DÍA DEL MAESTRO

Docentes cuentan sus vivencias en pandemia y el volver al aula

En su celebración, La Opinión Austral habló con cinco maestros de diferentes áreas. Hablaron de su experiencia de trabajar en pandemia y cómo fue volver de manera presencial a las aulas con sus alumnos.

Por La Opinión Austral


“Un maestro no es aquel que solamente enseña algo, sino aquel que inspira al alumno a dar lo mejor de sí para descubrir un conocimiento que ya tiene dentro de su alma”, Paulo Coelho.

En nuestro país, cada 11 de septiembre, como manera de conmemorar el fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento en el año 1888, se celebra el Día del Maestro como forma de homenajear a quienes cada día realizan la tarea de enseñar, basada en la dedicación y el esfuerzo.

Desde el año pasado, la vocación de enseñar se ve atravesada por la pandemia. Hoy, gracias al exitoso avance del plan de vacunación en el país y la provincia, niños y adolescentes se han reencontrado con sus docentes tras mucho tiempo.

La Opinión Austral habló con cinco maestros de diferentes áreas acerca su día, la experiencia de trabajar en pandemia y cómo fue volver a las aulas de manera presencial con sus alumnos.

“Mi lugar es la escuela”

Severina Ayuso, profesora de educación especial en la Escuela Especial N° 6. “Mi madre es docente jubilada. Creo que fue su influencia la que incidió en la elección de mi carrera y despertó de alguna manera mi vocación.

Esperé con ansias la vuelta a la presencialidad y me pone muy contenta haber vuelto al que considero mi lugar, la escuela. Pero, claro, nos demandó y nos demanda todo un proceso de reorganización que estamos transitando.

El Día del Maestro es siempre de celebración, es el día en que nuestros alumnos nos agasajan y nos hacen sentir particularmente su cariño, en las escuelas se vive un clima festivo y este año en particular, que es de reencuentro, creo que lo voy a vivir con mayor alegría; esta pandemia nos ha atravesado profundamente, pero se vislumbra luz, poco a poco vamos recuperando el encuentro que gran parte de nosotros necesitaba.

En estos 15 años he conocido a muchos alumnos y sus familias, les enseñé y me enseñaron mucho. A gran parte los conocí siendo pequeños y he podido ver sus progresos, alegrarme con ellos y también sentir sus tristezas viviendo procesos dolorosos. Miro para atrás y reafirmo la elección de mi carrera.

No es fácil, son tiempos en los que la docencia se encuentra subvalorada y el ejercicio de la función es atravesado por múltiples factores que abruman y agotan.

La virtualidad fue el único medio posible para mantener el contacto con nuestros alumnos, y no hablo sólo en términos pedagógicos, fue mucho más allá, nos vimos en el compromiso de detectar necesidades de todo tipo y armar redes de colaboración y contención en la medida de nuestras posibilidades; el trabajo en equipo siempre es importante, pero en el último año y medio fue fundamental. Las escuelas se mantuvieron abiertas y más vivas que nunca. Perdimos la cotidianeidad, nos alejamos de lo que conocemos y sabemos hacer: ponernos en frente del aula y dar las clases como siempre lo hicimos”.

“Siempre supe que iba a ser maestra”

Valeria Mansilla, maestra de internado en la Escuela Rural N° 26 de Las Vegas. “Enseño hace 11 años, 1 año trabajé en Río Gallegos y 10 años que me encuentro en la ruralidad. Siempre me gustó la figura de maestra, desde pequeña sabía qué era lo que quería y jugaba mucho a serlo. Por suerte, logré concertarlo e iniciarme en lo que me apasiona.

La virtualidad para nosotros como escuela fue un gran desafío, un momento de mucha angustia y desconcierto que nos movió del todo. Con el tiempo y mucho trabajo en equipo, los maestros logramos encontrar una cierta armonía y organización para llegar de la mejor manera a nuestros alumnos. Se logró concretar clases virtuales por Zoom donde se proporcionaron espacios para la enseñanza y el acompañamiento emocional de nuestros alumnos.

La presencialidad significó un momento de gran alegría para todos. Comenzamos con burbujas quincenales y mucho entusiasmo. Volver a vernos y escucharnos, alumnos y maestros, fue muy emocionante, ya que surgieron risas, lágrimas, entre muchas emociones más. Ahora, ya en nuestra rutina habitual, se vive de manera enriquecedora con mucha esperanza y nuevos desafíos.

El Día del Maestro significa todo lo que implica la profesión, mimos de los alumnos y reconocimiento de los pares. El cariño de las familias que realmente valoran nuestro trabajo y lo hacen saber es realmente gratificante.

Como reflexión de estos años, creo que es entender que debemos seguir soñando y apostando por lo que nos mueve en este mundo y porque en la mirada de cada alumno hay un potencial que lo hace único. Los alumnos nos enseñan a ver las cosas desde muchas perspectivas distintas y eso es lo que también nos enriquece como personas. Tengo la fortuna de trabajar en la escuela rural, donde se convierten las personas en parte de tu familia y lo que ello implica es muy valioso”.

“Ver a mis alumnos me dio alegría”

Fabiana Balda, maestra en la Escuela Primaria N° 78. “Empecé con mi título de maestra en manualidades y me recibí en el antiguo Colegio Profesional de Mujeres de Río Gallegos. Me recibí en el año 1997 y desde ese momento hasta la fecha sigo ejerciendo.

Lo que me llevó a mí a ejercer la docencia fue gracias a los maestros que tuve en la Escuela N° 19, una de ellos fue Martita Sánchez que me daba clases. Como me gustaba esa parte, de trabajar con papeles, tejer y demás, me dediqué a eso.

Con el tema de la virtualidad, pienso que para todos fue igual, algo complicado porque tuvimos que aprender cosas que quizás nunca imaginamos a aprender o dar una clase a través de la pantalla del computador. Por empezar, aprender a utilizar varios medios de la computadora que no sabíamos, como las planillas, muchos programas para dar clases y que los chicos pudieran entender. No ha sido muy satisfactorio para los docentes porque hay que estar pendiente de si los chicos realmente aprendieron.

Con el tema de las clases presenciales, sentí mucha alegría al poder a mis alumnos, pero tristeza porque no se los puede abrazar, dar besos y ellos que son tan dulces porque doy clases a chicos de cuarto, quinto y sexto grado. Admiro el trabajo también que realizaron los padres en casa y cumpliendo el trabajo nuestro.

Esta es una fecha importante para los argentinos y a los maestros. Hoy en día en la virtualidad todos somos maestros. El Día del Maestro, como se lo conocía antiguamente, quedó pequeño en comparación a lo que estamos viviendo actualmente.

A lo largo de mi trayectoria, esto me ha dejado la mejor de las reflexiones, porque varios de mis primeros alumnos ya son padres, me ven en la calle y me saludan con sus hijos. He sido una buena maestra para que me recuerden después de tanto tiempo y uno los trata de llevar por el mejor camino posible”.

“Volver es un estímulo”

José González, profesor del área de comunicación del Colegio Salesiano. “Enseño desde el año 2011 y lo que me llevó al camino de la docencia fue porque al volver de donde yo estaba estudiando, que era Comunicación Social en Córdoba, en esos días una compañera de trabajo justamente me comentó que había unas horas libres con materias relacionadas a lo que yo había estudiado y si me animaba. La verdad es que eso fue el puntapié inicial a la docencia. Nunca me imaginé que iba a dar clases.

La verdad que trabajar en pandemia fue bastante complejo, muy dificultoso y difícil en un montón de aspectos. Por un lado, la virtualidad favorece en un montón de cosas y beneficios si se sabe aplicar correctamente, pero por otro lado complica demasiado y la falta de costumbre de todos es un poco medio descontrolado.

Volver a la presencialidad es realmente un estímulo importante, uno extraña el aula, el contacto con tus alumnos e incluso se nota cómo un alumno reacciona a una actividad estando en el aula a comparación de la virtualidad.

El Día del Maestro para mí lo lindo es cuando tus alumnos te saludan, la distinción de ellos le da forma a este día y te hace sentir bien, que lo que estás haciendo va por buen camino o que vas influyendo en la vida de los chicos de la mejor manera.

La reflexión que yo puedo sacar a todos estos años de enseñanza es que tanto el docente como el alumno están en constante aprendizaje y como reflexión final para los chicos, es que estudiar es importante, perfeccionarse y seguir pasiones, nunca dejarlas de lado, pero también ser una buena persona”.

“Ser maestro es un privilegio”

Jacquelina Berguenfeld, maestra de portugués en el Edificio Guardacostas de la Prefectura Naval. “Me recibí en el año 1998, pero comencé a dar clases en 1996. Viví muchos años en Brasil y no me alfabeticé porque hice hasta el secundario y cuando volví de allí, tenía que decidir qué carrera tenía que hacer. Empecé con otra carrera, que era psicología, y no me gustó, estuve unos años sin estudiar, solamente trabajando y de ahí decidí que quería hacer algo con las herramientas que tenía, que eran los idiomas.

Primero hice el Profesorado en Lenguas Vivas en Capital Federal y en el año 1997 me gané una beca para estudiar en Lisboa, Portugal, en una universidad de allí, y a partir de allí hubo un quiebre porque me di cuenta de lo que me gustaba. Más adelante hice el traductorado público y en este momento junté las dos cosas.

El tema de la virtualidad para mí fue muy bueno. La verdad es que le pude encontrar la manera porque me gusta toda la parte tecnológica y soy creativa. Tenía hechos cursos de programación desde que tuve la primera computadora, en el año 1995.

El Día del Maestro creo que son todos los días. Me siento muy agradecida con la profesión que elegí y con los alumnos que me tocaron en estos 25 años. Ser maestro es un privilegio, es un intercambio con la otra persona. De poder aprender con mis alumnos y siento que ellos están muy agradecidos por todo lo que van incorporando.

Siento que aprendo permanentemente, que no tiene que ver con lo idiomático, tiene que ver con lo social, lo psicológico. En este año y medio de pandemia fui más psicóloga y contenedora que docente”

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