TRUMP SE AUTOPROCLAMÓ GANADOR Y DENUNCIÓ FRAUDE

Elecciones en Estados Unidos: cinco claves para entender (lo inexplicable)

Resulta trabajoso discernir sobre un sistema eleccionario que carece de lógica. Joe Biden se posicionaba, al cierre de esta edición, 3 millones de votos arriba. “Ya ganamos la elección, pero quieren hacer un fraude, iremos a la Corte para evitarlo”, dijo el multimillonario.

Por Mariano Tagliotti


1- El presidente sostiene sin pruebas que ha habido fraude, titula el diario español El País, el más leído en lengua castellana. La estrategia del magnate republicano es la de judicializar la elección. En la Corte Suprema existe una mayoría conservadora que es la esperanza del Partido Republicano.

 

2- El voto vergüenza, tal como lo anticipó La Opinión Austral en su edición del lunes, volvió a jugar un papel principal en las elecciones. Como ya ocurrió en 2017, una gran cantidad de votantes que ante los encuestadores no declaraban su favorito, volvieron a inclinarse por Trump. Entre los blancos, desempleados, personas sin estudios secundarios, poblaciones rurales y el poderoso lobby pro-armamentista, la victoria republicana se reveló aún mayor que en 2017.

 Joe Biden, el candidato demócrata, con sus brazos en alto FOTO: CAPTURA
Joe Biden, el candidato demócrata, con sus brazos en alto FOTO: CAPTURA

3- Los votos por correo se revelan claves. Ante la demora en los conteos, los millones de votos emitidos por vía postal, son los últimos en computarse. Allí marca una clara diferencia el demócrata Joe Biden, que fomentó esta clase de sufragio para evitar aglomeraciones debido a la pandemia que al día de hoy se cobró 233.000 vidas en USA. Trump, que inclusive se contagió de Covid, encabezó la desobediencia a las recomendaciones de los epidemiólogos realizando actos de afluencia masiva de sus simpatizantes, la gran mayoría de ellos sin barbijos ni distancia.

 Donald Trump, gesticulando, en el debate de hace dos semanas con su adversario. FOTO: CAPTURA
Donald Trump, gesticulando, en el debate de hace dos semanas con su adversario. FOTO: CAPTURA

4- Vuelve a comprobarse que el Partido Demócrata debe arrasar en el voto popular para poder instalar un presidente en la Casa Blanca. No alcanza, por el sistema que rige en el anacrónico Colegio Electoral (un mastodonte del siglo VXIII), con solamente vencer en el voto popular. La democracia americana es la historia de cómo los republicanos gobiernan mientras los demócratas ganan el conteo de votos. Y eso sucede por lo siguiente. Vayamos a un ejemplo simple. Hay cinco habitaciones. En cada una de las cuales hay 10 votantes. De ganar la elección en una habitación, el candidato se lleva consigo 1 voto electoral. Los demócratas vencen 9 a 1 en dos de ellas. En las tres restantes pierden 6 a 4 contra los republicanos. La estadística nos dice que en el voto universal los demócratas lograron 30 papeletas y los republicanos 20. Pero los electores que entrega cada distrito suman 3 a 2 a favor sus rivales. Lo sufrió Al Gore contra Bush, lo vivió Hillary Clinton contra Trump.

De hecho el pelirrojo multimillonario estadounidense se encuentra otra vez al momento de ser escritas estas líneas, tres millones de sufragios detrás de Biden en el voto popular. De confirmarse estos guarismos, sería un nuevo caso de un político que desempeña toda su carrera política en Estados Unidos en puestos ejecutivos sin haber ganado jamás en el conteo universal.

 Estadounidenses siguiendo la contienda, voto a voto.
Estadounidenses siguiendo la contienda, voto a voto.

5- La imposibilidad de cambiar el sistema electoral se asienta en el mecanismo constitucional de los Estados Unidos. Se necesitan dos tercios de los representantes legislativos para reformar la Carta Magna, y el Partido Demócrata no llega a esos números tan altos. Resulta difícil razonar que el mismo estado federal que vota mediante elección directa a sus jueces, a sus fiscales y hasta al sheriff del condado, no haya sido capaz durante dos siglos de modificar su constitución para impedir que 400 millones de armas de fuego apunten sus cañones de este a oeste del país, mantenga un sistema electoral que dificulta enormemente el derecho al voto o que el recuento no se produzca en tiempo real (Jorge Fauró, La Opinión de Tenerife).

 

La respuesta se encuentra en quién es el beneficiario. El Partido Republicano, depositario de las ideas políticas de la élite WASP norteamericana (BLANCOS, ANGLOSAJONES Y PROTESTANTES), nada muy cómodo en las aguas de un sistema donde no rigen frases célebres como un hombre, un voto. Para el escritor estadounidense Noam Chomsky, las elecciones en mi país son el mecanismo para marginar a sus habitantes.

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