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En la casa de ejercicios “El Cenáculo” en Pilar se realizó la 128ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).

El intercambio inició con la palabra de los delegados regionales, quienes compartieron la situación de las distintas regiones, presentando las principales realidades, desafíos y signos de esperanza que viven las comunidades en cada diócesis.

Durante la sesión, el encargado de negocios de la Nunciatura Apostólica, monseñor Daniele Liessi, dirigió un mensaje a los obispos y agradeció el servicio realizado por el nuncio apostólico que recientemente concluyó su misión en la Argentina, y expresó que la Nunciatura y la Iglesia en el país se encuentran en espera y oración por un nuevo nombramiento.

El obispo de la Diócesis de Río Gallegos, Ignacio Medina participó de la asamblea.

En el segundo día, los obispos dedicaron toda la jornada a la memoria agradecida del papa Francisco, al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento.

Durante la mañana, a través de una lectio divina, reflexionaron sobre el legado espiritual y pastoral de Francisco. Por la tarde, se celebró una misa en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, presidida por el presidente de la CEA, monseñor Marcelo Colombo.

En su homilía, Colombo expresó: “Francisco se jugó hasta el final de sus días por la sublime causa de la paz, especialmente en sus reiteradas apelaciones a la construcción de una sociedad más justa a través de la interacción comprometida de los distintos sectores y dirigencias”.

Los obispos participaron de la Asamblea plenaria en la casa de ejercicios “El Cenáculo”.

En el transcurso de la jornada, el presidente de la Nación, Javier Milei, y monseñor Marcelo Colombo, intercambiaron cartas en las que valoraron el legado de Francisco.

Durante la tercera jornada, se realizó la tradicional misa en memoria de los obispos fallecidos, los obispos aprobaron el resultado del presupuesto 2025 y el informe de ejecución presupuestaria correspondiente a marzo de 2026 de la CEA y reflexionaron sobre la sinodalidad.

Por último, el viernes, los obispos enviaron una carta al papa León XIV en la que renovaron su comunión con su magisterio y, de modo particular, se unieron a su urgente llamado por la paz.

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