UN DELITO QUE CRECE EN PANDEMIA

En primera persona: el relato de una vecina de Río Gallegos que sufrió un intento de estafa

La mujer se percató del engaño y frustró la intención del delincuente. Ahora se hacen pasar por referentes del Ministerio de Desarrollo Social. Los casos de estafas telefónicas se han quintuplicado en el país.

Por La Opinión Austral


Las estafas telefónicas no dejan de crecer en el país y en la provincia. Desde el comienzo de la cuarentena, este tipo de delito se ha incrementado exponencialmente y las víctimas son cada vez más a lo largo y ancho de Argentina.

 

Los mecanismos de los estafadores son variados y se han ido “perfeccionando” y/o variando con el correr del tiempo, pero todos tienen un punto en común: hacerse pasar por un representante de un banco o del Gobierno Nacional para apoderarse de información valiosa (cuenta bancaria, contraseña, etcétera) y con esta robar el dinero depositado o solicitar préstamos que terminan siendo transferidos a cuentas en el exterior.

 

Se estima que en Argentina el incremento es del 500% con respecto a los niveles registrado en enero o el año pasado.

 

En Santa Cruz, principalmente en Río Gallegos y Caleta Olivia -las dos ciudades con mayor cantidad de habitantes de la provincia-, se ha registrado al menos un centenar de denuncias de este estilo, aunque por el momento no hay cifras oficiales y precisas de cuántas personas se han visto damnificadas por estos delitos.

 

Las víctimas han sido muchas, pero son muchos más los vecinos que se percatan de la estafa y “deschavan” al delincuente. La Opinión Austral habló con una vecina riogalleguense a quien intentaron engañar días atrás. Contó cómo fue que intentaron “hacerla caer” y de qué manera se dio cuenta.

 

El número del que llaman los delincuentes tiene característica de Buenos Aires

 

En su caso, se hicieron pasar por representantes del Ministerio de Desarrollo Social. Le dijeron que le correspondía “una ayuda de gobierno”, pero que la misma tendría que ser depositada en la cuenta “de una persona de confianza -preferentemente de un jubilado-, “así la AFIP no te saca un porcentaje”.

 

En síntesis, buscan saber en qué banco posees tu dinero y cuándo logran “convencerte”, te brindan un código y requieren que lo pongas en el cajero para que se efectivice el presunto depósito. En ese momento “se adueñan de tu cuenta”.

 

“Te re mienten, te dicen que es una plata que te corresponde porque estás sin trabajo, no sé como saben todo: que no estás en el IFE y demás”, comentó la vecina.

 

“Se hacen pasar por el ministerio (de Desarrollo Social)... ahí sospeché un poco porque el número es un 011 (ver imagen), pero te dicen anotá mi nombre: Juan Carlos Abaca (NdR: el subsecretario de Administración y Fianzas es Claudio Ariel Vacca) y te da el número de matrícula, la ley, otra de resguardo... para que te sientas seguro”, agregó.

 

“Le dije que tenía una cuenta, pero vacía, y que no tenía plata, a lo que me contestó que no podía depositarme y que podía ser a alguien de confianza, un familiar”, marcó, señalando que ahí las sospechas fueron creciendo y ya comenzó a notar que se trataba de un engaño.

 

Los estafadores se hacen pasar por representantes bancarios o del Gobierno

 

“Le dije del papá de mis nenas: pero él no se encuentra, tendría que llamarlo y preguntarle, le comenté y luego comenzó a interrogarme del banco con el que operaba mi pareja. Le pedí el supuesto código, pero empezó a insistirme con la información bancaria, entonces ahí ya le corté, le dije que lo llamaba más tarde”.

Precauciones

A continuación, una serie de recomendaciones de las entidades bancarias:

 

Los consejos son simples, pero imprescindibles para evitar que los ciberataques se sigan replicando: no dar datos confidenciales por teléfono, correo o SMS; ingresar siempre al homebanking a través de la página oficial del banco y no por un buscador; nunca ir a cajeros automáticos si te lo piden por teléfono; verificar que las cuentas de redes sociales de los bancos cuenten con un tilde azul de validación.

 

En el caso de recibir una llamada de un representante del banco del que son clientes: no dar datos personales ni bancarios (claves, Token, números completos de tarjetas ni cuentas), no realizar transferencias a cambio de futuros beneficios e informar al banco si recibimos un contacto desde un canal no oficial.

 

Por último, la mayoría de los bancos tiene un sistema de alertas por correo y mensaje de texto con el detalle de operaciones realizadas, lo que les permite mantenerse informados y prevenir o accionar a tiempo en caso de ceder datos personales sin saberlo, el que puede activarse a través del homebanking

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