Miercoles 11 de Enero de 2017
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Pablo Beecher
30 años de Fundacruz
La gran Casa de la Cultura, vigente
30 años de tarea ininterrumpida cumple Fundacruz en Río Gallegos, difundiendo el arte local, nacional e internacional, desde que la familia Racciatti decidiera poner en valor la antigua “Barraca Amberense”, formando una fundación junto a un grupo de colaboradores. Un sinnúmero de actividades durante todo este mes dieron cuenta de su capacidad de acción. Esta es la fundación cultural que hace treinta años preserva el patrimonio arquitectónico, fomenta actividades de concientización sobre el medio ambiente y promueve mensualmente en sus salas todas las manifestaciones artísticas… Una gran Casa que alberga grandes contenidos.
Viernes 30 Dic 2016
Integrantes de Fundacruz junto al artista Alfredo Segatori y vecinos que presenciaron la inauguración del mural.

Integrantes de Fundacruz junto al artista Alfredo Segatori y vecinos que presenciaron la inauguración del mural.

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Uno de los sueños de Vicente Racciatti desde que llegó a la ciudad era salvar un edificio antiguo. En esa época, fines de los ´70 y principios de los ´80, la Municipalidad había puesto en marcha una ordenanza indicando que la avenida Roca no podía tener edificios con frente de chapa, tan es así que fueron desarmándose muchas de las viejas casas y comercios. 
Un día se encontraba en la farmacia “Moderna” y justo enfrente estaban desarmando el edificio de la que había sido la antigua tienda “La Feria Franca”. En ese momento pensó: “¡Uy!, ¡el día que tenga algún dinero para comprar una casa antigua y poder conservarla!”. 
En 1981 se dio la posibilidad de comprar a los Fernández Liegeois la esquina de Gobernador Lista y España, que incluía el edificio de la antigua “Barraca Amberense” o más conocida como “la vieja Aduana”. El cartel de venta estaba puesto en la esquina donde había un galpón, después Vicente supo que toda la propiedad estaba en venta. Era crucial salvar la casa, aunque muchos le decían que era una locura.
Vicente apenas conocía el edificio. Había entrado años antes para hacer trámites cuando aún era aduana, sin embargo no conocía el interior en su totalidad. Una vez que la recorrió no tuvo dudas de que valía la pena rescatarla.
El estado de la propiedad era bastante desastroso debido a que cuando la Aduana entregó el edificio -después de que también fuera depósito de “La Sureña” muebles- lo tomó el obrador de la empresa “Equimac” que hizo la costanera de Río Gallegos, y fue en esa oportunidad que sufrió un principio de incendio en el ala izquierda (actual sala de té). 
El sótano tenía unos setenta centímetros de agua y barro. El aspecto no era bueno. Una de las primeras tareas que realizó con el personal de su empresa fue quitar el papel y la arpillera de las paredes para que no hubiera peligro de incendio, además de procurar que diariamente hubiera gente.

En 1983 empezaron a trabajar
Llamaron la atención de Vicente varios aspectos, como la racionalidad de su diseño y construcción, la excepcional calidad constructiva, la simpleza estructural, la racionalidad en el empleo del material.
Es un sistema de columnas y vigas, se trata de un edificio prefabricado importado de Bélgica, vía Punta Arenas. En las chapas se lee el nombre del vapor “Centenario” que transportó los materiales. 
(Había sido originalmente de la firma “Burghart y Cía.”, pero en 1903 fue adquirida por la firma “G. y C. Kreglinger” de Amberes, Bélgica, de allí conocida como “Barraca Amberense”. En sus depósitos se almacenaban los fardos de lana y cueros que llegaban en las caravanas de chatas desde las estancias para ser embarcados a Europa.
Esta operación comercial se realizó a través del Banco de Tarapacá y Argentina, con sucursal en Río Gallegos. La primera escritura está firmada por el presidente de la Nación Julio Argentino Roca. El edificio era al principio morada y oficina del gerente. Uno de ellos fue Brohme, que llegó en 1906 a Río Gallegos como contador y comprador de lana de la firma. Un hijo, Juan Carlos Brohme, nació en esta casa en 1912 y fue quien envió a los Racciatti la fotografía en que un grupo está tomando el té en la galería.
Vicente se encontró con madera de pinotea y con agregados posteriores de lenga de la región. Hay vigas de pinotea de hasta ocho metros cuarenta, las columnas centrales tienen nueve metros desde la fundación hasta la cumbrera. 
Al principio, entonces, se dedicó a recuperar la casa, pero el destino era aún incierto. Isabel, su esposa, no estaba muy convencida del proyecto de restauración porque involucraba mucha inversión.
En ese momento como constructor disponía de un personal de buena calidad de mano de obra que interpretaba lo que él realmente quería hacer: “Fue muy agradable trabajar con ellos porque tenían orgullo del trabajo que hacían …Juan Catelicán y Gracielo Santana, carpinteros; Ramón Ojeda, albañil; Luis Garcés, electricista; Mario Perroni, calefacción, que un día me llamó para decirme que la caldera francesa del sótano -que había estado añares sumergida en barro- servía, abrió un gripo de bronce, salía agua y no perdía (actualmente está adaptada a gas)”.
Otros trabajadores han pasado en distintos momentos.
Este proyecto involucraba sacrificio: “Me acuerdo que cambiamos un auto a los hermanos Díaz por todas las máquinas de carpintería. Me pasaba horas en la casa, trabajando con la gente”. 
“Una de las primeras en apoyarme fue la arquitecta Cristina Martín, que había hecho su posgrado sobre restauración, además ella me presentó luego al arquitecto Carlos Moreno, miembro de la Comisión Nacional de Patrimonio. También tuve el apoyo de los arquitectos Ubaldo González Pedemonte y “Freddy” Martínez”.
En 1985 -mientras se encontraba terminando la primera etapa de restauración- se realizaron en Río Gallegos las Jornadas de Arquitectura Patagónica y muchos arquitectos, entre ellos Molina y Vedia, visitaron la casa y quedaron encantados. 
Un amigo, Alejandro Grillo, profesor, sugirió la manera de organizar una Casa de la Cultura, porque no querían que fuera museo, sino que deseaban que fuera un espacio vivo. 
Un poco antes de formar la fundación Vicente fue a conversar con el padre Eugenio Rosso, porque todavía estaba algo desorientado, temían quizás que con esta obra estuvieran presumiendo, y él le dijo: “Cuando uno quiere hacer algo por los demás, hay que hacerlo y no intelectualizarlo tanto”. El también fue quien recomendó formar un grupo de “amigos de Fundacruz” que colaborara periódicamente con un módico aporte monetario.
En ese momento los Racciatti empezaron a reunirse con muchos jóvenes para elegir un nombre definitivo y así darle forma a la fundación, pero fue Alejandro Grillo quien encontró el sentido ideal y sintetizó todos los símbolos en la palabra “Fundacruz”: “Elegimos Fundacruz por la provincia de Santa Cruz, sede de la Fundación y “Cruz”, símbolo de los cristianos y de la inspiración cristiana en que está sustentada nuestra cultura, y por ende esta Fundación”.
Isabel Racciatti se integró a Fundacruz un tiempo después: “Hubo un día en que entendí lo que significaba para Vicente esa casa. El llegó emocionado y me pidió que fuera a ver el techo que tenía la casa, la calidad de la madera. Me daba miedo ir allá porque todavía estaba bastante abandonada y ¡parecía la morada de los fantasmas! Yo estaba ocupada, nuestras hijas eran chicas, pero fui a ver lo que quería mostrarme y realmente comprobé la calidad de la madera que aparecía a medida que avanzaban con los trabajos”. 
Alejandro Grillo les presentó a Lucía Torres, que a su vez llegó con Susana Suárez, artistas y docentes, permanentes asesoras artísticas dentro de Fundacruz. 
En la elaboración del estatuto para la Fundación ayudó el doctor Carlos Riera Cervantes, que dirigía la FUPAU, además asesoraba el doctor Tito Gutiérrez Meyer. 
Moreno fue quien les dijo que debían empezar ya, sin esperar a que todo estuviera terminado.
El 19 de diciembre de 1986 firmaron el Acta Compromiso, destinando el edificio a “Casa de la Cultura”. El padre Ismael Zabala bendijo las instalaciones y Florita Rodríguez Lofredo, nuestra poetisa, escribió un discurso memorable que leyó delante de todos los amigos.
Más adelante hicieron la papelería institucional que diseñó especialmente Bárbara Beecher, y tuvieron muchos años a Sergio Di Leo como diseñador de las invitaciones para las muestras y tarjetería de fin de año. María Emilia Racciatti colabora en este rubro especialmente desde España, donde se encuentra radicada con su familia.
Y así organizaron la primera muestra: las fotos del estudio “Roil”, después siguió el artista Tuñón, luego exhibieron fotografías de Ge Taguas y así sucesivamente, con algunos parates, hasta que en 1996 abrieron la Sala de Té, formaron una comisión que funcionó satisfactoriamente “porque la unión está en la diversidad”, y desde ese momento se comprometieron a mantener una agenda cultural anual permanente, mes a mes. La Casa sólo cierra los meses de enero y febrero por las vacaciones de verano, ya que se ausenta gran parte de la población y también en julio, pero más que nada por la dificultad de mantener la calefacción del edificio.
Cabe destacar que la empresa de transportes “Oro Negro”, sus propietarios, su gerente local Félix Zapalá y todo el personal, colaboran con Fundacruz desde hace muchísimos años en la movilidad de la obra que se expone.
También acompaña la firma Matafuegos “El Fuerte”.
En los años que siguieron fueron incorporándose los pasantes. Esta figura surgió de una idea de Martín Mestelán, responsable de la carrera de Turismo del ISES, después también continuaron otros chicos de la UNPA. 
El pasante tiene la responsabilidad de abrir la casa a horario, preparar la iluminación y recibir al público, guiarlo en el recorrido de la muestra y si es de su agrado, conocer la estructura y la historia del edificio.
Fundacruz, como Casa de la Cultura, albergó hasta la fecha alrededor de 160 muestras de artistas de pintura, escultura, textil, fotografía, vitrofusión, artesanías, instalaciones, etcétera, además es sede de muestras colectivas, talleres y charlas. 
En el mes de julio de cada año la agenda del año siguiente está completa, incluso ya existen artistas que solicitan reservar espacio para dentro de dos años. 
También en sus salones funcionó el grupo “Amigos de la Opera”. Un gran hito, sin duda, fue la organización del espectáculo de Julio Bocca durante su primera visita a Río Gallegos; luego la muestra de “Quirós, el pintor de la Patria” de la mano de la Galería Zurbarán y la muestra de los artistas suecos, oriundos de Lulea, que se reeditó -con la participación de otros artistas nórdicos y nueva temática- en marzo de 2012. 
En muchas oportunidades los artistas extranjeros o provenientes de otras provincias fueron invitados a conocer El Calafate y el glaciar Perito Moreno.
En estos años han compartido agendas simultáneas con otras salas como Rincón del Arte, el Museo Minnicelli, la Sala Scalabrini Ortiz y el Complejo Cultural, de las que actualmente perduran únicamente el Minnicelli y el Complejo.
Fundacruz, además, incentiva en el público la adquisición de obra original, surgiendo de esta manera, en el medio, coleccionistas de arte. 

Cómo se integró el comité
Gabriela Nolter -actual secretaria- se incorporó a Fundacruz en 2002. Entre sus primeros recuerdos están las inauguraciones, la gente habitué y los servicios de té. Mario Lurbé, su esposo, indica que la incorporación de ambos tuvo que ver con que se quedaron solos después de que sus hijos fueran a estudiar y decidieron que tenían que dedicar su tiempo en algo que les gustara y sirviera a los demás: “Entonces nos ofrecimos a colaborar en Fundacruz”.
Silvia Rodríguez Carrera y Guillermo Rossi se incorporaron de forma “automática” debido a que eran amigos de la Casa y después de las inauguraciones a menudo permanecían conversando “un rato más” con los miembros del comité y el artista de turno. 
Todos los miembros del comité coinciden en que todos los momentos fueron buenos, pero si deben mencionar alguno especial, sin duda, surge el recuerdo de la muestra de “Quirós, el pintor de la Patria”, que trajera la Galería Zurbarán de Buenos Aires. (Un tiempo antes habían realizado la muestra de “Soldi” en el Complejo Cultural, ambas patrocinadas por la Fundación Repsol YPF).
La anécdota de esa muestra fue el día en que Ignacio Gutiérrez Zaldívar se comunicó telefónicamente al domicilio de los Racciatti para proponerles que Fundacruz recibiera la obra de Quirós. “Pensé que estaba equivocado, que quería hablar con el Complejo Cultural y le dije que me esperara porque le iba a conseguir el número. Luego vino mi sorpresa. ¡Era para nosotros!”, recuerda Isabel.
En esa oportunidad aprendieron sobre medidas de seguridad y del valor artístico, cultural y monetario de una gran obra, además de la logística para preparar las salas a esa medida.
El grupo humano que forman y el espacio que generan muestran un Fundacruz en pleno funcionamiento.
No sólo es la inauguración de la muestra sino además el acompañamiento del artista en todo momento, incluso muchas veces la posibilidad de llevarlos de paseo a El Calafate.
Un comportamiento digno de rescatar es el retorno de muchos artistas para exponer nuevamente en Fundacruz, “vuelven con nueva obra después de algunos años y el público los espera con fervor y pregunta por ellos”, tal es el caso de María Laura Bratoz, Fernanda Piamonti, Norberto Castrocane, Darío Mastrosimone, Susana Pastrana, Andrés Caamaño, Susana Suárez, Lucía Torres, Laura Benchetrit, Víctor Hugo Arias, entre otros, que llevan varias muestras realizadas.
Una característica es que Fundacruz siempre está abierto, viernes, sábado y domingo “alguien de la Casa va a estar esperando al público. Esto habla de la calidez de un lugar”.
Luis Villanueva se había acercado como visitante hasta que un amigo lo invitó, unos ocho años atrás, a que participara dentro de la ONG: “Me agradaron desde el primer momento las personas que la integran, la forma de conducir la fundación y el alma mater que son Isabel y Vicente”.
Entiende que es admirable que una ONG cumpla 30 años al servicio de la cultura y que se mantenga con el apoyo de los amigos, sin recibir ningún tipo de subsidio. Esto lo hace aún más rescatable, dice, dentro de una sociedad acostumbrada a que todo dependa del Estado Provincial.
Lina Langhi recuerda que a menudo venía a las exposiciones y leía en el diario sobre las obras, hasta que en un momento fue invitada a participar del comité.
Cristina Paz llegó a Fundacruz producto de la buena vecindad y amistad de tantos años con los Racciatti: “Estar en Fundacruz es estar con mis amigos. Esta obra que soñaron Vicente e Isabel es tan admirable porque desde hace 30 años hay un lugar valioso en la ciudad que está a disposición de toda la comunidad”.
Nidia Baronio integra la fundación desde hace más de quince años y menciona la transparencia y la austeridad como las principales características dentro del mantenimiento de la institución. 
Pablo Beecher llegó a Fundacruz en 1996. En los últimos años se sumaron a Fundacruz Magdalena Leiva y Jorge Lascano, Stella Maris Jara y Luciana Fernández.
Cabe destacar que la sala de té actualmente la llevan adelante los integrantes de Fundacruz. 

En esta fecha singular Susana Suárez dijo que aprecia especialmente a todos los que con tanta alegría y ganas de compartir “lo que nos gusta hacer” encuentran en Fundacruz una Casa para habitar el arte: “Y siempre entramos a ella para celebrar el encuentro”.
Lucía Torres se remonta a los comienzos de Fundacruz que fueron muy motivadores: “Todo estaba para ser desarrollado, y lo que hiciéramos enriquecería a la comunidad. Nos reuníamos alrededor de la salamandra en el actual Salón de Té, que tenía piso de cemento y no estaba terminado, con Alejandro Grillo y Luis Villarreal a planificar las actividades y funcionamiento de la Casa. No teníamos las comodidades ni la cantidad de personas con funciones específicas como hoy, repartíamos las tareas según lo que cada uno sabía y podía. Teníamos claro que la cultura en todas sus manifestaciones tendría un lugar y que esta Casa de la Cultura sería muy valiosa para la vida de la ciudad”.
En esa primera época su hermana Tere Torres daba un Taller de Arte para niños, Mónica Musci Taller Literario, los Amigos de la Lírica se reunían semanalmente, Javier Sofía se acercó con sus mapas antiguos para ver qué podía hacer con ellos.
Como artista, Lucía hizo la primera presentación de cada una de sus series: “Es un ámbito muy íntimo que invita al espectador a encontrarse a solas con la obra”.
Algunos de los artistas que expusieron este año se manifestaron… Manuel De Francesco: “Cuando entré por primera vez a la Casa de Fundacruz, hace unas pocas semanas, me invadió inmediatamente ese espíritu de calidez, transmitido por esas paredes de madera y reflejado tan bien por su gente. Inmediatamente, y con el correr de las horas, entendí el trabajo, el esfuerzo y la buena voluntad que hay detrás. El aporte de cada uno de los miembros para que esa sensación de bienvenida que yo tuve, fuera concreta y real.
Gracias infinitas, Fundacruz. Y feliz cumpleaños!”
Susana Pastrana: “Fundacruz, tan al sur, es un norte para los artistas. En las tres ocasiones en que expuse allí sentí que mi obra fue valorada, cuidada, y en lo personal, fui afectuosamente recibida por Isabel y Vicente. Cumplen acabadamente con el propósito cultural de ese ámbito tan encantador, y lo que brindan con afecto excede a todo lo esperable”.
Andrés Caamaño: “Es Fundacruz un foco irradiante de cultura y encuentro con el quehacer artístico desde Río Gallegos hacia toda la nación. Este aniversario constituye 30 años de trabajo mancomunado y de un esfuerzo gigantesco en pro de elevar el interés y el desarrollo cultural provincial. Hago votos por su compromiso y su continuidad…”.

Un diciembre completo de actividades
En cada aniversario -lustro o década- dan ganas de hacer cosas.
El domingo 18 de diciembre de 2011 los amigos de Fundacruz se reunieron para renovar el Acta de Compromiso y celebrar el 25 aniversario de la ONG. Hubo una muestra colectiva de muchos de los artistas que alguna vez habían exhibido sus obras.
Este año, este mes, cinco años después, el muralista Alfredo Segatori deja su huella en Río Gallegos conmemorando el 30 aniversario. 
Esta es la apuesta de una fundación cultural que desde hace treinta años preserva el patrimonio arquitectónico, fomenta actividades de concientización sobre el medio ambiente y promueve en sus salas todas las manifestaciones artísticas. 
El 30° aniversario de Fundacruz no podía pasar desapercibido -entendían sus miembros-, no obstante qué hacer puntualmente era la verdadera cuestión. ¿Qué agregar a la cartelera de presentaciones del ciclo 2016? Una sucesión de muestras de excelente nivel transcurrirían a lo largo del año, pero no era suficiente… Alejandra Repetto Escardó: “Todas las paradojas pueden reconciliarse”; Lucas Rocino “12 segundos”; Teresa Negro “Relatos en el camino”; Andrés Caamaño “Espirafusión”; Fernando Sendra “Yo, Matías, en el sur”; Uri Gordon “Apuntes de mi ciudad”; Manuel De Francesco “El recodo” y Paula Pons “Historias de papel”. 
¿Qué más entonces?
Vicente e Isabel Racciatti eligieron este 30 aniversario para regalar a la ciudad una obra de arte y pensaron en un mural que pudiera embellecerla. Enseguida la comisión directiva acompañó la idea por lo fresca y novedosa.
En Buenos Aires conocieron por medio de Lucía Torres al muralista Alfredo Segatori, que viene desarrollando una importante tarea con obras de gran tamaño.
Una vez que llegaron a un acuerdo sobre la propuesta -además de las condiciones de su trabajo- Fundacruz inició la búsqueda de una pared donde pudiera realizarse el mural. Una de las caras del gimnasio del Colegio Nacional fue la elegida y el Consejo de Educación acompañó la idea y autorizó su intervención.
Para ello fue necesario preparar la superficie, colaborando la empresa ACRI Construcciones. En distintas gestiones contribuyó la escribanía Bustos. Fue fundamental la colaboración de la Municipalidad que facilitó el hidroelevador para la labor del artista.
La Armada Naval alojó gentilmente al artista junto a su familia.
Este mes los vecinos de la ciudad pudieron acercarse a la costanera para ver al artista por los aires, peleándole al viento, realizando un mural con motivos alegóricos a la historia de Santa Cruz. En él aparecen el tehuelche junto al pionero en la playa donde hace más de un siglo coincidieron. Una goleta, fardos de lana y más atrás el antiguo muelle de la Gobernación que después empleara el frigorífico Swift. Estampas significativas de nuestra historia. 
El mural es el legado de Fundacruz a la ciudad de Río Gallegos después de 30 años de labor cultural, obra que se inauguró el último 10 de diciembre con una verdadera fiesta en una Casa histórica. 
En la oportunidad Vicente Racciatti dijo ante los presentes que considerar la historia de un pueblo, 30 años, parecen pocos y no es mucho, pero suficientes para acompañar y ver los cambios que se van produciendo: “Hace 30 años, cuando nos reunimos en este lugar todavía abierto, sin vidrios y paredes y pisos sin terminar, con un grupo de vecinos armábamos un Acta de Compromiso, en la que se tomaba la decisión de completar el reciclado de esta Casa y conservarla para ser ofrecida a la comunidad como ámbito de acogida y encuentro para el desarrollo de la cultura”.
Y así surgió esta Casa de la Cultura en 1986, que luego se convertiría en sede de una Organización No Gubernamental (ONG): FUNDACRUZ. Pasó el tiempo, al principio con escasas actividades dado la falta de instalaciones, pero ya avanzando los años se fueron realizando en este espacio múltiples acciones culturales: “Hoy en lo cotidiano prevalece la imagen, y a través del mural quisimos estar con los tiempos que se viven, pero no sólo para nosotros sino compartirla con la comunidad. Un mural que ofrecemos como regalo a la ciudad de Río Gallegos en los 131 años de su fundación”.
En el final de su discurso Racciatti agradeció a los amigos que se fueron sumando “y hoy hacen posible el accionar y mantenimiento de este espacio, especialmente al equipo de Fundacruz que con generosa y desinteresada entrega trabaja para hacer posible el funcionamiento de esta Casa de Cultura”.
Además invitó a los que quieran sumarse, siempre “las puertas de la casa estarán abiertas”.
Más tarde hubo un brindis en la sede de Fundacruz donde se entregaron plaquetas alusivas (hechas gentilmente por Susana Suárez) a distintos colaboradores, personalidades o bien fieles habitué durante los 30 años: Ubaldo González Pedemonte, Milagros Pierini, Mariano Mosso, Rita López, Silvia Mirelman, Naomi Kennard, Digna Martínez, Mario Echeverría Baleta, Esther Jeito, Roxana Agulló, Magdalena Ametrano, Fabiana Minnicelli, Flora Rodríguez Lofredo, Enrique Michniuk, Freddy Martínez y Michele Lemaire, además de periodistas y representantes de los medios de comunicación que habitualmente difunden las actividades culturales. 
El mural fue declarado de “interés provincial” por iniciativa de la diputada Gabriela Mestelán y de “interés educativo” por el Consejo Provincial de Educación a través del profesor Roberto Borselli.
Un diciembre colmado de actividades (bandas, orquestas, coros, teatro leído) concluye para una organización que se sostiene fundamentalmente por el aporte de los amigos de la Casa, el público que adquiere obras de arte y los que concurren a tomar el té el fin de semana de cada inauguración. ¡Felices 30 años Fundacruz!
Viernes 30 Dic 2016