INFORME ESPECIAL: EL ADIESTRADOR "METIÓ EL PERRO" EN EL CASO QUE CONMOCIONA A SANTA CRUZ

Herrero, el coleccionista de huesos

Restos óseos que aparecen en lugares ya rastrillados, cartas que explican desapariciones y preservativos usados si se trata de mujeres muertas. El rastro de Marcos Herrero y sus perros fue cuestionado en Mendoza, Córdoba y Bahía Blanca. ¿Qué pasó en Santa Cruz?.

Por Sara Delgado


Marcos Herrero llegó a Santa Cruz en julio, contratado por la familia de Marcela López, la mujer a quien vio por última vez un pescador en la ría, el 22 de mayo. Desde entonces, la búsqueda no cesó, aunque en los medios se construyó una verdad y otra bien distinta transcurre en el expediente, donde todos los indicios apuntan a que pudo haberse quitado la vida.

Había pasado un mes de la desaparición cuando las hijas de Marcela le pidieron a la jueza de Instrucción, Valeria López Lestón, que aceptara a Marcos Herrero como perito de parte. El adiestrador rionegrino venía con la chapa de haber realizado grandes aportes en causas de alto perfil, entre ellas las de Facundo Astudillo y la de Santiago Maldonado. Con su llegada, el caso se ensombreció y se generaron incidentes tan insólitos como premeditados.

Fue Herrero, quien junto a sus perros "Yatel" y "Kassie", encontró restos óseos en la propiedad de José Luis Balado, expareja de Marcela, lo que dejó boquiabiertos a los equipos de búsqueda que ya habían allanado esa propiedad minuciosamente. También fue el adiestrador contratado por la querella, quien vio los "dólares termosellados" en la casa del inquilino de Balado y nunca lo comunicó a la Justicia ordinaria.

Los "hallazgos" de Herrero, que dice tener un método propio de rastreo canino, generaron profundo descreimiento de las instituciones, no sólo del Poder Judicial que tiene la responsabilidad de esclarecer qué le pasó a Marcela, sino de todo el andamiaje de búsqueda de las fuerzas de seguridad.

Pero Herrero mintió.

El adiestrador dijo haber intervenido en la búsqueda de Santiago Maldonado, que desapareció el 1 de agosto de 2017, durante una violenta represión de Gendarmería, en la Lof en resistencia Cushamen, Chubut. Su cara fue bandera, marcha y grito por el cese de la violencia estatal del gobierno de Mauricio Macri y el gatillo fácil. Su cuerpo, fue encontrado 78 días después, el 17 de octubre en el río Chubut, 400 metros río arriba de donde lo vieron por última vez.

La Opinión Austral habló con el periodista de investigación Juan Alonso, que siguió el caso durante largos meses en Chubut y que además trabajó en el documental "El Camino de Santiago", pero Juan no sólo no recuerda a Herrero en la búsqueda, sino que remata la respuesta con un "seguramente debe ser un chanta".

Juan sabe.

El adiestrador dijo en varios medios de la época haber rastrillado dos semanas después de que Santiago desapareciera, y que su perro encontró un collar que era de Santiago, algo que la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), negó rotundamente, deslizando que existía la posibilidad de que el accesorio hubiera sido "plantado".

Herrero tiene el don de aparecer en casos de conmoción pública, lo que le permite tener conocimiento mediático y así mostrarse como un experto al que vale la pena contratar por no menos de cien mil pesos, en medio del dolor y la desesperación que significan no saber qué le pasó a un ser amado.

Pero en el caso de Santiago es diferente. Nadie sabe por qué estuvo ahí, sin embargo fue más allá en su relato mediático, llegando a decir que su perro había dado con el cadáver antes que nadie.

Al diario Perfil contó: "Hubo una marcación de una persona, pero no se le dio la atención en ese equipo específicamente. Con todos los elementos que se llevaron a esa búsqueda da mucho que hablar en cuanto al sistema que proporciona el gobierno… A mí me dijeron: 'Señor Herrero, de la izquierda para adelante puede pasar, pero no puede pasar su perro del otro lado del río'. Yo les contesté: 'Yo no manejo mi perro, yo solamente digo busquen y mi perro va ahí donde haya una esencia de Maldonado'".

La esencia es una falacia. No hay esencia de nadie más allá de las 72 horas. En todo caso, hay muerte y el olor putrefacto que no podría distinguir edad, color de piel, nada que nos hubiera caracterizado en vida.

Digo 'busquen' y mi perro va donde haya esencia de Maldonado

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Es justamente la "esencia" lo que lo hizo dar un paso en falso en el caso de Facundo Astudillo, el pibe de Pedro Luro, Bahía Blanca, a quien nadie volvió a ver después de que viajara a dedo a Mayor Buratovich.

Inmediatamente después de que la mamá de Facundo lo contrató, Herrero encontró lo que nadie: restos de una mochila, sangre en un patrullero y hasta un amuleto de la suerte que supuestamente llevaba consigo aparecieron en un depósito de comisaria.

Bingo.

"Ingresé con mi perro, que estaba totalmente suelto, con plena autonomía y enseguida empezó a rastrear en todo el interior de la dependencia, pero fui yo quien detectó, en medio de restos de un fogón donde hacen asados, cerca del estacionamiento, parte de una mochila Wilson", señaló entonces el adiestrador, generando una catarata de titulares periodísticos que nada tenían que ver con lo recolectado en el expediente judicial.

 Facundo Asturdillo.
Facundo Asturdillo.

En su libro "Operación Facundo", publicado en agosto de este año por editorial Oreté, el periodista de investigación Germán Sasso describe a Herrero como el artífice de un "show de mentiras" que generaban mucho rating pero ningún impacto en la investigación real. Porque, aunque suele decirse que lo que no existe en el expediente no existe en el mundo, los esfuerzos del adiestrador se consolidan sobre el descreimiento que hay sobre los poderes judiciales, es cierto, pero también sobre la afición a las teorías conspirativas.

Como pasó con Marcela López, en el caso de Astudillo, los perros de la Policía no detectaban ningún rastro pero obviamente el de Herrero sí.

"Yatel saltó a la caja de atrás de la camioneta, se concentró en una rueda de auxilio, rascó y olfateó con insistencia. Después se tiró de la camioneta, entró en su interior, empezó a olfatear la parte de atrás, rascó, pasó a la parte de adelante y empezó a ladrarle al volante. Yatel empezó a ladrar y morder el asiento de tal forma que rompió la parte de gomaespuma y ahí empezó a verse manchas de sangre".

Fueron largos días de titulares que ubicaban a Facundo muerto adentro del coche policial, hasta que se supo que la sangre no era de Facundo… y que tampoco era sangre.

Según un reporte de la División Laboratorio Químico de la Policía Federal "del estudio practicado sobre las muestras tomadas de los móviles policiales y el vehículo secuestrado no se comprobó la presencia de sangre".

Es imposible que el adiestrador creyera que el ADN de Facundo podía aparecer en el examen, por lo tanto no queda otra que inferir que el resultado no es lo que importa, sino más bien tener la capacidad, el poder de sembrar la duda, porque hasta que el resultado está, él no sale de la categoría de héroe.

A esto se sumó un lapidario informe de profesionales de extensa trayectoria de distintos lugares del país, que presentaron ante la jueza federal María Gabriela Marrón las razones por las cuales Herrero era, ni más ni menos, que un "chanta".

"Un can no puede olfatear 'esencia de una persona' después de más allá de las 72 horas. Es físicamente imposible", aun así, los pichichos de Herrero encontraban lo que nadie, ochenta, cien días y hasta años después.

El laboratorio de la Policía Federal descartó que la sangre fuera real

Tan insólita es la participación de Herrero en el caso de Facundo Astudillo, que se pasa de encontrar pruebas de su desaparición forzada en la Comisaría de Buratovich, a hallar una prueba "clave", en otro pueblo, Origone.

Dice Sasso en su libro que "el 31 de julio volvería a entrar en acción Yatel, siempre manipulado por su entrenador Herrero. Fue durante un procedimiento en el puesto de vigilancia de Origone. Ese día la querella gritó que tenía esclarecido el caso y que tenían la prueba irrefutable de que había sido la Bonaerense la responsable de la desaparición de Facundo. Se trataba de un amuleto en forma de sandía que a su vez en su interior tenía una vaquita de San Antonio, y que, según afirmaban, llevaba el chico al momento de ser secuestrado… Otra vez los peritos de la Federal y de la Prefectura no creían en nada de lo que observaban. No sólo porque sus perros ya habían estado en el lugar, en dos oportunidades y nada habían detectado, sino en la manera en la que volvió a actuar Herrero".

Sobre el hallazgo el propio Herrero dijo a los medios: "Yo le hago el señalamiento a Yatel y él centra su atención en un calabozo antiguo, que ahora lo utilizan como un almacenamiento de basura. En un momento empezó a ladrar entre siete y diez veces y va a buscar un objeto específico entre los escombros".

Otra vez la teoría de la "esencia", sumado a que, esta vez, el objeto aparece en un depósito de acceso libre. Podía entrar y salir cualquiera.

Por eso la jueza se ocupó de ordenar una investigación en contra de Herrero por las maniobras desplegadas en Buratovich y Origone. "Resulta necesario y también forzoso que el Ministerio Público Fiscal, en su cumplimiento de sus deberes de facultades, investigue el accionar del perito, frente a la gravedad de las circunstancias apuntadas".

Explicar las dudas que existen sobre su participación durante las desapariciones de Santiago Maldonado y Facundo Astudillo es importante, porque sirven para tomar dimensión de qué llevó a otras familias a tomar contacto con él y contratarlo para que los ayude en medio del dolor.

Todas las veces que encontró huesos resultaron ser humanos pero no de las víctimas ¿de dónde salen?

Pero el cúmulo de engaños que encierra Herrero está a punto de volar por los aires. La semana pasada, se conoció que La Dirección Nacional de Cinotecnia, un organismo que depende del Ministerio de Seguridad de la Nación, y que se ocupa de controlar la implementación de perros adiestrados en causas como búsqueda de personas o rastros, advirtió que no está certificado para hacer lo que hace y que jamás se presentó a rendir para tener aval.

Según consignó una fuente de ese organismo al diario Uno de Mendoza, el adiestrador "se aprovecha de la desesperación de los familiares de las personas perdidas, ofreciendo sus servicios con métodos de búsqueda y entrenamiento de sus perros poco creíbles y místicos basados en la 'energía' de las personas".

Sucede que en Mendoza, Herrero también "metió el perro" con la desaparición de Viviana Luna y hoy está acusado de haber plantado huesos y otros elementos como evidencia. ¿A qué suena?

Viviana tenía 45 años cuando se fue de su casa de Potrerillos la mañana del 7 de diciembre de 2016, dejando una carta para cada uno de sus hijos escrita en su notebook. El contenido de ese material no trascendió sino hasta hace algún tiempo, y en él queda en claro que la mujer manifiesta su amor hacia ellos en medio de una despedida, por eso la hipótesis de la Justicia mendocina -que nunca la dejó de buscar y mantiene la causa abierta- es que o bien se quitó la vida, o se fue por su propia voluntad.

Nada en todos estos años aportó elementos para suponer otra cosa, ni siquiera los testimonios recopilados, sin embargo, no fue hasta que uno de sus hijos contrató a Herrero, que le cobró 150 mil pesos que no tenía, y por eso pidió ayuda en el pueblo, que la causa dio un giro y en menos de un día apareció un cráneo que el adiestrador atribuye a Viviana.

Lo que se dice un verdadero golpe de suerte.

Dice el periodista Exequiel Ferreyra en el diario El Sol de Mendoza: "En los últimos tiempos entró en escena, por pedido de los hijos de Luna, un cuestionado adiestrador de perros rastreadores llamado Marcos Herrero. Este perito, oriundo de Río Negro, participó en los casos por las desapariciones de Facundo Astudillo y Santiago Maldonado, entre otros hechos de repercusión nacional. Con sólo poner su nombre en Google aparecen informes sobre la labor que viene desarrollando en los últimos tiempos".

 Viviana Luna (45). Desapareció en diciembre de 2016 en Mendoza.
Viviana Luna (45). Desapareció en diciembre de 2016 en Mendoza.

Así es como la idea de una vasta experiencia que parece avalar al dueño de Yatel y los demás perros se perpetúa, porque Google es la puerta de acceso a la información de muchísima gente, y lo cierto es que hasta hace algunas semanas, cuando comenzó este informe, una abrumadora cantidad de artículos periodísticos destacaban la labor de Herrero, incluso con perfiles personales en donde posa heroico junto a los canes y se define como un "antisistema" y "antigobierno".

Esto no es casual, ya que si bien en verdad Herrero es policía, la idea de mostrarse enojado con el Estado supone garantía de imparcialidad frente a un poder que "oculta". Los casos en los que participó no admiten finales abiertos ni desenlaces por llegar. Siempre hay restos de huesos, o, como veremos más adelante, cartas en presuntas escenas del crimen que lo explican todo.

Un dos más dos, cuatro, y a otra cosa mariposa.

El 29 de septiembre, es decir, luego de haber descubierto en Río Gallegos los presuntos restos de Marcela López y los dólares termosellados en la casa de su ex, Herrero encontró el cráneo de Viviana Luna en un lugar donde ya se la había buscado en 2019.

De inmediato, el jefe de la UFI de Homicidios y Violencia Institucional, Fernando Guzzo salió a aclarar que el hallazgo era una locura. Pero los restos encontrados en Mendoza y los de la chacra de Balado coincidían en algo: eran humanos.

Con el adiestrador, las casualidades continúan uniendo las piezas, tensionando una realidad paralela tan potente como capaz de confundir lo suficiente como para que el equilibrio de la duda se corte por el lado de la investigación. Y es que para Herrero, sembrada la duda, florecen billetes.

Sucede que también en el caso de Viviana, Herrero encontró -una semana después del cráneo- una nota que decía que el crimen estaba vinculado a una red de trata, en la que figuraban nombres de otras desaparecidas como el de Sofía Herrera y la leyenda "enviada a Chile", además de un "preservativo" en la casa de la expareja de la mujer. Cualquier parecido con lo que le había pasado tres meses antes en Río Gallegos, es pura coincidencia… ¿o no?

Porque hay que recordar lo que pasó ni bien llegó el adiestrador a Santa Cruz. Alguien colocó una misteriosa nota en el portón de la casa de la hermana de Marcela que decía que la mujer "estaba enterrada" en la casa de Balado. Fue por eso que las hijas, el adiestrador y el abogado logran convencer a la magistrada de que volvieran a buscar ahí y aparece lo que antes no.

Por eso el hilo invisible que ata el paso del adiestrador por los casos suporta un peso muerto como parece ser el modus operandi, que comienza a rodearlo también a él cada vez más.

Por ahora, siga y siga.

La historia se repite. El mes pasado, Herrero fue convocado por una familia de Las Heras, Mendoza, que lo vio en los medios con el caso de Viviana, para que ayude a encontrar a Abigail Carniel, de 18 años, que no aparece desde el 15 de abril.

De hecho, el primero de septiembre, el adiestrador logró que la Justicia lo autorizara a buscar el cuerpo en el Barrio Sargento Cabral, en la zona de El Challao, donde la vieron por última vez.

Si bien por el caso hay imputados que cayeron mientras hablaban del crimen por teléfono sin saber que los tenían intervenidos, el cuerpo de Abigail no aparece.

 Se cree que Abigail Carniel (18) fue asesinada en las Heras, Mendoza. Su cuerpo no aparece.
Se cree que Abigail Carniel (18) fue asesinada en las Heras, Mendoza. Su cuerpo no aparece.

Herrero no entró solo al barrio, sino que lo hizo junto a la clarividente Verónica Contreras, aunque se ordenó que una consiga policial siguiera de cerca la búsqueda de "esencia" de persona.

Esa búsqueda permaneció vigente hasta el viernes pasado, día en el que la Fiscalía de Homicidios anunció que por orden del procurador de la Corte, Alejandro Gullé, Herrero no puede intervenir en causas particulares. Además, no es un perito oficial y sus perros no tienen certificación.

Curiosamente después de eso, la pesquisa de Herrero y sus pichichos en el barrio Sargento Cabral terminó sin el hallazgo de ningún hueso.

Creer o reventar.

Es 18 de septiembre de 2018 y Delia Gerónimo sale del colegio en La Paz, Córdoba, para regresar a su casa, pero nunca llegó.

Tenía sólo 14 años. Tres meses después, una vecina denunció a su marido Mauro Martínez por violencia de género, luego de que este le dijera "te voy a matar y te voy a tirar a un pozo, como a la boliviana". Delia era boliviana. Al poco tiempo, Martínez se suicida.

El cuerpo de Delia todavía no aparece, pero en febrero de este año, es decir antes de la desaparición de Marcela López, Marcos Herrero fue contactado por la familia de la adolescente para que la busque.

En este punto es interesante lo que dice Roxana Bonafont, integrante la Mesa de Derechos Humanos de Traslasierra a la periodista Consuelo Cabral en una nota publicada el 19 de febrero en el portal "la Nueva Mañana": "Creemos que hay más responsables. Y así lo demostró Marcos Herrero cuando encontró con sus perros en 20 minutos lo que no se encontró en 28 meses".

La literalidad de los 20 minutos es abrumadora, de nuevo.

Se trató de dos guantes como los que usa el personal municipal (Martínez era municipal) y, como en el caso de Luna, dos preservativos utilizados, que estaban "enterrados a 40 centímetros de profundidad", junto a "pequeños restos óseos".

No hay informe que diga que hay material genético de Delia, como tampoco hay forma de imaginarse, en caso de que esto haya sido plantado, cuán cruel se puede ser como para aseverarle a una familia que sufre, que su hija fue violada antes de morir.

 Delia Geronimo (14) salió del colegio en 2018 y nunca más la vieron. Este año, Herrero dijo haber encontrado restos, pero no se probó que fueran suyos.
Delia Geronimo (14) salió del colegio en 2018 y nunca más la vieron. Este año, Herrero dijo haber encontrado restos, pero no se probó que fueran suyos.

En ninguno de los hallazgos hubo ADN de las victimas ni en huesos ni en preservativos

En declaraciones a los medios, el propio Herrero habló de su hallazgo y sumó: "En un chiquero había un cabello de proporción importante, en avanzado estado de descomposición, que generaba mucho olor".

Otra vez, como si se tratara de Jean Baptiste, el personaje de la novela El Perfume, de Patrick Suskind, Herrero demuestra que tiene una absoluta fascinación porque se crea que existe una "esencia de persona".

"Emosido engañado"

El 12 de julio, el abogado Jorge Trevotich, las hijas de Marcela y el adiestrador ingresan a la chacra de José Luis Balado por el terreno contiguo que le pertenece a la diputada nacional por Cambiemos, Roxana Reyes, que tal como informó La Opinión Austral en la crónica de ese día, les había dado permiso.

Ahí es cuando por obra de los perros "Yatel" "Kassie", aparece el maxilar humano, pese a que el lugar había sido allanado previamente por los equipos de búsqueda de la Policía.

El cotejo del laboratorio diría luego que el hueso perteneció a una persona y que, además, se encontraron otros de un animal, tal vez pollo.

 Herrero muestra el maxilar a Trevotich, Balado y un tercero.
Herrero muestra el maxilar a Trevotich, Balado y un tercero.

Este hallazgo teñido de sospecha no es menor, ya que, si bien se descartó que perteneciera a Marcela, se abrió un cotejo con todos los casos que existen en la localidad, para descartar que no se trate de otra persona desaparecida. Esto es algo que debe hacerse, aun cuando existe la posibilidad de que hubiesen sido traídos de algún cementerio, si por caso se comprueba que fueron plantados.

Aun así, semejante descubrimiento remueve el dolor y la esperanza de otra familia, en este caso las hermanas de Marcela Chocobar, la joven de 26 años asesinada en 2015 por Oscar Biott y Ángel Azolini, ambos condenados a perpetua por el crimen de odio, ya que solicitaron que se descarte que el maxilar pertenezca a la joven trans.

De Chocobar sólo se recuperó un cráneo y el pedido porque se busque el resto del cuerpo es una herida abierta para la familia y las organizaciones feministas y de derechos humanos.

Fue también en ese lugar donde volvió a aparecer una nota pretendiendo explicar lo inexplicable, como la que Herrero encontró sobre la mesa de luz de Balado, donde aparecía la palabra "Ácido sulfúrico". ¿Acaso eso le pasó a Marcela López? ¿Acaso sólo un maxilar suyo aparecería? Las dudas de esos días estuvieron sumidas en la nota misteriosa.

Pero hay más.

A ese "allanamiento", el adiestrador también ingresó con el periodista de La Opinión Austral, Martín Muñoz, que no vio el momento en el que encuentran los huesos ni tampoco los dólares termosellados, aunque Herrero sí le hace el comentario.

"El periodista sabe pero se calla", dijo recientemente en una entrevista radial el desvergonzado Herrero, que durante el operativo no escatimó elogios para el periodista a quien le aseguraba que había ganado su confianza.

Martín recuerda que, en esa cobertura, Herrero "no dejó entrar a la fotógrafa, pero a mí sí me dejó pasar y todo el tiempo me marcaba las cosas que hacía. Después de que aparecieron huesos me tuve que volver al diario porque había vuelto la luz, así que yo no vi los dólares. A eso me lo comenta posteriormente".

Si picaba, picaba. Pero Martín no picó y el comentario "al pasar" que le hizo el adiestrador no se publicó en su crónica porque sonaba inverosímil.

 El periodista Martín Muñoz entrevista Herrero tras el hallazgo.
El periodista Martín Muñoz entrevista Herrero tras el hallazgo.

En declaraciones a LU12 AM680, el adiestrador dijo el día del "allanamiento" ilegal, que además de los huesos y la nota: "El perro se fue directamente al patio, al mismo lugar donde quería saltar cuando estaba afuera de la casa. En ese rincón había un gallinero, y encontró una cajita negra envuelta en un plástico y un elástico. Había lo que aparentaba ser cuero cabelludo con un mechón de pelo y un juego de llaves que tenía Marcela de una cabaña que la familia tiene alquilada. Luego, el perro va hacia el fondo, donde había chapas, ladraba sin parar y encuentra, aparentemente un maxilar humano", y agregó que, "si fuesen restos de un animal, el perro no ladra porque está entrenado para buscar personas".

Él tampoco dijo nada sobre los dólares que había visto.

Es decir que, el hallazgo de los dólares termosellados del 12 de julio, que aparecen en la casa que Balado tenía en alquiler, fue comunicado a la Justicia recién más de cincuenta días después, aunque sólo a la Justicia Federal, adonde llevaron una hipótesis que sabían que en el expediente de López Lestón sería descartada: el secuestro extorsivo.

Y es que esa idea se basa en una serie de audios de conversaciones registradas por las hijas de Marcela con la expareja de su mamá, quien les dice que a la mujer la "hicieron desaparecer" porque "sabía mucho" de supuestas maniobras de corrupción del kirchnerismo, ya que Balado es sobrino de un hombre que luego sería presentado en los medios porteños como el "administrador" de las propiedades de la expresidenta y sus hijos.

Pero esa teoría no hubiese avanzado un milímetro en el expediente del Juzgado de Instrucción 2, ya que varios meses antes, en junio, se incorporó un informe de peritos psicólogos que solicitó que Balado no fuera tenido en cuenta como testigo en el caso, dado que presentaba dificultades para expresar su ideas, como consecuencia de algún tipo de alteración en estado mental.

Así lo hizo saber el diario Clarín, mientras La Nación proponía el caso como una suerte de secuela de la búsqueda del tesoro de Marijuan.

Fueron las dos semanas previas a las elecciones PASO en las que el tema del hallazgo de dólares se mantuvo en tapas de los principales diarios del país y los portales, aunque los relatos variaban de entrevista en entrevista. En algunos sólo Herrero había visto los dólares, en otros también una de las hijas. A veces Trevotich los había visto, otras sólo se lo dijeron.

Tiempo después, el juez federal de Río Gallegos, Claudio Vázquez desestimaría la denuncia por el secuestro extorsivo sin pedido de rescate.

Como en los demás casos donde participó, el nivel de éxito que parece manejar Herrero, sumado a que no tiene habilitación para rastreo con canes, hizo que también en Santa Cruz, el fiscal del caso, Fernando Basanta solicitara a la jueza que previo a darle autorización para buscar a Marcela tuviera que presentar un plan de trabajo y que el mismo siempre fuera en conjunto con la División de Canes de la Policía para que supervisara evitando cualquier nulidad.

Lo que pasó fue que el adiestrador sólo cumplió en lo que respecta a la "búsqueda de esencia" de Marcela durante un recorrido por la costanera y el muelle, donde los resultados fueron iguales a los que obtuvieron las fuerzas de seguridad, nada.

Es decir que, todo el periplo de las propiedades de Balado a las que se accedió por el terreno lindante, se realizaron por fuera de lo acordado con Instrucción, y sin presentar plan de trabajo.

Como quien dice "se cortaron solos".

Por eso también resulta todavía más sospechoso el hecho de que, teniendo libre albedrio, porque el día del allanamiento a la propiedad de la expareja de Marcela no tenían quién los supervisara, no hayan registrado en video o fotos las cajas con los supuestos dólares termosellados, como sí registraron la aparición del maxilar y otras "pruebas".

"No todos los días abrimos la puerta de una casa y encontramos restos óseos de una persona", había dicho ese mismo día Herrero a La Opinión Austral, aunque todo indica que en su caso los huesos humanos sí aparecen siempre que él busca.

La pregunta inevitable es, que si en ningún caso pertenecían a las víctimas, ¿DE DÓNDE SALEN?

Y es que al parecer los hallazgos que produce el adiestrador oriundo de Viedma no importan, sino que su misión es plantar la duda creando un holograma de realidad que se evapora más temprano que tarde, pero siempre después de haber recibido su pago.

Hoy Herrero enfrenta cuestionamientos e investigaciones en varias provincias del país por sus intervenciones en casos de conmoción pública,  pero en tanto y en cuanto quienes son auxiliares de una investigación se sigan alimentando de la desesperación de las familias, habrá más coleccionistas de huesos sembrando en el dolor ajeno

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