Arte y Cultura

Selección de cuentos y relatos cortos

Por La Opinión Austral

Este es un espacio cedido por La Opinión Austral hace más de once años para aproximarnos a usted, Sr. Lector, e invitarlo a compartir el buen uso de las nuevas tecnologías, informática, Internet, como un medio de apoyo a la docencia, como una eficaz herramienta para ayudar desde la labor educativa salesiana en este vital proceso del "saber ser, sabiendo hacer". Desde nuestro lugar, Patagonia austral argentina, abrimos una ventana, Destellos Patagónicos. Desde su apertura de par en par, nos ofrece en esta entrega:

El río

Por Sergio Pellizza

Se dice que los ríos nacen de muchas formas. Muchas veces en las cumbres de altivas montañas turbulentos y con carácter. Se tranquilizan en las llanuras y finalmente obedeciendo a la ley natural de la gravedad van todos a parar a la mar. Allí se acomodan al nivel cero, punto de inicio de las alturas y elevaciones. Con la tecnología hoy existente, los podemos ver desde nuestro celular referenciando cualquier altura, desde sus nacientes hasta su desembocadura en todos los tramos de su recorrido. En 1876 no había Google Maps y muchos ríos de la Patagonia eran conocidos sólo desde su desembocadura. Tenían en secreto sus nacientes celosamente guardadas como este nervioso río Santa Cruz, uno de los principales de Argentina. Desde que el portugués Magallanes anduviera por estas costas en 1520 hasta 1876 en que unos hombres de temple decidieron navegarlo. De todas maneras hubo intentos previos. Uno de ellos como 40 años antes, realizado por el famoso naturalista Carlos Darwin, acompañado por el capitán Fitz Roy, llegó a unos cuantos km río arriba.

En la isla Pavón, último abrazo del río Santa Cruz a la tierra, antes de fundirse con el mar. El verano patagónico de ese 17 de enero de 1876, el viento del oeste dominaba el paisaje doblando a los arbustos y cuanto se anteponía a su paso, menos la voluntad de los hombres disididos a navegarlo. El río sabía de esta voluntad. No ofrecía una resistencia especial, sino que sólo no disimulaba su fuerte carácter de más de 600 metros cúbicos por segundos. Ciertamente muy tempestuoso. Formaba parte del paisaje patagónico, implacablemente hermoso. Después del almuerzo, entre saludos, con la bandera argentina flameando briosamente por el fuerte viento en el mástil del bote que usarían para la travesía, comienza la penosa marcha. El bote debía ser llevado a la sirga río arriba; es decir arrastrado con cuerdas desde la costa en contra de la corriente y del viento. No llevaban muchas provisiones. Las fuerzas combinadas del viento y la corriente exigían la aplicación de toda la energía de los caballos y hombres en la sirga del bote. Para cocinar había avestruces y piches (una especie de peludo). Habían aprendido de los tehuelches la técnica india, calentar piedras e introducirlas en el vientre vacío del animal cociéndolo; era mucho más práctico que asarlo y quedaba más jugoso. También encontraron mansos guanacos, patos y hasta un puma que se enredó entre las cuerdas y que casi mata a un hombre de la expedición. Al final como todo bicho que camina fue a parar al asador. Esta tierra patagónica es generosa con quien la conoce y respeta, no les faltó alimento en esta gran despensa de la naturaleza.

Después de pasar mil y una peripecias el 13 de febrero de 1877, la atención se centra en el aire que está más fresco, hay olor a mucha agua y por detrás del próximo médano se presenta el grandioso lago que ostenta toda su grandiosidad hacia el oeste. Es el lago Argentino. Allí nace el río Santa Cruz. A la entrada del lago encuentran un remo con un trozo de bandera argentina dejada por Fleiberg y también una botella conteniendo un documento que certificaba la anterior hazaña. No habiendo podido navegarlo y creído que era el Lago Viedma. El grupo reconoce este valioso intento y sobre el mismo médano renuevan la soberanía argentina sobre estas tierras izando una nueva bandera.

El mérito de imponer la toponimia y de lograr la primera navegación del lago Argentino le corresponde a Francisco Pascasio Moreno. No es mérito menor el de sus acompañantes, todos luchadores a ultranza por mantener la soberanía argentina en esta bendita Patagonia. Comandante Luis Piedra Buena, y el entonces subteniente Carlos María Moyano, primer gobernador de Santa Cruz.

Estos ejemplos deben fortalecer nuestro interés por cuidar la patria toda junta. Aunque no los veamos, enterémonos que hay una multitud de intereses en quitarnos de a poco esta bendición de territorio. No defenderemos esta tierra solamente con las armas. Nuestra pertenencia debe manifestarse a través del conocimiento, del trabajo de entenderla a lo largo y ancho y sobre todo a amarla en todas sus latitudes

Noticias relacionadas

Por

Noticias relacionadas

Comentarios
Seguí leyendo

Lo más leído

Más noticias