REPORTAJE CON EL MINISTRO DE AGRICULTURA, GANADERÍA Y PESCA

Luis Basterra: “Hay que pensar en proyectos asociativos para alcanzar escala”

En un diálogo en exclusiva con La Opinión Austral, Luis Basterra analiza la situación del sector en el contexto de la pandemia, la alianza estratégica con China, y la soberanía alimentaria.

Por La Opinión Austral


El macrismo había llegado al Gobierno con un discurso “pro campo”, con un fuerte discurso anclado en las economías regionales. Pero entre 2015 y 2018 se destruyeron en el país 2.642 empresas agropecuarias. Hubo apertura de importaciones y se desfinanciaron organismos claves como el INTA y el Senasa.

 

 

 

La nueva gestión arrancó con la segmentación de las retenciones y un esquema de compensaciones para les pequeñxs y medianxs productores. Pero después llegó la pandemia junto a las medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio. Desde el primer momento, el sector agropecuario fue considerado una actividad esencial.

 

 

 

 

En un reportaje en exclusiva con La Opinión Austral, el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Luis Basterra, analiza la situación de las economías regionales de la Patagonia, el rol del Estado para garantizar la soberanía alimentaria, la iniciativa Pampa Azul y las posibles alianzas estratégicas con China, sin escaparle a la polémica por el proyecto para engorde masivo de cerdos.

 

 

 

 

LOA: ¿Cómo encontraste a las economías regionales en diciembre de 2019?

LB: En las economías regionales no hubo una estrategia de desarrollo sistémica, ni en el acompañamiento a las empresas ni a las actividades productivas. Se trabajó (durante el macrismo) sobre el supuesto que indicaba que si se habilitaban mercados para la exportación, eso traccionaría las distintas actividades, pero no se tomó en cuenta la competitividad sistémica que requiere cualquier producción. Y esto involucra, por un lado, la accesibilidad a los servicios de infraestructuras de rutas; no se mejoró el sistema de energía, por el contrario, se lo aumentó a niveles exorbitantes. No se mejoró el sistema de comunicaciones; no se mantuvieron los puertos salvo por dos o tres puntos principales. Lo mismo ocurrió con el mantenimiento de las vías del ferrocarril. En las economías del norte no se avanzó en el gasoducto del NEA, pensado como una señal de igualdad de oportunidades para una región que no tiene acceso a gas por red.

 

 

 

 

LOA: ¿Qué ocurrió con el INTA y el Senasa?

LB: Se desfinanciaron ambos organismos. Entonces, también se debilitó el concepto de conocimiento aplicado a la producción agropecuaria. Se puso en riesgo la seguridad, sanidad, inocuidad y el combate de plagas. Tanto el INTA como el Senasa forman parte de un sistema de conocimiento, logística y protección general que trabaja junto a las economías regionales. Por caso, hoy estamos con un ataque de tucuras y langostas; esto es producto de tres años de desfinanciamiento del plan de lucha contra la langosta.

 

 

 

 

 

LOA: El macrismo llegó con un discurso pro mercado, pero entre 2015 y 2018 se perdieron en el país 2.600 empresas agropecuarias.

LB: Se dejó librado a que ganaran mercado sólo las empresas más grandes; cuando hay economías que requieren asistencia financiera o tomar capital fuera de la actividad, existe un segmento limitado de empresas que pueden acceder. Y en el caso de las pymes, esto no estuvo presente. Así fue como se perdieron muchos pequeños productores que dejaron la actividad o que no pudieron actualizarse en términos económicos. Ninguno de los análisis que andan dando vueltas marcan recuperación o sostenimiento de las actividades de las economías regionales. Veamos el caso del limón, donde se continuó con una estrategia que habíamos desarrollado nosotros (antes de 2015). Fueron empresas grandes con mucho capital las que pudieron exportar. Durante el macrismo hubo una apertura de mercados que finalmente no se utilizaron. Se abrieron 180 puntos de exportación de los cuales estarán activos solamente 30.

 

 

 

 

 

LOA: ¿Cómo encontraste a las producciones de la Patagonia?

LB: Las encontré con muy poca expansión. Pero con el espíritu de los productores de no aflojar a pesar de las adversidades. Las condiciones de esta región hacen que se requiera un esfuerzo mayor que en otras zonas del país por sus condiciones climáticas. El Norte de la Argentina y el Sur demandan siempre un esfuerzo mayor. He tenido reuniones con los ministerios de toda la Patagonia y asociaciones de productores. Por caso, en el Valle de Río Negro hay empresas que fueron incrementando su concentración por su volumen de capital y otras pequeñas que permanentemente requieren asistencia para sobrevivir y muchas quedaron afuera. En el Valle Medio, con más de 70.000 hectáreas plausibles de ser regadas, con tierras de altísima calidad, se cultivan apenas un poco más de 40.000 hectáreas. Esta situación amerita políticas más estructurales y no sólo recursos financieros; hay que pensar en proyectos asociativos para alcanzar escala; articular la oferta y la demanda para que se produzca lo que se consumirá. Y si esto se deja librado al mercado, probablemente esa producción la hará alguien que tenga espalda financiera.

 

 

 

 

 

LOA: Tampoco se puede quitar de la ecuación la pérdida de poder adquisitivo de la población.

LB: Ese es otro elemento de este contexto. Hubo una fuerte caída del mercado interno en un proceso de pérdida de poder adquisitivo de los argentinos que hizo que realmente se consumiera menos en la Argentina; esto complejizó las posibilidades de las economías regionales. Hoy vemos que existe una disposición a invertir, pero todo se agudizó por la pandemia y por la situación de arrastre de todas las empresas del país, y la Patagonia no fue la excepción.

 

 

 

 

LOA: ¿Cuál es el balance sobre la segmentación de las retenciones que benefició a las economías regionales?

LB: A nadie se le escapa que Alberto Fernández recibió el país con un nivel de endeudamiento sofocante y que hasta el día de la fecha está en proceso de renegociación para cerrar este capítulo. Pareciera ser que la pandemia tapó el escenario de base con el que partió este Gobierno. Para poder imaginarnos un país normal previo a la pandemia había que tomar decisiones para ordenar las finanzas sin perder de vista que las empresas venían muy golpeadas. Macri estableció retenciones en pesos con un dólar fijo, por ende las retenciones no se actualizaban si variaba la moneda. Vos despreocupate, que viene la devaluación y esto se licúa. Eso les dijo Macri a los empresarios rurales. Nuestro gobierno modificó las retenciones a ese dólar ficticio y los sectores dominantes pretendieron instalar que era un incremento de los Derechos de Exportación, pero fue una actualización. En ese esquema, se estableció que las economías regionales pagarían sólo el 5 por ciento.

 

 

 

 

LOA: ¿No todas las entidades agropecuarias estuvieron de acuerdo con la segmentación a pesar de tener un carácter redistributivo?

LB: En el caso de la soja, se fijó que si se incrementaban las retenciones por encima de un 30 por ciento, los recursos generados serían redistribuidos en el sistema previsional y entre los productores. Efectivamente se pasó del 30 al 33 por ciento, pero no hubo un incremento de los fondos del fisco sino que se redistribuyeron progresivamente entre los pequeños productores hasta una escala de 1.000 toneladas. Esto fue un pedido explícito de Federación Agraria. Cada segmento tiene sus intereses y particularidades; no hay una única política agropecuaria. Me parece bien que se junten y que unifiquen planteos donde puedan hacerlo pero la segmentación no fue acompañada por las otras entidades.

 

 

 

 

LOA: ¿Qué balance hacen de los niveles de producción en esta etapa de pandemia?

LB: Debemos destacar que el Gobierno supo articular oportunamente todas las relaciones que existen entre el productor y el sector del trabajo. Antes de las medidas de aislamiento tuvimos un caso de Covid 19 en un frigorífico de Reconquista (Friar); entonces convocamos a los sindicatos del sector, camioneros y los respectivos lineamientos patronales para armar protocolos específicos que nos permitieran cuidar la vida de los trabajadores y garantizar la continuidad de las producciones. En estos meses, no cayó la producción. Se cosechó la vid, los cítricos, se realizaron las esquilas, lo mismo con la cosecha del algodón. Todas las actividades se cumplieron y todas tuvieron acuerdos paritarios. Y en los casos de los frigoríficos y la pesca donde hay una mayor concentración de personas a pesar de haber tenido algún caso, evitamos que se convirtieran en brotes.

 

 

 

 

LOA: Cuando se anunció que el Estado intervendría en el caso de Vicentin, Alberto Fernández habló de la soberanía alimentaria. ¿Qué implica esa definición?

LB: El concepto de soberanía alimentaria involucra desde la potestad sobre los recursos genéticos hasta la garantía de asegurarle a cada ciudadano el acceso a una alimentación de acuerdo a sus necesidades fisiológicas y culturales. Con esos elementos uno puede decir que un país se considera soberano. La segunda parte de este concepto es la seguridad alimentaria, entendida como la posibilidad de que todos accedan a los alimentos. No somos una burbuja en el mundo, la globalización no es sólo de los negocios. Como Estado debemos garantizar que no haya un sistema dominante que subsuma el interés general a uno particular. Es muy importante que el Estado tenga presencia en mercados con actores que tienen un peso muy grande que los convierten en oligopolios o monopolios; si no miremos el caso de las telecomunicaciones, las energéticas o los proveedores de agua

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