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Esta semana el Gobierno enfrentará dos situaciones enmarcadas en un clima de desconfianza generalizada, o, al menos, en gran parte.
Esta desconfianza afectará al número que arroje el costo de vida de enero que anunciará el INDEC. Para muchos será “la inflación de Caputo” y no la real, esa que se siente en el bolsillo.
Habrá desconfianza también cuando se vote en el Senado el proyecto de reforma laboral, o modernización como le gusta decir al Gobierno. ¿Traerá realmente un aumento del empleo y de las inversiones o servirá principalmente para poder tener trabajadores con menos derechos? ¿Cumplirá el gobierno nacional con las promesas hechas a algunos gobernadores para que sus legisladores apoyen el proyecto en el Congreso?
Una desconfianza que puede golpear el alto nivel de apoyo que aún mantiene Javier Milei pese al ajuste permanente.
Cuando esta semana se conozca el índice de precios con el “método viejo”, se generarán más dudas sobre el freno en el proceso de desinflación. La desprolijidad que rodeó la renuncia de Marco Lavagna hizo sonar alarmas en medio de una actividad que sigue estancada, sin recuperación en el poder adquisitivo de la población y con una paritarias frenadas por debajo de la inflación, se la mida como se la mida. El gobierno necesita profundizar el ajuste para mantener los compromisos fiscales. ¿Hasta cuándo?
Después de romper anteriores pronósticos, Milei asegura ahora que la inflación mensual empezará con 0 a partir de agosto, para terminar por desaparecer el año próximo. Con porcentajes que no bajan del 2% en los dos primeros meses del año parece difícil que se cumpla ese pronóstico, a menos que el ajuste sea más duro. Pero esto lleva a la preocupación por los ingresos. La recaudación impositiva cae desde hace seis meses, y eso lleva al otro gran tema de la semana: la reforma laboral.
Ocurre que la baja en la recaudación condiciona la negociación con los gobernadores para que aprueben la ley laboral, que incluye la posibilidad de una baja del impuesto a las ganancias para las empresas. Si se aprueba sin cambios, el proyecto implicaría un recorte significativo de los fondos que reciben las provincias en concepto de coparticipación federal.
Por eso en las reuniones que el gobierno nacional ha mantenido con los mandatarios provinciales les ha venido prometiendo, de uno en uno, fondos para temas puntuales, como obra pública y ayuda para las cajas previsionales de las provincias. Promesas que están rodeadas de desconfianza.
Milei asegura que con la aprobación de esta reforma laboral se empezará a reactivar el mercado de empleo y se va a frenas el trabajo “en negro”. Los ejes del proyecto son reducir cálculos indemnizatorios, contar con más facilidades para emplear y despedir personal, limitar el derecho a huelga y licuar el poder de representación y recaudación sindical.
Hoy el panorama laboral en el país es claramente malo: aumenta el desempleo, el que aparece es “en negro” o los cuentapropistas, tanto formales (monotributistas) como informales. Y esto en el sector privado, en el estatal es mucho peor.
En los primeros dos años de la gestión de Milei 270.852 asalariados formales perdieron su puesto de trabajo, de acuerdo a los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). De esas bajas, 63.234 son del sector público.
Otra vez la desconfianza. Sin un crecimiento de la actividad y del poder de compra de los argentinos, ninguna reforma laboral cambiará significativamente el nivel de empleo en el país.
La desconfianza es muy fuerte también en el mundo sindical. El proyecto es una amenaza el poder de los gremios limitando el derecho a huelga y dejaría de ser obligatorio para los empleadores retener el pago de la cuota sindical y de los aportes solidarios. Se busca también eliminar el concepto de ultraactividad de los convenios colectivos para allanar el camino a que prevalezcan los acuerdos por empresa por sobre los que pacte el gremio principal de la actividad, como sucede en la actualidad.
La CGT no irá, por ahora, al paro. Marchará con fuerza este miércoles al Congreso cuando el Senado trate la reforma. Por lo general, en las marchas de la CGT no hay incidentes ni choques con las fuerzas de seguridad. Pero nunca se sabe.
¿Cómo afectará tanta desconfianza a Javier Milei? Parte de la respuesta estará en el tiempo que se tarde en cumplir -o no- sus promesas sobre inflación y empleo.
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