PANORAMA POLÍTICO

Elogio de la militancia

Por Jorge Cicuttin


Este martes se conmemora el Día del Militante Peronista. Se recuerda el regreso a la Argentina de Juan Domingo Perón el 17 de noviembre de 1972, tras 18 años de exilio. Un año después asumiría por tercera vez como presidente de la Nación.

 

 

Ese regreso –apenas por unos días-, fue todo un símbolo. Poco antes el dictador Alejandro Lanusse había dicho que a Perón “no le daba el cuero” para retornar al país. Una imagen que quedó inmortalizada de aquel día lluvioso fue la del entonces secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, sosteniendo un paraguas en la pista del aeropuerto para proteger a Perón de la lluvia. Un año después el dirigente gremial era acribillado en uno de los crímenes políticos más dolorosos para Perón.

 

 Perón y el regreso en 1972.
Perón y el regreso en 1972.

 

Se conmemora al militante peronista. Pero en realidad es un homenaje a toda la militancia política. Un accionar, una posición en la vida tan atacada y desprestigiada que unos cuantos suelen utilizar como una acusación. “Son militantes”, dicen, para desvalorizar y cuestionar reclamos, apoyos, movilizaciones.

 

 

En estos días en que se repiten los llamados “banderazos” opositores, marcados por un fuerte antiperonismo y un más ferviente antikirchnerismo, algunos dirigentes y periodistas los distinguen y elogian remarcando que “son ciudadanos comunes, autoconvocados, no son militantes”. Así se ven ellos mismos, creyendo que marchar por las calles con un reclamo de cambio político no es una actitud militante.

 

 

Es que una parte de la clase media argentina, tan consustanciada con el menemismo de los 90 y del reciente macrismo, desprecia la política aun cuando la haga, despotrica contra la ideología aunque con cada palabra que emite desborda de ideología y denuncia la militancia  pese a que milita abiertamente contra un gobierno y un movimiento político.

 

 

Utilizan las banderas argentinas sin pensar que hacerla flamear es toda una posición ideológica, de pertenencia. Sostienen, sin cuestionárselo por un instante, que el golpear cacerolas es un acto ciudadano de protesta que nada tiene que ver con la ideología, la militancia o la política. Porque ellos “no hacen” política, aunque marchen acompañando a dirigentes políticos que luchan por convertirse en una opción cierta de poder y llegar a la Casa Rosada en las próximas elecciones.

 

 

Ellos golpean cacerolas, no se meten en política.

 

 

 

 

Llegar a una marcha en un costoso automóvil es un acto de civismo, sumarse a una movilización a bordo de un colectivo alquilado es un asqueroso acto de clientelismo. “Van por el choripán”, dicen como un insulto.

 

 

Por cierto, que sabrosos –en todos los sentidos-, son los choripanes de las marchas, así como los de cancha.

 

 

Golpear una cacerola vacía en pleno centro porteño, entienden, es un comportamiento cívico alejado de la política. Llenar una cacerola con guiso para repartir en un barrio marginal donde apremian las necesidades es un comportamiento político, populista, que rechazan.

 

 

¡Viva la militancia política! Esa que nos hace sentir vivos, esa que nos compromete con nuestra ideología más allá del hecho de votar cada dos años.

 

 

¡Y que vivan los militantes! Los que se comprometen con su pensar. “Será que la necedad parió conmigo/ La necedad de lo que hoy resulta necio/ La necedad de asumir al enemigo/ La necedad de vivir sin tener precio”, como canta Silvio Rodríguez.

 

 

Hay que elogiar al militante, tanto a aquel que llena una cacerola con guiso como a aquel que la golpea en una esquina. Porque a pesar de que uno se sienta muy alejado de algunos de ellos, es elogiable la militancia.

 

 

 

 

Con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno y la continuidad de Cristina, se recuperó, volvió la militancia política. Especialmente en los jóvenes. El movimiento que encarnan las mujeres –especialmente las más jóvenes-, que inundan las calles reclamando derechos, exigiendo “ni una menos” o reivindicando el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, es uno de los mejores ejemplos de la recuperación de la política de los últimos años.

 

 

Una gran parte de los jóvenes militan, abandonando esa tilinguería e individualismo tan metido en las cabezas en la década del 90.

 

 

Días atrás, el 13 de noviembre se recordó el Día del Pensamiento Nacional. En 2003, un recién asumido presidente Néstor Kirchner envió al Congreso Nacional un proyecto que terminaría siendo promulgado Ley 25.844, proponiendo esa fecha para conmemorar el nacimiento de Arturo Jauretche –de origen radical, luego peronista-, una de las personas más importantes para la historia política y social de la Argentina.

 

 

Entre tantas frases y pensamientos fabulosos, Jauretche escribió: "La multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor".

 

 

La militancia llama a conquistar derechos y a defenderlos. ¡Que viva la militancia!

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