Jueves 9 de Junio de 2016
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Patoruzú
De la página web de Héctor Raúl “Gato” Ossés.
Jueves 9 Jun 2016
Un Patoruzú “viralizado” o sacado de las redes sociales.

Un Patoruzú “viralizado” o sacado de las redes sociales.

Verano del año 1975, ciudad de Salta, “Balderrama” (a orillitas del canal), grupo de muchachos: el fervor del vino y empanadas llevó a uno de ellos a gestionar la actuación del cantor patagónico. Cuando subía al escenario una voz con tonada salteña me gritó:

Bien, ¡Patoruzú!

Emilio Salgari escribió una saga denominada “Los tigres de Mompracem”. Según dicen, Salgari realizó sólo unos pocos viajes por el mar Adriático, muy lejos del teatro de sus historias. Sin embargo, de acuerdo a las ilustraciones que conocimos aquí, Sandokán y su amigo Yáñez lucían una indumentaria vinculada con el vestuario de la época y la ambientación que surgía de los textos de las aventuras en el mar de Malasia era compatible con la realidad. 

Dante Quinterno creó su personaje Patoruzú en la década del ‘30, en el siglo pasado. No tengo noticias de que haya viajado alguna vez a la Patagonia. La cuestión es que el personaje se convirtió en un ícono “inconexo” de nuestra región. Como vemos en la foto, Patoruzú usa un poncho corto, liviano y directamente sobre el cuerpo. Completa el atuendo con una especie de jean arremangado y ojotas (vestimenta inapropiada para el frío, sin duda). Hasta la única pluma que le nace del medio de la frente es totalmente ajena al ambiente de la Patagonia. 

En algún lugar de la meseta estaba el santuario donde descansaba Patoruzek (antepasado de Patoruzú), en un ambiente parecido al de los faraones egipcios. Es que la magia de la región soporta leyendas de todo tipo, leyendas que, por tratarse de la Patagonia, parecen verosímiles. Paradojas de una tierra mítica. Quinterno habría leído algo referido a los Templarios, quizá.

Así tenemos: el Santo Grial encriptado en el basalto, las patas de los indios que -se decía- eran enormes y que al final, tranquilamente, hubieran usado los borcegos de mi amigo Quiliñán. Que Hitler terminó sus años en algún lugar de la Patagonia. Que era un desierto (un desierto habitado). Que era chilena. Que había que poblar la Patagonia, como si allí no hubiera gente. Que había que argentinizar la Patagonia (idea fuerza de todas las dictaduras). Que sus habitantes andan en remera dentro de las casas con los calefactores de 7.000 calorías a full. Y otras tantas.

Mi amigo, el ‘Loco’ Suárez, sacó la cuenta de cuánto dinero se necesitaba para comprar todos los campos abandonados por los pioneros. Era una suma posible. Ya sabemos que es posible comprar muchas estancias por una suma relativamente baja. 

En estos días ha estado saliendo en Facebook la foto que ilustra esta nota. Dicen que fueron engañados, que en su infancia creyeron que Patoruzú era el dueño de la Patagonia. Pero ojo con desengañarse otra vez (ahora ya son grandes). Los verdaderos dueños de la tierra son otros, los que fueron siempre (en la infancia de los que postean, en la infancia de los niños actuales y en la infancia de los padres y los abuelos de los que ven burlados sus sueños). Para los que no quieran quedarse con la historieta, pueden leer “Los dueños de la tierra en la Patagonia Austral: 1880-1920” de la querida Elsa Mabel Barbería. Es historia.

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Jueves 9 Jun 2016