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La comunidad venezolana en la Ciudad de Buenos Aires participó este lunes de una misa celebrada en la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, en el barrio porteño de Caballito, para rezar por las víctimas de los terremotos ocurridos en Venezuela.
De acuerdo a datos oficiales, a la fecha, se registraron 2.295 muertos y 11.267 heridos, en tanto se busca a más de 40.000 personas.
En los días posteriores al sismo registrado el miércoles 24 de junio, la comunidad parroquial intensificó su oración por los damnificados y abrió sus puertas como espacio de encuentro, consuelo y esperanza para los venezolanos residentes en el país.
La misa fue presidida por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y concelebrada por el párroco Eusebio Hernández. En la ocasión, el arzobispo vinculó la solemnidad de los santos Pedro y Pablo con el sufrimiento que atraviesa el pueblo venezolano.
“Hoy celebramos a estos dos grandes santos de la Iglesia, que nos ayudan a reflexionar y a rezar juntos por las víctimas de estos terremotos que vivieron nuestros hermanos venezolanos, familiares, amigos y vecinos de muchos de los que están aquí presentes”, expresó.
Reflexionando sobre la primera lectura, señaló que la Iglesia primitiva también atravesó momentos de persecución y desesperanza: “Parecería que Dios no existe, parece que ya no hay nada por hacer. Creo que ese es un poco el sentimiento que muchos de nosotros tenemos ahora. Creemos que el terremoto arrasó nuestras esperanzas, nuestras ganas, la alegría y el entusiasmo“.
Sin embargo, destacó el pasaje que afirma que “la Iglesia no cesaba de rezar a Dios por él”, al considerar que esa perseverancia en la fe sigue sosteniendo al pueblo creyente.
“Hay una fe en el pueblo más sencillo, en el pueblo que sufre, que hace que todavía, tercamente, siga creyendo que Dios no nos dejó, que Dios no nos abandonó”, afirmó.
Tomando las palabras del ángel dirigidas a Pedro -“Levántate rápido”-, García Cuerva invitó a los presentes a recuperar la esperanza y ponerse nuevamente de pie.
“Quisiera que hoy el testimonio de Pedro también sea nuestro cimiento para ponernos de pie. Son un pueblo creyente, un pueblo que las pasó todas y que, aún cuando parecía que todo estaba perdido, siguió adelante. Lo demuestran con su alegría, con su baile, con sus canciones y también con sus lágrimas”, manifestó.
Al finalizar la celebración, exhortó a fortalecer la solidaridad y la unidad en este tiempo de dificultad: “Colaboren unidos. No demos lugar a la división. No es tiempo para protagonismos ni para soberbias; es tiempo para trabajar y rezar juntos. Siéntanse abrazados por todo el pueblo argentino y por esta ciudad de Buenos Aires”.
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