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El principal representante diplomático de Irán en la Argentina, el encargado de negocios Mohsen Soltani Tehrani, dejó el país este sábado tras vencer el plazo de 48 horas fijado por el Gobierno nacional luego de ser declarado persona “non grata”.
La decisión, que implica un quiebre sin antecedentes y ubica a la gestión de Javier Milei en un enfrentamiento directo con el régimen de Teherán, fue ratificada por el canciller Pablo Quirno mediante sus redes sociales.
“En cumplimiento de lo dispuesto por el Gobierno, el exencargado de Negocios ad interim de la República Islámica de Irán ya ha abandonado el territorio nacional”, informó el funcionario, confirmando así la salida del diplomático que lideraba la delegación desde 2021.
La resolución del Poder Ejecutivo se originó el jueves, poco después de que la embajada iraní en Uruguay difundiera un mensaje con fuertes cuestionamientos hacia la Casa Rosada por la inclusión de la Guardia Revolucionaria de Irán como organización terrorista.
Desde la Cancillería señalaron que la expulsión se vinculó con expresiones que contenían “acusaciones falsas, ofensivas e improcedentes contra la República Argentina y sus más altas autoridades”.
El comunicado oficial remarcó que las declaraciones del régimen persa “constituyen una inaceptable injerencia en los asuntos internos de nuestro país y una tergiversación deliberada de decisiones adoptadas conforme al derecho internacional”.
“Perjudica las relaciones bilaterales”
Este clima de máxima tensión se inscribe en el alineamiento internacional del presidente Milei con Estados Unidos e Israel, en conflicto con Irán desde fines de febrero. Para el Gobierno, la partida de Tehrani configura el “paso previo” a una eventual ruptura total de vínculos diplomáticos con un Estado al que responsabiliza por los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA.
La reciente incorporación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) al listado de entidades asociadas al terrorismo no solo representa una sanción política, sino que además implica el congelamiento de bienes y la prohibición de operar dentro del sistema financiero argentino.
Por su parte, el régimen islámico advirtió que esta postura oficial “perjudica seriamente las relaciones bilaterales” y calificó la decisión como un “error estratégico y un insulto injustificable al pueblo iraní”. En ese marco, Teherán sostuvo que tanto Milei como Quirno “se convirtieron en cómplices de los crímenes cometidos” por sus aliados internacionales.
A pesar de esas advertencias, la Argentina profundizó su posición al recordar que referentes clave de la Guardia Revolucionaria, como Ahmad Vahidi, cuentan con pedidos de captura internacional de Interpol por su presunta participación en el ataque a la mutual judía en 1994, consolidando así un distanciamiento que aparece cada vez más difícil de revertir.
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