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El informe “Tendencias de Filantropía en América Latina y el Caribe”, elaborado por la red global WINGS y difundido en febrero de 2026, ofrece una radiografía detallada de un sector en plena transformación. El documento, resultado de un proceso colaborativo con más de 50 organizaciones de la región, analiza ocho tendencias clave que están redefiniendo el rol de la filantropía en un contexto de desigualdad persistente y creciente incertidumbre financiera.

La publicación parte de un diagnóstico estructural: América Latina y el Caribe sigue siendo la región más desigual del mundo, con apenas un tercio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en camino de cumplirse hacia 2030. A esto se suma un escenario internacional adverso, con una reducción sostenida de la cooperación internacional, especialmente proveniente de Estados Unidos y Europa.

“Sin infraestructura filantrópica sólida, transparente y confiable, la filantropía no puede escalar su impacto, sostener iniciativas en el tiempo ni responder de manera coordinada a crisis sistémicas” , advierte el informe. Esta afirmación resume uno de los ejes centrales del documento: la necesidad de fortalecer el ecosistema que sostiene la acción filantrópica.

En este contexto, uno de los cambios más relevantes identificados es la transformación en el origen de los recursos. Desde 2025, el financiamiento de la sociedad civil en la región experimenta una reconfiguración marcada por la caída o volatilidad de la ayuda internacional y el crecimiento relativo de donaciones privadas, fondos asesorados por donantes y aportes individuales. Este fenómeno no es meramente contable: implica una transición estratégica en la forma en que las organizaciones se financian y planifican su sostenibilidad.

Sin embargo, los datos muestran que la filantropía local aún es limitada. En los pocos países con información disponible, las donaciones no superan el 0,15% del PIB, muy por debajo del promedio de 0,5% en países de la OCDE. Además, solo dos familias latinoamericanas han adherido al Giving Pledge, lo que evidencia el potencial aún no desarrollado de los grandes patrimonios en la región.

Entre lo local y lo empresarial

Otra de las tendencias destacadas es el crecimiento de las fundaciones comunitarias o territoriales. Estas organizaciones, impulsadas desde los propios territorios, ganan protagonismo en un contexto de desconfianza institucional, polarización política y reducción de recursos públicos. Actualmente existen 52 fundaciones comunitarias activas en la región, que funcionan como articuladoras entre actores locales y canalizan recursos hacia necesidades concretas.

“El cambio más evidente es el crecimiento cuantitativo” de estas organizaciones, señala el informe, que también destaca su capacidad para fortalecer el tejido social desde lo local. Casos como el de Comunalia en México muestran el alcance de este modelo: más de 1,1 millones de personas atendidas y 45 millones de dólares distribuidos en 2024.

Sin infraestructura filantrópica sólida, transparente y confiable, la filantropía no puede escalar su impacto.

Sin embargo, este crecimiento no está exento de desafíos. La falta de marcos legales adecuados, la escasa cultura de donación en algunos países y la fragmentación del ecosistema filantrópico limitan su expansión.

En paralelo, el informe identifica una tensión creciente en las fundaciones empresariales: la disyuntiva entre donar a organizaciones de la sociedad civil o ejecutar directamente programas propios. Mientras la primera opción permite aprovechar conocimientos locales y diversificar riesgos, la segunda ofrece mayor control y visibilidad para las compañías.

La tendencia actual apunta a modelos híbridos, que combinan ambas estrategias. No obstante, el documento advierte sobre riesgos asociados a la ejecución directa, como el desplazamiento de organizaciones de base y la reproducción de lógicas empresariales en contextos comunitarios. Según un estudio citado, el 71% de las organizaciones de la sociedad civil no logra cubrir sus costos básicos, lo que agrava las desigualdades dentro del sector.

Clima, diversidad e innovación: nuevas agendas filantrópicas

El informe también subraya la creciente centralidad de la filantropía ambiental y climática. En una región especialmente vulnerable al cambio climático, las estrategias filantrópicas están incorporando enfoques de justicia climática, que integran derechos humanos, equidad y territorialidad.

“La crisis climática no se presenta únicamente como un fenómeno ambiental o científico, sino como un proceso político, atravesado por desigualdades estructurales”, señala el documento . A pesar de este avance conceptual, persisten fuertes desigualdades en el acceso al financiamiento: menos del 10% de los fondos climáticos llega directamente a organizaciones indígenas y comunitarias.

Otro eje clave es la incorporación de la interseccionalidad y la diversidad en la filantropía. Impulsado por movimientos feministas, indígenas y afrodescendientes, este enfoque propone abordar las desigualdades de manera integral, reconociendo la interconexión entre factores como género, raza, territorio y clase social.

A pesar de su creciente visibilidad, estas iniciativas siguen siendo marginales en términos de financiamiento. En 2019, solo el 1,2% de los recursos destinados a derechos humanos abordó simultáneamente cuestiones de género, clima y medio ambiente.

El informe también destaca el surgimiento de mecanismos innovadores de financiamiento, como fondos comunitarios, economía solidaria, inversiones de impacto y plataformas de financiamiento colectivo. Estas herramientas buscan no solo movilizar recursos, sino también redistribuir poder dentro del ecosistema filantrópico.

En conjunto, las ocho tendencias identificadas configuran un escenario complejo, marcado por la transición, la incertidumbre y la necesidad de adaptación. Lejos de ofrecer respuestas cerradas, el documento de WINGS propone un marco de análisis para comprender los desafíos actuales y orientar decisiones estratégicas.

Como conclusión implícita, el informe plantea que el futuro de la filantropía en América Latina y el Caribe dependerá de su capacidad para fortalecerse desde adentro, articular actores diversos y responder a las demandas de una región atravesada por profundas desigualdades.

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