Domingo 13 de Agosto de 2017
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Pablo Beecher
Puerto Coyle
Un pueblo costero borrado por el viento
En los años ‘30 Puerto Coyle tiende lentamente a desaparecer producto del nuevo trazado de la ruta nacional 3, que conecta a los territorios patagónicos con Buenos Aires. El éxodo de las familias pioneras fue inevitable… Una tras otra fueron marchándose, sobre todo hacia Río Gallegos. El hecho de que el puerto fuera favorable para que fondearan las embarcaciones y que los ganaderos de la zona despacharan su lana, tampoco alcanzó para mantener activa una pequeña comunidad. Estas son algunas de las historias que se entretejieron en Puerto Coyle donde apenas prosperó una primera y única generación de nacidos y criados próximos al mar.
Domingo 23 Jul 2017
Pietro Gilli junto a una familia tehuelche, Puerto Coyle, principios del siglo XX.

Pietro Gilli junto a una familia tehuelche, Puerto Coyle, principios del siglo XX.

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El campo de Coyle
En Punta Arenas, alrededor de 1890, los Gilli fueron comerciantes e invirtieron mucho dinero en propiedades, hasta que comenzó el boom de la lana y decidieron poblar campos en el territorio de Santa Cruz, cuando el gobernador Carlos María Moyano ofreció a pobladores que arribaban de Malvinas, Magallanes y Europa dedicarse a la ganadería en el suelo argentino.
En 1895 los Gilli arrendaron 20.000 hectáreas y fundaron la Sociedad Italo Argentina en la zona de Puerto Coyle. En 1898 compraron los derechos de nuevos lotes a Rodolfo Bunge, Carlos Pearson y Cristóbal Smith. En 1905 el Gobierno Nacional entregó en venta las 20.000 hectáreas a Máximo Gilli y más tarde compró las otras 20.000. En la década del ‘40 ó ‘50, a raíz de una corriente nacionalista impartida desde el Gobierno Central, tuvieron que cambiar el nombre de la estancia y entonces la rebautizaron “Los Alamos” de La Pastoril de Coyle. 
En cuanto a los Smith, en 1886 viajó Peter, que se embarcó con 300 animales para intentar poblar en el territorio. En “Monte Dinero” trabajó algún tiempo con James Greenshields, pero luego quiso independizarse y se fue a caballo con sus animales a un lugar conocido como “Gringos Duros”, cerca de Punta Arenas, donde armó su carpa. Allí estuvo poco tiempo, porque se encontró con que la tierra en Chile era muy cara. En 1889 regresó a la zona de Gallegos y estuvo en la estancia “Cabo Buen Tiempo”, propiedad de John Rudd.
En 1890 fue a poblar la estancia “Coy Inlet”, a la que muchos conocieron como “Estancia Coyle” o “Estancia Smith”, próxima a lo que después sería el pueblo de Coyle (Coy es en lengua tehuelche espejo de agua, Inlet es un vocablo sajón que significa caleta, entrada de mar. En los documentos antiguos figura la zona como “Departamento Coy Inlet”). 
Una vez que armó su carpa y hubo poblado, mandó una carta a Malvinas para que viniera su hermano John, que también llegó al continente con 300 animales más que le había dado su padre. 
Era el año 1890, John viajó a bordo de la goleta “Martha Gale” y vivió un año en una carpa cerca de unas matas grandes, mientras su hermano Peter se fue a Dorrego, provincia de Buenos Aires, donde compró caballares y los trajo en arreo con la ayuda de otros ovejeros.
Peter compró ovejas en Trelew, ese arreo completo le llevó alrededor de un año, esquilando en el camino, con las pariciones, permaneciendo bastante tiempo en un paraje conocido como la Aguada Pérez, cerca de Camarones, hasta llegar a “Coy Inlet”.
Por último llegó otro hermano, William Smith, con otras 300 ovejas, ya estaban los tres varones Smith en Coyle y sumaban 1.124 ovejas.
La primera vivienda que se levantó en el campo fue de chapa por fuera, adobe en el medio y madera del lado de adentro, con el cielorraso bien bajo para que los ambientes se calefaccionaran rápidamente.
En esa primera época los vecinos que ya habían poblado en el Coyle eran: Mc Kay, que administraba la estancia “Coy Aike” (Braun); Gilli en “La Pastoril de Coyle”, estancia “Los Alamos”; Iglesias y Bersovic, en estancia “Ototel Aike” que más tarde administró José Fernández Montes; Jamieson, en “Moy Aike Grande” y Henry Reynard Domange, en “Cañadón de las Vacas”. 
Muchos de estos pobladores emplearon el puerto de Coyle para el transporte de lana, mercaderías, víveres, correspondencia e incluso para embarcarse ellos mismos, durante las primeras décadas del siglo pasado.
Mientras que el pueblo costero parecía prosperar, los grandes comercios de la época no dudaron en establecerse, como “La Mercantil” y “La Anónima”. Serafín Grillo llegó a Santa Cruz en septiembre de 1899. Era gobernador del territorio Mackinlay Zapiola y el juez letrado, Germán Vidal. Comenzó con la firma Braun y Blanchard como secretario, abriendo varios comercios de ramos generales en distintas localidades como Río Gallegos, Puerto Coyle, Comodoro Rivadavia y finalmente en Puerto Santa Cruz. Luego se independizó y se unió a “La Mercantil” con Manuel Ferrari, su primo, una persona de sólida posición económica, ganadero, propietario de establecimientos en la zona de Puerto Santa Cruz. 
En una libreta se lee: “Año 1899. Salida de Buenos Aires el 30 de agosto con transporte “Santa Cruz”. Capitán Leroy... Llegada a Río Gallegos el 20 de septiembre a las 21. En Punta Loyola... en bote al puerto de Río Gallegos arribando a las 23. Fiesta Italiana en el Hotel Pezzoti”. 
Hizo una interesante carrera en la administración comercial. En 1900, ya en Puerto Santa Cruz era el jefe de ventas de la sucursal Braun y Blanchard. En 1903 reemplazó a Antonio Ferrari como jefe de ventas de la misma casa comercial, en Río Gallegos, donde el contador era Aniceto Pastor.
En 1905 Grillo regresó a Santa Cruz y en septiembre viajó a Buenos Aires para casarse con su novia Elena Gargiulo. Embarcaron el buque “Presidente Roca” rumbo a Puerto Santa Cruz.
En 1908 era gerente de Braun y Blanchard para hacer entrega de la firma José Menéndez, con intervención de Esteban Ferrari y Alejandro Menéndez. Ese mismo año se trasladó a Gallegos para establecer en Puerto Coyle una sucursal de esa firma, la “Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia”, recientemente formada. Allí en Coyle fue comisario y juez de Paz.
En 1909 Serafín Grillo fue llamado a Puerto Santa Cruz para ocupar la gerencia de La Anónima en reemplazo del gerente Aniceto Pastor, hasta el año 1911.
En 1912 pasa a ser el jefe de ventas de La Anónima en Comodoro Rivadavia donde el gerente era Toribio Larrea y el contador, Penelas. El 29 de septiembre de 1912 le ofrecen ocupar la gerencia de la Casa Manuel Ferrari y compañía, en Puerto Santa Cruz y establece una sucursal de esa nueva firma en Paso Ibáñez (hoy Piedra Buena). Cuando Ferrari se retira se forma “La Mercantil”. Luego Grillo se establece como agente marítimo, despachante de aduana y desde 1934 hasta 1953 es el apoderado de “La Anónima”. 
En los relatos de William Halliday de estancia “El Zorro” también se menciona a Coyle. En 1937 pobló su estancia, construyó un rancho de chapa para empezar con 500 ovejas que le dio su tío Archibaldo Halliday, que pagaría más adelante con lana. Compró los primeros materiales en La Anónima y Argensud, de Puerto Santa Cruz (el flete lo hacía en su camioncito Salomón, de Puerto Santa Cruz), pero también iban a Puerto Coyle: “Pero en 1936 ya era un poblado que iba a menos y los barcos dejaron de entrar. Recuerdo que allá funcionaban La Anónima y La Mercantil, había una escuela, la comisaría, el correo, tres hoteles y hasta tres cabarets”, mencionaba.
El comercio y la movilidad entre Gallegos y Coyle eran habituales. En 1910, José Castro tenía un almacén de ramos generales en Gallegos (Vélez Sarsfield entre Roca y Zapiola), desde la esquina del cine “Select”, que también era de su propiedad. Marcelino López acompañaba a su tío José en una goleta que llevaba mercaderías a Puerto Coyle, cuando el pueblo estaba en pleno crecimiento. Marcelino recordaba los temporales que sacudían la embarcación y la arrastraban de un lado al otro. (López sería uno de los concesionarios del Cine “Colón” y luego el “Carrera”).
En 1935 los Bórquez dejaron Coyle, trasladándose a Río Gallegos en un camión cargado donde llevaban hasta gallinas y patos. El primer día se hospedaron en la casa de los Camporro que eran de Puerto Coyle, que vivían en calle Don Bosco, entre Errázuriz y 25 de Mayo, después fueron a la casa que alquilaron en 25 de Mayo y Alvear.
Mariano Bórquez siguió con los fletes y también con la venta de carbón y mata negra, que cortaban en “Killik Aike Sur”, los chicos iban a ayudarlo a juntarla en la caja del camión. Esta mata negra la vendía por las casas porque no todos podían comprar leña o carbón.
Uno de sus hijos regresaría a Coyle aunque el pueblo ya no era lo mismo… Alberto Bórquez era policía hasta que escuchó que necesitaban un guardahilo en Bahía Laura, sin saber dónde quedaba, después supo que era cerca de Deseado y que el sueldo era superior al de la Policía, entonces llegó a Río Gallegos y se presentó en el Correo. En esos años nadie quería ir a Bahía Laura, pero como él había crecido en Coyle no le disgustó la idea de que lo destinaran a un pueblito.
El pueblo de Bahía Laura parecía floreciente hasta que cambiaron el trazo de la ruta, lo mismo que le sucedió a Coyle. Había una comisaría, el Correo y hasta cinco hoteles, algunos dueños desarmaron y se fueron a San Julián o a Gregores, solamente quedó el Correo en donde estaba el jefe y un guardahilos. 
En 1945 Alberto llegó al pueblo y le tocaba recorrer la línea hacia el lado de Deseado, pero en cuanto podía se iba para alguna estancia a ayudar a rodear, señalar o en la misma esquila. 
Alberto se casó con Margarita Pérez, de una numerosa familia de Bahía Laura. Más adelante dejaron ese pueblo y viajaron a Gallegos, pero a Alberto no le gustó el cambio y en 1949 pidió el pase a Puerto Coyle donde quedaba poca gente, los Velares y la familia de Arturo Yebes. Un solo hotel, de Constantino González y el Correo. El sábado o domingo organizaban un asado, iban a caballo o caminando hasta la estancia “Smith” para comprar la carne. 
El conocimiento que Alberto tenía de la zona era admirable, los lugares, las huellas, las estancias, las secciones, cada rincón, vega, cañadón, una aguada. En el vehículo -meticuloso- llevaba siempre pala, picota, un tablón. 
En 1952 dejaron Coyle definitivamente y volvieron a Gallegos, con sus hijos Carlos, Elena y “Tato”, pero esta vez Alberto dejó el Correo y se reincorporó a la Policía. 
Sabino Argüelles y Agueda Rodríguez llegaron de Asturias en 1905 y vivieron brevemente en Punta Arenas, Chile. Allí trabajó en un aserradero porque era carpintero y conoció a un tal Matta que lo convenció de trasladarse a Puerto Coyle que recién se formaba.
En Puerto Coyle tuvieron cuatro hijos: Eladio, Sócrates, Marina y Argentina. Sabino era herrero y carpintero. Tuvo un camión con el que bajaba lana de las estancias. El abrió su herrería, herraba caballos, arreglaba las ruedas de las chatas, yanteaba ruedas de carros y hacía los caños para las estufas. Tenía una fragua, un yunque y muchas herramientas. Hizo su propio torno con transmisión por poleas y ruedas con dos pedales. Así armó camas, mesas, sillas y una rueca.
En Coyle el problema era la falta de agua potable y las casas recolectaban agua de lluvia de los techos por medio de canaletas hacia pozos, aljibes, pero no era suficiente, entonces la gente iba a buscar agua cerca de la estancia “Coy Inlet” de Smith. Sabino también se dedicó a la perforación de suelos para hallar el agua que abasteciera a las estancias de la zona: “Un día se encaprichó con que iba a sacar agua de Coyle y con mi hermano mayor, Eladio Argüelles, comenzaron a trabajar a cien metros del mar, detrás de casa. Hizo un antepozo de catorce metros a pico y pala y lo fue encajonando con madera y chapa para que no se desmoronara y de allí hacia abajo empezaron a perforar con el martillo mecánico. Cavaban con barretas y una perforadora que de martillo en un trípode, tenía un yunque de hierro que subían con cadenas en unas guías y al soltarla, golpeaba el caño con fuerza y lo enterraba. Este caño tenía filo en su extremo inferior, entonces ya enterrado se giraba para aflojar la tierra alrededor. El terreno era todo piedra y los pobladores decían que era imposible que lo lograra… “¡Qué va a sacar agua este gallego!”, pero finalmente la encontró y era hermosa, clarita y salía con gas como si fuera soda. Más tarde la entubó, armó un molino para extraerla y empezó a venderla con el carro”, recordaba su hija Argentina Argüelles. 
Muy pronto logró obtener agua en el pueblo de Coyle y se dedicó a repartirla con un tanque sobre un carro, entre la vecindad, cobrando una módica suma. 
En los años ‘30 los Argüelles, como tantos otros, debieron trasladarse a Río Gallegos porque el pueblo no ofrecía muchas posibilidades.
Sócrates Argüelles bajaba la lana de la estancia “Los Alamos”, en camión, hasta Puerto Coyle. Argentina lo acompañaba en el primer viaje para quedarse unos días con los Gutiérrez, que administraban la estancia. A ella le encantaban las fiestas que se organizaban en Puerto Coyle. En un baile conoció a “Caleya” García Menéndez, que trabajaba en “Los Alamos”, aunque pasaron varios años hasta que los Argüelles se trasladaron a Gallegos, volviéndose a encontrar. 
Entre Río Gallegos y Puerto Coyle continuaban las conexiones familiares… Soledad Martínez, que había nacido en Asturias, España, era de una familia de labradores. Llegó a Río Gallegos donde ya vivían sus hermanos: Manuel Martínez, quien había llegado primero al sur y luego trajo a Emilio, Aquilino y Josefa Martínez. Los varones se dedicaron a las tareas rurales y en Gallegos vivieron en una casita que estaba en la esquina de Sarmiento y Alberdi. En 1921 Soledad se casó con el irlandés Thomas Brehney y pronto se radicaron en la estancia “María Inés”. Su hermana Josefa Martínez se casó con José Camporro, radicándose en Puerto Coyle donde tuvieron un hotel. 
En 1892 Juan Méndez llegó de Barallobre, en el Ferrol, en el buque Mitre a Río Gallegos y fue uno de los carpinteros que trabajó para levantar la primera sede de la Prefectura, además fue contramaestre, pero en 1910 se marcharía. 
En 1908 llegó su hijo Juan Antonio para estar junto a su padre, trabajó en La Anónima y luego se independizó. Más tarde volvió a España para buscar a su hermano Andrés. Juan después abriría su comercio “Casa Méndez”.
El otro hermano, Gerardo Méndez, llegó a Gallegos en 1925, trabajó como carpintero en Lago Argentino, pero enfermó y en 1930 regresó a España. 
Andrés Méndez trabajó en La Anónima de Gallegos y después estuvo frente a la sucursal de Puerto Coyle, allí conoció a Rosa Camporro, se casaron y cuando cerró La Anónima de Coyle, volvieron a Gallegos; después se radicó en Buenos Aires. 

(Continuará…)
Domingo 23 Jul 2017