Domingo 13 de Agosto de 2017
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Pablo Beecher
Puerto Coyle
Un pueblo costero barrido por el viento
En esos años todavía el tehuelche formaba parte del paisaje en este paraje frente al mar al que llegaban caravanas de chatas cargadas de la preciada lana para ser embarcada. En 1904 Constante González llegó a Chile como polizón proveniente de La Coruña. Allí los paisanos españoles le recomendaban dónde y con quién trabajar. Mientras vivió en Puerto Montt conoció a Desideria Valenzuela y en 1909 arribaron primero a Río Gallegos, pero después de algunos años siguieron a Puerto Coyle donde en los años ´20 abrieron el hotel “La Aurora”. No tuvieron hijos, sin embargo criaron a cuatro niños. Jorge Stambuk arribó desde Dalmacia, después
Domingo 30 Jul 2017
Ana Yebes junto a Mabel Miller y su sobrina Doris Halliday, “Cañadón del Rancho”, años ´40.

Ana Yebes junto a Mabel Miller y su sobrina Doris Halliday, “Cañadón del Rancho”, años ´40.

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Constante González y Desideria Valenzuela

Esta es una historia de niños de Coyle que quedaron sin sus padres y de un matrimonio sin hijos que tomó esa inmensa responsabilidad. En los años ´30, Carolina y Rafael Ruiz nacieron en Puerto Coyle. El padre, Antonio Ruiz, trabajaba en el campo y la madre, Beatriz Constante, quedaba en el pueblo. El era carpintero y trabajaba muy bien el cuero.

Un día ella se marchó con un trabajador rural y quedaron solos. Antonio volvió del campo y se encontró con la noticia, entonces ofreció a sus dos hijos a dos familias porque no podía cuidarlos. Carolina se crió con la familia de Mariano Bórquez mientras que Rafael, con los González. Después, al padre biológico, lo veían de vez en cuando.

Los padres adoptivos fueron Constantino González y Desideria Valenzuela. El era español, sus padres tenían en La Coruña un pedazo de tierra donde cultivaban y criaban animales. Ella era chilena, de Valparaíso. 

Constante vino a la Argentina en 1904. En su región escuchaba con frecuencia que en el sur de América cosechaban el dinero como heno con horquillas. Muchos venían entusiasmados y de a poco se iban acomodando. El era un muchacho cuando se vino de polizón en un barco uruguayo, pero cuando la tripulación lo descubrió le dieron tareas de grumete para ganarse el plato de comida y debía dormir dentro de un bote salvavidas. La bruma de la marea lo empapaba durante la noche y recordaba que eso era la muerte. Ese era el precio que pagaba por su porvenir.

Una vez que tocaron el puerto de Montevideo, siguió viaje a Santiago de Chile en el mismo barco. Entre los españoles de Santiago supo que en las grandes estancias de la Patagonia daban empleo y escuchó hablar de la Sociedad Explotadora y otras estancias. Un grupo de gringos -entre los que estaba Constante- se embarcó hacia el sur de Chile. 

En Puerto Montt quedó algún tiempo trabajando de mozo en un hotel donde lo habían recomendado, y además anduvo en los barcos pesqueros. 

Más adelante fue a la estancia “San Gregorio” de José Menéndez como ayudante de cocina. En el hotel -con anterioridad- había conocido a Desideria Valenzuela, que era mucama, y se pusieron de novios. Ella le dijo que fuera tranquilo al campo y que después ella lo acompañaría.

En esa época se hizo muy amigo de otro español, Alfredo Gutiérrez, que le recomendó venir a Santa Cruz. El trabajaba en la estancia “Los Alamos” de los Gilli, cerca de Coyle y llegó a ser administrador.

En 1909 Gutiérrez ayudó para que Desideria viniera a Río Gallegos, arribó en el correo que tenía Rogelio Alvarez a Punta Arenas. 


Hacia Puerto Coyle

Desideria primero vivió en Gallegos y después de algunos años se fueron con Constante a Puerto Coyle.

En ese pueblo -como dijimos anteriormente- funcionaban unos pocos hoteles como el “Español”, algunos comercios, la escuela, el correo y la policía. En el puerto embarcaban la lana de las estancias de la zona y es por eso que cuando venían las tropas de chatas o carros que bajaban la lana había bastante movimiento en el pueblo, además llegaban de a caballo los empleados de las estancias.

Entre 1920 y 1921 Constante todavía trabajaba en el campo cuando fue la huelga rural, estuvo comprometido y tuvo una intensa participación. Debió andar escondido durante mucho tiempo. Desideria le llevaba la comida de noche con mucho cuidado hasta un lugar distante. 

El contaba que tenía un caballo que le salvó la vida dos veces mientras lo perseguían los militares. En una oportunidad por suerte el caballo saltó un alambre. Otra vez porque saltó con el animal al río y lo cruzó a nado. 


El hotel “Aurora”

En Coyle construyeron en hormigón un hotel que llamaron “La Aurora” que tenía una cantina grande, un comedor grande y otro chico, una cocina grande y otra chica, con una despensa, además de seis habitaciones; tres tuvieron su baño privado. En una sala estaba el billar para que jugaran los pasajeros o los parroquianos.

Constante viajaba a Gallegos en carro y después en un Ford A para comprar los víveres del hotel. El viaje demoraba un día completo para venir y otro para volver, entonces llevaba su Winchester y aprovechaba a cazar un guanaco o avestruces. El mismo las preparaba.

Ellos no tuvieron hijos, sin embargo criaron a cuatro chicos: los hermanos Valderrama, Arturo Yebes y a Rafael Ruiz, que tuvo como apodo “Churrinche”.

Desideria cocinaba y Constante atendía la cantina, mientras que los chicos ayudaban a atender las mesas y hacer los mandados.

En el patio tenían una quinta bien surtida, criaban chanchos y gallinas. Constante cazaba guanacos que llevaba en el carro y preparaba las facturas con carne de cerdo y de guanaco. Había chacras de forraje para los caballos propios y los de la gente que se hospedaba.

En invierno se acostumbraba a que mucha gente de campo lo pasara en el pueblo, paraban casi toda la temporada y pagaban por adelantado la estadía y el mantenimiento de su caballo a pesebrera. Había que tener cuidado porque la gente de campo solía andar armada por más que hubiera policía.

El invierno era crudo por más que estuvieran cerca del mar.

Uno de los muchachos era el tropillero y debía buscar a los caballos en el potrero, llevarlos a la caballeriza, cepillarlos y darles de comer. El lema de Constante: “Primero los animales, después nosotros”. 

El camioncito era exclusivamente para viajar a Gallegos porque todo lo demás lo hacían usando el carro tirado por caballos, como ir a buscar leña para las estufas. 

En verano iban con frecuencia a un campo siguiendo una huella de la costa del mar a unas seis leguas para juntar mata, calafate, molle o incienso. Había que estar atento a las seis horas de marea.

Estos eran campos de la estancia Smith (“Coy Inlet”) y tenían buen trato con sus dueños. 


De Dalmacia a Puerto Coyle

Jorge Stambuk nació en Dalmacia en 1894, tiempos en que esa tierra aún pertenecía al Imperio Austro Húngaro. El contaba que sus hermanas eran bailarinas clásicas. El apellido original era Standelperger que en el año 1713 fue cuando el primer Stambuk llegó a Selea en la Isla de Brac, proveniente de Praga, capital de la actual República Checa. Ya su padre, Nicolás, había emigrado a la Patagonia a principios del siglo XX y nunca más supieron de él en Europa. Es por eso que años más tarde, antes de la Primera Guerra Mundial, Jorge viajó a la Patagonia en busca de su padre, y tras un largo viaje en barco recaló en Puerto Coyle. 

Allí, casualmente, supo que Nicolás se encontraba en Punta Arenas y que había poblado un campo en la zona de Puerto Santa Cruz. Al cabo de un tiempo, padre e hijo se reunieron finalmente, pero Nicolás había formado una nueva familia, no obstante ello le ofreció a su hijo trabajar con él en el campo, pero Jorge Stambuk prefirió radicarse en Coyle para trabajar en las tareas rurales de las estancias de la zona.

No tuvo oportunidad de hablar su lengua porque no había muchos paisanos de su tierra en la zona de Coyle, pero en una oportunidad arribó al pueblo un grupo de gitanos y él se acercó a conversar con ellos porque le pareció entenderlos, claro, eran oriundos de Montenegro, vecinos de su patria.


Jorge Stambuk y Elena Césped

Una vez en Coyle, conoció a Elena Césped, hija de José Miguel Césped y Candelaria Núñez, y se casaron en 1921. Pronto nacerían sus hijos: en 1922 Miguel; siguió Dorotea, que falleció muy pequeña; Dalmacia y por último, Jaime. Todos los partos fueron atendidos por Candelaria.

En 1932 estaban establecidos en la estancia “Punta del Monte” con sus hijos Miguel y Jaime, en cambio Dalmacia permaneció con sus abuelos en Coyle. En una ocasión, mientras Jorge participaba de un arreo, lo sorprendió una intensa lluvia y pronto enfermó de pulmonía. Viajaron a Gallegos para que el doctor Benigno Carro lo atendiera, pero nada se pudo hacer y al poco tiempo falleció, dejando a Elena sola con sus tres pequeños hijos. Ella quedó viviendo en Gallegos con los dos hijos varones, mientras que Dalmacia continuó en Coyle durante un tiempo más junto a los abuelos.

En la playa se veían las pilas de fardos y allí iban los chicos a jugar saltando de un lado al otro. El viento y el frío se sentían exageradamente, era una aldea muy desolada a orillas del mar.

Dalmacia pasaría la mayor parte del tiempo en la casa de su abuela Candelaria. El abuelo José Miguel Césped tenía el correo oficial de Puerto Coyle a Río Gallegos, manejando un Ford T y en Gallegos se hospedaba en la pensión “El Caballo Blanco”, donde después estuvo “La Feria Franca”. 

Candelaria era una mujer muy hacendosa y ocupaba su tiempo atendiendo a sus hijos y nietos, cocinando, haciendo el pan y lavando ropa. Ella era chilena y cocinaba exquisitamente: cholgas de Punta Arenas, que hacía en guiso y en sopa; el luche y el cochayuyo, además de cazuelas y cualquier otra comida. Ella falleció a los 94 años de edad.

Dalmacia recordaba de Coyle a varias familias tehuelches cerca del mar: doña Ana que era la más anciana y usaba una vincha en su frente, la Mauricia y la Candelaria, entre otros. Las mujeres vestían sus polleras largas: “A veces nos cruzábamos con ellas en el local de La Anónima y las escuchábamos hablar en su lengua original. Yo era niña y les tenía algo de miedo, aunque eran muy tranquilos; vendían sus capas y fajas y mi abuela Candelaria tenía un hermoso quillango sobre su cama hecho por ellas”.


De Coyle a Gallegos

En 1934 José Miguel y Candelaria Césped se trasladaron a Río Gallegos con algunos de sus hijos y su nieta Dalmacia. Allí compraron la antigua casa de Luis Núñez en Zapiola y Jofré de Loaiza. En Gallegos Elena Césped se casó con Francisco Oltmann, un alemán empleado de Vialidad. Ellos se radicaron en Piedra Buena donde nació su hija Juanita, pero en 1936 regresaron a Río Gallegos donde Oltmann tuvo un taxi. 

Miguel Stambuk fue a la escuela en Coyle y después al Salesiano de Río Gallegos de donde recordaba lo menos grato: cuando lo castigaban pegándole con el puntero en los dedos. Trabajó de cadete en Casa Adróver y también fue vendedor de diarios por la calle. El 1º de agosto de 1937 ingresó en el Correo de Piedra Buena designado como mensajero de telegramas en bicicleta. 

En 1940 tuvo el pase a Gallegos donde continuó su carrera. En 1948 se casó con Orfelina Bórquez, hija de Antonio Bórquez y Orfelina Matus; prima de los Bórquez de Puerto Coyle, y se conocían de la infancia. Ella fue operadora en la Telefónica de los Picard. Tuvieron una hija: Norma.

En Gallegos Miguel también tuvo taxi, en la parada de Roca y Errázuriz, frente a lo de los Guirado. En los años 1957 y 1958 fue secretario administrativo de la Municipalidad y desde el año 1963 hasta 1966, concejal por la Unión Cívica Radical del Pueblo junto a Oliva Peña, Juan Montané, Victoriano Manzanares, Pepe Ajís, Benjamín Verón y Máximo Maimó, acompañando la intendencia de Wenceslao Peisci.

En el Correo llegó a ser jefe de Explotación, jubilándose en noviembre de 1981, cumpliendo 44 años de labor en el Correo. 

Jaime Stambuk se casó en Buenos Aires con Hilda Gómez, casualmente ella también era hija de pobladores de Puerto Coyle, vivieron en Buenos Aires y luego en Mar del Plata.

Dalmacia Stambuk, después de vivir su primera infancia en Coyle, continuó en la Escuela Nº 1 de Río Gallegos. Más tarde aprendió costura en casa de Adelina, viuda de Blumetti y en la sastrería de Graña. A los 17 años ingresó a la Ferretería Moderna de Tanarro y Picón.

En 1949 Dalmacia se casó con Domingo Oscar García y tuvieron una hija: Marta. Domingo había llegado a Río Gallegos en 1947 integrando las filas del primer contingente de Gendarmería Nacional. Más tarde se retiró e ingresó a la Escuela Fábrica donde fue preceptor, luego fue secretario general en el Consejo Agrario hasta que se retiró de la actividad pública.

Después de trabajar con Tanarro, Dalmacia pasó al Juzgado de Primera Instancia y más tarde al Tribunal Superior de Justicia que presidía el doctor Lunardello. Coyle quedaba en el recuerdo…


(continuará…)

Domingo 30 Jul 2017