Lunes 17 de Julio de 2017
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Pablo Beecher
Puerto Coyle
Un pueblo costero borrado por el viento
Había unas veinte familias, Constante, Argüelles, Césped, Gallardo, Castro, Muñoz, Camporro, Yebes, entre otras. Una escuela, el Correo, la Subprefectura, la comisaría, negocios como La Anónima y La Mercantil, además de los almacenes de Gallardo y Vera. Estaban los hoteles “Aurora” y el “Español”. Había dos servicios de correo terrestre que pasaban por Coyle, viniendo de Santa Cruz. El puerto, la playa, con un importante movimiento de buques que transportaban buena parte de los fardos de lana y cueros que producía la región. Hasta los años ´30 Puerto Coyle era un pueblo -sobre la desembocadura del río homónimo- que aspiraba alg
Domingo 16 Jul 2017
El grupo de alumnos de la Escuela 15 de Coyle, años `20.

El grupo de alumnos de la Escuela 15 de Coyle, años `20.

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En 1916 Puerto Coyle ya era un fondeadero de goletas -que transportaban víveres y materiales- gracias al tesón de los primeros pobladores que vieron la oportunidad de exportar la lana y de proveerse por ese puerto en vez de trasladarse por tierra a Gallegos o Santa Cruz. 

Los capitanes de los barcos que arribaban a estos puertos -provenientes de Europa, Buenos Aires, Punta Arenas o Malvinas- pronto sumaron a Coyle entre sus destinos.

En los hoteles de Coyle se organizaban los bailes con victrola y discos de pasta, pero como solamente los grandes podían asistir, los chicos iban y se colgaban de las ventanas para espiar los bailes. El pueblo era solidario, “todos eran uno”, recuerdan. El carnaval también se festejaba, aunque fuera un pueblo chico, paseando en los pocos vehículos adornados, tirando agua, cantando. 

En la época de esquila, los carros y los camiones empezaban a traer los fardos de lana a la playa y se veía una hilera larga de fardos, después los barcos -que quedaban una semana amarrados- llegaban cerca de la costa con la marea alta para embarcarlos. 

El maestro llevaba a los niños a la playa y hablaba con el capitán para que los subieran al barco a tomar una merienda, entonces los sentaban en una lona grande como un bolsón-canasto y luego una grúa los subía a todos a la cubierta. Una aventura. 

En la costa veían ballenas y toninas, cerca del pueblo hay una vega con zanjones que cuan-do subía la marea se inundaba y quedaban los peces atrapados. Esto era Coyle y más.


Los Bórquez

Mariano Bórquez y María del Carmen Berategua formaron su familia en Coyle. (Mariano, hijo de Mariano Bórquez y Joaquina Oyarzún, de Vilupulli -Chonchi- nació en 1888. María, hija de Juan Basilio Berategua y María Juana Torres, de Castro, nació en 1891, ambos de Chiloé).

Mariano contaba que estando en Chiloé junto con otro hermano, Felipe, le decían a los padres que se querían venir a la Argentina y ellos les decían que no se marcharan: “¿Para qué se quieren ir?”, entonces a la noche les sacaban los zapatos para que no se escaparan. Igualmente, ambos hermanos lo tenían decidido, unos amigos les prestaban los caballos y sabían por dónde ir. El día en que se fueron, Mariano no encontró sus zapatos y como no había tiempo que perder, sacó los de su hermana. Un rato después de tanto andar, los zapatos se rompieron, pero siguió usándolos porque no tenía otros. Muchos días después encontraron una tienda y Mariano compró sus primeras alpargatas.

(Más adelante vinieron los hermanos, Eduardo, Onofre y Antonio Bórquez).

María del Carmen era empleada en la casa del gerente de La Anónima de Coyle, que estaba casado y tenía dos hijas. Mariano trabajó en varias estancias, fue puestero en Las Boleadoras de la estancia “Laguna Benito” de los D´Hunval. Con sus ahorros compró un carro y empezó a fletear para las estancias: “Smith” (Coy Inlet), “Ototel Aike”, “Los Alamos”, “Cañadón de las Vacas”, bajando la lana y luego llevando mercaderías desde Coyle, también transportaba de Gallegos a este otro puerto. El barco cargaba los fardos y seguía viaje.

En ese tiempo mucha de la mercadería llegaba al puerto de Gallegos, entonces Segundo la transportaba en carros hasta Puerto Coyle, demorando tres días, con tres campamentos porque los caballos se agotaban.

El arreglo de los carros lo hacía Mariano con los mismos carreros. En un potrero, cerca de Coyle, largaban los caballos y cuando venía la época de buscarlos, iban los chicos a montarlos a pelo para correrlos y sudarlos bien porque, según decían, el mismo sudor del animal le mataba los piojos. Los caballos estaban acostumbrados, los carreros ponían un lazo y venían solos a esperar que los enganchen al carro. Más adelante Mariano tendría un pequeño camión.

El 23 de julio de 1916 María del Carmen y Mariano se casaron y permanecieron en Puerto Coyle donde fueron naciendo: María Filomena “Mena”, en 1917; Alberto en 1918; José María “Chalía” en 1920; Mariano Segundo, en 1921; Luisa del Carmen “Carmela”, en 1922; Elena del Tránsito en 1924; Sara Esther, en 1926 y Rosita, la menor, en 1929, pero falleció a los pocos meses.

Segundo nació en medio de la huelga rural, cuando no se podía comprar víveres en los negocios porque había un boicot organizado por los huelguistas, y si alguien iba al negocio, le quitaban el dinero. María no tenía más leche y estaba desesperada, entonces una señora que estaba amamantando a su hijo y que tenía abundante leche, le dio el pecho al pequeño durante varios días. Le salvó la vida.

En la huelga Mariano tuvo que esconderse en el campo porque decían que lo buscaban para matarlo porque “trabajaba para los estancieros”. Había noches en las que le llevaban la comida a una mata cerca de la casa. Esos fueron momentos difíciles.

Una noche el descuido de uno de los chicos provocó el incendio de la casa. El fuego alcanzó el galpón del fondo del terreno donde guardaban el combustible que venía en cajones con dos latas cada uno, además de aceite y carbón, que juntaban con tachos en la playa después de que descargaban los buques. Todo inflamable. Todo explotó y cuando Mariano quiso ver, la humareda entró a la cocina donde estaba toda la familia que logró escapar de las llamas. Los vecinos fueron a ayudarlos, incluso gente de la estancia “Smith” llegó por la playa porque decían que a lo lejos veían las llamas. Entre los vecinos se repartieron a los hermanos para pasar esa noche. Unos días después consiguieron otra casa enfrente a la Comisaría.

Una familia numerosa

“Mena” era la mano derecha de sus padres, la mayor, como una segunda mamá para todos. Eran siete hermanos, sin embargo María del Carmen recibió a otros chicos que no tenían familia o que sus padres trabajaban en el campo, y a veces llegaron a ser catorce a la mesa. Los primos “Tono” y “Orfe” Bórquez, hijos de Onofre que trabajaba en el campo, también se criaron con ellos. 

María tenía una máquina de coser a manija y les hacía la ropa aprovechando prendas que les daba la gente, y calzaban lo que podían. Cocinaba la carne de avestruz y guanaco, fideos, guiso, cazuela de gallina, empanadas, no siempre había capón. El domingo podía hacerles pastas o asado. Aunque la tierra en Coyle no era buena, tenían una quinta, además criaban gallinas.

Unos días antes de Navidad y Año Nuevo, los Smith de “Coy Inlet” enviaban un apuntador por el pueblo para preguntar en las casas de las familias numerosas, y después les llevaban de obsequio corderos ya carneados para que hicieran el asado. Otras veces llevaban leche fresca, verduras. 

En la playa pescaban y si salían demasiado grandes, los devolvían, preferían más chicos, tiernos, que María preparaba al horno o a la olla con papa, tomate y arvejas, o lo hacía en escabeche. 

Mariano pescaba y si sacaba mucho, iba temprano a vender róbalo y pejerrey a Gallegos.

En una oportunidad hubo una tormenta muy fuerte que arrastró un barco hacia la costa, y cuando calmó el tiempo y bajó la marea, quedó encallado sobre una loma. Un año entero estuvo allí hasta que recién durante otra marejada grande pudieron remolcarlo mar adentro. Otra vez se hundió un barco cerca del puerto y muchos vecinos llegaron a caballo hasta el lugar donde estaba el lanchón lleno de víveres e iban de noche con los pilcheros a rescatar lo que se pudiera.

En verano, la época de la guanaqueada, “Chalía” y Segundo armaban un campamento en alguna estancia de los alrededores. Mariano, antes, había pedido permiso a los dueños. Un día salían a caballo para detectar en dónde estaban las manadas de guanacos que eran abundantes, y recién después salían a guanaquear con el rebenque. Un golpe en el hocico bastaba. En una mata grande tenían alrededor de treinta caballos de reserva. A la noche cuereaban los chulengos y estaqueaban los cueritos. (El cuero tenía que ser del chulengo recién nacido porque a los cuatro días el pelo estaba más largo y no lo compraban). 

En Coyle, Gallardo o Vera, que tenían negocio, compraban los cueros, o sino algún mercachifle, entonces los muchachos quedaban hasta último momento esperando a ver quién pagaba mejor. 

El dinero debían entregárselo a los padres “para la casa”.

En invierno armaban por el campo, entre las matas, las trampas para los zorros que tenían que atar muy bien y debían recorrerlas a caballo a diario porque a veces el zorro se comía la pata atrapada, escapándose. El problema era cuando encontraban enganchado un zorrino.

Una vez sorprendieron a uno de los chicos, con trece años, carneando un cordero cerca del pueblo y lo llevaron detenido. Los chicos sabían que durante el verano el comisario enviaba a los agentes a carnear unos cuantos corderos, entonces decidieron protestar para que lo largaran. 

Había un puentecito cerca de Coyle en donde los agentes que iban de a caballo dejaban los corderos faenados atrás de una mata a cierta distancia y con alguna señal, después el comisario iba en el coche oficial y los levantaba. Los chicos fueron a esconderse abajo del puente y esperaron a que fuera el comisario, que acababa de cargar los corderos, entonces cuando pasó el vehículo por el puente, salieron todos los chicos y lo corrieron hasta la comisaría. Los corderos rebotaban arriba de la capota. Una vez que llegaron, empezaron a golpear las chapas y a gritar: “¡Que lo suelten!, ¡que lo suelten!” y como los habían descubierto, lo soltaron.

La escuela

En Coyle fueron a la escuela que tenía hasta sexto grado, los maestros llegaban designados desde Buenos Aires. En mayo terminaban las clases y los docentes se volvían al norte. 

Maestro como Callava, Villalba y Mallea, que llegó recién recibido y estuvo algunos años en la escuela. El contaba que pidió venir a Santa Cruz, pero no sabía que le tocaría Coyle, los domingos las familias se peleaban por llevarlo a almorzar: “Maestro, venga a la casa nuestra que mamá está haciendo…” - “No, queridos, si yo el domingo pasado estuve en su casa, ahora me toca en otra”.

El domingo los chicos también iban a la escuela porque les gustaba estar con el maestro “porque era como un chico más”.

(Muchos años después, Mallea volvió de visita a Santa Cruz y los hermanos Bórquez lo llevaron a lo que había sido Puerto Coyle. Hicieron un asado y en cierto momento el maestro se fue caminando solo hasta donde había estado la escuela. Alguien fue a verlo y le preguntó: “Maestro ¿Qué perdió acá?” - “¿Qué perdí? …Aquí dejé mis mejores años” y se le caían las lágrimas).


Los Yebes

Juan Yebes, chileno, también viajaba de Chile a Puerto Coyle, transportando mercaderías en carro. En Coyle conoció a una mujer tehuelche llamada Ana Montenegro, aunque su nombre original era Kamsker. En Coyle había varias familias tehuelches que ya vivían en viviendas aunque mantenían sus costumbres tanto en la comida como en la confección de capas, quillangos, mantas y fajas en telares. Ana hizo en numerosas oportunidades de partera, trayendo muchos niños al mundo, ella era muy apreciada y casi ciega seguía tejiendo fajas, murió centenaria.

Juan y Ana tuvieron varios hijos, entre ellos, a Arturo Yebes, nacido en 1915. A los ocho años de edad vio morir a su padre en Coyle, atropellado por el carro, después de esa tragedia se ocuparía de su crianza un matrimonio que no tenía hijos y poseía un hotel, edificio de material que se conocía como el hotel “La Aurora” de Puerto Coyle. Ellos eran Constantino González y Desideria Valenzuela, que también criaron a otros dos niños: Arturo Valderrama “Arturo Grande” y Rafael Ruiz “Churrinche”, a Arturo Yebes lo llamaban “Arturo Chico”. Arturo fue a la escuela en Coyle y recordaba entre sus compañeros a Marina y Argentina Argüelles, Filomena Bórquez y María Camporro.

En los años ´30, Arturo Yebes fue jornalero por muchos años en las estancias de los alrededores de Coyle, entre ellas “Cañadón de las Vacas”. Era la época en que se salía al campo y por las noches se dormía detrás de las matas. 

Más tarde ingresó de guarda hilos al Correo, con la misión de recorrer, montando a caballo, las líneas de telégrafo y teléfono de Coyle a Puerto Santa Cruz y de Coyle a las estancias cercanas. Recordaba el frío, la nieve, el viento y alguna caída, como la que lastimó la articulación de su cuello. 

Mientras trabajaba de guarda hilos, conoció a una joven, Balbina Aguilar, en la estancia “Coy Inlet” de los Smith. Había venido a los 14 años de Valdivia, Chile, acompañada por una tía. 

En 1941 se casaron en Puerto Santa Cruz y establecieron en Coyle donde tuvieron dos hijas: Dina y Olga. Luego ingresó a la Policía del Territorio y fue agente de Policía, también en Coyle. El comisario era Julio Alvarez en una época, Velares en otra, Alberto Bórquez era el cabo y Arturo el agente.

Arturo era buen jinete, de cabalgar mucho y en invierno buen patinador, le gustaba preparar la picana de avestruz a la piedra y cuando tuvo más tarde un hotel, siempre alguien le llevaba picana sabiendo que le gustaba cocinarla. 

Don Remigio, que vivía en una casita cerca de la playa, era el personaje del pueblo con su perro blanco. Cuando se hacía un picnic o un asado se reunían los vecinos del pueblo, el jefe de Policía Alvarez, Velares, el jefe de Correo (que fueron: Hernández en una época y Morini, años más tarde), amigos como Luis Magnoni, José Muñoz, Alberto Bórquez y el comisario Tenorio.

Había buena convivencia con todos los vecinos, se querían mucho. En los ´50, llegaban al Correo los regalos que repartían Perón y Evita, muñecos de peluche con la estampilla del Presidente. 


De Coyle a Gallegos

Arturo quería progresar y notaba que en la Policía no había futuro, además de que el pueblo ya estaba sufriendo un éxodo por el cambio del trazado de la ruta que lo dejaría apartado. 

En 1950 dejaron Puerto Coyle para que sus hijas ingresaran a la escuela en Río Gallegos y Arturo comenzaría la etapa de hotelero alquilando, un 1º de septiembre, a doña Trinidad de Alvarez, el hotel “Imperial”, en calle Zapiola 467, entre Estrada y Entre Ríos. Era un edificio de madera y chapa con techos altos al que se entraba subiendo tres escalones para ingresar al bar y en una pared interna había una ventana que permitía ver desde la cocina el salón del bar. La estufa para calefaccionar era una octogonal, seguía un pasillo con las habitaciones a los costados y un baño que se compartía. En invierno la estufa del pasillo bramaba de calor y las puertas de las habitaciones permanecían abiertas durante el día para que se templaran los ambientes, pero por la noche cada uno cerraba su puerta y era cuestión de abrigarse muy bien con varias frazadas, tal vez colocarse un porrón de barro con agua caliente o bolsa de agua. 

Balbina se levantaba temprano para sacar la ceniza de la cocina y la estufa, la colocaba en un balde y la tapaba para que no volara, luego preparaba un puñado de maderas y papeles para encender el fuego del nuevo día. 

El patio del “Imperial” era de 50 metros de fondo, terminando el predio donde empezaba el patio del almacén de Francisco Calo. Había un gallinero y hubo chanchos por un tiempo. 

En 1961 Arturo inauguró sobre calle Entre Ríos el nuevo hotel “Entre Ríos” en el terreno que compró a la sucesión de Paulino Martínez (p). El constructor fue Daniel Ulloa.

El nuevo hotel ya tenía baño privado. El “Imperial” lo alquilaron otras personas y al tiempo, en los años ´60, se incendió.

En los años ´50 paraban en el hotel muchos pobladores de Lago Argentino y Río Turbio. Había muchos hombres mayores, trabajadores del campo, que llegaban para pasar el invierno, eran habitúes por añares. El servicio consistía en pensión completa. Coyle había quedado en el recuerdo.

 (continuará…)

Domingo 16 Jul 2017