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Destellos Patagónicos

Por La Opinión Austral

Este es un espacio cedido por La Opinión Austral hace más de once años para aproximarnos a usted, Sr. Lector, e invitarlo a compartir el buen uso de las nuevas tecnologías, informática, Internet, como un medio de apoyo a la docencia, como una eficaz herramienta para ayudar desde la labor educativa salesiana en este vital proceso del "saber ser, sabiendo hacer". Desde nuestro lugar, Patagonia austral argentina, abrimos una ventana, Destellos Patagónicos. Desde su apertura de par en par, nos ofrece en esta entrega:

El teorema de la vida 

Por Sergio Pellizza

Era el tiempo calmo del hombre habitando estas lejanas tierras, lo que es Patagonia Austral, al sur del paralelo 52. Sin más apremios que sus hambres saciadas en la caza? sin más ambición que poder pisar sus propias huellas, sin más brújala que el sol y el viento, sin más montura que sus propias plantas. Ni rueda ni ganado ni arcabuz? sólo el atávico fuego, la piedra, los espíritus? la sabiduría de los viejos y los toldos marcando el lugar provisorio y circunstancial de residencia.

El tehuelche vivía en estas tierras sin pensar en poseerla? ni perderla? la sentía como una extensión de su propio ser. La caminaba haciéndola suya en su propio andar sin proponérselo.

Nada había en los humos de los brujos, tampoco, ningún aviso de los dioses acerca de la llegada de otros hombres viniendo del agua grande. Pero el hombre llego? como alguna vez apareció "Elal" (dios de los tehuelches) sobre el cisne, así lo hiso el hombre con pelos en la cara, cabalgando su nave?

Y el hombre llegó para quedarse. Venia de una vieja historia, de monarcas revoluciones y cadalsos, de Papas, brujas y santos, de obreros y campesinos, de largas hambrunas. Quiso venir de la vieja Europa en busca de tesoros. Audaces simples, con apenas un atado a la espalda.

Cruzaron el agua grande tratando de no volver la cabeza para no mirar la miseria que dejaban. Para ellos fue el tiempo de la partida sin saber de regresos, fue el tiempo de arribar en el viento y prometiéndose la tierra. 

A su manera fueron los dueños de su tiempo. No pensaron su pasado sólo deseaban ver germinar su futuro. Vivían el presente con una intensidad total, sin que nada los apurara. Hombres y mujeres de breve existencia. Nos regalaron su historia y anqué la muerte los acechaba a cada paso. No enloquecieron en encontrar rápidamente el tesoro. Se conformaron con el vellón simple y blanco de sus ovejas. Cuidaron sus majadas como pastores, cercaron sus sueños dentro del alambrado, buscaron agua y reparo, levantaron sus casas? y allí parieron sus hijos para recordarles al tiempo que estaban. 

Al igual que en toda la historia americana, aquí no fue distinto. Se podría plantear una hipótesis de como hubieran sido estos lugares sin la llegada del europeo. Pero la real demostración de este teorema de vida es ya imposible, y solo nos queda para amortiguar la culpa. Incorporar al trajín diario de los pueblos a los hombres de la tierra, los pocos descendientes que nos acompañan. Valorar y recuperar su cultura para que sus raíces también sostengan el árbol. 

biblioises@gmail.com 

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