ADOPCIONES

Viajaron desde Río a Gallegos a La Plata para conocer a su hijo y sumaron una madrina a la familia

Por una convocatoria pública, Gabriela y Rafael se enteraron que Francisco necesitaba una familia. Guadalupe, que lo había cuidado desde chiquito en Casa Cuna, hizo posible el encuentro. En el hogar les habían dicho que ese niño de siete años con discapacidad no iba a poder lograr nada. "Hoy es murguero, percusionista, scout, kayakista, hace deportes, ama cocinar y hace equinoterapia como hobby los domingos. Puede todo", cuenta orgullosa su mamá.

Por La Opinión Austral


En Córdoba, hace 13 años, Rafael y Gabriela se conocieron . Desde el principio de la relación conversaron del deseo de formar una familia.

“Al poco tiempo de intentarlo, nos dieron un diagnóstico de infertilidad. Hicimos tres tratamientos porque nuestro objetivo era formar una familia. En el último, mientras esperábamos el resultado, me enteré de una convocatoria pública en la que buscaban una familia para un nene de siete años en La Plata”, cuenta Gabriela a Somos Familia.

En ese momento, vivían en Río Gallegos. En 2010 se casaron y en 2011 decidieron mudarse para probar suerte y seguir continuar con su objetivo. “Vi la convocatoria pública en la página del Grupo ‘Ser Familia por Adopción’. Era de un juzgado de La Plata. Se trataba de un chico de siete años con discapacidad”.

Gabriela recuerda que estaba tan ansiosa que se contactó con los números que figuraban en la convocatoria sin haberlo charlado con su pareja. “Fue muy movilizante porque habíamos decidido no hacer más tratamientos de fertilidad, pero todavía no estábamos inscriptos para adoptar”, menciona.

“Recuerdo que lo único que pregunté fue si tenía una discapacidad motriz o si se podía mover por su cuenta porque yo tengo muy poca fuerza y era una limitación para mí. También consulté si el niño se podía comunicar de alguna manera ya fuera verbal o gestual. Me respondieron que caminaba y que hablaba un montón”, relata.

Entrevista en el Juzgado

La convocatoria fue lanzada en enero de 2014, pero junto con su marido tenían pedidas las vacaciones para marzo, motivo por el cual organizó una cita con el juzgado para esa época. “Tuvimos que esperar ese tiempo para viajar, primero fui yo sola y a la semana se pudo sumar Rafael”.

“En el juzgado no sabían demasiado sobre el niño. Recuerdo que durante la entrevista les pregunté algunas cosas para saber más sobre él y no tenían respuesta. Fue ahí que me hablaron de un vínculo fundamental que tenía Francisco: Guadalupe. Ella había sido voluntaria en Casa Cuna durante los primeros años que Fran estuvo allí y tenían una relación muy cercana”, explica Gabriela.

Guadalupe había conocido a Francisco de bebé. El lazo que los unía era tal que le había pedido permiso al juez para que los fines de semana pueda ir a su casa. "Fue clave no solo por el amor y la contención que le dieron tanto ella como su familia, sino porque ayudaron al nene a socializar, a conocer el mundo fuera de una institución. Le festejó los cumpleaños, y compartieron juntos la Navidad”.

 El primer abrazo de Gabriela y Francisco.
El primer abrazo de Gabriela y Francisco.

Un cumpleaños especial

Gabriela cuenta que Guadalupe fue quien salvó a Francisco del aislamiento cuando fue trasladado a los cuatro años de Casa Cuna a otro hogar en donde, afirma, ni siquiera estaba escolarizado. “Me conecté con ella y le conté en el medio de la charla que al día siguiente era mi cumpleaños, me ofreció celebrarlo en su casa e invitar a Francisco. La idea era que él me conociera en ese contexto familiar para él y que pensara que yo era una amiga de ella a la que había decidido festejarle el cumpleaños”.

Más allá de la ansiedad y la emoción de conocerlo, Gabriela quería ser precavida porque todavía faltaba que llegara Rafael, quería ver cómo era el vínculo entre ellos. “Tenía miedo de que no fuera la misma conexión, pero al segundo día, ya le decía papá. Siempre había estado rodeado de mujeres y era evidente que quería una figura masculina en su vida”, explica.

Seis años después de ese primer encuentro con su hijo, describe ese primer abrazo que se dieron el día de su cumpleaños y cómo juntos soplaron la velita: “Fue todo muy movilizante, rodeada de esta familia que era la familia extensa Fran. Yo lo acepté así, son parte de nuestra familia”.

"A la semana llegó mi marido y en el juzgado nos dieron oficialmente la posibilidad de hacer la vinculación. La primera vez que salimos fue caótico, hizo todas las macanas como para mostrarnos quién era. Cuando volvimos a la casa donde nos estábamos quedando, supimos que no había otra opción para nosotros, íbamos a volver los tres juntos a Río Gallegos”.

Fueron 20 días de vinculación, eran los que tenían de vacaciones y les sirvieron para conocerse con su hijo. “Guadalupe nos cedió su casa, su familia preparó el ambiente para que nos sintiéramos cómodos y pudiéramos vincularnos en un ambiente amoroso”.

 El bautismo de Fran, junto a Gabriela y Rafael.
El bautismo de Fran, junto a Gabriela y Rafael.

Gabriela destaca el amor que une a Francisco y Guadalupe y todo lo que tanto ella como la mamá y el hermano -que siempre fueron como una abuela y un tío para él -le brindaron. “Guadalupe nos contó que con su familia siempre rezaban para que Fran encontrara una familia. Nos dio fotos de mi hijo desde bebé, de todos los años hasta que cumplió siete, de los cumpleaños y de muchos otros momentos importantes en su vida en los que ella siempre estuvo presente”.

“Nosotros respetamos y celebramos ese amor, tanto que decidimos que ella fuera la madrina de bautismo. En el verano nos encontramos en Córdoba para las vacaciones y siempre que se puede ella viaja a vernos. Fran la extraña en esta época de pandemia y me dice ‘hace mucho que no la vemos’”.

 

En Río Gallegos

Después de pasar esos días juntos, Rafael se volvió en auto a Río Gallegos y Gabriela con Fran regresaron en avión. “Al llegar a casa fue otra la situación. Nos habían dado el diagnóstico de TGD, pero a mí no me decía nada, porque agrupa demasiadas cuestiones, no habla de la persona. Yo soy psicóloga y necesito descubrir la individualidad”, aclara.

El cambio para todos, pero especialmente para Fran, fue muy grande, desde dejar una vida institucionalizado por una casa y una familia, hasta lo climático que no tenía nada que ver con lo que él conocía. “Llegamos un 29 de marzo y el 1 de abril ya habíamos acordado un turno con la psiquiatra para que lo evaluara. Desde los tres años recibía una medicación, pero yo creía que tenía que ser reevaluado porque era otra su situación”.

Al principio no fue fácil porque él se enojaba mucho con ellos, pero todo formaba parte del proceso de comenzar una vida juntos. "Conseguimos el certificado único de discapacidad y que la obra social se hiciera cargo de todas las terapias y apoyos necesarios. En el imaginario, la gente piensa que para adoptar tenés que tener mucha plata pero no es así, nosotros en ese momento alquilábamos y teníamos un solo auto. Lo importante cuando se trata de adopciones de chicos con discapacidad es tener una obra social que responda a los tratamientos”.

 Gabriela y Fran en Recoleta.
Gabriela y Fran en Recoleta.

Además de consultar a expertos en el sur, la familia viajó a Buenos Aires para hacer estudios en el Fleni. Allí les confirmaron que no tenía ningún rasgo de conducta autista y que sí tenía era un cuadro de hiperactividad marcada por la crianza, durante esos primeros años, en una institución en la que no estaba cuidado. “Hoy trabajan con Fran, un profesor de educación física, hacemos equinoterapia y abordamos desde muchos lugares la situación porque por un lado es un niño, y por otro, un adolescente de 13 años con todo el hormonazo”.

“En el hogar Santa Clara de Asís nos decían que Fran no iba a poder lograr nada, en Fleni nos dijeron que tenía un retraso mental moderado e hiperactividad y que iba a poder hacer todo lo que se propusiera. Fran hoy lee, usa las redes sociales y trabaja por Zoom. Es murguero, percusionista, scout, kayakista, hace deportes, ama cocinar y hace equinoterapia como hobby los domingos. Puede todo. Está en primer año de secundaria laboral donde tendrá si dios quiere talleres de cuatro oficios”, relata.

Recuerda que los primeros días, cuando Fran llegó a su casa, “me dormía con un ojo abierto para ver si se movía, si hacía algún ruido o si iba al baño. Esperamos siete años para tener un hijo y Fran esperó siete años para tener un papá y una mamá".

Un hogar para otros chicos

“A Francisco lo conocí cuando tenía seis meses, él vivía en Casa Cuna de La Plata y yo era voluntaria ahí. A los cuatro años lo cambiaron de hogar. Como en ese lugar no lo podían contener, lo trasladaron a otro. Pasaban los años y veía que la situación no se resolvía, empecé a involucrarme en el caso judicial. Seguía yendo  a visitarlo y lo traía a mi casa a dormir. Mi familia siempre involucrada con él porque pasaba todos los fines de semana con nosotros, lo llevaba a donde iba. Traté de encontrarle una familia, pero no hay muchos que acepten chicos con discapacidad. Me contacté con varias parejas pero ninguno aceptaba la discapacidad de Fran”, cuenta Guadalupe.

Finalmente, el juzgado lanzó la convocatoria pública y allí fue que conoció a Gabriela y Rafael y todo cambió. Para ella, fue casi milagroso que llegaran desde tan lejos y se convirtieran en los padres de Francisco. “Somos una gran familia. Nos visitamos, nos hemos encontrado de vacaciones. Nunca hubiera pensado que la historia iba a tener este final, me da mucha felicidad porque pasaron miles de cosas en la vida de él hasta que aparecieron Gaby y Rafa”.

A partir de la dinámica que conoció como voluntaria en diferentes hogares y particularmente por la experiencia de Fran y otros chicos, en 2012 surgió -junto con otras compañeras- la idea de fundar un hogar de chicos brindando una propuesta familiar. “Un poco en contra de la institucionalización sobre todo en edades tan tempranas, nos propusimos un modelo diferente con personas estables, con pocos chicos para poder darles un trato personalizado, con sus cosas para que sientan la pertenencia. Estuvimos dos años con el papeleo y juntando socios que se sumaran al proyecto. En 2014 gracias a un grupo de gente que se ofreció como garante y para pagar el alquiler, logramos abrir el hogar Felicitas".

"En 2017 logramos formar el programa de familias transitorias para aquellos que están en una situación que tiene que resolverse judicialmente. En el caso de Fran, se podría haber decretado la adoptabilidad desde el día que nació. Por eso y para que ningún otro chico pase por la misma situación estamos trabajando. Queremos que los chicos tengan esa oportunidad de conseguir su familia”, afirma Guadalupe

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