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El juicio por el hundimiento del ARA San Juan sigue sumando voces que reconstruyen, desde lo íntimo, lo que ocurrió antes del 15 de noviembre de 2017. Esta vez fue el turno de Noelia Díaz, esposa de uno de los 44 submarinistas, quien tras declarar ante el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz habló en exclusiva con La Opinión Austral y aportó un relato atravesado por la memoria, el dolor y una fuerte acusación: que la tripulación navegaba en condiciones que ya eran conocidas como riesgosas.
Noelia reconstruyó aspectos técnicos que escuchaba en su casa y también escenas cotidianas que hoy adquieren otro significado. “Mi esposo era maquinista y en ese momento era cabo principal. Al estar en la zona de máquinas, él sabía mucho de lo que sucedía. Lo que comentaba en casa es que el submarino siempre se venía rompiendo y estaban continuamente haciendo arreglos. Incluso después de la navegación de julio, cuando fueron a Buenos Aires a arreglarlo con especialistas, el submarino volvió a Mar del Plata y siguió teniendo averías”, relató.
Ese viaje de julio de 2017 aparece como un punto de quiebre en su testimonio. “Cuando volvió en julio, nos abrazó a Fran y a mí y nos dijo que casi no volvía, que casi se hunden. Vino muy asustado ese día”, recordó. Y agregó una imagen que, con el paso del tiempo, se volvió más contundente: “Yo no entendía mucho el funcionamiento técnico, pero él me decía que las cosas se rompían, las arreglaban y se volvían a romper. Detallaba que, con olas grandes, el movimiento dificultaba mucho la navegación; eso había afectado mucho el viaje de julio”.
Uno de los ejes más sensibles que atraviesa el debate judicial es si los tripulantes podían negarse a zarpar. La respuesta de Noelia fue directa y sin matices. “No tenían la opción de elegir. Nosotros teníamos fecha para el casamiento el 30 de noviembre de ese año. Él pidió desembarcarse para hacerse los análisis para el casamiento y no se lo permitieron. Si no se embarcaba, recibía una sanción. Tenían que cumplir porque era su trabajo”, explicó.
La historia personal también irrumpe con fuerza. “Teníamos un hijo de 2 años, Dante Francisco. Estábamos en concubinato e íbamos a casarnos, pero no se dio. Éramos una familia y vivíamos en Mar del Plata. Hacía 4 años que estábamos juntos”, contó, en una descripción que pone rostro y contexto a una de las 44 historias que quedaron truncas.
Noelia también aportó elementos que, según dijo, nunca había podido expresar públicamente. “Nos borraron todas las fotos y mensajes; perdimos los recuerdos y lo que ellos habían hablado”, afirmó. Y agregó un dato que, en su interpretación, reflejaba una carga emocional previa a la tragedia: “También conté que, después de julio, él se quedaba muy pensativo mirando a Fran. Quizás daba indicios de cosas que veía y no podía decir. Además, me había dicho que tras la navegación de julio le habían echado la culpa de algo a un compañero suyo de forma injusta y él estaba enojado por eso”.
El desgaste del trabajo a bordo también formó parte de su relato. “Sí, trabajaba muchas horas. El día antes de la navegación se quedaba hasta tarde, a veces hasta la noche. Era muy demandante y él, como maquinista en los motores, sabía y veía todo”, explicó. Y aunque reconoció que a su esposo le gustaba su profesión, dejó en claro los límites de esa vocación. “A él realmente le gustaba lo que hacía, pero no tenía la posibilidad de decidir si el submarino estaba o no para navegar; los obligaban igual”.
Consultada sobre las sensaciones que le genera el desarrollo del juicio, su respuesta volvió a colocar el foco en las responsabilidades. “Quiero que se haga justicia y que se hagan responsables. Indigna y duele escuchar cómo quieren desligar responsabilidades o culpar a quienes hoy no tienen voz y no pueden defenderse”, expresó. En ese punto, remarcó cómo funciona la estructura dentro de la Armada: “La Armada es una organización lineal y las responsabilidades van de arriba hacia abajo y viceversa. Sabían que el submarino no estaba en condiciones, sabían que era peligroso y que no era apto para ese clima tantos días. Sabían a qué los estaban enviando”.
A casi una década del hundimiento, su vida también se reconfiguró alrededor de la crianza y la búsqueda de respuestas. “En un momento me alejé de las movilizaciones para ocuparme de mi hijo, que estaba muy nervioso y mal. Hoy busco respuestas para él, que en ese momento tenía 2 años y hoy tiene 10”, contó. Y cerró con una frase que resume el sentido de su presencia en el juicio: “Ellos no tendrían que haber salido y es necesario que se sepa la verdad y se haga justicia”.
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