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¡Bicampeones! El presidente Raúl Alfonsín saludó al DT campeón Carlos Bilardo. Diego Maradona habló por teléfono con su mamá, Doña Tota. La tevé mostraba los festejos en Argentina. Las radios reiteraban los relatos de los goles. Miles y miles de hinchas en el país y los dispersos por el mundo celebraron la segunda Copa del Mundo. El domingo 29 de junio de 1986 jamás se olvidará: la Selección le ganó 3 a 2 a Alemania en un partido memorable.
La tapa de Crónica, en la edición 7602, tituló Oid Mortales el grito sagrado, ¡Argentina bicampeón del mundo! Y la foto del gol de Burruchaga ante la salida de Schumacher. Además, incluyó un cintillo con una frase: “La única verdad es la realidad” (firmado: Juan Domingo Bilardo).
Y, bien al estilo de Crónica, en el margen inferior derecho se publicó una caricatura firmada por Carlos Basurto, titulada Brown. En el dibujo, el “Tata” Brown en una cama de hospital con el brazo e incompleto vendaje en el hombro, mientras un doctor le ofrecía un mate:
—¡Cómo…! ¿No era que a Brown lo habían traído para cebar mate?
Así se destacó la tremenda final que jugó el defensor argentino.
Crónica realizó una cobertura histórica con los enviados especiales Cayetano Ruggieri y el fotógrafo Pablo Fornells. Fue un triunfo contra la corriente, el título se logró “contra todo y contra todos”. El mérito tuvo valores propios: ni los árbitros ni el público mexicano “jugaron” para Argentina. La balanza se inclinó a favor por las virtudes del grupo: trabajo silencioso, humildad, fe y resiliencia.
Crónica lo hizo: festejamos con Diego y la Copa
Cayetano Ruggieri, el enviado de Crónica logró entrar al vestuario campeón. En Qatar, en la final del 2022, el mundo vio la transmisión en vivo que realizó Nicolás Otamendi por Instagram con los festejos de la tercera estrella desde el corazón de la intimidad…pero sin periodistas. Hace 40 años, Crónica contó como nadie lo que fue esa fiesta en el Azteca de México con detalles inéditos y la forma insólita en que nuestro periodista pudo acceder para ser protagonista de un día histórico.
“Entre con nosotros al vestuario de la alegría”
Así lo contó Cayetano Ruggieri: “Llegar al vestuario argentino era más que difícil. Pero una ocurrencia genial, como la que tuvo Carlos Aimar, nos permitió eludir la gran cantidad de controles que había dispuesto la policía mexicana y llegar mucho antes de lo que pensábamos. El ayudante de Carlos Griguol sacó una tarjeta de crédito y le dijo a uno de los controles: ‘Somos de la FIFA’. De esa manera nos liberaron el paso al hermano de Bilardo, a su hijo, a Daniel Romeo —el ex jugador de Estudiantes de La Plata—, al propio Aimar y a mí. Claro que allí no terminaban los problemas. Había más. Tuvimos que saltar una valla, subir a un ascensor y ahí sí, ya estábamos frente a una de las puertas del vestuario. Llamamos. Nos atendió Humberto Carlés y así pudimos ingresar y compartir la alegría con quienes consiguieron algo que hacía tiempo nadie conseguía: hacer felices a todos los argentinos.”
Luego, el sueño de cualquier periodista, “como era antes”: hacer las notas en el vestuario.
El desahogo de los jugadores
Los campeones compartieron con Crónica sus primeras emociones. Euforia. Voz cortada. Oscar Ruggeri, dejó atrás la rudeza: confesó que lloró después del partido; el “Vasco” Olarticoechea dedicó el logro a la memoria de su padre y pidió por la unión del pueblo argentino.
La honestidad de Daniel Passarella
En un rincón del vestuario, “el gran ausente”, no se sintió campeón. Y lo admitió con franqueza: sus problemas físicos no le permitieron aportar en la cancha como hubiese deseado.
Las figuras, el gol y el festejo
Jorge Burruchaga relató con profunda emoción que en los segundos previos a definir ante Schumacher pensó en su madre: le había vaticinado el gol del triunfo y también lloró al recordar sus orígenes humildes y las duras críticas recibidas.
Ricardo Bochini reivindicó con orgullo su parte del trofeo pese a los pocos minutos jugados. José Luis Cuciuffo se desahogó contra aquellos que dijeron “viajan a México solo para cebar mate”.
En el final de su relato, Cayetano Ruggieri escribió con el corazón: “Queda mucho por contar de lo que vivía en ese vestuario argentino. Pero, le soy honesto, no aguanté más. La alegría era contagiosa y yo no podía quedarme al margen. Me olvidé por un instante de que estaba allí trabajando y dejé que el hincha que llevo dentro apareciera. Cuando quise acordarme, estaba arriba de un banco, gritando junto a Julio Olarticoechea y su hermano Héctor, como tres hinchas. Como lo que, en el fondo, somos.”
Todos celebraron el bicampeonato mundial. En la despedida, Diego le confesó: “¡Gracias Crónica por acompañarnos hasta el vestuario!”
Después, el regreso a la Argentina con la Copa. El abrazo y recepción de Alfonsín, el balcón de la Rosada y la Plaza de Mayo colmada.
Argentina, feliz. Éramos bicampeones del mundo.
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