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Destellos Patagónicos
Selección de cuentos y relatos cortos
Miercoles 10 Ene 2018

Este es un espacio cedido por La Opinión Austral hace más de once años para aproximarnos a usted, Sr. Lector, e invitarlo a compartir el buen uso de las nuevas tecnologías, informática, Internet, como un medio de apoyo a la docencia, como una eficaz herramienta para ayudar desde la labor educativa salesiana en este vital proceso del “saber ser, sabiendo hacer”. Desde nuestro lugar, Patagonia austral argentina, abrimos una ventana, Destellos Patagónicos. Desde su apertura de par en par, nos ofrece en esta entrega:


Sonrisas de mármol y granito

Por Sergio Pellizza

No tenía padre ni madre. Había sido dejado en una canasta vieja de panadería, frente a la puerta de la iglesia Catedral de Río Gallegos, inaugurada hacía unos años. Hacía mucho frío en ese invierno de 1906. 

El pequeño bulto colocado en un ángulo de la puerta de entrada cerrada, parecía apenas moverse entre los paños que lo protegían precariamente del intenso frío. No durarían mucho esos pequeños movimientos de paño si alguien no acudía rápidamente. El viento percibió este movimiento y decidió mantenerse en completa calma para escuchar mejor, así oyó unos gemidos débiles que parecían venir de la canasta. 

-Esto es raro, pensó. Inmediatamente se arrimó a una rama de tuya que crecía frente a la ventana donde dormía el párroco y comenzó a agitarla contra el vidrio. El cura párroco se dio vuelta y siguió con su angelical sueño.

-Es increíble, se dijo el viento. –El padre José habló este domingo del milagro de la vida, y cuando Dios le envía una evidencia palpable que apenas mueve los pliegos de su abrigo y está a su puerta, sigue durmiendo como un bendito. -Probaré en la otra ventana, donde el nuevo y joven cura Francisco siempre lee hasta muy tarde. 

El viento dio la vuelta a la catedral de chapa y madera, no encontró ninguna rama frente a la ventana del Padre Francisco para batir contra el vidrio. 

-Pensemos, se dijo- ¿Cómo hago para llamar su atención? 

De pronto, como si lo llamaran, se filtró por una rendija y fue hasta la cruz del altar. 

-Hola viento del Oeste, dijo el Cristo del altar. –¿Cómo tardaste tanto? -Hace rato que te espero para que juntos resolvamos ese suspiro de vida que está en la puerta. –Haremos lo siguiente. -Necesito que te des vuelta y soples fuerte del Este hasta abrir la puerta de entrada y empujes  la canasta hasta cerca del altar y luego cierres la puerta.- La iglesia aun está tibia, así que también destapa un poco esa pequeña vida que ya tiene hambre y reclamara su alimento. –Nadie puede dejar de escuchar ese reclamo. –Puedes quedarte cerca y espiar por la ventana y verás que la vida es un verdadero milagro, tal cual lo decía el cura párroco el domingo.

El joven cura Francisco fue el primero en escucharlo y corrió hacia ese llanto potente. Sólo al verlo, al abrirse el paño, por una fuerte patada de la reciente vida, se dio cuenta de que tenía un paquete de ternura mirándolo y recibió en ese momento la mayor bendición de todas. La bendición del amor.  

El Cristo desde su cruz de madera permitió que desde sus labios de mármol pintado se dibujara una sonrisa que aun hoy los corazones abiertos al amor pueden ver.

Mientras tanto, afuera el viento conmovido lloró algunas lágrimas de lluvia que mojaban las ventanas, y luego se confundió con el viento del Este, y juntos fueron a pasarle la novedad al Chaltén, monte sagrado de los Tehuelches que también sonrió al enterarse de la grata nueva, desde su aguda cumbre de granito. 

destellospatagonicos@gmail.com   

Miercoles 10 Ene 2018