TRADICIÓN SANTACRUCEÑA

Un año sin la Feria del Libro en el Complejo, ni sus clásicos libreros

La feria más reconocida de Santa Cruz ya lleva 26 ediciones sin parar. La pandemia frenó todo y este año se organizó de manera virtual. El esfuerzo para sostener la cultura en tiempos de virus y las historias de libreros que llegan cada año desde Córdoba y Bahía Blanca.

Por La Opinión Austral


La Feria Provincial del Libro es una tradición que, quienes nacieron y se criaron en Santa Cruz, ya reconocen como propia. La organización demanda muchos meses de trabajo y por el Complejo Cultural ha pasado una innumerable cantidad de reconocidas figuras.

 

Cada año, durante el primer semestre, las semanas previas a la feria se palpitan. Con su maduración, la Feria ha logrado sumar un extenso cronograma a su propuesta. Libreros, artistas y gestores culturales llegan a Santa Cruz desde todo el país para formar parte de diez días de intensa Feria.

 Marcelo Tourville forma parte de la feria provincial 'desde el día uno'. Hoy extraña 'el contacto con la gente'.
Marcelo Tourville forma parte de la feria provincial 'desde el día uno'. Hoy extraña 'el contacto con la gente'.

Este 2020 la pandemia sorprendió al mundo y la edición se lleva adelante de forma virtual. Sergio García vive en Carlos Paz, Córdoba, pero hace ocho años asiste a la feria provincial.

Llegó a Santa Cruz por una recomendación y nunca más dejó de venir. “Llamé a la biblioteca de Río Gallegos, pregunté si había lugar y me dijeron que sí”, relató a La Opinión Austral.

No conocía nada de la ciudad, así que “se la jugó”. Llegó en una Kangoo y un tráiler donde trae mesas, exhibidores, libros, todo.

“Me la jugué sin conocer el camino ni nada, demoré tres días en llegar. Era julio y me agarró el invierno en la ruta. Nunca había manejado sobre nieve”, relató.

Desde ahí la hizo siempre. “A partir de esa primera feria donde me fue muy bien, empezaron a aparecer en toda la provincia. Fue algo muy lindo, por ahí eran tres meses ausentes. Terminaba una y comenzaban las otras ferias, que duraba menos días que la de Río Gallegos. Así iba localidad por localidad”, relató.

 Juan Loreli, desde Bahía Blanca, llegó hasta Jaramillo-Fitz Roy participando de las ferias santacruceñas.
Juan Loreli, desde Bahía Blanca, llegó hasta Jaramillo-Fitz Roy participando de las ferias santacruceñas.

Hoy extraña el “cara a cara” y ver a sus clientes y amigos libreros. “En una situación muy difícil y estoy muy desesperado. Tengo tres hijos adolescentes y me las tengo que rebuscar”, contó sobre la pandemia.

Hace changas, corta el pasto y algunas soldaduras. “Nada que ver con lo que me apasiona, que es el libro, ojalá el año que viene se pueda revertir”, aseguró.

 

Marcelo Tourville es de la editorial Franco Argentino. Contó a La Opinión Austral que la pandemia los tiene muy “desgastados” por todo lo que implica.

“Lo laboral yo trabajo todo lo que es libro de créditos y colecciones. Estamos acostumbrados a trabajar en forma presencial en muchos lugares”, explicó.

Hoy participan de la 26° edición de la Feria Virtual del Libro, que transmite Cultura de Santa Cruz

Está en la feria desde el día uno. “Se extraña mucho el contacto con la gente, familia, amigos y clientes”, relató.

“El libro llega al mostrador gracias a los libreros, editoriales, es un trabajo que es apasionante y al que le dedicás muchas horas de tiempo”, dijo para finalizar.

Juan Loreli llega a Río Gallegos desde Bahía Blanca, hace más de diez años. La pandemia, como a todos, lo sorprendió.

“Nadie imaginó esto. Nosotros somos de las personas que estábamos a acostumbradas a estar en la feria de Río Gallegos en el Complejo, en el salón Portillos, con mesas, estructuras, libros y el contacto cara a cara con la persona”, describió en breves palabras, pero con mucha pasión.

Para él, y para tantos otros, la pandemia obligó a que había que reinventarse.

“Entonces tuvimos que encontrar la forma de trabajar de manera virtual y aprender lo que es la competencia en redes, totalmente diferente a estar en un espacio físico con colegas”, explicó.

En la virtualidad, uno ve libros y no ve personas: “Solamente ves precios. Así que tratamos de adaptarnos”, contó. La Feria del Libro Virtual, consideró, es muy buena y los lleva a aprender, día a día, “sobre todo esto”.

Lo que más extrañan, aseguran, es la mística y la tradición de una feria que se volvió familiar

“La gente también está acostumbrada a ir a la feria de Río Gallegos en el Complejo, es todo muy nuevo. En mi caso no pude hacer ninguna venta ni mensajes de consulta, eso te tira un poco abajo”, relató.

Aprendió a armar un sitio web y varias cosas más. Juan dejó un mensaje esperanzador y paciente. “Es lo que viene y que hay que darle tiempo, son varios años hasta que nos acostumbremos. Espero que el año que viene nos podamos encontrar”, aseguró para finalizar

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