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Uno de los indicadores más preocupantes es el uso de la capacidad instalada, que se ubicó en apenas 41,8%, el nivel más bajo de los últimos cuatro años. Además, el dato implica una caída interanual de 5,3 puntos porcentuales, lo que evidencia un fuerte nivel de ociosidad en el aparato productivo y confirma el carácter recesivo del escenario industrial actual.
El desempeño sectorial sigue mostrando una marcada heterogeneidad, aunque con predominio de resultados negativos.
El análisis por rubros muestra un panorama mayormente negativo. Solo algunos sectores lograron leves mejoras interanuales:
- Maquinaria agrícola: +1,8%
- Autopartes: +2,1%
- Carrocerías y remolques: +2,0%
Sin embargo, la mayoría del entramado metalúrgico continúa en retroceso:
- Otros productos de metal: -6,7%
- Bienes de capital: -6,6%
- Equipamiento médico: -6,5%
- Equipo eléctrico: -5,8%
- Fundición: -3,2%
Caída en las principales cadenas de valor
El deterioro también se refleja en las cadenas de valor. Solo los segmentos vinculados a la industria automotriz (+2,0%) y agrícola (+0,7%) lograron resultados positivos.
El resto presentó fuertes caídas:
- Consumo final: -8,8%
- Construcción: -6,7%
- Petróleo y gas: -4,7%
- Energía eléctrica: -2,9%
- Minería: -2,7%
- Alimentos y bebidas: -1,4%
El análisis por cadenas de valor refuerza este diagnóstico. Solo las actividades ligadas a la industria automotriz y al sector agrícola exhibieron variaciones positivas, mientras que el consumo final, la construcción, el petróleo y gas, la energía eléctrica, la minería y alimentos y bebidas registraron contracciones, reflejando la debilidad generalizada de la demanda.
En este contexto, el presidente de ADIMRA, Elio Del Re, advirtió que la baja utilización de la capacidad instalada “expone con claridad el deterioro estructural que atraviesa el sector” y remarcó que los datos recientes no logran revertir una dinámica “profundamente debilitada”. También alertó sobre el impacto de la falta de demanda interna, que compromete los márgenes de las empresas y agrava la situación del empleo.
Las perspectivas para los próximos meses tampoco resultan alentadoras. Según el relevamiento, seis de cada diez empresas no esperan mejoras en su nivel de producción en el corto plazo, lo que anticipa la continuidad de un escenario adverso.
A nivel territorial, la contracción es generalizada. Todas las provincias analizadas registraron caídas interanuales, con Buenos Aires como el distrito más afectado. Córdoba, Entre Ríos y Mendoza también profundizaron su retroceso, mientras que Santa Fe mostró una baja más moderada, aunque igualmente negativa.
El impacto en el empleo ya es visible. El sector metalúrgico registró una caída interanual del 2,6% en los puestos de trabajo, sumada a una leve baja mensual, lo que refleja el efecto directo de la recesión sobre la actividad industrial.
Con niveles mínimos de utilización de capacidad, caída sostenida de la producción y expectativas negativas, la industria metalúrgica atraviesa una etapa crítica. La evolución del mercado interno será determinante para definir si el sector logra estabilizarse o profundiza su retroceso en los próximos meses.
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