodiño, María I. Sánchez, María C. Sánchez, María Inés De Glymes (presentes), Luisa C. de Dutari Rodríguez, Carolina de Morrison, Mauricia de la V. De Truco, Carlota de Elsener (ausentes con aviso). La asociación también estaría integrada por socias activas, y socios protectores. No se contaría con recursos proporcionados por el poder público. En el mismo acto se procedió a elegir la primera Comisión Directiva, con mandato por un año, que quedó conformada de la siguiente forma: Mercedes P. de De Glymes,: Soledad de Picard, María Inés de Glymes, Silvia de Bishop, Emilia de Larrea, Juana de Pastor, María de Palacios, Celina de Alvarez y María de Castex. 

La Comisión Directiva adquirió un inmueble para el funcionamiento del Hospital que fue de su propiedad y donde los servicios prestados eran arancelados. 

Finalmente, debido a conflictos internos entre las integrantes de la Sociedad de Beneficencia y con las autoridades políticas del Territorio y la crónica escasez de recursos, el 12 de abril de 1908 una Asamblea General, decidió entregar el Hospital a la Gobernación considerando que había finalizado la misión de la Sociedad de “dotar a Gallegos de un hospital.” En junio de ese año la Gobernación ordenó su clausura. 


Religión

En el tema credo, podemos decir que la mayoría de la colectividad era anglicana y el museo consiguió una biblia de 1814 y cálices de plata que se empleaban en las ceremonias cuando el sacerdote protestante recorría la Patagonia y permanecía en Río Gallegos para suministrar distintos sacramentos.

La presencia permanente de ministros protestantes anglicanos para atender el importante número de fieles en el Territorio de Santa Cruz fue muy breve por lo cual la comunidad que profesaba esa religión tuvo que contentarse con las visitas periódicas que hacían los pastores. Como recuerda Verónica Carr Rollit, el ‘archdeacon’ Douglas Burton recorría la Patagonia una vez al año y, debido a la amistad que mantenía con sus padres, cuando visitaba Santa Cruz se hospedaba en su casa y allí oficiaba la misa para los miembros de la comunidad anglicana. 

La no radicación de los pastores fue una situación particular en la Patagonia austral ya que en los vecinos Territorios de Chubut y Tierra del Fuego existieron iglesias radicadas, como en los pueblos de la colectividad galesa en Chubut y las Misiones instaladas en el extremo sur de la Isla de Tierra del Fuego. Asimismo existieron en la región magallánica -Punta Arenas- y en las Islas Malvinas desde donde irradiaron su accionar. 

La ausencia de ministros instalados en el Territorio de Santa Cruz no se condice con la cantidad de fieles protestantes que indican los Censos y que tanto el de 1912 como el de 1947 los señalan como la segunda religión profesada luego de la católica, con una mayor predominancia entre los extranjeros y en los Departamentos de Güer Aike y Magallanes que fue donde los británicos se instalaron preferentemente. Por ese motivo, además de contar con las visitas periódicas de sus pastores, que a veces oficiaban junto con los católicos aceptaron en general de buen grado la asistencia de los sacerdotes salesianos entre los que mencionan con aprecio a los misioneros Torres y González que recorrían las zonas rurales y que sus hijos concurrieran a sus internados. 

Entre los objetos de la vida cotidiana se pueden observar piezas notables de aquella primera generación de pobladores, como u un juego de té plateado que fue obsequiado al matrimonio Sinclair de Puerto Santa Cruz durante su visita a Dalmeny, Escocia, en el año 1903. La dedicatoria está grabada en la bandeja.

Hay en exhibición otro juego, pero de porcelana. En los hogares de la comunidad británica en Santa Cruz se utilizaba con frecuencia el juego de té “Wedgwood”. Esta fábrica de objetos de porcelana y loza perteneció a la familia de la abuela de Charles Darwin y por esa razón los motivos decorativos estaban inspirados en los diseños hechos por el propio naturalista.

El set de toilette. Es que en los viajes de las mujeres de la comunidad británica era una presencia infaltable en su equipaje el neceser con el set. 


Huelgas obreras en Santa Cruz

El espacio referido a las huelgas rurales muestra una proclama de la federación obrera de Rio Gallegos-28 de octubre de 1921 “al pueblo de rio gallegos y a los trabajadores de todo el pais” convocando a un paro general.

Una pieza de colección muy difícil de hallar es una moneda acuñada para una compañía ganadera. Se lee: “vale por 20 centavos en mercaderías” y se entregaba a los empleados de las grandes compañías. Fue uno de los reclamos de los huelguistas: el pago de sus salarios en dinero y no en vales de este tipo.

Además el club consiguió una tarjeta de invitación original al banquete “que en honor del señor teniente coronel don Héctor B. Varela y oficiales del 10° de caballería de línea” se realizaría el 31 de diciembre de 1921, que ponía fin a los tristes sucesos de aquellos años conocidos como la “Patagonia Rebelde”.


La vida cotidiana

El museo se completa con los rincones femenino, masculino y de niños, con distintos elementos. En cuanto a la vida social se irán sumando invitaciones a bailes, cenas de recepción a los embajadores británicos y de despedida de miembros de la comunidad, entre los años 1910 y 1950, además de participaciones fúnebres de las décadas 1910 a 1930.  Un documento por demás curioso es el carnet de 1922 donde las jóvenes anotaban a quien le reservaban cada danza.

En exhibición poseen monedas argentinas-de 1884 en adelante-que circulaban en la época de la fundación de Río Gallegos.

Asimismo se expone un plano de “Puerto Gallegos” de 1900 con los nombres de los primeros propietarios de solares y firmas comerciales, con datos muy curiosos sobre la aldea de aquel entonces. Y un mapa del territorio de Santa Cruz de 1927, mensurados todos los lotes con el nombre de los propietarios.

El museo pronto se volverá un recorrido obligado para aquellos interesados por la historia regional. En las próximas semanas se implementará el horario de visitas.

Domingo 24 Dic 2017