EL CASO DE LA DOCENTE QUE NEGÓ EL COVID Y LA PANDEMIA NO ES UN CHISTE

Razuri, de negacionismo, infodemia y cómo nos hacemos de paciencia

La pandemia favoreció el surgimiento de grupos que se alimentan de la infodemia. Por qué los dichos de la docente de Las Heras Rosa Emperatriz Razuri no son aislados. En qué se sustentan y por qué hay negacionismo para rato.

Por Sara Delgado


Hay quienes niegan que estemos frente a una pandemia, y a la mayoría semejante aseveración puede causarnos repulsión por el grado de insensatez al que se llega. Sin embargo, cuando esa negación proviene de una profesional y además educadora, la conmoción es todavía mayor.

 

Los dichos o “enseñanzas” de Rosa Emperatriz Rasuzi a sus alumnos y alumnas del Colegio Industrial 7 de Las Heras no son aislados, sino que forman parte de un movimiento heterogéneo en el que confluyen diversas ideologías y posicionamientos políticos y que conforme vayamos atravesando la pandemia, es probable que se posicione con mayor fuerza en todo el mundo.

 

Y decimos que no son sólo personas que en forma aislada vociferan lo que piensan -algo probablemente sobrevaluado en la sociedad moderna- sino que estas ideas encuentran comunidad en redes sociales y grupos de librepensadores que dicen defender la libertad atacando las instituciones, unidos siempre por la irracionalidad que supone que todo sea una gran mentira.

 

 'Totalitarismo', 'libertad' o 'República' en el vocabulario negacionista.
'Totalitarismo', 'libertad' o 'República' en el vocabulario negacionista.

Pero Rosa Emperatriz no es una voz “nueva” de estas ideas que no sólo incomodan sino que más bien se llevan puesta la realidad y el sufrimiento de otros colectivos.

Razuri es, en esencia, una negacionista que defiende a capa y espada la actuación de las fuerzas militares y civiles durante la última dictadura cívico militar, negando el número de desaparecidos, llevando la discusión pública hacia una esfera numérica que oculta su propia aceptación de tanto horror imperdonable.

 

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Pensamientos extraños como el suyo conviven y convivieron siempre en las márgenes de la sociedad y la pandemia les sirvió como trampolín para colarse en la avenida principal, el mainstream y el consenso social mediante el cual argentinos y argentinas, ciudadanos del mundo, acordamos superar esta tragedia con pautas de cuidado personal y desarrollando vacunas.

 

Claro que ayudó la infodemia, ese mal que nos acecha como el coronavirus, y que incluso se propaga con muchísima más velocidad, impregnándonos de información mal intencionada que aumenta la angustia y nos impide pensar seriamente y tomar decisiones correctas, respetuosas y con empatía.

Pero, mientras más nos adentramos en los argumentos de los y las negacionistas, más enreverado resulta todo.

 

La línea argumental vendría a ser algo así como: digo cualquier cosa en nombre de la libertad, me refutan, me victimizo y equiparo eso con censura y dictadura.

Ahí entramos entonces en la dimensión del genocidio. Puesto así parece exagerado pero, cuando se supo que Rosa Emperatriz sería sancionada por el Consejo Provincial de Educación, lo primero que hizo fue advertir que el medio “comunista” La Opinión Austral estaba detrás de todo y que era una perseguida política.

 

 

Rosa Emperatriz, como se menciona más arriba, la que dice que el terrorismo de Estado fue un asunto de dos bandos, ahora cree que vivimos en un estado totalitario que la persigue por pensar diferente. No le daría el cuerpo a Condorito para tanto PLOP.

Y es que como dice el tango, “revolcaos en un merengue”, así es la lógica que opera con los sectores que niegan la pandemia. Desde marzo del año pasado, cuando el presidente Alberto Fernández anunció la cuarentena estricta, para sectores mayormente identificados como de “derecha”, las medidas de cuidado no son otra cosa que una “dictadura” y nuestras libertades individuales.

 

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Incluso ahí la propia Rosa Emperatriz y su colega Carina Resgenburger en Caleta Olivia, amenazaron con judicializar el DNU, asegurando que nadie debería prohibirnos circular, con argumentos que se apoyaban en la Constitución Nacional, obviando la obligación que tiene el Ejecutivo de velar por la salud de la población y que había que frenar la enfermedad, los contagios, las muertes.

 

Y es entonces que aparece otro hilo que rodea y junta a los negacionistas y es una interpretación de los derechos humanos que no suele estar respaldada con datos empíricos, instituciones ni el pensamiento popular.

 

Rosa Emperatriz es una de las expositoras locales en contra del derecho a decidir de las mujeres sobre el propio cuerpo, un tema sobre el cual se tejieron un sinfín de teorías conspirativas como el “control de la natalidad”.

 

Por qué sino entonces la docente dijo que “está demostrado, se va a esterilizar a los hombres para que no puedan tener hijos, va a producir alteraciones genéticas en el cuerpo de las personas porque son vacunas transgénicas”.

Eso porque las vacunas “se hacen con las células de los bebés abortados todavía vivos, a quienes se les sacan las células y después se los mata. Realmente es tan diabólico, tan satánico, tan tremendo todo que yo en todo caso, si fuera la vacuna que me salvara del Covid, ni aun así me la pondría, porque ya estaría yo entregando mi alma al diablo para aceptar algo que se ha fabricado con el sufrimiento de niños”, tal como afirmó en pleno Zoom durante una clase con alumnos que fue publicada este sábado por La Opinión Austral.

 

Claro que no tendría caso preguntarse sobre la falta de perspectiva de género. En su pensamiento las malas mujeres se provocan abortos, los hombres aparecen como víctimas de una esterilización masiva. De ellos no se duda que siempre deben querer cumplir con el mandato de dejar descendencia.

 

La viralización de sus dichos y la burla que generan nos recuerda a un hecho bisagra en la discusión por el aborto en el Congreso, cuando en 2018 científicos y charlatanes disputaron el sentido del lenguaje.

La senadora celeste Silvia Elías de Pérez le preguntó al experto Alberto Kornblihtt si acaso la IVE no iba a servir para abortar a niños con enfermedades incurables, como el Síndrome de Down.

_¿Para usted es una enfermedad?_, le retrucó él.

_ Bueno, no está bien_, quiso acomodar la senadora.

“No; no está bien. Está mal” dijo Kornblihtt, y la frase se hizo consigna, remera y hasta un libro.

Todo tiene que ver con todo. La base sobre la cual se apoya Rosa Emperatriz para decir las cosas que dice es la organización de “médicos por la verdad”, que desembarcó en nuestro país desde España el año pasado y que tiene como una de sus máximas referentes a Chinda Concepción Brandolino, mejor conocida como “la mujer de la Ola Celeste”, por su posición en contra de la legalización del aborto.

 

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Ella, por ejemplo, es una de las que asegura que vacunarse genera autismo.

Al igual que Rosa Emperatriz, Brandolino fue candidata de espacios conservadores. En el caso de la lasherense, el PRO, aunque ahora milita para Gómez Centurión. Y así, el hilo que une a los anti pandemia, anti vacunas con los y las anti derechos, parece tensarse.

Cuando intenta otros referentes para apoyar sus teorías, la abogada santacruceña entra en graves aprietos, como el que vivió en “Radio con Vos”, con el periodista Reynaldo Sietecase, a quien quiso hacerle creer que el inmunólogo y premio Nobel César Milstein y el científico Luc Montagner habían opinado como ella, y resulta que el primero murió hace más de una década y el segundo se vacunó con Sputnik V.

Los dichos de Razuri son producto de algo más que una campaña de desinformación de la que pudo haber sido víctima.

Cualquiera de nosotros podría no conocer bien un tema y opinar livianamente. De ser así, todos seríamos Rosa Emperatriz, sin embargo acá hay algo más profundo y con lo que vamos a tener que lidiar en la post pandemia.

 

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Al conservadurismo más recalcitrante se llega de muy diferentes formas, incluso pensando diferente en muchos aspectos, pero se llega en este contexto, con una voz cada vez menos marginal, con ideas que van escalando en nivel de inverisimilitud.

 

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Las teorías conspirativas circulan mejor durante una crisis porque aumenta la demanda de las personas por conocer una explicación razonable a sus males. Sumemos a eso que quienes difunden estas ideas usan delantal, lo que aumenta las chances de generar confianza y generar un daño a la salud pública por cada persona que decide no aplicarse la vacuna.

 

 

La pandemia nos hizo naturalizar actos impensados, el más extremo de ellos es la muerte que contamos a diario, pero también el hecho de que convivimos con personas que de tanto en tanto levantando las banderas del país, vociferan en contra de una realidad incontrastable, dolorosa, pidiéndole al Estado que se corra, que tomemos lavandina y se salve quien pueda.

 

Rosa Razuri es una abogada y docente de Las Heras que niega la existencia de la pandemia

Tal vez, hace un año, Rosa Eperatriz no se hubiese animado a decir que la falsa pandemia “es el nuevo orden mundial”, creado por unos cuantos, como George Soros, Henry Kissinger, Bill Gates, los Obama y los Clinton, los Rockefeller, es un proyecto político y religioso, donde también está Bergoglio (por el papa Francisco)”, como describió en el programa de Antonio Laje, por América TV.

Si hoy lo dice, es porque sabe que no está sola, y con eso vamos a tener que aprender a lidiar en los tiempos que vienen.

Habrá que armarse de paciencia contra este efecto colateral.

 

 

*Imagen fotomontaje: J.O/La Opinión Austral

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