Your browser doesn’t support HTML5 audio
Por Facundo Pedrini
(Director de Crónica TV)
“Me quiero morir en cámara”
me dijo Chiche la primera vez que lo internaron.
Si Dios lo quiere, va a tener
que venir a buscarlo en vivo.
Existe algo entre los finales y la muerte
y son las preguntas.
Lo internaron 6 veces en 5 meses.
Por una infección urinaria,
por un paro cardíaco,
por un infarto de pie,
por una trombosis descontrolada que
le tapaba un par de arterias,
por precaución y por las dudas.
Cuando lo recibieron la última
vez no podía hablar ni pisar.
“60/40, Chiche: 60% la contás, 40% no la contás”
dijo el jefe de guardia del Mater Dei.
Y lo metió a terapia intensiva,
esa frontera de silencio a la que solo
entran dos verbos: vivir y morir.
“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”
me dijo cuándo todo se complicó en la primera semana
por los glóbulos blancos. Con infección, no hay operación,
sin operación, no hay alta, sin alta, nadie lo puede escuchar.
Los respiradores, las agujas clavadas en los brazos, los sueros, los monitores,
los drenajes y los cables sedan el dolor pero te separan de las cosas.
La cama no es una opción para los cazadores:
Chiche satura oxígeno solo cuando persigue a la Argentina.
Una caída en el pasillo de Crónica,
una caída desde un auto en movimiento,
una caída al lado de la bañera y
otra a la salida de un restaurante en La Recova
en donde quedo boca arriba
como las tortugas de mar
que se alejan de la costa y
porque no pueden trepar a la roca.
Chiche se cayó varias veces
y jamás se derrumbó.
Pero esta vez era diferente.
“Mañana te amputan el pie”
le dijo el médico de piso.
Una ulcera en el empeine
se le infectó y gangrenó todo.
La herida lo estaba
comiendo desde abajo.
Como siempre.
Como nunca.
El parte médico de todos los días
eran placas rojas de su propio cuerpo
con cada vez menos palabras:
Hay que ver, no sabemos, si, no, abrazo.
“Estas contando bien la muerte del Indio”
me contestó la última vez que le pregunté
por el asunto restándole importancia
a su propia resignación.
Escribió Indio pero quiso decir
“No tengo idea, no me rompas más las pelotas”
No sé.
Siempre pensé que lo que más le importa
a Chiche está afuera de si mismo.
Y como el peligro saca lo peor del
mundo pero lo mejor de los
periodistas, llenó la angustia de la
espera con novedades de los otros.
De Trump a mi mudanza frustrada.
Porque en Argentina el Dios de los
vacíos son los amigos.
“Hay que cortar”
“No que cortar”
“No sé si podemos salvar la pierna”
“No vas a volver a caminar”
Los últimos 15 días el cuerpo de Chiche fue un bingo
lleno de médicos que jugaban varios cartones a la vez,
como las viudas terminales que esperan que el
bolillero frene el tiempo.
Y al final se salvó.
Y al final no le cortaron nada.
Y al final le dieron el alta.
Y al final vuelve.
Una junta médica le hizo firmar un papel
de consentimiento para que la
muerte sea culpa suya.
Hay un periodista que vive.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia

