Sabado 20 de Mayo de 2017
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Pablo Beecher
Lucía Torres
“Me encanta esta vida… Me encanta volver”
Esta muestra en Fundacruz tiene doble significado e importancia porque Lucía Torres -reconocida docente y artista- es parte de la fundación desde sus inicios. Con una obra que fue cambiando a lo largo de su trayectoria, trabaja en series muy definidas y diferentes. En “Migrante” -como grabadora- se encuentra abocada desde 2013 y dice que nació desde el dolor del desarraigo. Inspirada en un sinnúmero de relatos de mujeres armenias, judías, mujeres europeas que huyeron de las guerras y mujeres que llegaron a Santa Cruz, la artista nos propone un recorrido tan exquisito como conmovedor.
Domingo 30 Abr 2017

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¿Cómo fue tu infancia… tu hogar? 

Nací en San Miguel de Tucumán. Me eduqué en Córdoba donde estudié Bellas Artes y a los veintisiete años me trasladé a Río Gallegos. Mi mamá es tucumana y mi papá, cordobés, pero de familia también tucumana. Tuve una hermosa familia de origen, mi papá un creativo nato, sería hoy un diseñador industrial, trabajó como diseñador de máquinas en Káiser, Renault y Fiat; mi mamá estuvo siempre a cargo del hogar. Hoy tienen casi noventa y cuatro y noventa años y son muy amorosos, me siento bendecida de poder disfrutarlos sanos y de un buen humor increíble. Tengo cuatro hermanos. 

Mi infancia fue muy linda con una fuerte impronta familiar, con reuniones multitudinarias de primos (todas familias muy numerosas de 10, 9, 8, 5 hijos) más amigos, más cuanta gente estaba sola. Nos divertíamos mucho y tenemos una relación de hermandad que se mantiene hasta la fecha. Mi abuela Matilde -quien fundó el Cotolengo de Don Orione en Córdoba- era una mujer arrolladora que lograba todo lo que se proponía, con perseverancia y trabajo sostenido. También era una mujer muy romántica que nos hacía recitar poesías, que le encantaba la belleza en todas sus manifestaciones: los ambientes de la casa, la mesa familiar, la presentación de la comida, los aromas, los colores, las flores. Matilde fue la mamá de mi papá y mi abuelito Luis, su marido, era dentista. 

Mi abuela María Teresa fue para mí otro modelo de gran mujer, nunca la escuché hablar mal de nadie, siempre mediadora justificaba antes de criticar, callada, culta, bella, inteligente. Mi abuelo Calixto fue gerente del Banco Español en Tucumán, una estampa hermosa, una presencia increíble, yo como primera nieta mujer, era la mimada de ellos.

Yo de niña era tímida y retraída, quizás porque tuve desde siempre una miopía muy alta con anteojos desde los cuatro años y eso hacía que viviera en mi mundo. Me encantaba leer, me escondía para leer y no hacer otra cosa, me fascinaban los cuentos de hadas, los cuentos tradicionales. Me parece que no era una niña alegre pero estaba relacionado con el no ver. Jugábamos mucho con mis hermanos y mi mamá era parte de esos juegos. Su presencia, su fe y su confianza en nosotros fueron fundamentales en nuestra educación y en la estructuración de nuestra personalidad.


¿Cómo fue tu formación académica? …¿Cómo llegas al sur?

Mi hermana Tere fue la primera en viajar a Río Gallegos, a los diecinueve años, en 1982, con dos amigas, a trabajar como maestras jardineras. Yo viajaba siempre a visitarla y me enamoré de la meseta, de los cielos, de la luz, del frío, de la nieve.

En el verano de 1985 decidí mudarme a vivir allí ya que iba a nacer mi primera sobrina, Malu, y quería disfrutarla. Sabía que no había nadie en mi especialidad (el Grabado) y que conseguiría trabajo rápidamente. Llegué a la ciudad el 9 de marzo y el 11 ya tenía mis cátedras en el Colegio Ladvocat y en el Centro Polivalente de Arte.

Desde mi época de estudiante en la Escuela de Arte en Córdoba siempre me fascinó la pedagogía y tuve la suerte de tener como profesora de Didáctica a María Ester Brizuela, que abrió mi cabeza y me impulsó hacia el mundo de la Educación por el Arte. Trabajé Ad Honorem en la Escuela de Artes “Figueroa Alcorta” (donde estudiaba) durante cinco años en los talleres Infanto Juveniles donde tenía a cargo el taller de Grabado. Participé en muchos de los Congresos de IMEPA que se organizaban en Avellaneda. Fue una época gloriosa para el desarrollo de la creatividad en la que realmente creíamos que a través del Arte se podía transformar al hombre en un ser sensible y creativo en cualquier ámbito en el que se desarrolle (y lo sigo sosteniendo). Leyendo, estudiando, buceando hacia las fuentes de los grandes pedagogos fui construyendo mi camino y en Santa Cruz me dediqué fundamentalmente a la Pedagogía y la Educación, de lo cual me siento orgullosa y me sigue fascinando. Soy Maestra de alma, me encanta enseñar, disfruté mucho cada logro de mis alumnos, ya fueran niños, adolescentes o adultos. Es una de las profesiones más importantes en la sociedad, pertenezco a la generación en la que ser maestro era ser una persona muy importante para la construcción de la sociedad.

En Río Gallegos me enamoré profundamente, me casé, tuve al hermoso de mi hijo Dino y a mi hija de corazón Naty, a los que amo y admiro. Siempre cuidé mi presencia en mi hogar y traté de compatibilizar los tiempos de trabajo y de la familia, cosa no muy fácil por la pasión que pongo siempre en lo que hago. 


El proyecto del Museo Minnicelli: ¿Cómo te involucraste?; ¿Qué balance quedó cuando dejaste el museo?

En el año 1996, yo era Maestra de Arte de la Escuela N° 1 y me encargaron que hiciera el proyecto de creación del Museo Provincial de Arte de Río Gallegos. Había trabajado como docente de Arte en Planeamiento, había capacitado docentes, había trabajado en todos los niveles educativos. Sería el primer Museo de Arte de la provincia. Se inauguró el 1 de noviembre de 1996 y nació con una fuerte impronta educativa: sería un pequeño Museo que abriría las puertas de los grandes Museos y así fue. Hoy a los veinte años es así. Me siento orgullosa de la trayectoria que el Museo tiene. Cada una de las directoras que me siguieron sumó sus saberes y siguieron encauzando su desarrollo. El cuerpo de profesionales que allí trabaja es muy calificado y comprometido con la institución. Siempre sueño con que algún día toda la manzana sea el “Museo Minnicelli” y que albergará todo el Patrimonio Artístico Provincial. La Escuela 1 lo merece, la comunidad lo merece. 

Después de seis años como directora del Museo, surgió la vacante en la Supervisión de Artística de Educación General Básica y por mi carrera docente me correspondía. Dediqué esos seis años fundamentalmente a la capacitación de los docentes de Artística en mi zona Sur y Centro. Me encantó la tarea y fue un placer la gestión.

Paralelamente siempre formé parte de Fundacruz desde su nacimiento, antes de que la Casa estuviera terminada como hoy la conocen. Durante mis años de gestión en el Museo y la Supervisión estuve más alejada del trabajo en Fundacruz, pero retomé mi trabajo activo cuando me jubilé en la docencia.


¿En qué momento te inicias en el arte como creadora?

Como había dicho antes, dediqué casi la totalidad de mis horas a la pedagogía y la educación, pero siempre seguí dibujando, aunque lentamente. En el año 2000 comencé a dedicar más horas a mi taller, me levantaba a las cinco de la mañana a pintar todos los días hasta la hora de despertar a los hombres de mi casa para comenzar el día laboral.

Y así seguí, en lugar de llevarme trabajo a casa, dedicaba también mis tardes para trabajar en el taller. Pintaba porque me resultaba más simple y directo, de a poco fui acercándome nuevamente a la Gráfica. 


Tu residencia temporaria y después permanente en Buenos Aires entiendo que llevó a una vuelta de tuerca en tu formación y en tu obra… ¿Cómo fue este proceso?

Natalia Giachetta se contactó conmigo, creo que en 2009 y me invitó a exponer y a trabajar en el Centro de Edición en mi obra. Comencé a viajar a Buenos Aires y destinar varios días para aprender Litografía (cuando estudié Bellas Artes no había ya piedras y no se enseñaba) desde ese momento cada día fui comprometiéndome más con la Gráfica y dedicando más horas. 

El Centro de Edición me encanta, es un lugar fantástico donde cada artista tiene la oportunidad de desarrollar su obra, somos muchos que trabajamos codo a codo y todos muy diferentes, en un ambiente de camaradería, con Nati Giachetta que es el alma mater que arrastra a todos y nos facilita la participación en múltiples proyectos en el país y en el extranjero con la seguridad para nosotros que las presentaciones serán impecables.

En 2012, por esos revolcones que a veces nos da la vida, decidí mudarme a vivir con mi hijo Dino a Buenos Aires. El Centro de Edición fue un lugar de contención que me permitió desarrollar mi obra. Me enamoré de la Litografía y no la dejé más.


¿Cómo fue cambiando tu obra? …Historia y figura de mujeres migrantes aparecen con mucha fuerza… ¿Cómo nació?

Mi obra fue cambiando. Siempre trabajo en serie, tengo varias muy definidas y diferentes. “Migrante” en la que estoy trabajando desde 2013 nació del dolor del desarraigo. Comencé a leer los relatos de mujeres armenias, de mujeres judías, de mujeres europeas que huyeron de las guerras, del hambre, de los horrores producidos por el hombre, tomaban la decisión de pararse como sea y buscar nuevo rumbo. Comencé a leer sobre las mujeres que llegaron a Santa Cruz cuando era una tierra inhóspita en la que sólo había viento y esperanza y me dije... nadie murió por esto... vamos, hay que pararse y seguir... y así fue... 

La vida en Buenos Aires me abrió nuevas puertas, nuevos rumbos, la posibilidad de ver múltiples exposiciones, de crecer junto a otros colegas, de participar en proyectos que hizo que mi obra fuera creciendo y hoy realmente me siento feliz y bendecida por la vida.

Volví a leer las publicaciones de los domingos de Pablo Beecher con las entrevistas que durante años hizo a los primeros pobladores, es muy conmovedor, también la lectura del borrador del libro de los españoles en Santa Cruz que escribieron Pablo y Milagros Pierini, que generosamente me facilitaron. Los he leído miles de veces y cada día descubro más detalles, son tan conmovedoras las historias que no me canso de leerlas.

Durante 2016 estuve trabajando, siempre en Litografía, con retratos grandes de mujeres y sus relatos. Durante todos estos años me sorprendió EL SILENCIO ancestral de las mujeres, y trabajé tratando de dar voz a la Mujer.

La historia de mis ancestros también es riquísima y llenísima de anécdotas apasionantes. La Mujer tiene en mi clan un rol fuertísimo, la mujer es respetada y cuidada, hay muchas mujeres fuertes y luchadoras.

Mis ancestros están en Argentina desde el 1700 y participaron muchos de ellos activamente en el nacimiento de nuestra Patria. Mi chozno Don Florencio Sal fue el primer escribano público del Gobierno de Tucumán, nombrado por el rey Carlos III. Fue el escribano del Acta de nuestra Independencia en 1810. 

Hay mujeres que lucharon por la participación activa de la mujer en las decisiones políticas, en la lucha contra las invasiones inglesas, en las contiendas políticas. Don Florencio se casó tres veces y yo desciendo de la última de sus mujeres, todo el clan es de hombres y mujeres muy longevos y de familias muy numerosas por lo cual es fácil encontrar múltiples personajes e historias interesantes.

Me apasionan las historias de nacimiento de los pueblos, de los barrios, de las comunidades. Ahora que recorro Buenos Aires me encanta observar las particularidades de cada lugar y sus colectividades. Nuestro país es muy bello y muy rico... será porque somos un país joven y todo está fresco en la memoria. Por eso me parece tan importante la labor de Pablo, el registro de la memoria oral, de la cotidianeidad. 

Desde el año pasado estoy tratando de salir de la Serie “Migrante”, hay nuevos escenarios, las mujeres ya trabajando en sus tareas con alegría, niños jugando, niños y sus juguetes... 

Lo que presento en Fundacruz este mes es parte de esta Serie. 

Domingo 30 Abr 2017