Editorial

Un tema que divide, pero marca un solo camino

Por La Opinión Austral

El país se encamina a vivir un momento histórico, que repite escenarios de otras épocas, cuando se debatió la ley de divorcio o la del matrimonio igualitario. Este miércoles 13 de junio la Cámara de Diputados tendrá en el recinto un tema polémico, con posiciones claramente marcadas y antagónicas en su gran mayoría, pero con una misma convicción: la necesidad de dar el debate maduro y esencial para una sociedad que pretende desarrollarse.

La despenalización del aborto divide aguas, en muchos casos porque el tema se entrelaza con convicciones religiosas o filosóficas y se confunde la base de la discusión.

A partir de lo que era una suerte de "trascendido" ganó la calle un reclamo latente y terminó en el debate parlamentario que se concreta por estas horas.

Se intentó que la idea de vida misma desde la concepción o desde el nacimiento o bien en una determinada etapa del embarazo, no fuera el eje de la discusión, sino que la norma comenzó bajo el interrogante de si ¿es justo que una mujer que se embaraza y se encuentra transitando un momento determinado que la lleva a tomar la drástica decisión de practicarse un aborto, ponga en riesgo su vida, en primer lugar y deba ir la cárcel por ello?

No se logró. La discusión hoy, está cruzada por posiciones personales y también del colectivo. "Va más allá del pensamiento propio, también encierra un tema de clases. Porque las mujeres que están en ese riesgo, son las más vulnerables". Así lo exponen y defienden quienes están a favor de la ley.

"La vulnerabilidad la tienen también los condenados a no nacer", lanzan quienes no quieren que se cambie el status quo. Reclaman que esa mujer que debe transitar por un embarazo no deseado, tiene la opción de dar en adopción y basan la discusión poniendo el derecho que a su entender tiene el no nato por encima del que pueda tener la mujer que lo lleva en su vientre.

Pero más allá de los antagonismos, y sin ahondar sobre cuál es la postura correcta, la sociedad y sus representantes dirimirán esto donde debe ser: en el Congreso.

Y esto es el saldo positivo más grande que deja este momento que se está viviendo. Cuando la elección pase y la ley sea sancionada o no, y la euforia de los que hayan logrado su cometido y la decepción de quienes no lograron imponerlo haya pasado, se podrá mirar atrás y decir que el trabajo ha sido cumplido.

La sociedad, y sobre todo sus dirigentes, pudieron darse cuenta y obrar en consecuencia de que un debate maduro puede darse, independientemente de que hayan existido hechos de intolerancia en el camino.

La Argentina necesita de esos espacios de debate, de análisis. De que, entre todos, se pueda de una vez por todas, acordar ejes básicos sobre qué país, como sociedad, pretendemos.

Mahatma Gandhi afirmaba que no hay camino para el diálogo sino que el diálogo es el camino y es lo que se necesita. Un diálogo franco que comience a marcar esa traza que sea común a todos, con nuestras diferencias y nuestras coincidencias, que involucre los proyectos y los anhelos que en cada rincón del país tienen los argentinos.

Un pacto de consensos, no implican renunciar a la propia visión que las partes puedan tener de las cosas y sostenerla, sino requiere de una gran dosis de tolerancia, buen juicio e inteligencia: Tolerancia para saber escuchar, buen juicio para dar la razón al otro cuando lo merezca e inteligencia para discutir con fundamentos sólidos al disentir sobre algo.

Dicen que el disenso sólo si es lo suficientemente vigoroso, puede lograr que la otra parte ceda ante la fuerza de "hechos y argumentos", expuestos con racionalidad, respeto y altura.

No es la primera vez, y claramente no será la última, que desde este espacio abogamos por un camino de consensos a partir de los disensos, en todos los ámbitos y estratos de la política.

Necesitamos que así como los dirigentes vislumbraron un clamor que crecía en la sociedad y se pusieron al frente de un debate que permita tomar la mejor decisión para todos, en cuanto a un tema tan delicado y polémico como es el aborto, puedan dejar de lado definitivamente las mezquindades políticas para pensar, entre todos, una ciudad, una provincia y una Argentina distinta.

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