Lunes 20 de Marzo de 2017
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Conflictividad social: un alerta para todos
Domingo 19 Mar 2017
Mientras diversas organizaciones sociales y gremiales ganan la calle a nivel nacional para tratar de imponer reclamos, demandas y también miradas políticas, provocando un clima de incertidumbre no deseado, en Santa Cruz el creciente reclamo gremial, que inició, como cada año, con el sector docente, pero que amenaza con extenderse no sólo por el planteo más cercano que tarde de una recomposición salarial, sino por la tardanza en el pago de los sueldos de los estatales, ha provocado una gran crispación en la sociedad, en la que la cuestión más mínima podría provocar reacciones impensadas o no sensatas.
Más allá de la realidad económica que marca las claras necesidades irresueltas en la comunidad, lamentablemente también impulsa esa sensación de crispación el hecho de que la dirigencia no esté a la altura de las circunstancias. 
Por un lado, hoy, con las elecciones a la vuelta de la esquina, parecería que parte de la dirigencia está más preocupada por lo que pasará en agosto o en octubre y la supuesta significancia que eso tendría a futuro, y no por lo que ocurre hoy.
El convencimiento de algunos de que en años electorales las oportunidades que mayores demandas sean resueltas, porque así ha ocurrido tiempo atrás, tampoco ayuda.
Pero es, fundamentalmente, las inmensas dificultades de encontrar reales y eficaces canales de diálogo que permitan construir consensos a partir del disenso, lo que realmente conspira contra las oportunidades de encontrar un punto de convivencia necesario que permita enfocar los esfuerzos allí donde la sociedad realmente requiere.
En tiempos de crisis económicas no siempre prevalece lo importante, y pareciera ser que así ocurre en Santa Cruz. Es imprescindible que los distintos actores sociales dejen a un lado los deseos propios para hacer prevalecer el deseo común: superar tiempos tan delicados.
Aparece como poco probable que la situación actual la mejore una sola persona o facción, cada cual debe aportar, desde su rol, para que esto suceda.
Es claro que el luchar por un objetivo común parece más una utopía cuando los intereses personales o sectoriales prevalecen de manera permanente, pero la provincia requiere un poco de esa utopía, pero no de manera figurativa, no a partir de meras palabras, sino a partir de hechos concretos, hechos que por ahora no se muestran.
Si la conflictividad gana la calle, la realidad es que no gana nadie… de una manera u otra, todos pierden. Es una historia que ya se vivió, por lo tanto el final es predecible. Aunque algunos crean que en su momento se transformaron en “ganadores” o en “perdedores”, la realidad actual muestra que fue la comunidad la que, a la larga, sólo retrocedió, ya que las controversias de antes, y las de ahora, tienen una cosa en común, prevalece en ellas el interés sectorial por el comunitario.
Las discusiones por venir se muestran en un escenario más complicado que el del año pasado, por lo que se impone un esfuerzo mayor para que las negociaciones puedan llegar a buen puerto.
Lamentablemente las primeras señales no son muy halagüeñas. Si no se impone la racionalidad a la hora de expresar y debatir las posiciones de unos y de otros. Y para eso no sólo basta con la predisposición de los actores principales. Los de reparto también aparecen como imprescindibles, ayudando a que se pueda tender un escenario propicio para el entendimiento y no echando más leña al fuego.
Volviendo al principio, urge que la dirigencia tanto política como gremial esté a la altura de las circunstancias y pongan el hombro para poder encontrar una vía de salida a una crisis que sólo la pagan los más indefensos: el ciudadano común.
Domingo 19 Mar 2017