A 40 AÑOS

Crónicas breves de un tiempo de Guerra

El periodista del Grupo La Opinión recuerda cómo se vivieron los días de agitación por el conflicto en Malvinas a través de sus vivencias como reportero junto a personajes de Río Gallegos.

Por La Opinión Austral


Por Carlos Zapico

Zamba de mi esperanza

Joaquín Pérez, alias “El Vikingo”, era uno de nuestros fotógrafos junto a Jorge Ibáñez, a Osvaldo Graves y a Luis Otero en aquel tiempo. Pero el “Vikingo” era un personaje muy espectacular, con un barba que superaba su incipiente panza, cabello rubio y ojos celestes, un camperón verde que más parecía militar que civil y unos borceguíes descomunales, por lo que sólo la cámara de fotos colgada de su cuello lo identificaba.

Nos invitan a ingresar al aeropuerto (estaba cerrado para todo el mundo que no fuera de la Fuerza Aérea) y salimos más que contentos, más que nada porque ya habíamos ido a ver los Skyhawk A4 que veíamos salir todos los días rumbo al combate y era apasionante sentirse tan cerca de la batalla, aunque a unos 500 kilómetros de distancia.

Era la segunda vez que nos invitaban al aeropuerto a través del vicecomodoro retirado César Virgilio, quien oficiaba de contacto con las autoridades de la Fuerza Aérea.

Había periodistas de todo el mundo ese día en el aeropuerto, y entonces apareció un militar de rango para informar que a la plataforma, cuando llegara el almirante Lami Dozo, sólo saldrían los argentinos, por lo que los extranjeros (había de todo el mundo) se ubicaron al fondo del salón, que era mas chico que el actual por supuesto.

Los argentinos hicimos una fila uno detrás de otro y cuando dieron la orden, comenzamos a caminar hacia la puerta de vidrio que nos daría paso a la plataforma. Y en la puerta había un oficial jovencito (debía ser recién recibido o algo por el estilo) que controlaba nuestro paso.

Yo venía adelante, el “Vikingo” detrás y cuando este pasa, el oficial le pone una mano en el pecho y le dice que únicamente pasan los argentinos. El “Vikingo”, con esa mirada picara y socarrona, se paró, lo miró muy de cerca y de pronto comenzó a cantar “Zamba de Mi Esperanza”, lo que hizo que la cola completa largara una amplia carcajada y el oficial pasara a un tono rojo de vergüenza diciéndole que siguiera.

Fue una de nuestras primeras incursiones “guerreras”.

 Así lucían los Skyhawk A4 que salían desde el aeropuerto de Río Gallegos para misiones de ataque a objetivos terrestres.
Así lucían los Skyhawk A4 que salían desde el aeropuerto de Río Gallegos para misiones de ataque a objetivos terrestres.

El oscurecimiento

La Intendente de la ciudad, Gerónima “Billiken” Sureda, nos invita a los medios a participar del primer ensayo de oscurecimiento en la ciudad, por lo que voy con el fotógrafo Luis Otero al Municipio cuando ya se venía la noche. Ahí había dos transportes de personas que nos llevarían a ver el ensayo, que luego sería habitual.

Muchos periodistas de todo el país se encontraban en el lugar, mientras que el personal municipal terminaba de tapar las salidas de luz en los dos transportes (nosotros teníamos pases para circular de noche, pero teníamos los faros tapados y sólo quedaba un espacio de más o menos un centímetro de luz).

La cuestión fue que me toca el asiento con Otero detrás de la intendente, que se subió acompañada de la colega Gabriela Cofficci de la revista Gente. Arrancamos por la calle Libertad para dar unas vueltas por los barrios de la periferia y al final, nos dirigiríamos a la central de Defensa Civil donde la jefa comunal daría la orden y sonarían las sirenas para terminar el oscurecimiento.

Luego de media hora de recorrido nocturno, veníamos por la calle Perito Moreno y doblamos por Zapiola y escucho a mi colega que le pregunta a la intendente si en las casas las luces estaban apagadas o con las ventanas bien tapadas, por lo que la doctora le ordenó al chofer que detuviera el vehículo y comenzamos a bajar todos para ir hasta una vivienda de la cuadra donde verificaríamos el hecho. De pronto, se prenden todas las luces de la Heladería Tito en la esquina siguiente.

Al llegar, el propietario, mi amigo “Chiqui” García, mira hacia afuera y había un montón de gente junto a la doctora consultando por qué había prendido las luces, y “Chiqui” manifiesta que la televisión había informado que se había terminado el oscurecimiento.

La intendente, muy alterada, ordenó dirigirse al Municipio y allí comenzó una reunión para tratar de dilucidar qué había pasado.

En la cuadra de mi casa (yo vivía en la avenida San Martín frente a la cancha del Boxing Club) habían chocado dos autos y el jefe de manzana, mi vecino, el recordado “Chango” Curi, fue hasta la casa de al lado (de Juan José Anglesio que tenía línea telefónica y no había muchas) para llamar a la comisaría e informar del hecho.

En la puerta del canal, fumando un cigarrillo, había varios, entre ellos el “Pato” Scheffer quien era locutor de turno y mi amigo Luis Cabrera era el jefe técnico.

Al escuchar la sirena del patrullero creyeron que era la sirena de Defensa Civil y entrando al canal, informaron inmediatamente que el ensayo de oscurecimiento había terminado.

Al otro día salió un comunicado en La Opinión y en Correo del Sur con el Municipio pidiendo disculpas y explicando el error… no estábamos para la guerra.

 Publicación de La Opinión Austral da cuenta del exitoso resultado del oscurecimiento durante la intendencia de Gerónima Sureda.
Publicación de La Opinión Austral da cuenta del exitoso resultado del oscurecimiento durante la intendencia de Gerónima Sureda.

La primera carrera por Malvinas

No es difícil recordar que lo sucedido en aquellos años ha dejado un surco importante en nuestra memoria, máxime cuando luego tendría repercusiones trascendentes para la historia argentina, por lo que los recuerdos los tengo tan vívidos como si fueran hoy.

Si bien yo había ingresado en el diario Correo del Sur, primer diario impreso en sistema Offset, estábamos compartiendo la redacción con Julio Ferreyra, que oficiaba de jefe de Redacción y que me metía en todos los temas.

Aquel 1º de abril habíamos estado hasta muy tarde escuchando con un tremendo equipo Yaesu 7000 conectado a una poderosa antena con lo que se captaban muchas radios de todo el mundo, por lo que luego de terminar el trabajo pasábamos largas horas a la escucha de las noticias, pero sumado a ello, gracias a los contactos que tenía uno de nuestros directivos, el recordado “Tano” Paradelo, sabíamos que la flota argentina se dirigía a Malvinas, a tal punto que nuestro diario fue el primero y quizás único que salió esa mañana con la confirmación de los hechos.

Ese día, invitados por el comando en jefe del Ejército que se había instalado en las oficinas de la exempresa Swift, concurrimos a una conferencia de prensa donde nos presentaron a quien sería el responsable de esa área, el coronel Lucchino, y su segundo, el teniente coronel Dománico.

Cuando volvimos al diario, yo ya me había despedido de mi familia porque pasaría a buscarme Juan para ir a Gobernador Gregores.

Llegamos y nos dirigimos al hotel Adelino, donde estaban reunidos muchos de los pilotos y la gente de la organización. Yo fui en mi carácter de presidente de la Federación Regional 12 de Automovilismo.

 Este es el hotel Adelino donde se hizo la reunión para organizar la carrera. El hotel desapareció en un incendio.
Este es el hotel Adelino donde se hizo la reunión para organizar la carrera. El hotel desapareció en un incendio.

Al día siguiente, 3 de abril, se largaría la carrera, pero el tema más importante es que fue la primera carrera del país que llevó el nombre de Islas Malvinas, a poco más de 24 horas del desembarco de las tropas

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