ABOLICIONISTA Y SOBREVIVIENTE DE EXPLOTACIÓN EN "LAS CASITAS"

Sonia Sánchez: “No son clientes, son torturadores prostituyentes”

Luego de que La Opinión Austral publicara la historia de Alma y Vicky, dos chicas trans que ejercen la prostitución, la militante Sonia Sánchez, autora de “Ninguna Mujer Nace para Puta”, dio su mirada abolicionista.

Por Sara Delgado


Luego de que este diario publica la nota titulada: “Si volviésemos a nacer, seríamos trans y prostitutas”, donde Vicky y Almacuentan su historia de vida y reivindican el ejercicio del sexo rentado como un trabajo, la militante abolicionista Sonia Sánchez pidió dar su opinión para refutar argumentos de una autonomía que, dice, no existe cuando se está en la pobreza.

En su juventud, Sonia fue explotada sexualmente, incluso siendo traída por una red de trata a Las Casitas, el complejo de cabarés que funcionaba cerca de la terminal de Río Gallegos. Cuando pudo salir de ese ambiente, se dedicó a militar para abolir la prostitución, escribiendo "Ninguna Mujer Nace para Puta" y dando charlas por todo el país.

Dice que notas como la de Vicky y Alma le producen “violencia”, pero no por ellas, a quienes considera víctimas, sino por “las diputadas, diputados, senadores, senadoras, las agencias internacionales, abogados, psicólogos, esas personas que tienen un buen pasar y están apoyando esto”, dice.

“Yo no cuestiono a las personas que la están padeciendo, que son las mujeres y las chicas travestis prostituídas, sino a las que no están cagadas de hambre, que tienen todos sus derechos, un buen pasar, un buen salario, a la CTAque es la central de folios argentinos, pero no a quienes padecen”, insiste.

 

 Victoria y Alma. FOTO: JOSÉ SILVA
Victoria y Alma. FOTO: JOSÉ SILVA

 

En la crónica publicada el miércoles, las chicas trans cuentan a La Opinión Austral que no elegirían otro modo de vida y para Sonia, esto es así porque “cuando te hacen la puta de todas y de todos, estás atragantada de violencia, por lo tanto la palabra trabajado maquilla y distorsiona la realidad”.

En cambio, “abusan de estas mujeres” porque “si vos les ofrecieras un buen trabajo, con un salario tan digno como el que tiene una diputada, ¿creés que van a estar sosteniendo treinta hombres por día? No”, aseguró la militante feminista.

Sonia se enoja también con los medios que mostramos esa parte de la sociedad, que dice que la prostitución sí es trabajo y medio de vida porque entiende que “se hace apología de la prostitución”, en medio de una embestida "reglamentarista” que usa a las chicas “que están cagadas de hambre, que leen esto y creen que es algo bueno, como Jimena Baróndiciendo que es muy bueno ser puta”, criticó.

Para ella, “Argentina es un país abolicionista” pese a que también es muy fuerte el discurso del trabajo sexual, “que es muy peligroso porque no vienen por mí, porque yo ya estoy vieja para puta, pero vienen por nuestras hijas, nietas y bisnietas”, añadió.

Asimismo, pidió penas más duras para quienes cometen delitos de trata en nuestro país y marcó que hace falta “una Justicia con perspectiva de género, pero además abolicionista, que no la tenemos. Van presos por pocos años por trata y es un gran negocio la venta de cuerpos”.

En este punto, mencionó a modo de ejemplo que “en Río Gallegos, en el mejor de los casos, deben estar pagando mil pesos la hora, ¿qué derecho tiene esa puta en esa hora? y ¿quiénes se enriquecen?, claramente los proxenetas porque las que mueren pobres y putas son las personas atravesadas por la violencia”, aclaró.

Finalmente, consultada acerca de si acaso el feminismo puso un manto de sospecha sobre quienes son clientes de la prostitución, Sonia responde construyendo la pregunta.

“Las putas no tienen clientes, esos son torturadores prostituyentes, la puta no vende nada porque nada le pertenece”, sostiene y dice que si bien “el feminismo está haciendo muchísimas cosas, se sigue cuidando al varón prostituyente”, ya que “siempre vemos la parte mas débil y nunca le ponemos rostro y nombre a ellos porque viven en nuestras casas, son nuestros hermanos, maridos, son los jueces, políticos, los jugadores de fútbol, y eso nos duele. Nunca van a tener rostro”

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