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A tres meses del final del mandato de Antonio Guterres, Rafael Grossi recuperó terreno en la carrera para conducir las Naciones Unidas. El argentino consiguió ocho votos favorables en la cuarta votación informal del Consejo de Seguridad, tres más que en la ronda anterior, y volvió a ubicarse entre los postulantes con mayor respaldo detrás de la costarricense Rebeca Grynspan.
El resultado todavía no define la elección: para ser recomendado a la Asamblea General, un candidato necesita al menos nueve votos y no puede recibir el veto de EEUU, China, Rusia, Francia o Reino Unido.
El recorrido del director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) tuvo oscilaciones claras desde que comenzaron los sondeos secretos.
En la primera ronda, el 30 de julio, Grossi obtuvo siete votos favorables, dos negativos y seis sin opinión. El 21 de agosto, en la segunda, mantuvo los siete respaldos, aunque sus rechazos subieron a seis y los votos sin opinión bajaron a dos.
La peor marca llegó en la tercera votación, el 18 de septiembre: cayó a cinco apoyos, recibió ocho votos en contra y mantuvo dos sin opinión. Once días después revirtió parte de ese deterioro: subió de cinco a ocho respaldos, redujo los rechazos de ocho a siete y dejó de registrar votos sin posición.
La secuencia muestra una candidatura cambiante: 7-7-5-8 votos favorables en las cuatro rondas. El resultado del 29 de septiembre devolvió a Grossi al grupo inmediato detrás de Grynspan y lo dejó empatado en apoyos con Rodrigues-Birkett.
Grynspan llegó a diez, pero falta el dato decisivo
Grynspan encabezó tres de las cuatro rondas y en la última alcanzó diez respaldos. Superó así el umbral numérico de nueve votos necesario para avanzar, pero sus tres “discourage” mantienen abierta la incógnita central de la elección.
Hasta ahora, los 15 integrantes del Consejo de Seguridad votaron con boletas del mismo color. Por eso, no se puede saber si alguno de esos votos negativos pertenece a una de las cinco potencias con derecho a veto. La próxima etapa puede introducir boletas diferenciadas entre los miembros permanentes y los diez electos, lo que permitiría detectar la existencia de un veto sin revelar qué país lo emitió.
Ese mecanismo convertirá una carrera de números en una negociación de poder: Grynspan ya tiene la mayoría necesaria, mientras Grossi y Rodrigues-Birkett necesitan al menos un respaldo adicional. Para los tres, sin embargo, la incógnita pasa por la posición que adopten las cinco potencias.
La pulseada entre EEUU y China entra en escena
Detrás de los votos también crece la pulseada diplomática entre EEUU y China. En ámbitos diplomáticos y en la cobertura de la elección circula desde hace semanas la versión de que Washington mira con buenos ojos a Grossi, mientras Beijing mantiene canales abiertos con las candidatas que encabezan la carrera.
La versión de un respaldo de Donald Trump al argentino fue atribuida por la prensa argentina a fuentes de Washington y Naciones Unidas, aunque la Casa Blanca no formalizó públicamente esa posición. Otras fuentes diplomáticas mencionaron, en sentido contrario, posibles resistencias de China y Rusia a Grossi, lo que muestra que el mapa real de preferencias del P5 permanece bajo reserva.
Del lado chino existen, en cambio, movimientos públicos. El canciller Wang Yi recibió en Beijing a Grynspan en junio y a Rodrigues-Birkett en julio. Ambas presentaron allí sus candidaturas y reafirmaron ante el gobierno chino el principio de una sola China. Los encuentros prueban interlocución política, pero no un respaldo formal de Beijing a ninguna de las dos.
La reciente cumbre entre Trump y Xi Jinping tampoco produjo una definición pública sobre la sucesión de Guterres. El encuentro volvió a exhibir el peso de la relación bilateral entre EEUU y China sobre buena parte de la agenda internacional, pero no dejó un acuerdo conocido sobre quién debería conducir Naciones Unidas desde 2027.
El próximo desafío de Grossi
En ese escenario, la cuarta votación dejó una señal favorable para Grossi respecto de su desempeño inmediato anterior: recuperó tres apoyos después de la caída que había sufrido el 18 de septiembre. Al mismo tiempo, los siete votos negativos muestran que todavía existe un bloque considerable de resistencia a su candidatura, sin que pueda determinarse de dónde proviene.
El argentino llega a esa negociación con la exposición internacional que construyó desde 2019 al frente del OIEA, un puesto que lo colocó en el centro de las crisis vinculadas con el programa nuclear iraní y con la central ucraniana de Zaporiyia.
Entre las especulaciones diplomáticas también aparece el Reino Unido y la cuestión Malvinas. La nacionalidad argentina de Grossi forma parte de los cálculos que circulan alrededor de Londres, pero no existe hasta ahora una posición pública británica que permita afirmar que vaya a bloquearlo por ese motivo.
La evolución de sus votos explica, entonces, tanto el optimismo como la cautela alrededor de su candidatura. Grossi arrancó con siete apoyos, mantuvo esa cifra, cayó a cinco y ahora llegó a ocho. Está a un voto del umbral numérico, pero la verdadera prueba comenzará cuando quede expuesta la posición de las potencias permanentes.
Siete candidatos siguen en carrera
Después del retiro de Michelle Bachelet, siete postulantes permanecen formalmente en competencia: Grynspan, Rodrigues-Birkett, Grossi, Olara Otunnu, Macky Sall, María Fernanda Espinosa e Ivonne A-Baki. Reuters confirmó esa nómina tras la cuarta votación.
Guterres concluirá su segundo mandato el 31 de diciembre de 2026. Después de cuatro rondas, Grynspan encabeza la carrera con diez apoyos y Grossi llega al tramo siguiente tras su recuperación más fuerte desde que comenzaron los sondeos.
La disputa ya no pasa solamente por quién suma más votos. La próxima fase empezará a mostrar cuáles de esas candidaturas pueden sobrevivir al juego de las cinco grandes potencias y si los ocho respaldos que recuperó Grossi alcanzan para mantenerlo en la pelea por suceder a Guterres.
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