Arte y Cultura

Destellos Patagónicos

Por La Opinión Austral

Este es un espacio cedido por "La Opinión Austral" hace más de once años para aproximarnos a usted, Sr. Lector, e invitarlo a compartir el buen uso de las nuevas tecnologías, informática, Internet, como un medio de apoyo a la docencia, como una eficaz herramienta para ayudar desde la labor educativa salesiana en este vital proceso del "saber ser, sabiendo hacer". Desde nuestro lugar, Patagonia Austral argentina, abrimos una ventana, Destellos Patagónicos. Desde su apertura de par en par, nos ofrece en esta entrega:

El poncho fueguino

Por Sergio Pellizza

Cuando Juan Salvatierra recupero el conocimiento no supo al principio que había ocurrido. Todavía tardo un Tiempo en abrir los ojos. Por un momento creyó que había muerto y había sido enterrado. Imaginó que la hermosa mujer que había conocido en la plaza de Rio Grande durante las últimas horas del corto día de ese invierno de julio, estaba arrodillada sobre su tumba, añadiendo el peso de su cuerpo sobre la tierra que tenia sobre el pecho. No lograría seguir respirando mucho tiempo.

-No puedo hablarle, pensó -.Los muertos no tiene voz y si abro los ojos se me llenaran de tierra.

Hubo como un silencio de pensamientos y un borbotón de imágenes acudieron a su mente. Se veía cruzando la plaza cubierta de escarcha bien abrigado con su gris poncho fueguino. Hermosa prenda que cuidaba mucho; por su cálido abrigo y además porque se lo había regalado la creadora de ese particular diseño, Nélida Quiroz? Otros pensamientos pujaban por desplazar a estos mientras escuchaba el crujir de la escarcha bajo sus botas.

De pronto la vio sentada en un banco de la plaza, con la mirada distraída como si estuviera mirando el tanque de agua. Al aproximarse más, ella giro su cabeza y lo miro. Sintió un fuerte sacudón al sentirse apresado por esos hermosos ojos de color indefinido pero llenos de una inmensa ternura. Pasó frente a ella y siguió unos pasos. Como una fuerza indescriptible sintió esos ojos sobre su nuca que le impedían seguir avanzando? Se detuvo, giro sobre sí mismo y dio los tres pasos que lo separaban? Notó que estaba vestida solo con una túnica blanca y parecía tener frio. No pudo menos que preguntarle.

-Señorita que está haciendo aquí. Hace mucho frio y usted no está apropiadamente abrigada. ? Permítame que la cubra con mi poncho y la lleve a su casa, tengo el auto justo enfrente de la plaza.

-Bueno dijo ella, se dejo abrigar y caminaron juntos hasta el auto.

-¿No quiere tomar algo caliente en la confitería de la otra cuadra?

-No gracias Juan no es necesario.

Juan sintió en esos breves instantes que sin saber cómo, se había enamorado totalmente de esa hermosa mujer que sentada en el auto solo lo miraba. En un movimiento involuntario para ajustar su cinturón de seguridad rozó su mano y la notó muy fría. No hizo ningún comentario y solo dejo que esos ojos lo miraran con esa infinita ternura.

Paso un rato sin tiempo, ya la noche había caído aunque eran las 7 de la tarde. En un momento ella dice.

- Juan se me hace tarde.- ¿Podrías por favor llevarme?

Como la rotura de un hechizo? Juan desvió un instante la mirada de esos atrapantes ojos y dijo.

-Claro, a donde vamos.

-Ella le dio la dirección Islas Malvinas y Cristóbal colon. - Sólo déjame en la esquina.

-Quiero verte de nuevo, dijo Juan dame una dirección más precisa y tu nombre.

-Irene sendero 38.

Sin más palabras y sintiendo siempre la mirada sobre él, Juan puso el auto en marcha y enfiló para la calle Malvinas. Iba despacio por dos razones una por el hielo de la calle y otra porque quería permanecer más tiempo cerca de ella. Llegaron; ella se bajo rápidamente y se perdió en la esquina mientras caminaba cerca de la blanca pared y el blanco de la escarcha.

Con la cabeza hecha un mar de confusiones comenzó el regreso hacia el Hotel Atlántida, donde se alojaba. Algunos problemas de su trabajo desalojaron todos los pensamientos y comenzaron a desfilar en su mente los planos que tenía que ver y lo atrasado que estaba. De pronto un planchón de hielo hizo desviar el auto de la calle y embistió una columna de alumbrado público?

-Juan Despierta? Estas en el hospital recuperándote de una contusión. -Chocaste con tu auto en la calle Malvinas cerca del cementerio. -¿Entiendes lo que se te dice?

El doctor acercó una linterna a los ojos de Juan y dijo, buen reflejo pupilar en unos minutos estará bien.

Al poco tiempo Juan pudo incorporarse. Lo revisaron nuevamente y le dijeron que en un par de horas, si no había nada especial en las tomografías que le habían tomado de su cráneo y que estaban estudiando, se podría retirar.

Se vistió solo, se sentía bien y quería irse al hotel. Lo dieron de alta llegó al hotel, tomo uno de los comprimidos que le habían dado y se durmió profundamente.

Al día siguiente se levantó con buen apetito y al ir a desayunar notó que le faltaba el poncho fueguino. Desayunó bien y decidió ir a la empresa de remolques que se había llevado el auto accidentado. No había sido encontrado allí. De pronto se le ocurrió algo que parecía cosa de locos.

Alquiló un auto, lo estacionó frente a la plaza. Rehízo el camino que había hecho el día anterior, se paro frente al banco vacio y sintió una fuerte presencia allí donde no se veía a nadie. Tuvo un impulso fuerte. Arrancó el auto y fue con él hasta Malvinas y Cristóbal colon. Era una esquina del cementerio. Lo recordaba perfectamente recorrió todo el perímetro de la pared blanca y termino frente a la puerta del cementerio. Entró y vio en el piso una indicación sendero 38, lo siguió unos 70 metros y vio sobre una lapida que su poncho fueguino estaba prolijamente doblado sobre ella. La lapida decía Irene, había una foto detrás de un cristal enmarcado en bronce, de una hermosa mujer que lo miraba desde unos ojos de indefinido color?

Sergio Pellizza - Sobre una idea de María Cristina Bargiela.

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