Sabado 20 de Mayo de 2017
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Nuevamente la ciudad sin transporte urbano
Domingo 14 May 2017
Río Gallegos nuevamente quedó presa de la falta de soluciones adecuadas al transporte urbano de pasajeros. Sin lograr una diversificación, el Municipio y los vecinos quedan sujetos a los vaivenes monopólicos de la única empresa que presta el servicio, y valiéndose de ello, la misma ha incumplido sus compromisos desde el primer día en que empezó a desarrollar sus actividades en la ciudad. 
La decisión intempestiva de Montecristo de dejar de prestar el servicio por sus propios incumplimientos con Nación, debido a lo cual perdió el acceso a los millonarios subsidios de transporte que percibía, puso al Municipio enfrente de una crisis.
El transporte urbano de pasajeros es esencial para los vecinos en cualquier tiempo, pero en momentos donde sobre la sociedad castiga una crisis económica lo es mucho más. Y la empresa lo sabe. No en vano desde la Comuna, el propio intendente deslizó el concepto de “extorsión”, dando a entender que Montecristo podría ir, como en otras oportunidades, atrás de un aumento de tarifas y del subsidio que cobra por colectivo. 
La realidad es que la ciudad jamás ha podido encontrar la manera de contar con un transporte urbano de pasajeros que esté a la altura de las necesidades. Se viene debatiendo desde hace años alguna solución para el caos de tránsito y estacionamiento que se vive, fundamentalmente en el microcentro de la ciudad y en horas pico. La realidad es que no hay mucho por inventar. Sin un transporte público urbano de calidad y competitivo no es posible detener la multiplicación de automóviles circulando. 
Y en momentos en que nuevamente la permanencia o no de una empresa de transporte vuelve a ponerse en el tapete, el debate del servicio retoma fuerza innegable.
Ya en este mismo espacio recordábamos que 6 de cada 10 personas considera que un transporte público adecuado con calles en condiciones sería la principal cosa que mejoraría o cambiaría la ciudad para hacerla menos estresante, a lo que se le suma que el 35% le agrega la limpieza y el ambiente en general.
Estudios internacionales en América Latina colocan a la mejora del transporte público y calles como el embellecimiento urbano como las principales prioridades de gobierno que deberían fijar las autoridades comunales para que la ciudad sea más amigable, competitiva y sustentable.
A la hora de qué hacer, se indica que la primera medida es desincentivar el uso del auto, pero, paradójicamente, la forma de hacerlo es tener un transporte público de calidad en una ciudad que cuente con un desarrollo urbano orientado a vías de comunicación fluidas. Algo que Río Gallegos está lejos aún de lograr.
La desidia a la hora de tomar las decisiones sobre el transporte de las sucesivas gestiones no se puede dejar de mencionar. Cuando TAISUR se hizo cargo del servicio hace 14 años fue, casi con carácter de urgencia, ante un decrépito servicio de las empresas de aquel momento, con unidades que prácticamente funcionaban “atadas con alambre”. Al igual que ocurrió con Línea 7 se hizo un contrato de prestación directa, aunque con ésta fue por 5 años. 
La empresa integrante del grupo Autobuses Santa Fe también llegó a la ciudad con el poder entre las manos al venir a “salvar” la prestación del servicio ante una Taisur decidida a retirarse y una gestión que no asumió la responsabilidad a tiempo sobre su reemplazo.
Ante el inminente cambio de gestión la empresa hace gala de ese poder, elimina beneficios que los pasajeros tienen por ordenanza, basados en los “atrasos” en el pago de los subsidios y nuevamente amenaza con irse, a menos de un año de haberse hecho cargo del servicio, aduciendo lo mismo que su antecesora: “los números no cierran”. 
Esto fue a menos de un mes de que asuma la nueva gestión que debió afrontar un nuevo aumento del boleto, la parálisis del transporte por incumplimiento de la empresa con sus trabajadores que terminó en una medida judicial. No sólo eso, antes del recambio de autoridades, de la noche a la mañana ante la opinión pública se mostró como que Línea 7 se retiraba y en su lugar dejaba la concesión en manos de un ignoto transporte llamado Montecristo.
En realidad ambas pertenecen al mismo grupo empresario y el mentado “retiro” sólo fue administrativo, para evitar que el manejo de la concesión en la capital de Santa Cruz quede inmerso en la vorágine de la convocatoria a acreedores a la que Línea 7 decidió ingresar por su situación en La Plata. Pero Montecristo siguió el mismo camino. Deuda judicial con trabajadores despedidos, millonarias multas con el Municipio e incumplimientos de información con la Secretaría de Transporte que le valieron el bloqueo del subsidio, hicieron el camino para un final que aunque aún no está anunciado, claramente está escrito. 
Este final, que a nadie puede sorprender, sí vuelve a reflejar la falta de previsibilidad que se repite una vez más. El transporte público tiene una función social vital y de ahí se explica que en la mayoría de los países el control de la sociedad civil está presente. Eso no ocurre en la ciudad capital. Los concejales, representantes del pueblo, prácticamente están ajenos a lo que sucede en el transporte, toda vez que, si bien tienen una participación en la comisión asesora, no sólo su aporte no es determinante, sino que dicha comisión no tiene una frecuencia aceptable de reunión.
Las quejas de los vecinos no cambiaron con una u otra empresa. El servicio siguió siendo deficiente, con incumplimiento horario y el mal estado de los micros al tope de los reclamos, lo que explica, además, la fuerte caída de la cantidad de pasajeros transportados, algo que, paradojalmente, profundizó la ecuación económica negativa.
Como una forma de alternativa de salir del torniquete que significa tener una sola empresa prestataria, el Municipio recogió el guante de la ordenanza dictada por los concejales y llamó, en dos oportunidades, a una licitación para una segunda línea, pero la misma se declaró desierta las dos veces.
Por estas horas, el desafío ya no se trata de lograr una empresa que preste de manera aceptable el servicio, sino de tener quién lo haga. La empresa cerró los canales de diálogo con la Comuna, la que buscará que se abran, vía la Justicia si es necesario. Y la ciudadanía deberá, nuevamente, esperar que la solución llegue lo más rápido posible, aunque por ahora no se vislumbra que eso vaya a ser con la inmediatez que las necesidades de transporte que la gente requiere.
Domingo 14 May 2017