Miercoles 13 de Septiembre de 2017
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Pablo Beecher
Bahía Laura
El telégrafo la ilusionó de ser pueblo
El movimiento portuario de Bahía Laura alentaba a una población incipiente como sucedió con Puerto Coyle y Mazaredo. En la zona habían poblado las familias Hartig, Anderson, Hope, Macleod y Jolly, entre otras, que frecuentaban Bahía Laura, atentas al arribo de los buques que aseguraban el traslado de la lana, la llegada de mercadería, víveres, materiales y correspondencia desde Buenos Aires y Europa. Hacerse de la tierra era quizás más fácil que luego conservarla, debiendo sortear algunos pioneros distintos obstáculos que veremos a continuación.
Domingo 27 Ago 2017
Emma Jolly, Emma Marot de Jolly, Elena y Henriette Jolly, Edith Hope de Macleod, con sus hijos, y Marcelle e Ivonne Jolly, vecinos de la zona de Bahía Laura.

Emma Jolly, Emma Marot de Jolly, Elena y Henriette Jolly, Edith Hope de Macleod, con sus hijos, y Marcelle e Ivonne Jolly, vecinos de la zona de Bahía Laura.

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En “La Henriette”
Más adelante, Enrique Vichot le vendió la estancia “La Henriette” a José Félix Auge y contrató por dos años al maestro francés Luis Tisier, que era muy preparado y también había estudiado en España. Los niños Jolly tenían clases todos los días y cuando terminaba el ciclo rendían exámenes. También estudiaban los hijos del maestro: “Quiqui” y “Lulú” Tisier.
Constantino Jolly quería que sus hijos aprendieran primero el francés que hablaban en su casa y cuando contrataron al maestro les dijo: “Bueno, ahora tienen que aprender castellano”. 
(Tisier antes acopiaba pieles de liebre en Buenos Aires para importarlas a Europa, hasta que en la Primera Guerra los alemanes hundieron un barco en el que viajaba su cargamento y su actividad quebró. Como Auge era su amigo, le ofreció volver a trabajar como maestro).
En el campo tenían un sulky, una jardinera y una chata grande que tiraban diez o doce caballos, o hasta catorce cuando la carga era mucha. Cuando llegaba la orden de Auge, el trabajo de Pedro Jolly era llevar la lana en la chata hasta Bahía Laura para embarcarla. 
Este puerto quedaba a 35 kilómetros de “La Henriette” y con la chata cargada de fardos seguro que tenía que hacer una parada. Si era muy tarde, Pedro paraba en el bajo de “La Unión” o a una legua de Bahía Laura, que eran campos de “Mala Cara”, de Jimmy Hope, en donde había una aguada grande. Tenía que desatar a todos los caballos, guardar los arneses arriba de los fardos y taparlos con lonas, porque, de lo contrario, los zorros grises se los comían. 
En la culata de la chata dejaba atado un nochero, con bozal, para salir al otro día temprano a campear los caballos que estaban desparramados. Si había caballos medio mañeros o “macacos”, los ataba a la chata y un poco a los corcovos, acompañaban a los mansos. Como a la vuelta iba con la chata vacía, era probable que llegara a la estancia en el mismo día.
En 1925 le tocó a Pedro hacer el servicio militar, entonces su hermano Andrés fue quien siguió haciendo estos viajes en chata.

El camino a Deseado
Cuando dejaron de llegar los barcos a Bahía Laura tomaron contacto más fluido con Puerto Deseado, que está distante a 33 leguas. Llevaban la lana hasta Paso Marsicano, donde estaba el hotel de Marcelino Martínez y su esposa Flora, y de allí, cruzaban el río Deseado para llegar al pueblo con la lancha “Enosis”, de La Anónima o el “España”, de Tola.
O se cruzaba de Puerto Jenkins con la balsa de Lavatelli y esperaban en la posada de Ramón Martínez. Si era un viaje normal, se levantaba una bandera blanca, pero si era un caso grave se levantaba una bandera roja, para que la lancha cruzara cuanto antes.
Estando en Deseado hacían las compras en la Argensud y en “La Patagonia”, de Martinovic.
En la época de los arreos al frigorífico dejaban los fardos de pasto en el camino para que los arrieros le dieran de comer a los caballos. Hacían paradas en lo de Wilson y en lo de Piccinini, hasta llegar a “Las Bandurrias” y al otro día entraban con los animales al CAP.
En los años de la huelga rural, “La Henriette” era una estancia que pisaba fuerte. Jolly fue socio del Jockey Club y del Hospital Francés de Buenos Aires.
En un momento tuvieron una guardia de la Marina porque había rumores de que los huelguistas querían asesinar a todos los que habitaban la estancia y quemarla. Ellos querían llevarse a los dueños para tenerlos como rehenes. Sabían que en la zona de San Julián los huelguistas habían hecho destrozos. Los soldados armaron una especie de trinchera con los fardos de lana y en los ratos libres jugaban al fútbol. 
A Pedro le tocó buscar el mejor caballo de la tropilla para ir a pedir auxilio a Bahía Laura. Tenía que conseguir un vehículo prestado para que todos abandonaran la estancia. En este pueblo no consiguió ningún coche y siguió a la estancia de los Anderson, donde le prestaron uno y volvió a “La Henriette”. 
Constantino estaba en Punta Arenas haciendo trámites para obtener la administración de la estancia “La Matilde”. Estaba de paso por Río Gallegos cuando se enteró de la situación y regresó cuanto antes. 
Emma estaba asustada, hizo las valijas, quedó un cuidador en la casa y toda la familia fue en un Ford T a Puerto Jenkins. Tenían miedo de encontrarse con los huelguistas en la huella, pero por suerte no vieron a nadie. Una vez que llegaron a Puerto Jenkins dejaron el auto tapado con una lona y un cable de acero con candado para que no lo robaran. En una lancha cruzaron el río y permanecieron en un hotel hasta que pasara lo peor.
José Félix Auge tenía en Buenos Aires una oficina de representaciones, pero de pronto quebró y la estancia “La Henriette”, que administraban los Jolly, salió a remate por intermedio del Banco Nación. 
Era 1936 cuando varias personas se hicieron presentes en el remate donde Jolly no podía perder la oportunidad. Había un fuerte en el remate, Bill Anderson, que peleaba a ver quién daba más hasta que Jolly se plantó y, enojado, le dijo al martillero: “¿A usted le parece que hay derecho, después de tantos años de trabajo y con nueve hijos, a que se me pueda quitar este campo por unos pocos pesos?”. 
El martillero bajó su martillo y la estancia quedó para ellos. La noticia de la compra se transmitió por la radio para que los hijos, que estaban en el pueblo, supieran el resultado del remate. La “Casa Martinovic”, de Esteban Martinovic, le prestó a Jolly el dinero que le faltaba para comprar la estancia.
Como en Santa Cruz no hubo muchos franceses pobladores, podemos dar algunos detalles de su exquisita cocina… Emma preparaba la blanquette, que era la carne saltada con cebolla y ajo a la que le agregaba una o dos cucharadas de harina. Cuando está cocida se le ponen dos claras de huevo y se bate todo. Por otro lado se baten las yemas con un chorro de vinagre y después se le agregan a la carne.
Un rico postre eran los “oeufs a la neige” (huevos a la nieve) que eran las claras a nieve, bien batidas, que se echan por cucharadas a una preparación de leche, vainilla y azúcar, que está en el fuego, y se retiran. Después a la leche se le agregan las yemas para espesar el postre. Es una mousse riquísima.
En la sala de la estancia la victrola dejaba sonar polcas, mazurcas, tangos, pasodobles y valses.
En carnaval Constantino pagaba un palco en La Española de Deseado para las seis noches y las hijas estaban felices de permanecer en el pueblo. En esos años llegaban orquestas de Buenos Aires a quedarse la temporada y se organizaban concursos de tango.
Un día que iban a buscar la carne paró un coche en el cruce del camino que conducía a la casa grande y el que llevaba a Bahía Laura. Un hombre les preguntó a las hermanas Jolly: “Señoritas, ¿Esta es la estancia del señor Jolly?” - “Sí” y siguió hasta la casa. Cuando llegaron al hogar se enteraron de que era el Gobernador Gregores, que se acostumbró a parar en “La Henriette” cuando recorría esa zona. El decía: “Me gusta mucho la Patagonia, pero el viento...”.
En 1941 falleció Emma Marot y dos años después, Constantino Jolly.
Esta estancia cercana a Bahía Laura, “La Henriette”, incluía los lotes 5, 6 y 7, que después dividieron, dejando la estancia original para Pedro, “La Unión” (que se compró a unos alemanes), quedó para René, y “El Mojón”, que era parte del campo original, para Andrés y Norberto. Las propiedades en el pueblo quedaron para las cinco hijas mujeres.
Otros pobladores recalaron accidentalmente en la zona de Bahía Laura… William Bain, nacido en 1877, fue el primero de los cinco hermanos que emigraron de Escocia. El llegó a Punta Arenas alrededor de 1896, trabajó en diversas estancias en la región del río Coyle -en algunas de ellas junto con John MacLeod- y a continuación se dirigió al norte, siguiendo la costa atlántica hasta Bahía Laura, pero los campos de allí se inundaban muy a menudo y William tuvo que dejar el lugar una vez más.
Más tarde empezó un largo recorrido a caballo hacia el oeste y la cordillera de Los Andes. Cruzó la frontera a Chile e ingresó en la región de Aisén, que estaba cubierta por profundas selvas primarias y muy escasamente poblada. Exploró valles inhóspitos hasta llegar a las llanuras costeras donde finalmente se estableció. En ese lugar se reunió por primera vez con Mauricio Braun que estaba tratando de iniciar una nueva explotación de ovejas en la zona. 
William Bain y Mauricio Braun luego poblaron en la zona de Deseado la estancia “La Josefina”.

Los Schupbach
Juan Schupbach y Lina Níger eran suizos, que se conocieron en Buenos Aires. El trabajó desde muy chico en hilanderías con los pies metidos en el agua y eso le perjudicó mucho la salud. En esa época los niños trabajaban a la par de los adultos, aún no había leyes laborales.
Ellos se casaron y fueron a vivir a San Nicolás, donde nació su hijo Marcelo Schupbach. Eran cuatro hermanos: Marcelo, Carlos, Lina y Sara. En 1904 Marcelo estudiaba en el Colegio Alemán de Buenos Aires. 
En Buenos Aires Juan Schupbach era mecánico y se encargaba de las máquinas de los talleres y las cámaras de los frigoríficos, es por eso que lo llamaban “ingeniero de frío”. 
En una exposición compró 5 mil acciones de una Colonia Agrícola Alemana en Tamel Aike, territorio de Santa Cruz. Había en ese lugar una maqueta con el plano del pueblo que incluía escuela, hospital, policía, además de la producción de frutas, verduras y hortalizas. Un tal Brickman era representante de la Sociedad Germano Argentina y quien organizaba a los accionistas para que viajaran a la nueva colonia.
En 1911 Juan y Lina llegaron con sus hijos a Puerto San Julián junto con otros colonos alemanes, preguntaron por la colonia alemana y para su desconcierto les dijeron que no existía. Igualmente insistieron en trasladarse al lugar, pero significaba cerca de un mes y medio de viaje hasta la Cordillera. No había camino siquiera, entonces desistieron de viajar hasta la supuesta colonia y no tuvieron más remedio que quedarse en el pueblo. 
Juan se empleó de mecánico en el frigorífico Swift y su hijo Marcelo, que tenía trece años, quedó de empleado en el boliche que tenía la Compañía Argentina del Sud dentro del predio del Swift.
En 1914, aproximadamente, el frigorífico hizo que se cerrara el boliche, seguramente por la venta de bebidas alcohólicas o porque empezaba la guerra y la firma comercial era de capital alemán. 
En ese momento trabajaban en Swift alrededor de 600 empleados.

Bahía Laura y Las Heras
A Marcelo Schupbach lo enviaron de gerente al negocio de la misma firma, pero en Bahía Laura y tres o cuatro años después lo enviarían a Las Heras. 
En 1920, durante la huelga, los militares lo llevaron de chofer con el vehículo de la Compañía Argentina del Sud por la zona de las estancias “San José” y “La Mata”.
En esa época, los Müller, dueños de la compañía, tenían varias estancias, entre ellas “Cerro 1° de Abril” en donde tenían a José Vildarraz de encargado y le pidieron a Juan Schupbach que solicitara el campo vecino que llamaría “Sarita” como su hija menor. 
El depositó en la firma 15 mil pesos para poblar el campo, cedió cinco mil para comprar dos mil ovejas y cinco o seis leguas de alambre. 
Había ahorrado bastante dinero modificando un mecanismo de los barcos que llegaban al frigorífico de San Julián. Estos barcos tenían solamente un eje motriz a la hélice y vibraban demasiado, entonces Juan los cortaba y fabricaba una cruceta que terminaba con el problema.

(continuará…)
Domingo 27 Ago 2017