REPORTAJE

Norberto Alayón: “La pobreza es la principal violación a los derechos humanos”

El especialista en Trabajo Social publicó el libro “Crónicas para una Argentina Popular”, donde analiza el proyecto neoliberal del macrismo y las características populares del actual Gobierno Nacional.

Por Sebastián Premici


Norberto Alayón es licenciado en Trabajo Social, doctor honoris causa de la Universidad Nacional del Centro de Perú (Huancayo), profesor consulto titular de la Universidad de Buenos Aires y director de la Colección “Desarrollo Social y Sociedad” de Espacio Editorial de Buenos Aires. Autor también de numerosos libros, acaba de publicar “Crónicas para una Argentina Popular” (Margen), un trabajo que recopila artículos periodísticos que centran su mirada en los debates recientes del país: la disputa de sentido contra el neoliberalismo, las condiciones necesarias para un desarrollo social inclusivo frente a proyectos políticos basados en la especulación y los desafíos post pandemia.

 

 

Los artículos reunidos en este libro, publicados originalmente en Página/12, La Tecla, Buenos Aires Económico, entre otros medios, constituyen un diálogo permanente entre la Historia y el presente, con cruces (teóricos) entre Arturo Jauretche, el economista francés Thomas Piketty, el escritor Mark Twain, y el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, entre otros.

 

 

 

Cada uno de los escritos funciona como textos urgentes que contribuyeron (y lo siguen haciendo) al debate por un país más justo y soberano.

 

 

 

“Confrontar y denunciar los alcances nocivos del proyecto neoliberal que devastó a la Argentina, constituye un imperativo ético para contribuir a conducir al país hacia la consolidación de un proyecto que se proponga combatir la desigualdad, eliminar la pobreza extrema, y las diversas formas de discriminación. En suma, para fortalecer el propio funcionamiento democrático, a partir de la ampliación y la defensa irrestricta de los derechos sociales, políticos y económicos que posibiliten una vida digna para todos los habitantes de la nación”, puede leerse en la introducción de este trabajo, publicado por la editorial Margen con una licencia Creative Commons Atribución (distribución libre y gratuita).

 

 

 

 

El primer texto del libro, de un total de 96, se centra en el rol central de las ciencias sociales para comprender e incidir (políticamente) en una determinada comunidad. Dato no menor, teniendo en cuenta el desprecio de los proyectos neoliberales a este tipo de conocimiento científico.

 

 

 

 

“La ciencia social, con frecuencia, concita posiciones encontradas y hasta contradictorias. Se la pondera y se la desprecia. Se la considera necesaria y, paralelamente, se cuestiona su utilidad. Muchos científicos de otros campos, a menudo, son muy duros e hipercríticos acerca de las aportaciones de las ciencias sociales o bien, casi socarronamente, las consideran como una suerte de mal ineludible con el cual hay que convivir”, escribió Norberto Alayón en febrero de 1999.

 

 

 

 

Al año siguiente, publicó un texto sobre el aporte de las universidades, en una época en que un economista, Ricardo López Murphy, anunciaba un tremendo ajuste sobre la educación pública. La Alianza Cambiemos fue una continuación de aquella primera Alianza. Sólo hay que pensar en María Eugenia Vidal cuestionando la participación de los sectores populares en las universidades, o el expresidente Macri instalando como un “peso” la asistencia a las instituciones públicas. La Historia es un proceso de rupturas y continuidades quiebres con un modelo neoliberal y la continuidad por la senda de lo nacional y popular y los textos de Norberto Alayón tratan de honrar ese recorrido.

 

 

 

 

Crónicas

LOA: ¿Por qué la necesidad de publicar este libro?

NA: Es una reafirmación de mi propio posicionamiento. La compilación tiene dos ejes temporales; en el período 2003 al 2015, publiqué artículos con ciertas observaciones y análisis críticos que confrontaban con las posiciones antikirchneristas del momento. Pero el mayor despliegue de las notas escritas ocurrió durante el período macrista, en donde intenté posicionarme a partir de ciertas temáticas sociales y políticas en la defensa de una postura nacional y popular que denunciaba y confrontaba la perspectiva de un proyecto neoliberal. Intenté contribuir, desde las ciencias sociales, para develar un funcionamiento diferente al del campo nacional y popular. Cuando decido ponerle este título, hago referencia a esto, que las crónicas tiendan a posicionarse en una línea en defensa de lo popular.

 

 

 

 

LOA: Uno de los artículos plantea una especie de cruce entre Jauretche y el economista Piketty, donde citás al francés diciendo “la economía es algo muy serio para dejarlo en manos de economistas”. Y concluís el texto con un planteo sobre la necesidad de contar con el desarrollo de un mercado interno con conocimiento científico. ¿Es el planteo sobre dos modelos diferentes de país que siguen en pugna?

NA: Uno puede recordar también la perspectiva de Sousa Santos, sociólogo portugués, quien dice que el neoliberalismo, basado en la lógica del capital financiero, es la versión más inhumana del capitalismo. Y acá podemos ver las diferencias hacia el interior del grupo Macri. Franco Macri era un capitalista en la lógica del trabajo y no sólo de la especulación. Mientras que la lógica del expresidente se inscribe en la especulación financiera. La perspectiva que reivindica Piketty plantea pensar en un despliegue del desarrollo capitalista (como antes lo sostuvieron Néstor y Cristina Kirchner y ahora Alberto Fernández). Nuestros países tienen una doble desgracia: por un lado la presencia del capitalismo y simultáneamente, un capitalismo escuálido. Es decir que necesitamos, más allá de los límites, mayor desarrollo capitalista, sin dejar de reconocer que el capitalismo es generador de pobreza y de exclusión. La versión industrialista es mucho mejor que la perspectiva neoliberal. Piketty también dice que los que tienen mucho dinero nunca se olvidan de reclamarlo como consecuencia de su lógica de acumulación incesante. ¿Para qué siguen juntando tanta guita? Está en su ADN. Fijémonos lo que pasa hoy en día con la decisión del Gobierno en relación a los costos de las telecomunicaciones. No dejen de ganar, pero ganen un poco menos, como dijo en su momento Alberto Fernández.

 

 

 

 

 

LOA: Esa frase fue para Techint luego de intentar despedir miles de trabajadores. También tenés un texto sobre esta empresa.

N.A: Techint llevó parte de sus ganancias al exterior, dándole trabajo a una localidad de Estados Unidos (NdR: además de estar constituida legalmente en un paraíso fiscal). Decir y hacer que ganen menos no trastocaría la lógica perversa del funcionamiento del capital pero podría, en algún sentido, mejorar en parte la productividad en el país. El capitalismo genera exclusión pero a la vez despliega ciertas posibilidades productivas que permiten cierto grado de desarrollo. Las posiciones más radicalizadas del socialismo pueden criticar en bloque a la lógica del capital donde uno también lo cuestiona pero es lo que tenemos en este momento para transitar un desarrollo, obviamente poniéndole límites. No podemos pedirle al presidente que se transforme en un gobierno socialista. No lo es ni lo va a ser, como tampoco el peronismo fue socialista como tal.

 

 

 

 

LOA: ¿Habría que profundizar en las lecturas que hacía John W. Cooke sobre un peronismo más revolucionario, con una mirada latinoamericanista, como la que se llegó a tener entre 2003-2015?

NA: Claro.

 

 

 

 

 

Miseria planificada

LOA: Una característica de la Alianza Cambiemos fue su plan de miseria planificada; llegaron con el discurso de pobreza cero y dejaron el Gobierno con casi 2 millones de nuevos pobres. ¿Por qué una parte de la sociedad tolera esto y los sigue avalando?

N.A: Muchas veces, los propios sectores damnificados terminan apoyando, suicidamente, a aquellos que los sometieron a ciertas carencias. Tampoco podemos dejar afuera del análisis la cantidad de mentiras desplegadas por el macrismo. Mark Twain tenía una frase interesante, que la cito en uno de los textos (“El Gobierno miente”), que decía “es más fácil engañar a la que gente que convencerla que ha sido engañada”. El macrismo se construyó sobre una base de mentiras planificadas, como por ejemplo la pobreza cero, y terminó convenciendo a buena parte del electorado, y ahora, por más que uno pueda demostrar con datos que todo lo que hicieron fue mentira, los siguen apoyando. Es casi como impenetrable. La gente termina, precisamente, apoyando a los sectores que más los jodieron. No podemos descartar tampoco el rol de los medios de comunicación. Y no es que al macrismo lo apoyaron los medios; los medios encontraron en el proyecto político de Macri la posibilidad de desplegar sus propios intereses de clase. Es una representación objetiva de clase que encontraron en determinadas personas la mejor alternativa para reproducir sus intereses.

 

 

 

LOA: Son el poder real que encuentran en personajes hoy deslucidos como Eduardo Duhalde una vía para expresar sus posiciones. ¿Cómo entender sino las amenazas de un posible Golpe de Estado? Sobre todo cuando América latina sigue convulsionada con el Golpe en Bolivia, Bolsonaro, y las amenazas constantes sobre Venezuela.

 

 

N.A: En este sentido, avizoro riesgos importantes; nunca hay que subestimar la capacidad del adversario. Si lo que dijo Duhalde forma parte de un posicionamiento de él por la unión o si está empujado por otros, no quita los riesgos al posicionamiento general. Uno podría decir que no hay condiciones objetivas para un Golpe de Estado, pero tampoco hay que subestimar eso. Seguro que hay algunos sectores ultranacionalistas que incluso se expresan en las marchas anticuarentena. Es un discurso del odio que podría anticipar políticas del odio. Que el propio Gobierno haya tenido que salir a aclarar que no había condiciones para lo que había planteado Duhalde, es un signo de debilidad. Los sectores más conservadores siguen activos. Y la cuestión de los anti grieta, es una zoncera. ¿Qué es el consenso en política? En política se representan conflictos de intereses sociales y económicos, antagónicos e implican una confrontación. ¿Para qué queremos la unión? Han logrado imponer y están ganando parte de la batalla cultural- que no debemos ahondar la grieta y la cuestión del consenso. Ese discurso apunta a licuar lo que todavía nos queda de popular.

 

 

 

 

LOA: En otro artículo del libro, “Eduardo Amadeo y el virus más letal”, hablás de la asistencia social vinculada a la pobreza. Por la pandemia, empezó a discutirse la necesidad de un ingreso universal. ¿Cuál es tu postura?

N.A: Hay toda una discusión conceptual sobre la asistencia y el asistencialismo, donde el campo de las ciencias sociales, a partir de propuestas más críticas desde los años 70, aparecía la vertiente de asociar con asistencialismo toda practica que incluyera la dimensión asistencial. Y ahí comenzaba a diferenciarse la asistencia del asistencialismo. En rigor, es la orientación ideológico política de la practica asistencial lo que termina por definir la cuestión. Si uno despliega las prácticas de asistencia como medidas reparatorias de las grandes necesidades sociales y simultáneamente de manera estructural se despliega toda una política de preservación del empleo, expansión del consumo y no evasión, la práctica asistencial tiene una orientación determinada que repara parte de las necesidades mientras se intenta desplegar un proyecto político económico general que ataque los factores estructurales de pobreza.

 

 

 

 

LOA: ¿Con el macrismo ocurrió a la inversa?

N.A: Claro, las políticas asistenciales desarrolladas en el marco de un proyecto conservador, son simplemente políticas asistencialistas (control social) y no tratan de atacar los factores más estructurales. No es lo mismo un proyecto nacional y popular que avance sobre las causas estructurales de la pobreza que otro neoliberal donde la pobreza forma parte de su esencia. Mi posición es defender la asistencia como un derecho; no se puede dejar librado a la buena de dios a las personas con carencias, además porque eso conspira contra la democracia. Porque la pobreza es la principal violación a los derechos humanos. Y no es sólo una entelequia. Que se pueda establecer un ingreso universal es bueno, pero las políticas deben estar acompañadas de recursos y un criterio conceptual. Si mañana se establece un ingreso universal de 100 pesos, el concepto puede estar bien, pero ese dinero no alcanza. Tiene que haber un punto de contacto entre el concepto y los recursos. Sino, quedás a mitad de camino. Y los recursos están ligados al proyecto general y la redistribución de la riqueza. Mirá lo que sucede con el impuesto a las altas fortunas que estos miserables se resisten a conceder. Para poder redistribuir, primero hay que generar riqueza. Si no crecemos económicamente, ¿qué vamos a redistribuir?

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