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A pocos días de las celebraciones de Pascuas, un informe del Observatorio de Consumo de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera encendió una señal de alerta sobre el mercado interno: el precio del pescado registró la mayor suba de la última década, mientras el consumo continúa en niveles históricamente bajos.
El relevamiento sostiene que el valor minorista del pescado aumentó casi un 800% en los últimos tres años, sin que ese incremento se refleje en el precio de origen. Por el contrario, el estudio identifica a la intermediación comercial como el principal factor que explica la escalada.
El trabajo, realizado entre el 10 y el 28 de marzo en 364 comercios de todo el país -incluyendo supermercados, autoservicios y pescaderías-, revela una marcada brecha entre el precio en puerto y el valor final al consumidor. Mientras el pescado descargado registró subas moderadas, los precios en góndola se multiplicaron a niveles “abismales”.
Uno de los casos más representativos es el del filet de merluza. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, el kilo pasó de 104,73 pesos en 2016 a unos 14.000 pesos en marzo de 2026, lo que implica un incremento acumulado cercano al 13.270%. Solo en los últimos tres años, la suba ronda el 775%, muy por encima de la inflación general del período.
La tendencia también se replica en otras especies. El salmón rosado pasó de 14.000 pesos por kilo en 2023 a 55.000 en 2026, mientras que las rabas de calamar aumentaron de 5.000 a 30.000 pesos en el mismo lapso.
El salmón rosado pasó de 14.000 pesos por kilo en 2023 a 55.000 en 2026.
El informe detalla que actualmente el kilo de merluza fresca se paga alrededor de 1.700 pesos en puerto, asciende a unos 5.000 pesos en el circuito mayorista y alcanza cerca de 14.000 pesos en el mostrador. En términos prácticos, el precio puede multiplicarse hasta ocho veces a lo largo de la cadena comercial.
“El aumento en puerto del filet de merluza explica apenas el 13% del incremento que termina pagando el consumidor”, afirmó Raúl Cereseto. Según el titular de la entidad, el valor en origen se mantiene prácticamente estable desde hace tres años, mientras que los precios finales responden a “una clara especulación comercial”.
El estudio también advierte fuertes diferencias regionales. El kilo de merluza ronda los 11.200 pesos en Mar del Plata, pero asciende a 14.000 en la Ciudad de Buenos Aires, 15.800 en Córdoba y hasta 16.500 en Mendoza, con variaciones de hasta el 40% entre plazas.
El kilo de merluza ronda los 11.200 pesos en Mar del Plata, pero asciende a 14.000 en la Ciudad de Buenos Aires.
En paralelo, el consumo interno se mantiene estancado en torno a los 5,1 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en al menos cinco décadas. La cifra contrasta con otros países de la región, como Chile (13 kilos), Brasil (10) y México (8), y queda muy por debajo del promedio mundial, que supera los 20 kilos por persona.
La situación resulta aún más llamativa si se considera que Argentina captura más de 700.000 toneladas de productos pesqueros al año, gran parte de los cuales se destinan a la exportación. “El pescado argentino termina siendo accesible en los mercados internacionales, pero cada vez más caro para los propios argentinos”, advirtió Cereseto.
Frente a este escenario, la FULASP planteó la necesidad de implementar políticas públicas urgentes para transparentar la cadena comercial. Entre las medidas propuestas figuran la trazabilidad de precios, el monitoreo de márgenes y acuerdos para fomentar el consumo interno.
“Sin estas medidas, la brecha seguirá ampliándose y los productos del mar corren el riesgo de convertirse en bienes de lujo”, concluyó el informe.
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