OPINIÓN

Alberto Fernández: el año que pudo ser y el que fue

Nunca se sabrá. Existirán muchas respuestas, análisis de los más variados desde las distintas veredas políticas. Pero la realidad se impuso. Una realidad sin antecedentes en el mundo.

Por Jorge Cicuttin


¿Cómo hubiera sido el primer año de la presidencia de Alberto Fernández sin la pandemia de coronavirus? Una pregunta ineludible a la hora de hacer un balance del primer año de gobierno que se cumple hoy. Porque se debe concluir que lo único indiscutible en el primer balance, es que no se puede hacer sin darle un rol central a la pandemia.

 

En los libros de historia, más allá de lo que traigan los próximos tres años de mandato, Alberto Fernández será recordado como el Presidente de la pandemia. Son los tiempos que le toca gobernar.

 

Comenzó su administración con otras expectativas. La renegociación de una deuda externa imposible aparecía como el eje central de su gobierno: sin un acuerdo que evitara desembolsos extraordinarios no se podía establecer un plan económico y de reactivación. Llamativamente, ese acuerdo se logró. Y lo que fue un logro clave del gobierno de Alberto se vio opacado por una pandemia que ocupó todo.

 

El año termina con tres hechos fuertes. Uno se había anunciado en la campaña y no tiene que sorprender. Los otros dos llegaron de la mano del coronavirus.

 

El primero es la discusión del proyecto de ley del aborto, que vuelve a dividir a la sociedad y a los legisladores incluso dentro del mismo partido-, tal como lo hizo cuando se trató durante el gobierno de Mauricio Macri. Y se mantiene la duda sobre el final de la discusión.

 

Otro dato fuerte fue el aumento de la pobreza, que afecta a casi la mitad de la población. Un porcentaje ligado sin duda a los problemas económicos y sociales que trajo la pandemia en el país y en el resto del mundo.

 

Y el tercer hecho es el comienzo de una campaña de vacunación masiva contra el COVID-19 que será único en la historia del país. Si este último se convierte en un éxito y logra frenar los contagios significará el retorno a una nueva normalidad pospandemia y, es de esperarse, que se produzca una reactivación que logre revertir el nivel de pobreza.

 

Estas dos últimas situaciones marcarán también el destino de los candidatos oficialistas en las elecciones legislativas de medio término del próximo año.

 

 La relación entre Alberto y Cristina también estuvo presente.
La relación entre Alberto y Cristina también estuvo presente.

Pero el balance del primer año no puede obviar cómo fue la relación entre el presidente y su vice, Cristina Fernández de Kirchner. Sobre este punto hubo muchas dudas desde el mismo momento en que se hizo pública la fórmula en 2019.

 

Y sobre cómo es la relación también tenemos los más diversos análisis. Desde la versión oficial de una relación de diálogo permanente con algunas diferencias que se subsanan, hasta la mirada de una oposición salvaje que ve una crisis que hace imposible la gobernabilidad, esto último sustentado por una parte de la dirigencia política y fogoneado por periodistas y grupos mediáticos opositores.

 

La relación no es fácil. La Argentina vive por primera vez la situación de un candidato presidencial que fue elegido por el candidato a vice. Y las estrategias de hacia dónde y cómo avanzar no siempre coinciden, más en las formas que en los objetivos.

 

Una situación de debate interno, que la oposición política y mediática busca exacerbar para mostrar un presidente débil a quien desde el kirchnerismo más duro le marcan permanentemente la cancha. Y no pueden o no quieren entender que la mayoría de quienes votaron a Alberto Fernández lo hicieron sabiendo y deseando- que Cristina no sea alguien que solo toque “la campanita del Senado”, como estuvieron destinados los vicepresidentes anteriores. Los votaron deseando que la voz de Cristina sea escuchada. Y esta situación lógicamente tendrá momentos de debate, de diferencias pero también de muchos acuerdos en la administración de gobierno.

 

La oposición, especialmente macristas y radicales, se ha vuelto cada vez más dura y “salvaje”. Una grieta imposible de sanar.

 

Pasó un año de gobierno que se debatió entre lo que quiso ser y lo que fue. Un año marcado a fuego por el coronavirus, al que los argentinos le agregamos nuestras propias e históricas miserias políticas.

Desde la Casa Rosada se podrá señalar que frente a una crisis mundial, inesperada y absolutamente desconocida, se hizo lo que se pudo. Para algunos mucho, para otros muy poco.

 

En definitiva, un balance marcado por un virus que, dicen, comenzó hace más de un año en una ciudad china y que, se cree, nació en una sopa de murciélago

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