Miercoles 22 de Noviembre de 2017
RGL14,5 ºC ST 14,5 ºC H 35 % +info
8653 lectores en línea
Aniversario
“Los Vascos”: un bar repleto de historia
El bar “Los Vascos” continúa vigente a pesar de haber transcurrido varias décadas desde su apertura. Ubicado en una de las esquinas más tradicionales de la ciudad, detrás de sus puertas se conserva la estirpe de su inicio y se esconden cientos de anécdotas que forman parte de la historia de Río Gallegos.
Jueves 7 Sep 2017

  1 de 2   Anterior Siguiente
El pasado 1 del corriente mes, Ramiro Kroeger celebró un nuevo aniversario al frente de una de las esquinas más tradicionales de la capital santacruceña.
Detrás de las puertas despintadas y la barra de madera que conserva el estilo de sus inicios allá por 1935, se esconden cientos de anécdotas que forman parte de la historia de Río Gallegos. Situado en la intersección de las calles Néstor Kirchner y Santiago del Estero, el mítico bar y ex hotel “Los Vascos” vio pasar a personajes destacados de la política y la cultura que dejaron su huella en las fotografías y recuerdos que revisten las paredes del pintoresco lugar donde hoy conviven varias generaciones.
“Más que clientes, para mí son amigos”, cuenta Ramiro Kroeger (87), tercer propietario del bar y ex hotel que compró en 1958, año en que asumió su cargo el primer gobernador de Santa Cruz Dr. Mario Paradelo, tras su provincialización. Ubicado estratégicamente cerca del puerto, en ese entonces el paisaje era distinto: las calles eran de tierra y polvo, había menos casas, todos se conocían y la mercadería se repartía a pie o en carro. Para 1960 en Río Gallegos había unos 14.000 habitantes de los más de 100 mil que hoy se proyectan, en función de las últimas cifras que arrojó el último censo del 2010.
Oriundo de Chiloé (Chile) y descendiente de alemanes, llegó a Puerto San Julián a los 16 años donde incursionó en el rubro gastronómico como ayudante de cocina del Hotel Aguila. Más tarde administró un hotel hasta que finalmente se trasladó a Río Gallegos diez años después, donde compró el fondo de comercio de “Los Vascos” manteniendo el nombre que le pusieron sus fundadores de origen español: Arregui y Cuesta. Aquí conoció a Elvira Monge con quien tuvo tres hijos: Fabián, José y Liliana, y más adelante cuatro nietos.
Durante la segunda mitad de siglo XX los empleados de los frigoríficos, los trabajadores rurales, los estibadores e incluso los soldados retirados que arribaron a la ciudad ante un posible conflicto con Chile por el Canal del Beagle se alojaron en el hotel que supo tener diez habitaciones que albergaron huéspedes hasta la década de los 80’. Asimismo los pilotos argentinos de la Guerra de Malvinas entraban al bar para comer algo, conversar y escuchar la radio, donde además funcionaba el comedor del hotel. “No era fácil para ellos dejar a su familia y no saber si volvían o no con vida”, comenta mientras señala orgulloso una bandera argentina con dedicatorias que le regalaron en su visita, en mayo del año pasado, los mismos ex combatientes del Escuadrón Aéreo A4B que pasaron por allí.
Vale destacar que por decisión propia y aunque hay un mantenimiento periódico, tanto el exterior como el interior de la construcción no tienen modificaciones, respetando lo que dicta el texto mediante el cual se lo declaró patrimonio histórico municipal. El piso de mosaicos grises con un diseño de rombos blancos y bordó, testigo de bailes y celebraciones, se mantiene reluciente como el primer día. Sobre este están distribuidas las seis mesas de madera oscura con sus respectivas sillas tapizadas en blanco marfil que llegaron el último viernes de agosto, mucho más modernas que las anteriores, pero armoniosas con la estética del lugar.
Hoy en las paredes color beige abundan banderines, poemas, cuadros y fotografías en blanco y negro que los clientes y turistas fueron dejando a lo largo de los años, a modo de recuerdo. En un rincón lleno de luz y plantas, frente a la ventana que da a la calle doble mano, se ubica el antiguo piano en comodato perteneciente a la familia Krecul. En el fondo los espejos del mueble de madera tallada reflejan las botellas del clásico vermut Cinzano, whisky añejo, fernet, entre otras bebidas que descansan en el mostrador, además de la infaltable cerveza en las dos heladeras exhibidoras. Del otro lado de la barra en la que se apoya la antigua caja registradora de hierro que aún funciona, Ramiro atiende solo a sus clientes, como todos los días casi de forma ininterrumpida desde hace muchos años, salvo raras excepciones.
Su rutina empieza cerca de las 10 de la mañana cuando abre el bar, hasta la hora del almuerzo. Come con su esposa, duerme unas horas y retoma aproximadamente a las 17 para cerrar a las 22, según los planes de la noche. “Cuando era más joven me quedaba despierto hasta la una o dos de la madrugada, pero ahora ya no”, recuerda con nostalgia y escarcha en su pelo, lo que delata el paso del tiempo. En cuanto a las charlas, advierte que “de política y de religión no se habla”, aunque reconoce que, muy de vez en cuando, oficia como mediador. “Tengo una tarjeta roja, otra amarilla y un silbato”, enseña mientras esboza una sonrisa en su rostro.
Alejandro “El Gallego” Casal (53) -uno de sus clientes más fieles- es uno de los que acompaña a Ramiro hasta el auto al finalizar la jornada. “Nosotros vamos sin invitación. Organizamos todo: las pizzas, asados, paellas y también cocinamos. Es como mi segunda casa”, relata mientras repasa algunos de los nombres y apellidos de los más asiduos concurrentes. Entre los más conocidos, el profesor Emilio García Pacheco, quien fuera en vida un reconocido periodista local y uno de los mentores del ex presidente de la Nación, Dr. Néstor Carlos Kirchner.
Si bien el bar tiene aproximadamente 80 años de vida, Ramiro festejó el viernes pasado su 59° aniversario como comerciante en Río Gallegos junto a su familia y amigos íntimos, que degustaron una tierna y jugosa pata de ternera flambeada, entre risas, música y charlas cómplices.
Atrás quedaron las reuniones de la Asociación Gora Vasco, del grupo literario “Letras del viento”, los ciclos musicales de Arte Bar que alguna vez tuvieron lugar en aquel rincón a principios del año 2000. Pese a que las cosas “han cambiado y mucho” -menos la fachada intacta-, el bar que fuera declarado referencia cultural e histórica por la Secretaría de Cultura de la provincia en el 2007, sigue renovando su público y mantiene su espíritu más vivo que nunca. (Nazarena Mosquera)
Jueves 7 Sep 2017