FUNDACIÓN NO ME OLVIDES

Julio Aro: "Me propuse devolverle la identidad a mis compañeros"

Creo la Fundación No Me Olvides con el objetivo de identificar las tumbas de los soldados argentinos en el Cementerio de Darwin. Hoy las familias de 119 héroes saben dónde dejarles una flor.

Por La Opinión Austral


Julio Aro es oriundo de Mercedes, provincia de Buenos Aires. Realizó el servicio militar obligatorio en el Regimiento de Infantería Mecanizado Nº 6, tras lo cual solicitó una baja especial para poder trabajar y ayudar a su familia. Tenía 19 años y era mozo cuando su madre lo despertó para contarle que las islas Malvinas habían sido recuperadas.

40 años después, afirma a La Opinión Austral: “Jamás me imaginé ser parte de este capítulo de la historia”.

Su destino fue Puerto Argentino, donde una bomba mató a los soldados Aguilar y Ochoa que estaban con él.

Cuando regresó, recuerda que los últimos 20 kilómetros, de los 100 que separan a Mercedes con la capital, “el colectivo tardó 1 hora 15 porque se habían agolpado en la ruta para saludarnos. Todo el mundo lloraba porque habíamos regresado, pero con el tiempo supe que había otras personas que lloraban y se abrazaban porque su hijo no había vuelto”.

A la fecha, realizó 12 viajes a las islas y fue en el primero, en 2008, cuando fue a buscar “al Julio que había dejado en el 82”. De allí regresó con un objetivo: “Me propuse devolverles la identidad a mis compañeros”.

En Londres, con motivo de unas charlas sobre estrés postraumático, le asignaron al militar británico Geoffrey Cardozo como traductor, quien en el último día de su estadía le entregó toda la documentación con el detalle sobre los enterramientos.

Esa información había sido dirigida a las autoridades militares argentinas, pero nunca informada a los familiares. Fue clave para el proceso de identificaciones.

“Me dio mucha bronca, esa placa de Soldado argentino podría no haber existido nunca”, expresa.

Así, creó la Fundación No Me Olvides y comenzó a localizar a familiares de soldados caídos con el fin de preguntarles si deseaban identificar la tumba. De esas experiencias, que hoy continúan, dice que “siempre supe a la hora que entraba a una casa, nunca a la hora que me iba” y asegura que “si hay alguna persona rica en el planeta se llama Julio Aro, lo soy desde el corazón. Tengo todas las historias de las mamás, el cariño de cada una de ellas y ese abrazo incondicional que te dice: Gracias, hijo, por ayudarme a encontrar a mi hijo”.

Entre esas mamás estuvo Sonia Cárcamo, madre del soldado José Honorio Ortega, el único héroe santacruceño caído en combate. “Cada vez que la he necesitado, Sonia nos ha acompañado, siempre quiso saber dónde estaba Honorio”, señala.

119 tumbas han sido identificadas, aún falta localizar a 7 familias. “Las muestras están, lo que falta es cotejarlas”, señala sobre el trabajo que incluye al CECIM de La Plata, al Equipo de Antropología Forense, Cruz Roja y a los gobiernos, y apela a que quienes lean la nota y conozcan a un familiar de un soldado caído del que aún no se ha identificado la tumba, se comuniquen.

“Sigo teniendo mis momentos de silencio frente al mar, pero por dentro es todo una explosión; de Malvinas no te podés olvidar nunca. Capaz está nuestro cuerpo acá, pero el espíritu está allá con mis compañeros”, expresa.

Su tarea suena agotadora, pero es incansable y asegura que “el día que me muera quiero que me entierren con los brazos extendidos, porque ni siquiera muerto voy a bajar los brazos por la causa Malvinas”.

 

*Foto: Fundación No Me Olvides

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