EDITORIAL

Desinformación, la otra pandemia

De qué manera interactuamos con la información que nos rodea, cómo sabemos cuándo hay que darle crédito a un hecho que se describe como cierto y se divulga con velocidad.

Por La Opinión Austral


En tiempos donde la sociedad, en todo el mundo, muestra una fuerte contracción para protegerse de la circulación del coronavirus, y nuestros universos también se hacen más chicos, hay otra dimensión del daño provocado por esta pandemia que parece no tener límites.

Sucede que protegerse hoy de la falsa información o de la desinformación no es tan sencillo. De forma intencional va tomando cuerpo incluso en interlocutores que por su lugar en los medios inspiran la confianza suficiente de una buena parte de la sociedad argentina.

Por eso, cuando Diego Leuco (hijo) festeja más destrucción y muerte alrededor del virus, con un puño que sacude como si su equipo favorito hubiese hecho un gol, cuestionarlo parece más bien una reacción inmediata de quienes asumen, desde hace tiempo ya, que el periodista en cuestión responde a intereses inconfesables y siempre antiperonistas.

Quien no está informado, o mejor dicho, no consume la suficiente información como para analizar de forma autónoma los hechos, puede caer en la duda y pensar que tal vez sí, efectivamente, el gesto fue por otra cosa. ¿Cómo contrastamos la información?, ¿de qué manera construimos un filtro que nos proteja de datos que no son hechos y suposiciones que no son siquiera sospecha?

Cuando la conductora Viviana Canosa toma lavandina en vivo, invitando a seguir un tratamiento que no es real contra el COVID-19, esconde que se trata de una iniciativa que promueven los anticuarentena. Pero incluso es peor, promueve un acto criminal. ¿Se imaginan a una mujer en situación de pobreza preparando una mamadera con esa fórmula para que sus hijos no se agarren el virus?

Lo vimos el viernes y ayer. Larguísimas filas de personas afuera de los supermercados que luego de ingresar arrasaban -literalmente- con las góndolas de la yerba mate, ¿por qué? Porque un medio echó a rodar una noticia engañosa en la que titulaban que habían prohibido la venta de este artículo, y no especificaba que no se trataba de Santa Cruz sino hasta promediar el texto. Es sabido, que en noticias web, suele leerse los títulos y las bajadas.

Por momentos pareciera que hay fuerzas que demandan una atención constante. Atención para no bajar la guardia y mantener el control sobre nuestros hábitos para prevenir contagiarnos y enfermar a los demás, atención también sobre lo que vemos, escuchamos y damos por cierto. En definitiva, atención sobre cómo conseguimos las herramientas para mantener conversación, intercambio y debate de ideas con los otros.

Estamos en un momento crítico, en el que hay quienes creen en los datos del sistema público de salud. No creen en los números de contagios y sobre ellos y ellas sobrevuelan permanentemente esta idea de que el Estado oculta algo, una verdad que debe ser descubierta. La pregunta es cómo y por quiénes.

Claro que esa posición contrasta con la otra buena parte de santacruceños que entiende que , en efecto, el Estado interviene antes ni Ministerio de Salud existía- pero que además de intervenir, hay una responsabilidad que es individual.

El hago lo que quiero es un discurso anticuarentena, y ahí lo que aparece en el fondo es un no Estado. El me salvo solo y eso es también producto de estar desinformado. Porque existen muchas personas que se asumen con este pensamiento sin tener una ideología que lo acompañe.

Este es un momento clave para aprender a tomar sólo aquella información que nos es útil en este contexto, digerirla y difundirla para que el mensaje llegue.

No sabemos cuánto tiempo el virus va a estar entre nosotros: todavía nadie puede, ni siquiera la comunidad científica, advertir en qué momento aparece el final del túnel, pero lo que estamos viendo en términos de desinformación, fake news y odio, parece tener vida para rato. Y una vez más, depende de nosotros

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