EL PAPA FRANCISCO ENVIÓ UN ROSARIO

La experiencia de cruzar a nado hacia las islas Malvinas

Agustín Barletti decidió emprender la travesía que logró en dos horas y a dos grados de temperatura. Estuvo una semana conviviendo con isleños y, tiempo después, escribió un libro donde narró lo vivido.

Por La Opinión Austral


Lo que sintió Agustín fue tan fuerte que demoró años en procesar lo vivido. Una vez que logró asentar sus memorias, decidió escribir un libro contando su experiencia. El 9 de noviembre de 2014 cruzó a nado las islas Malvinas, en el lugar conocido como “el corredor de las bombas”. Allí desembarcaron las tropas británicas en 1982, en medio del conflicto bélico.

 Agustín en plena travesía. Contó que se entrenó para hacerla lo más rápido posible.
Agustín en plena travesía. Contó que se entrenó para hacerla lo más rápido posible.

Agustín no es nadador profesional, de hecho, es periodista, abogado y escritor. Sin embargo, tuvo una experiencia previa nadando en Gibraltar. Tiene 53 años, hizo el servicio militar, pero no estuvo en el frente de combate. Entendió que, después de algunos problemas de salud, la natación era un buen vehículo para sentirse mejor. Superando todas las expectativas y casi sin pensarlo demasiado, decidió unir Malvinas a nado.

En diálogo con La Opinión Austral, contó el porqué, cómo fue y qué refleja el libro “Entre brazadas y memoria”, donde relata su experiencia.

“Al cruce lo hago en 2014, pero tardé bastante en escribir el libro porque fue tan fuerte la experiencia vivida que tenía que decantarse. Todavía hay días en los que me despierto y pienso si fue verdad lo que vivimos”, describió.

 El 9 de noviembre de 2014 logró el objetivo, capturado en la imagen.
El 9 de noviembre de 2014 logró el objetivo, capturado en la imagen.

Desde Río Gallegos, en un vuelo de Aerolíneas Argentinas, emprendió salida hacia Malvinas. “El tiempo me demostró también que fui con un objetivo de unirlas, pero la natación fue una excusa, fue el vehículo que nos posibilitó estar una semana en el suelo patrio de Malvinas”, contó.

Para lograr la travesía en Gibraltar se entrenó durante 19 meses. “Para hacer Malvinas era otro el entrenamiento, yo tenía que tratar de nadar más rápido para vencer la hipotermia. Tardé dos horas y siete minutos y estuve siete horas para recuperar la temperatura corporal, porque el agua estaba a dos grados”, detalló.

Para él, “se generó una empatía tan grande con los isleños, de alguna manera me di cuenta que si hay una forma de acercarnos es a través de hechos convocantes como el deporte, por ejemplo, allá se hace una maratón todos los años donde corren argentinos e isleños, logramos un puente entre nosotros de esta forma”.

Agustín estuvo acompañado por dos excompañeros del colegio de San Isidro, Pablo Lima, un veterano de guerra en zona de combate, y Guillermo Luder, fotógrafo y cineasta que hizo una película llamada “Amaneciendo en Malvinas”.

Con su entrenador de aguas abiertas cruzaron el estrecho de Gibraltar. En ese momento Agustín le dijo “¿y ahora qué hacemos?” y la respuesta automática fue “Malvinas”.

Si bien no es nadador profesional, cruzó el estrecho de Gibraltar en 2010

Alejandro, un amigo de Agustín, uno de los navegantes a vela más grandes del país y conocedor del Atlántico Sur, viajó con su velero desde Uruguay a Malvinas para acompañarlo, ya que uno de los requisitos para hacer el cruce era contar con una embarcación que pudiera dar soporte y seguridad.

 Minutos previos a lanzarse a la aventura con el agua a dos grados.
Minutos previos a lanzarse a la aventura con el agua a dos grados.

El papa Francisco se enteró de la aventura y les mandó un rosario bendecido con la instrucción de colocarlo en la tumba más despojada que encontraran en el cementerio argentino. Y así fue. En aquel momento los soldados no estaban reconocidos, así que las placas rezaban “Soldado sólo conocido por Dios”.

Fue un gran sueño cumplido, todavía me pellizco para saber si fue real

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“Ese fue un momento tremendamente emotivo. Después visitamos el cementerio inglés, tienen una tradición que los soldados que mueren se entierran en campos de batalla, veías las cartas de los hijos de soldados”, contó. Ahí Agustín entendió el dolor y el drama de la guerra y comprendió que “es desde los dos lados

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