INVESTIGACIÓN

Huella de carbono: carne y lana patagónica en desventaja

Meses atrás se publicó un trabajo en el que se cuantificaban las emisiones de gases efecto invernadero, que no dejó bien parados a los ovinos patagónicos. Dicen que debería tener una mirada más abarcativa del beneficio ambiental.

Por Juan I. Martínez Dodda


Encuestas realizadas en Estados Unidos y la Unión Europea reflejaron que alrededor del 65% de los consumidores estaban dispuestos considerar la “huella de carbono” de un producto al tomar sus decisiones de compra. El impacto ambiental y la medición de emisiones de gases efecto invernadero (GEI) en la producción animal están en la agenda mundial. Con el objetivo de cuantificar las emisiones por primera vez en Patagonia, un grupo de investigadores evaluó la huella de carbono (HC) de los ovinos en 63 establecimientos de Santa Cruz.

 

“Se evaluó desde la meseta central a la estepa magallánica húmeda y seca, campos con bosques nativos de ñires, campos que por su historia estaban con cierto grado de degradación y campos en buenas condiciones, un gradiente de ambientes con distinto clima e historia de uso”, contó a Santa Cruz Produce el investigador del INTA Santa Cruz y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA)-Conicet, Pablo Peri. Los valores más bajos de huella de carbono se registraron en los pastizales más productivos.

 

 

 

 

Investigadores de Argentina, Perú y España, liderados por Peri, cuantificaron que entre el 75 y el 90 % de las emisiones son generadas por la producción primaria. De 2 a 15 % se genera en el procesamiento industrial y de 3 a 15 % en el transporte. Regionalmente, la huella de carbono total de cordero y lana fue de 10 a 41 kilos de Dióxido de Carbono por kilo de carne, mientras que la huella de la lana lavada y peinada es menor y va de 7 a 19 de kg/CO2 por kilo.

 

 

 

 

A partir de estos datos, Peri remarcó que “la gestión exitosa de las emisiones de GEI del ganado es un desafío importante para la comunidad científica, los productores, la industria y las autoridades”, dijo Peri.

Cómo está el mundo

Comparados con otros países productores ovinos, como Inglaterra, España, Francia, o Nueva Zelanda, la huella argentina está en valores medios a altos. Por citar, el máximo de HC de Argentina es de 38 kg/CO2 por kilo de cordero mientras que en Nueva Zelanda es de 10, Inglaterra 18, España 25.

 

 

 

 

“Si aparecieran nuestros valores de HC en la etiqueta de los productos, los consumidores preferirían cordero neozelandés ya que tendría valores más bajos”, resaltó Peri. “El tema es que hay un problema de unidades, porque nosotros en Patagonia hacemos una producción extensiva basada en pastizales naturales en la que podemos tener menos de un animal por hectárea por año (en varios campos de Santa Cruz se necesitan 5 hectáreas para darle de comer a una oveja que produzca un cordero), en cambio en lugares donde trabajan más intensivo como Nueva Zelanda, y con pasturas implantadas y fertilización pueden llegar a tener más de 5 animales por hectárea”.

 

 

 

 

Así, cada hectárea de los sistemas productivos ovinos intensivos produce más carne que una hectárea de la Patagonia argentina y “diluye su huella de carbono medida por kilo de producto”. y advirtió que “si el objetivo es poner el foco en el cambio climático, una hectárea de pastizales patagónicos puede fijar carbono, y ambientalmente es mejor que una pastura neozelandesa que probablemente emita por los trabajos de siembra, fertilización y riego que se hacen para la producción de esa pastura”.

 

 

 

 

“La huella de carbono es sólo una faceta de la evaluación del ciclo de vida (ECV) que se enfoca en la emisión de gases de efecto invernadero para un solo producto, pero también refiere a servicios ecosistémicos y la conservación de la biodiversidad del paisaje, algo que está pendiente de evaluar”, remarcó Peri.

 

 

 

 

“Creo que la estrategia regional para la producción ovina, en este marco de los gases de efecto invernadero y cambio climático, debería ser que se exprese el balance neto de carbono por superficie, así, un consumidor que compra un kilo de cordero o lana sabría que el campo en donde se produce está fijando carbono, esto me parece central”, apuntó Peri.

 

 

 

 

 

Cómo trabajarlo

Para esto, aseguran, es muy importante trabajar con el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y los productores.

“Son millones de hectáreas y cientos de productores que pueden verse afectados por esto” sostuvo el investigador. Y remarcó que “por eso tenemos que proponer que se empiece a usar unidades que representen mejor el cuidado al cambio climático que tenemos desde la ganadería ovina patagónica, que colaboramos en reducir las emisiones”, opinó Peri, que anticipó a Santa Cruz Produce que llevará este tema al Panel Intergubernamental de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (IPCC, según su sigla en inglés).

 

 

 

 

Todo en un contexto en el que se entrelaza el comercio internacional de productos con el cambio climático. Por eso los patrones de medida que se usen pueden generar que se abra o no un mercado o que la gente te elija o no. “Cada vez más, esta temática aparece en la agenda del comercio exterior y exportaciones, por eso esto es fundamental y hay que atenderlo”, cerró.


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